Entró a la casa abandonada. Había pasado menos de un día del accidente. Estaba todo desordenado y sucio. La policía le había dicho que encontraría a su primo mayor que era uno de los parientes que Emily tenía vivo. Emily no quiso escucharlos. No se daban cuenta de que ella quería ser libre. Estar sola en su casa.
Lo primero que hizo fue ordenar un poco, barrer, sacudir y lavar los platos sucios. No era muy buena para eso. Más bien, era holgazana, pero sabia que debía mas activa ahora que supuestamente viviría sola.
Emily se había expresado con la gente que quería ayudarla a buscar parientes. Quería estar sola y no necesitaba a nadie que se preocupara de ella más que sus amigas. No quiso quedarse en la comisaría ni nada por el estilo. Decidió volver a su casa y los policías respetaron eso. Pero tarde o temprano, tendría que enfrentar a su primo lejano.
- Tengo una cara horrible…- se dijo mirando al espejo. Se dio cuenta de que su cabello estaba mucho mas largo que el día anterior. Más o menos abajo del hombro. No le dio importancia, pues solo era una crecida de pelo. Se recostó en su cama, y se quedó dormida por una hora…
La despertó el teléfono que sonaba sin cesar. Bajó las escaleras y en eso escuchó la grabadora. >> Hola Emily, soy Elizabeth. Te llamaba para saber como estabas y de paso avisarte que no hay clases por todo lo del accidente, están de duelo. Así que es que ya no habrá más clases porque luego son vacaciones. Ojalá vengas a mi casa para que veamos cuando vamos a ver a Nathalie. Cuídate, te quiero, adiós. <<
Emily se quedó parada al lado del teléfono. En ese instante alguien tocó la puerta. Se extraño porque nadie la visitaba.
- ¿ Emily?- dijo una voz masculina acompañada por policías.
- ¿Quién…quien eres?
- Soy tu primo, Richard.
- No te conozco…
De pronto, un acompañante de Richard habló.
- Emily, este es tu primo mayor. Creo que lo mejor es que te vayas a vivir con él mientras se resuelve lo de tu tía, que es buscada por muchos.
- ¡Yo les dije que no! ¡no quiero que nadie me acoja ni me mantenga!
- Emily, eres menor de edad. Debes quedar a cargo de alguien que si lo sea.
- ¡Pero no quiero estar con nadie!
- Emily no te resistas, es lo mejor.
La joven no podía creer lo que estaba viviendo. Sería un infierno vivir con alguien que es primera vez que lo ve. Sin duda tenía que hacer algo. Tenía que hacer algo para ser libre al fin.
- Me resisto. No iré…
- No lo hagas más difícil Emily. Además será divertido, vivo en una casa en el campo. Es en Gautamy, a las afueras de Olidata, kilómetros más allá.
- ¡Que! Ni loca, no dejaré a mis amigas. Son lo único que tengo…
- Si no vienes por las buenas tendrá que ser por las malas.
El policía la iba a tomar del brazo y antes de que lo hiciera, Emily salió hecha una bala hacia el piso de arriba. Todos fueron tras ella. La joven cerró la puerta de su habitación con llave y buscó una manera de que no entraran allí y así no llevársela.
- ¡Emily! ¡Emily, abre! - le gritaba el policía.
Emily tomó su mochila la cual estaba lista con ropa y todo. Había sido astuta anteriormente. Tenia el presentimiento que algo así iba a pasar, pero no tan bruscamente.
Se acercó a la ventana y miró hacia abajo. Era obvia la situación, para librarse de los sujetos debía tirarse del segundo piso.
- Lo he hecho antes…lo he hecho antes…- se decía a si misma.
Los hombres comenzaron a golpear la puerta hasta derribarla. Entraron, y en ese momento Emily se lanzó hacia el patio trasero. Cayó más o menos de cinco metros, pero al dar un pequeño tropiezo con el barandal de la ventana, aterrizó algo torcida y lo hizo con hombro derecho. La caída hizo que este se desencajara de su lugar o algo como una dislocación. Sin embargo, esto no fue impedimento para seguir su camino y más aún si alrededor de cuatro policías iban tras ella. No era la primera vez que hacía esto. Lo había hecho más de diez veces cuando su tía la buscaba para maltratarla, con la diferencia que ahora había caído mal. Siguió corriendo y saltó la cerca del vecino y todas las que se presentaron. Los policías la seguían y Emily seguía corriendo. Siguió y siguió hasta perderse entre la multitud de una feria artesanal. Los policías no se preocuparon mucho. Era una joven de dieciséis años. No les costaría encontrarla, o al menos eso pensaban.
Emily se detuvo en un rincón de la cuadra, pues le dolía mucho su hombro. Sentía que algo no estaba en su lugar. En las clases de gimnasia había tenido que lidiar con esto, por lo tanto, estaba al tanto de lo que había que hacer, pero esto se veía complicado, pues tenía un hueso demasiado afuera que casi faltaban milímetros para que atravesara su piel. La joven se quejaba pero solo atinó a arreglarse manualmente su extremidad. Un sonido extraño emitió cuando el hombro regresó a su lugar y el hueso entró hacia donde correspondía. Lo movió un poco para relajar, y seguían sonando huesos. Al cabo de segundos, se quito y volvió a ser normal. Claro, con una gran pregunta, ¿Cómo había hecho eso? No le cayó la menor duda de que esto tenía que ver con lo que le pasó en el accidente. Nade le creyó que hubiera estado sangrando, ni siquiera su mejor amiga. Y ahora esto de que puede encajar sus huesos. Era completamente anormal. Se sentía como si fuera un bicho raro, solo al principio, pues después, no tenía idea de cómo lo iba a disfrutar.
Se dirigió a la casa de Elizabeth rápidamente.
Al llegar, llamó a la puerta. Tenía una cara de espanto pero a la vez de alegría. Elizabeth salió a recibirla y se dio cuenta de algo que Emily no se había percatado.
- ¡Emily! Pero que…que largo tienes tu cabello, como… ¿como lo hiciste?
Emily se miró su pelo que le llegaba casi a su cadera. Estaba mucho mas largo de cuando se había visto en el espejo. ¿Qué estaba pasando?
- ¡Dios! – dijo Emily sin creer lo que veía.
- ¿No te habías dado cuenta?
- Eh…no. En realidad vine por otra cosa. Acabo de escapar de mi casa pues querían que me fuera con un tal Richard… me resistí y salte de mi cuarto al patio trasero ¡quedando con mi hombro en cualquier parte menos donde debería estar! Me perdí en la multitud de la feria y no me siguen creo…
- Emily …pero como…te buscaran aquí. Eres mi amiga, es obvio. Es mejor que te marches de aquí.
- Pero, ¡no! ¿No entiendes que mi perdición seria vivir con alguien que ni siquiera tengo certeza de que es ago mío?
- Emily, no te buscarían a alguien que no fuera nada tuyo…
- Ese no es el punto… ¡tu sabes que yo quiero ser libre…los únicos que tiene autoridad sobre mi son mis padres y ya no están!
- ¡Y como sobrevivirías si no tuvieras a alguien que te mantenga, Emily!
- ¡Como siempre!, no creas que esto es algo nuevo para mi. Tengo muchas cosas que contarte, aparte de esta crecida de cabello, me han seguido pasando cosas extrañas.
- Pero, no aquí. Conversaremos, pero no aquí. Déjame avisar que saldré, daremos una vuelta y me dirás lo que me tengas que decir.
- Iremos a ver a Nathalie.
Elizabeth asintió con los ojos y entró a buscar sus cosas, a avisar a su madre y salió.
Caminaron hasta llegar al supuesto orfanato donde Nathalie debía estar. Las dejaron pasar solo cuando Nat las vio y las autorizo diciendo a la recepcionista que eran lo único que tenía. Emily no había dicho ni una palabra en el camino, pues quería hablarles a ambas por todo lo que había pasado.
Se sentaron en unas bancas y comenzó la conversación.
- ¿Cómo estás, Nat? ¿Cómo te tratan aquí? – le preguntó Elizabeth.
- Mmm…no me quejo, pero…sabes que nadie reemplazara a tu madre…- luego de responder esto, sus ojos se pusieron húmedos, pero se tragó el llanto ye escucho a Emily.
- Sabes que nos tienes para lo que nos necesites.- le dijo Emily.
- Gracias…
- ¿Cuando cereal funeral de tu mamá?
- No me he encargado de eso, es decir, no me dejan hacerlo ya que no tengo la edad suficiente para llevar a cabo eso trámites y todo eso. Pero creo que un gran amigo de mi mamá los está haciendo por mí. Lo he visto un par de veces. En realidad, creo que así es mejor, no quiero recordar lo que paso. Es decir, no a mi madre, porque siempre estará conmigo, pero lo del accidente y eso…lo mejor es que se borre de mi memoria.
Las otras dos jóvenes asentían con la cabeza y escuchaban atentamente. Luego, Emily creyó que era el momento.
- Emm… oigan. Tengo que decirles algo. Es sobre lo que ha pasado conmigo estos últimos minutos. Bueno, Nat no lo sabe. En resumidas cuentas, escapé de mi casa pues querían llevarme con un primo lejano al campo en Gautamy. Me resistí y me lance por la ventana de mi habitación quedando con éste hombro dislocado o algo así. Me perdí en la multitud y no siguieron buscándome, o al menos eso creo.
- Espera, espera… ¿Qué pasó con tu hombro? – le preguntó Elizabeth.
- Ya te lo he dicho dos veces, se me desencajo y no se como, pero lo pude arreglar yo sola…
- Eso es imposible… ¿Cómo? ¿Qué hiciste? – le preguntó Nathalie.
- Solo hice un par de movimientos y volvió a su lugar…bueno, el punto es que estoy segura de que esto tiene algo que ver con lo que me pasó en el accidente. Es decir, quedé con vidrios enterrados en mi brazo y pierna y luego ya no tenía nada. Eso es misterioso, pero pasó de verdad. Deben creerme.
Las caras de ambas amigas quedaron mirando a Anna fijamente como queriendo decir, que estaba loca.
- Emily, se que esto es difícil de superar, pero…
- ¡No! ¡ya basta! , ¡es verdad!… ¡les digo la verdad! Por favor creanme.
- No hay modo de que pudieras regenerarte así como así de rápido… - le preguntó Nat.
- En realidad hay algo más. Les contaré o que de verdad me pasó en el bus cuando quedé colgando de aquella ventana.
Elizabeth y Nathalie miraron a Emily, y ésta se puso a narrar.
- Primero, antes de llegar a la escuela, iba atrasada así que corrí para llegar, en ese momento, una señora mayor de iglesia me paró y me dijo que tomara esta imagen que tengo colgada aquí en el cuello. Le dije que no creía en esas cosas, pero ella insistió asta que me lo dio sin pagar. Me pareció extraño porque tenía la intención de dármela con o sin mi consentimiento. Seguí corriendo y llegue. En fin, cuando iba en el bus, recordé a esta señora y la imagen. La saqué de mi bolsillo y me la colgué al cuello, no se por que pero lo hice. Luego, sentí ganas de vomitar, me sentía realmente mal así que me dirigí al baño. Cuando salí, comenzó todo. El bus comenzó a moverse raro hasta que finalmente caíamos cuesta abajo. Choque con todo hasta impactar en una ventana quedando un vidrio atravesando en mi pierna izquierda. Quedé de espaldas a la roca y con mi brazo derecho colgando y sangrando. Estuve así por un largo tiempo, y descubrí que hicieran lo que hicieran, no podrían salvarnos. Así que moví el otro brazo con empeño, lo acerque a mi pecho, y apreté la imagen pidiéndole a dios que me ayudara a salir de esta, que me ayudara. Un resplandor salió de entre mi mano que me encandiló. Entonces, sin explicación alguna, se desengancho mi pie atrapado y caí libremente al río que en ese momento estaba demasiado tranquilo como para ser verdad. De pronto, el estruendo de la explosión retumbó en mis oídos cayendo los escombros sobre mí. No quedé inconsciente hasta ese momento…
Elizabeth aún no le creía mucho. Eran amigas y todo, pero nunca creyó en esas cosas de milagros, y santos, y ángeles, etc. Pero Nathalie parecía ser convencida un poco, después de todo, era algo religiosa.
- Bueno, y según tu… ¿crees que ese milagroso resplandor es el que te salvo la vida? – le dijo Elizabeth algo irónica.
- Creo. Pero no estoy segura.
- Emily, puede que sea cierto, pero eso no explica que según tus recuerdos hayas estado herida ya ahora estés de lo mejor. – le dijo Nathalie.
- Creo que Dios me hizo algo, es decir, no precisamente él, pero algo me ocurrió. No se, a lo mejor un don o algo así que permite que me sane rápidamente.
- Entonces, si crees eso porque no nos muestras.- le dijo Elizabeth.
- No, no…debo investigar más sobre esto. Debe tener una explicación.
- Si…pero como, es decir, no tienes a donde ir…yo te recibiría en mi casa, pero es donde primero te buscarían.
- ¡No soy una prófuga!, solo me buscaran un par de días, pero eso no significa que tanga que haber carteles con una fotografía mía que dice “se busca” en las paredes de las calles.
- ¿Entonces, donde pasaras las noches? – le preguntó Nathalie algo perturbada.
- No lo se. Esta no es la primera vez que pasa algo como así, así que no se preocupen.
- Y hablando de preocuparse, debo irme. Mi mamá debe estar preguntándose por mí. Cualquier cosa me llamas Emily.
Elizabeth se preparaba para irse a su casa. Se despidió y partió. Pero algo le inquietaba a Emily. Algo no andaba bien. Su sexto sentido se lo decía. Vio irse a su amiga y descubrió que algo andaba mal.
- ¡Elizabeth, espera! – le dijo.
- ¿Qué pasa, Emily?
- Toma, ten esto.
- ¿La imagen? ¿para que?, Emily sabes que no creo en esto, por favor…
- No, no, no, es en serio…algo me dice que la necesitaras. Puede que pase algo malo. No se, pero prefiero que estés segura con esto.
- ¡Emily!, esto no me salvara igual que a ti…sabes que esto es una estupidez, ya es suficiente, debo irme.
- Entonces, déjame ir contigo a tu casa.
- Quédate con Nat, te necesita.
- Pero siento que ahora tú me necesitaras más…por favor.
- La policía te buscara allá.
- No importa…
- Ay, bueno…tu te arriesgas.
Anna emitió una sonrisa de satisfacción. Luego se despidió de Nathalie y se fue con Elizabeth. ¿Qué era lo que a Emily le molestaba?
A continuación la respuesta. Iban llegando a la casa de su amiga, cuando vieron una gran nube de humo en dirección al sitio. También había mucha gente al rededor, bomberos, policías y de todo.
- ¿Qué está pasando? – se preguntó a si misma Elizabeth.
No pudo aguantar las ganas de gritar cuando se dio cuenta de que la casa en llamas era la suya. Más aún, que algunas personas decían que había gente en ella y que no había logrado escapar.
- Dios mío…. – dijo Emily mirando con ojos cristalinos, la casa que se deshacía de a poco.
- ¡¡¡Mamá!!! ¡¡¡Karen!!! – gritaba Elizabeth mientras corría a las llamas y Emily trataba de pararla.
Un bombero la detuvo diciéndole que trabajaban duro para rescatar a las personas atrapadas en el incendio. Pero parecía que Elizabeth no escuchaba. Solo lloraba y gritaba. Emily se acercó a ella tratando de tranquilizarla y hablando con ella. Inconscientemente, le puso la pequeña imagen colgante en las manos de su amiga para que las apretara. Parecía que Elizabeth no se había dado cuenta del acto y en un momento descuidado, salió corriendo en dirección al fuego.
- ¡¡Elizabeth!! ¡regresa! - . Pero era inútil, pues la joven ya se hallaba en la casa.
Los bomberos a cargo no la pudieron detener y la gente espectadora gritaba de miedo y de desesperación. Emily se quedó afuera. En realidad su corazón le decía que fuera tras su amiga para salvarla de algo muy malo que le pudiera pasar, pero su cabeza le decía que se quedara para no interferir más. Si Elizabeth se quedaba sin hermana y sin madre y más encima sin amiga, ¿a quien recurriría?
Mientras tanto, Elizabeth era cuidadosa en cuanto a caminar por el fuego. Llamó muchas veces a su madre y a Karen, pero nadie le respondió. Buscó y buscó hasta encontrar un par de cuerpos quemados totalmente y un calefactor a punto de estallar. La joven, por la impresión se quedo inmóvil tras el duro encuentro con los cuerpos de su madre y hermana, que no se inmutó a escapar de la habitación que iba a explotar. Salió volando hacia la otra habitación con quemaduras graves en su pecho y brazos. Se halló en el suelo del corredor sin poder moverse muy bien. Lloraba como si no hubiera llorado desde hace años, pero era inútil. No podía hacer nada para salvarlas ni para salvarse ella.
De pronto, recordó que algo se resguardaba en el interior de su mano. La imagen que Emily le había pasado antes de entrar allí. Recordó también las palabras que le había dicho antes de llega, que la iba a necesitar. Comenzó a recordar también lo que Emily le había dicho que hizo justo antes de caer al río en el accidente., una petición al colgante. Elizabeth creía mucho menos en esas cosas que sus amigas, pero al momento que te ves en una casa envuelta en llamas donde no te pueden rescatar, no vendría mal un pequeño favor de Dios. Agarró fuertemente el objeto y se lo puso en el pecho.
- Por favor Dios…ayúdame… - .
El resplandor que salió de entre su mano se confundió con el de la explosión. Luego de eso, la casa en llamas dio el estruendo más grande de la ciudad. Emily gritó y lloró llamando a Elizabeth. Ahora, la casa ya no existía; mas una silueta detrás del humo que caminaba impactó a todos. Era Elizabeth caminado por entre los escombros de su propia casa sin quemaduras extremas ni nada por el estilo. Solo estaba sucia por las cenizas y eso.
Emily corrió hacia ella y la abrazó fuerte y cariñosamente. Elizabeth le respondió.
- ¡Dios, estás bien Elizabeth, y al parecer no estás quemada…que gusto! – le dijo Emily.
- Emily …creo que tenías razón…
- ¿Sobre que?
- Esta cosa me ha salvado la vida…
martes, 4 de diciembre de 2007
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