- Lo se, Emily… aparte de tu crecida de cabello y todo, lo presiento, ese es mi trabajo – decía la mujer con tranquilidad.
- ¿Qué es lo que sabe? – le dijo Emily.
- Mmm…que por ejemplo, ya no eres completamente normal….que no puedes sufrir ningún daño ya que tu cuerpo se repara de las heridas…
- ¡Como sabe eso!
- Creo que llegó el momento de contarte en lo que en verdad te estas convirtiendo, Emily.
Dicho esto, invito a sentarse a las otras dos. Vio la imagen colgada del cuello de Elizabeth, y su expresión de cara cambió rotundamente. Habían llegado demasiado lejos.
- Primero que todo, dejen presentarme. Mi nombre es Aniel. Trabajo para una iglesia muy importante la cual no daré el nombre, pero les basta con decir que personas no muy normales trabajan allí. bueno, el caso es que, ese amuleto, esa imagen que te di que me doy cuenta de que ahora paso a otras manos, te lo di solo porque era mi deber dártelo, y también era el destino. Esa imagen es del arcángel Saraquel, quien vigila que todos los ángeles estén haciendo lo correcto, los ve y les enseña—
- Espere, espere…de que diablos está hablando. no crea que creeremos todo eso….los ángeles no existen y nunca existirán – interrumpió Elizabeth.
- Solo déjame terminar. Veras que cuando termine, no pensaras lo mismo. como iba diciendo, la imagen corresponde a dicho arcángel. Aquel objeto tiene más valor de lo que ustedes creen. Por él sobrevivieron a sus catástrofes, sus accidentes, ¿o creen que era demasiada coincidencia? Después que le pidieron un favor eterno a Saraquel ya nada es lo mismo. No son las mimas nunca más. Se comienzan lentamente a convertirse en otro ser, en otra figura con poder mas allá de lo sobrenatural… Quizás aún no lo descubran, pero tarde o temprano lo harán. y se que todo esto es tan de improvisto, pero lo entenderán con mayor claridad cuando se manifiesten los más importantes síntomas.
Miradas perdidas se reflejaban en las jóvenes. No sabían de lo que Aniel hablaba, lo cual, ésta lo presintió y finalmente les dijo:
- Encuéntrenme mañana aquí en este mismo lugar a esta misma hora – y partió con pasos apresurados hacia la puerta de salida.
Todas se quedaron mirando por enésima vez.
- ¿Qué fue eso? – preguntó Nathalie.
- No se…pero… - respondió Emily.
- ¿No sabes que? – le dijo Elizabeth.
- Que…es que no se como explicarme. Volvamos a la pensión – dijo y se dirigieron hacia dicho lugar.
Ya instaladas allí, no durmieron muy bien. En resumen no durmieron. Emily pensaba y pensaba en aquello, mientras se observaba el cabello que al parecer no paraba de crecer, al igual que el de Elizabeth.
- No entiendo nada…. – decía Emily.
- Nada, ¿de que? – le respondía Nathalie.
- De esto. ¿Por que mi pelo está largo?, es decir, está exageradamente largo. Y el de Elizabeth va por las mismas por lo que veo - . Elizabeth no decía nada. Estaba acostada con su rostro volteado mirando a la pared, despierta pero parecía dormida. Sin embargo, no tenías ganas de hablar.
Emily se daba un par de vueltas por el pequeño cuarto, buscando una respuesta. Pero no la encontraba. Nathalie solo la miraba. Eran ya mas de las una de la mañana, pero no tenían sueño. En esas circunstancias, nadie tenía sueño. Lo que más despreocupaba era que las encontraran y su viaje indeterminado quedara hasta la mitad.
Emily despertó por la fuerte lluvia que chocaba contra el techo de lata oxidada de la habitación. Era un día horrible y húmedo. Lleno de agua por todas partes. La joven se levantó de la pequeña cama para mirar por la ventana las gotas fuertes que rodaban por el vidrio a cantaros. Pero al voltearse, se dio cuenta que algo faltaba. Aunque hubiera dormido sentada en una cama de una plaza y media para tres niñas de dieciséis años, era notorio que faltaba una de ellas. Miro alrededor.
- Nat… ¡Nat!... ¿donde está Beth? – le preguntó a Nathalie aun dormida. Pero esta parecía no tener idea de lo que pasaba. Recién despertaba y no se había dado cuenta de nada.
Emily comenzó por buscar fuera de la habitación, donde había un pasillo con muchas puertas en los costados, y al final una escalera, pero sin éxito. Se asomó por la ventana nuevamente y no veía más que agua e imágenes borrosas de personas en la calle. Seguramente fue a dar un paseo, se dijo a si misma, pero a la vez se contradecía diciéndose que como salir con esta tormenta. Bajó por las escaleras y permaneció ahí afuerita para ver algo. Mientras tanto, Nathalie no quería levantarse. Tenia frío y sentía que si sacaba un dedo fuera de las frazadas, se congelaría. Al pensar esto notó que sobraba algo en su mano izquierda. Tenía en sus manos un objeto y lo apretaba sin querer. Se sorprendió al visualizar lo que asía en su mano, y por lo mismo, salió tras Emily, bajó las escaleras y le preguntó sobre Elizabeth.
- Te pregunté hace poco y no tenías idea de lo que hablaba…creo que aun estabas dormida – le dijo Emily.
- Pero… ¿Dónde fue?
- No se…no la he visto. Lo que me preocupa es que esté por ahí y la puedan atrapar algún policía o algo por el estilo. Además, hace frío…
Nadie sabía donde estaba la joven. Lo peor es que no avisó ni nada. Entonces, pensaron que se había rendido y había vuelto a Olidata, pero no era seguro, nada era seguro.
- Escucha, yo voy por un lado y tu por este otro y buscala en los locales que vendan cosas para comer o algo… - le dijo Nathalie.
- Pero como…no tiene más dinero…
- No importa…es mejor que busques de todas formas. Y también buscala ahí donde estuvimos anoche.
Emily fue caminando muy calmada por la calle. Echó un vistazo a las tiendas de comida, pero no había nadie a las once de la mañana. Paso por el mismo lugar en donde se habían encontrado a la misteriosa mujer de nombre Aniel. Emily, entró a éste sitio y buscó hasta encontrar a la persona equivocada.
- Hola de nuevo, Emily – le dijo la voz femenina.
Era Aniel, quien estaba sentada en la misma mesa de la noche anterior.
- ¿Tu?, ¿Qué haces aquí?, se supone que nos veríamos en la noche, a la misma hora y todo eso… - le dijo Emily.
- Vine aquí en este instante para comunicarte una cosa.
- ¿Sabes donde está Elizabeth?
- No…nada de eso. Creo que ella no es la que debe preocuparte ahora en este preciso momento.
- ¿De que hablas?
- De tu otra compañera…
- ¿Nathalie? ¿Qué hay con ella?
- Mira por la ventana y velo tu misma.
La joven reaccionó al momento y dirigió su mirada a uno de los más terribles accidentes que jamás vio. Nathalie cruzaba la calle, con el piso resbaladizo, lleno de agua y peligroso. No sintió cuando el bus de turismo la golpeó tan fuerte en las piernas que salió volando por el impacto metros más allá del lugar, aterrizando en un cerro de arena de construcción. Elizabeth observo todo también, pues estaba sentada en una banca frente a la calle. Nathalie había atravesado para ir a buscarla, pero el destino se lo impidió haciéndola chocar contra ese bus. Luego de que ella volara, Elizabeth solo miraba el bus que perdía el control cada vez mas hasta impactar con un poste de luz, el cual al reaccionar con el combustible hizo explosión en menos de cinco segundo. Al parecer, nadie se salvó de aquel siniestro, más la joven accidentada yacía aún de guata al suelo de arena.
- ¡¡¡Nat!!! – grito Emily antes de salir corriendo como loca al rescate de su amiga.
Estaba histérica y no sabía cuan grave estaba Nathalie. Tampoco sabía el lugar exacto por donde había llegado. Mucha gente se reunió alrededor de la joven y Emily captó y entendió que allí se encontraba su compañera. Había sangre en muchas partes, y las piernas de Nathalie estaban casi deformadas.
- ¡Dios, Nat!, reacciona… - le decía Emily llorando. Alguna que otra persona llamo a una ambulancia urgentemente.
Mientras Emily lloraba, no se había percatado de que en la empuñada mano de Nat, se escondía un colgante conocido.
- Saraquel… - dijo antes de que su amiga tirada en el piso se comenzara a levantar lentamente y a recomponer sus piernas, sus heridas y todo lo demás. Emily quedo mucho más que sorprendida. No hallaba que decir. No sabia lo que estaba pasando, solo que Nathalie estaba viva aún, y que Elizabeth se dirigía hacia ellas con temor de ver a una de sus mejores amigas muerta. Pero no fue así, toda la gente vio que la niña se sentaba de a poco y arreglaba sus extremidades inferiores para luego mirar a Emily con la cara sangrienta pero sin ni una herida.
- Emily….- le dijo. En cuanto a ésta, no se dejaba de sorprender. Se volteó a ver a Aniel, la cual estaba en la puerta del local mirando cuidadosamente, y con una leve sonrisa de alivio en el rostro.
Con rapidez se dirigieron al pequeño cuarto arrendado, las tres jóvenes y la mujer. Sin duda alguna, Nathalie ahora era parte de la petición hecha al arcángel Saraquel. Elizabeth antes de irse de la pensión a dar una vuelta, solo a eso, le dejó la imagen de éste en la mano de Nat. Según ella, sintió que debía dejárselo porque lo necesitaría tarde o temprano, al igual que Emily lo hizo con ella. Como era de suponer, los tejidos de Nathalie comenzaron a regenerarse y sus huesos a regresar a su lugar luego del accidente. Era el síntoma que todas habían tenido luego de sus hazañas a alto riesgo. Solo faltaba que el cabello le creciera, lo que pasaría tarde o temprano.
- Por favor, explíquenos que es lo que está pasando ahora, pero queremos la verdad – le dijo Emily a Aniel.
- A decir verdad no he dicho ni una mentira, todo lo que les he contado es verdad.
- Por favor, no nos convencerá de eso. De que el arcángel no se cuanto, y no se que… - le dijo Elizabeth. Nathalie permanecía callada.
- Niñas, llego la hora de que sepan todo. Es lo mejor.
- ¡Ay, ya hable de una vez! – le dijo Elizabeth.
- Son ángeles.
Un gran silencio invadió la habitación. Nadie procesaba lo dicho, y no querían hacerlo tampoco. Era absurdo.
- No me haga reír. Deje de hablar de eso – le decía Elizabeth.
- No les miento, y aun si les mintiera se darían cuanta igual, por los síntomas que vendrían después. No quiero alarmarlas ni nada de eso, pero es la verdad. Ya no son normales, nunca más.
- Es…difícil de creer… - decía Emily.
- ¡No! No es difícil, ¡si no imposible! - dijo Elizabeth.
- ¿Por qué les mentiría? – dijo Aniel.
- Para…no se…hacernos alguna broma o hacernos sentir mal…tal vez es una cámara indiscreta. – dijo Elizabeth.
- Por favor, no. Solo creanme. Es cuestión de fe.
Ya nadie sabia que pensar, pero cada frase, cada palabra que decía la mujer hacia que sus pensamientos negativos cambiaran. Aniel se uso en dirección a la puerta de salida y camino. Nadie la detuvo. Todas permanecieron calladas y mientras la veían irse lentamente.
Nathalie ya estaba bien. Y sin darse cuenta, uno que otro cabello comenzaba a alargarse poco a poco. Pero ese no era el punto.
- ¿Qué hacemos ahora? – dijo Nat.
- Que nos queda…creerle… - le respondió Emily.
- ¿¡Que?! , no creerás todo lo que esa lunática dijo Emily.
- No nos queda otra, si no, explícame lo que nos esta pasando con un tema mas coherente que el de ella.
Elizabeth no respondió, porque la verdad era que no sabía que decir. Por dentro, sabia que todo esto podía ser verdad, pero no lo quería asumir.
- Creo que debemos discutir esto – dijo Nat.
- Creo que lo mismo, pero necesito que Aniel me diga todo lo que sabe que nos esta pasando, al fin y al cabo, es verdad – le respondió Emily mientras de volteaba para ir en busca de la mujer.
- ¡Espera!, es que… ¿Qué hay si todo esto es cierto?...no seríamos humanas, o nos crecerían alas, o no se… - decía Nathalie.
- Es lo que quiero averiguar –y rápidamente, Emily corrió hasta alcanzar a Aniel y decirle;
- Por favor, dígame todo lo que nos tiene que decir.
Con una leve sonrisa, Aniel le respondió a Emily:
- Si, lo haré. Pero primero necesitan conocer a alguien.
martes, 4 de diciembre de 2007
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