- Perdió a su familia en un accidente aéreo. En un avión…fue la única sobreviviente, gracias al amuleto que le dio alguien de mis compañeros. Lo malo, es que esta sola en el mundo al igual que ustedes y lo único que la mantiene es la iglesia, pero…necesita un grupo en el cual trabajar y creo que ustedes son las elegidas, es decir, mas que las elegidas, deben estar con ella, pues representa el elemento que les faltaba. Su nombre es Diana Crown.
- Hola, soy Nathalie Denat. Mucho gusto.
- Hola. Diana. Un gusto.
- Soy Elizabeth Prett.
- Y yo soy Emily Thompson.
Todas quedaron estupefactas con la llegada de una nueva compañera de “trabajo”.
- Eh…no quiero ser grosera ni nada, pero….creo que no necesitamos a otra persona.
- ¿Por qué dices eso Emily? – le preguntó Aniel.
- Por que somos suficiente. No es por despreciarla, pero creo que así estamos bien.
- Bueno, pero creo yo que no lo están. El que ella llegue a ustedes significa más ayuda en sus “misiones”. Necesita con quien quedarse, necesita amigos, familia, y lo mejor es que esté con ustedes, quieran o no.
- Yo estoy de acuerdo, bienvenida. – le dijo Nathalie.
- Yo también, ningún problema… - dijo Elizabeth, mirando con extrañeza a Emily.
- Entonces, no hay más de que decir. Se queda con ustedes.
Emily afirmo con la cabeza e hizo una sonrisita forzada. Estaba indecisa, pero lo acepto de todas formas. Era antisociable, no le gustaba conocer gente como a las demás. Le daba lo mismo.
Entonces, comenzó a recordar la larga conversación que habían tenido las tres con Aniel antes de conocer a Diana:
- ¿Qué son lo Ángeles?, ¿Cuál es su labor?... ¿alguna de ustedes sabe…? – dijo Aniel.
- Bueno…yo sabía que…existen porque son mensajeros de Dios, esas es su labor mas importante, pero por otro lado, defienden a las personas de sus rivales, los demonios. Acuden a la gente cuando esta tiene problemas- le respondió Emily.
- Exacto. Los Ángeles son seres celestiales creados para proteger a la humanidad. Sus labores son las que dijo ya Emily, ser mensajeros y proteger al ser humano de los terribles demonios. Existen los Ángeles de los cuatro elementos: agua, aire, fuego y tierra, cada uno con sus respectivos sirvientes. Ahora, si empiezan a analizar la situación que están viviendo, se darán cuenta de que notado es una gran coincidencia. Por ejemplo, Elizabeth. Su elemento es fuego, y ¿Por qué?—
- Porque pidió el deseo en el incendio… - la interrumpió Nathalie.
- Eso significa que yo soy…- dijo Emily.
- Si. Elizabeth experimento la regeneración de su piel en el fuego, Emily en el agua, Nathalie en la tierra, arena. – dijo Aniel.
- Pero… ¿y el aire? – pregunto Elizabeth.
- Luego, luego…ahora, lo que importa es que, entiendan bien lo que tienen que hacer.
- Claro…proteger a la humanidad… - dijo Emily.
- Si, pero no aquí. Me refiero a que no en este….mundo – dijo Aniel.
- ¿Cómo? ¿de que hablas? – le pregunto Emily.
Aniel cambio su expresión de rostro, se puso mas seria. Luego dijo:
- Seguramente han oído hablar de las dimensiones. Lugares que no son de este mundo. Que se pueden abrir portales a otros lugares, en donde nadie ha ido.
Las jóvenes la miraron con cara extrañada. No tenían idea de lo que estaba hablando la mujer.
- Esas dimensiones no existen. Solo las he visto…en la televisión y esas cosas… - le dijo Elizabeth.
- Si…además…usted nos empieza a hablar de cosas que nosotras no entendemos. Con suerte entendemos porque estamos aquí y quien es usted. Ni siquiera nos dijo como nos encontró, como sabe que somos nosotras los “ángeles” que deben salvar la tierra…y todas esas otras cosas que nos ha dicho. – le dijo Nathalie.
- Niñas…se que todo esto fue demasiado rápido, y que a lo mejor no tengan claro del todo lo que son y lo que deben hacer, pero no hay tiempo. La era de los demonios ya empezó en Celeron y deben ir a proteger a esa gente.
- Lo único que queremos es que nos diga, por favor, lo que le preguntó Nat.
La mujer calló un rato y bajo la mirada. Luego, agregó:
- Soy clarividente. Puedo ver cosas que pasaran en el futuro. Trabajo en el consejo de Nervay en la iglesia de “AtimmCastle”. Por eso se todo lo que se. Que ustedes serian las Ángeles que necesitábamos, sus nombres, su vida. Las he estado siguiendo en los últimos tres años. Eso es lo que hace este consejo. Por eso trabajo ahí en esa iglesia, porque mi don no es común en esta humanidad y sirvo de gran ayuda.
- Espera…he oído hablar de esa iglesia creo. ¿Es prestigiosa o algo así?- dijo Emily.
- Creo que también he oído de ella… - dijo Elizabeth.
- Y yo he pasado unas veces por ahí, pero nunca he entrado – agrego Nathalie.
- Si, si…es muy conocida. Una de las más importantes diría yo de el país. Existen muchos, mas de cincuenta consejos que hacen diferentes cosas. Nosotros nos encargamos de reunir a jóvenes como ustedes, pues ustedes no son las únicas Ángeles que existen en el mundo. Hay otras, pero no son las suficientes como para combatir tanta maldad. Por eso necesitamos a empezar a trabajar desde ahora ya. Y lo mas importante, quiero que tengan fe en lo que les diga, que confíen, y colaboren, ¿si?.
- Solo tengo una pregunta mas, Aniel – dijo Nathalie. – Todas nosotras hemos quedado..sin familia y todo eso, ¿acaso, eso es parte de esto? .
Aniel, al parecer no quería contestar. No fue necesario que respondiera esa pregunta, porque con el gesto de su cara lo decía todo.
- En realidad…si.
- ¿¡Es decir, que mataste a mi familia?! – dijo alteradamente Elizabeth.
- ¡Yo no he dicho eso Elizabeth! – le respondió Aniel. – Nadie de nosotros ocasiono el incendio que provoco al muerte de tu madre y tu hermana. No confundas las cosas.
- ¿Entonces, como?
- Estaba escrito ya el destino de ustedes cuatro. Quedarse sin familia para poder convertirse en lo que son.
- ¡¿Mi madre y mi hermana murieron para que yo me convirtiera en esto?! ¡prefiero tener a mi familia con vida que ser una…anormal! – dijo Elizabeth.
- No eres una anormal, Elizabeth. Pero así las cosas tiene que ser. Al igual que quitaron muchas, muchas vidas en sus accidentes. Solo para que se dieran cuenta de lo importante que son.
- Como mi mama…susurro Nathalie.
- En fin…lo hecho, hecho está, y no podemos hacer nada para recuperar a nuestras familias. Por lo menos yo quiero seguir en esto. – dijo Emily.
- Yo…también…- dijo Nathalie algo con tristeza. Recordaba a su madre, pero sabía que ya no había vuelta atrás y tomo la decisión de seguir con esto.
- ¿Elizabeth? ¿podemos contar contigo? – pregunto Aniel.
Pero Elizabeth no podía tomar una decisión. Se le hacia difícil. Pensó largo rato. Recordaba a su madre, su hermana Karen. En lo tan bien que la pasaban juntas. Luego de esto, corrieron algunas lágrimas por sus ojos. Se volteó a mirar a las demás. Y finalmente dijo:
- No hay nada que perder…
Esa frase es una de las tantas que Emily no olvidara jamás, ni ninguna de ellas tampoco. Era la pura y santa verdad, ya no había nada que perder.
- Muy bien, entonces, las llevare a conocer a su compañera… - dijo Aniel. Luego de esto conocieron a Diana, la joven del elemento aire que estaría con ellas por un largo tiempo.
Eran las ocho de la noche en Garamond. Las cuatro jóvenes eran guiadas por la clarividente a una pequeña iglesia poco agraciada, pero que tenía mucho que esconder. Un sacerdote y algunos alcoholitos las recibieron con lucro.
- Buenas noches, padre Daniel. – dijo Aniel entonces.
- ¡Aniel!, tanto tiempo… ¡años! – dijo el sacerdote dándole un fuerte abrazo a la mujer, quien lo respondió de la misma forma, con cariño y ganas de verlo.
- No te esperaba a esta hora… - le dijo el hombre.
- Lo siento padre, es que me tome el tiempo para encontrar a estas señoritas… - dijo Aniel señalando a las cuatro jóvenes que se escondían tras ellas, sin saber que es lo que pasaba.
El sacerdote las miró impresionado. La imagen de su rostro expresaba emoción, felicidad, alivio. Las miró por un largo rato que se hizo eterno para las niñas, mientras el cura se inclinaba haciendo un gesto de “saludo a su alteza” hacia éstas. Los alcoholitos lo siguieron. Aniel solo miraba el acontecimiento, al igual que las niñas, con la diferencia de que estas últimas no tenían idea de lo que estaban haciendo.
- Buenas noches, damas – dijo Daniel.
- Buenas…noches – dijeron todas descoordinadamente.
- No puedo creer que esté parado frente a ellas… - decía el sacerdote mientras regresaba a su posición inicial. Solo expresaba palabras de gozo, y miraba a Aniel para verificar si lo que estaba viviendo era o no real.
- Por algo el Consejo de Nervay de AtimmCastle es el mejor. Tiene a los mejores buscadores del mundo, empezando por ti, hija. Discutiremos eso luego. Enviare una carta a la iglesia para decirles que están aquí, y contigo.
- No es necesario, padre. Lo haré yo luego. Por ahora necesito un refugio a donde nos podamos quedar estas niñas y yo. Si fuera tan amable…
- Por supuesto, Aniel. No necesitas preguntar. Pueden quedarse el tiempo que deseen. Los cuartos están vacíos.
- Solo por esta noche padre…mañana debemos partir Sylfahen inmediatamente, usted sabe. Le agradezco de verdad, padre.
- No hay problema, mi niña. Por mientras le diré a Robin que lleve a estas jovencitas a sus camas, y tu y yo hablaremos un poco, ¿si?
Aniel asintió con a cabeza y luego, el padre llamó a uno de sus alcoholitos, Robin, para guiar a las jóvenes al cuarto. Rápidamente y sin saber a donde ir, las niñas siguieron al jovencito de no más de dieciocho años, hasta llegar a una puerta, en la que al abrirla, se divisaban cuatro camas disponibles. Era una gran habitación y tenía todo lo necesario.
- Antes de retirarme, puedo ofrecerles algo de comer… - preguntó el joven.
- Yo no tengo hambre, gracias – le dijo Emily.
- En realidad no comemos mucho todas…gracias – le siguió Nathalie.
- Pero…puedo ofrecerles fruta o…
- Bueno…fruta estará bien… antes de dormir digo yo – dijo Elizabeth.
Robin hizo un gesto afirmativo y bajo las escaleras a buscar lo pedido. Mientras tanto, las niñas se distribuían en las camas, haciendo hora para esperar Aniel. Ésta tenía algo importante que decirles. Sin embargo, Emily reunió a todas en una cama y les comenzó diciendo lo que sentía.
- Se que la mayoría de nosotras no sabe lo que esta pasando y lo que pasara…tampoco si todo esto es una gran mentira, o es verdad. En realidad, a estas alturas, dudo que sea una broma. Han llegado demasiado lejos como para que después nos digan que esto es mentira. Por lo mismo, quiero que…a lo que nos tengamos que enfrentar, sean espíritus malignos, demonios e incluso el mismo Diablo, debemos estar juntas y apoyarnos en todo, porque se que todas hemos pasado exactamente por lo mismo. Que hace ya dos días que nuestras familias nos dejaron, pero hay que dejarlo en el pasado. Y para poder hacer eso, debemos dedicarnos al máximo en lo que tengamos que hacer. Antes no teníamos un propósito para vivir, pero ahora si, y creo que debemos aprovecharlo.
Emily de verdad sentía de corazón todo lo que dijo. Las otras la miraron diciéndose para si que tenía razón, y que todo lo que la joven había expresado era cierto. Diana siguió:
- Bueno, yo…se que soy nueva aquí, que recién me conocen hace algunas horas y todo, pero tratare de ser y hacer lo mejor posible lo que tenga que hacer, y espero que lleguemos a ser grandes amigas…
Estaban las cuatro un poco emocionadas, porque todo lo que se expresaba era verdadero y lo sabían.
Después de uno minutos, Robin llegó con una fuente de tamaño mediano con algunas frutas, y se retiró rápidamente. Las niñas comieron como si nunca hubieran comido, después de largas horas sin hacerlo, era obvio.
Mientras tanto Aniel conversaba con el padre Daniel. Su conversación basada en temas religiosos y de las jóvenes allegadas les hizo entrar en razón de que ya no había tempo que esperar.
- Ya comenzó la era, padre. La era de los demonios en Celeron. Las niñas tienen que viajar hacia allá cuanto antes.
- Lo se, lo se Aniel. Pero el comité no estará de acuerdo con mandarlas sin entrenamiento tanto físico como psicológico. Necesitan aprender un montón de cosas que solo tú puedes enseñarles en un tiempo corto.
- No esto segura, padre. Se que les debo explicar millones de cosas, pero no se si alcanzare. Recién se vienen integrando a este mundo y sin siquiera saber bien la razón. Tienen solo dieciséis años, padre. Son niñas. No debemos presionarlas tanto.
- Recuerda que ya no son igual que hace dos o tres días. Cada día van evolucionando más y más. Va a llegar un trance en el que serán completamente inhumanas, y ese trance es el esperado, porque ahí estarán mucho más que listas para enfrentarse a muchas fuerzas malignas.
- Ya se todo eso, padre. Espero que ese momento llegue pronto. Se que pueden hacerlo bien, confío en ellas…
- Recuerda que él no quiere que falles. Sabes que esto es muy importante, Aniel. No es un juego. De ellas depende este país, incluso el mundo entero. Enviaré una carta a Estrangelo, para avisarles que estás aquí, con los ángeles. Querrán saber como estás después de tres años.
- Gracias, padre. Le agradezco lo que hace por mi y por las niñas.
- Y no es necesario que se vayan mañana de inmediato. Pueden ocupar la sala que está al lado de las campanas para que puedas comenzar con el entrenamiento. No tengo problema.
- Se lo agradecería mucho, padre Daniel. Gracias nuevamente.
Aniel se paró de su silla y le dio las buenas noches al sacerdote. Se dirigió a la habitación de las jóvenes, las cuales estaban sentadas en una cama, esperando por la que venía.
- Niñas, disculpen si me demoré. Debía hablar cosas importantes con el padre. Por ahora quiero que duerman para mañana levantarlas temprano y empezar con su entrenamiento.
- ¿Entrenamiento? – preguntó Nathalie.
- Por supuesto. Si salvarán al mundo deben saber defenderse ante situaciones. Por lo tanto, mañana empezaremos las prácticas. Aprenderán muchas cosas. Así que ahora duerman, porque las levantare temprano.
- ¿¡Temprano!?- dijo Elizabeth asustada, pues odiaba levantarse temprano. Nunca lo lograba.
- Si, muy temprano.
Aniel apagó una de las luces de la habitación y les dijo buenas noches. Las jóvenes se acostaron en la cama, tapadas hasta la nariz, con frío y ansiedad, emoción y pena, nervios y curiosidad. Solo querían que fuera mañana, para poder responder a todas las preguntas que tenían en su interior.
Nathalie y Diana se durmieron en instantes. Elizabeth se quedaba pensando en su familia. Le caían lágrimas por los ojos, sollozando despacito sin hacer ni un ruido. Se durmió apretando la fotografía de su madre y hermana. Mientras que Emily, solo quería empezar luego con todo esto. Desde niña sintió que debía hacer algo importante, algo único y extraño. Solo escuchaba la lluvia azotarse contra los vidrios de colores de las ventanas de la habitación. Por fin se cumplirían sus fantasías, sus anhelos y sería alguien en la vida, aunque legalmente no sería nadie.
martes, 4 de diciembre de 2007
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1 comentario:
x)
al principio tuve mids dudas sobre si taba 100% correcta mi afirmacin d q cual era kien.. onda beth o emi.... pero al final como soy tan lerda las kxe recien en este capi.. onda... taba en un 95%segura XD ty este me lo confirmo..sige subiendo... q kede con ansias...
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