Era un día jueves, exactamente las cinco de la mañana. Era uno de esos días en que se demora en amanecer, por lo cual a esa hora estaba casi del todo oscuro. El día anterior, las jóvenes durmieron en la sala anteriormente señalada. Como no había nada en aquella, pensaron que pasarían frío como nunca, pero la verdad es que era más calido que estar al sol por horas. Cuando ellas llegaron a Celeron, estaba atardeciendo, entonces esperaron a que fuera el día siguiente para que todo fuera mucho más ordenado y las niñas se prepararan para una dura semana. Al parecer, se habían relajado más de lo que esperaban, pues al llegar la madrugada del jueves, Caliel las intentó despertar alrededor de quince minutos, sin respuesta. Fue cómico aquel momento.
La cuestión es que a las cinco todas estaban con una especie de vestido blanco, paradas en hilera y con una carita de sueño. Emily estaba emocionada. Solo quería que le dieran la instrucción.
- Muy bien. Muéstrenme lo que saben. – les dijo Caliel.
Se miraban unas a otras. El joven trataba de animarlas, y al cabo de segundos, pudieron realizar la maniobra mágica que sabían. Crearon energía elemental alrededor de sus cuerpos. Ahora era más fuerte y no necesitaban concentrarse tanto en algún recuerdo feliz, pues se empezaban a acostumbrar. Sin embargo, a Caliel no le impresionó, ya que es lo menos que esperaba que hicieran las jóvenes. A continuación, una de las primeras técnicas.
El poder que cada una poseía estaba tan escondido que tuvieron que hacer casi el doble de trabajo. Pero a las chicas les gustó, a pesar de que el joven era exigente.
Pasó por delante de cada una, percibiendo el nivel de poder que tenían, y sin duda la que tenía más era Nathalie. Ésta había utilizado su don contra los policías que querían llevarla consigo, por lo que controlaba aunque sea un poquito mejor el elemento que las otras tres.
Caliel hizo pasar a Nathalie al frente mirando a sus compañeras.
- Quiero que saques todo ese poder que llevas dentro. Sécalo incorporando a la tierra, la naturaleza, la vida. Eso eres tú. Por eso debes confiar en ti y creer que lo puedes hacer. Vamos.
Nathalie lo observaba raro. No sabía como hacer eso, pero he ahí la clave para conseguir un buen resultado, hacerlo a su manera. La joven cerró los ojos, se relajó un poco, respiro hondo, concentro toda su energía en su cuello, boca, nariz, ojos. La energía se notaba en sus venas, que se le iba por los brazos a las manos. Una ráfaga de viento hizo que su cabello se alzara fuertemente y del suelo, quebrando y trizando la madera para todos lados, surgieran rocas, plantas, y tierra, mucha tierra.
Después de ver esto quedaron atónitas con la demostración que Nathalie hacía en aquel instante. Caliel sólo sonría. Le gustaba ver y saber que mejoraban. La energía de Nathalie era fuerte, pero no lo suficiente, porque toda la naturaleza que creó en aquel instante era débil y ni duro mucho exhibiéndose. Todas las plantas, tierra y rocas que habían brotado del suelo se volvían a esconder, hundiéndose cada vez más. Los ojos de la chica eran de color ámbar intenso, parecido a un café tornasol. Eso significaba que utilizaba su energía concentradamente. Caliel lo observó y luego dijo:
-Esta bien. Para, Nathalie - .
Al escuchar, la joven se relajó y parpadeó un par de veces. Entonces, desapareció definitivamente la naturaleza verde. Aparte de quedar con la boca abierta, las otras tres tenían ansiedad de conocer lo que podían hacer. Quizás podían lograr mucho más que Nathalie y por lo mismo, Diana pasó adelante. Caliel estuvo de acuerdo y ésta empezó rápidamente.
Lo peor era que no sabía ni que hacer, ni que pensar. Lo hizo a su manera. Y de nuevo ocurrió lo mismo. La energía que corría por sus venas era visible, y era impresionante verlo. Sus ojos se tornaban verdes y al mismo tiempo una brisa pequeña se transformó en casi un tornado de viento. Poco más y se vuela la sala, pero a las chicas les gustó ver tanta energía y concentración juntas. De hecho ni siquiera les afectó todo el viento que se producía, al menos a ellas y a Caliel no, pero para un demonio era como si solo la fuerza del viento le estuviera desintegrando poco a poco. Caliel hizo que se detuviera y entonces pasó Elizabeth al frente.
Ésta chica si que no sabía controlar su poder, pues le costó varios minutos poder hacer una demostración decente de lo que era el fuego. Éste elemento, según Caliel, es uno de los elementos más peligroso y riesgoso. El que lo posea debe saber muy bien lo que hace con éste. El fuego es el símbolo del Diablo, por eso, el ángel que lo posee debe tener cuidado en no caer en una mala situación. sin embargo, esto no significa que éste fuego no le haga daño a algún tipo de demonio, pues ellos poseen fuego malo. En cambio, Elizabeth tiene fuego bueno y eso es totalmente diferente. Es como fuego contra agua.
Elizabeth, con sus ojos rojos y todo, creó e hizo que cada tabla de madera de la sala se hiciera parte del fuego. En otras circunstancias, todo el lugar se incendiaba sin ser quemado. Claro, porque el fuego de Elizabeth no quema si ella no lo desea. Ella lo controla de acuerdo a lo que siente. Cuando quiso detenerse, el fuego fue retrocediendo hasta llegar a sus pies. Y entonces quedaron fascinadas con ella.
Finalmente, la más ansiosa de todas: Emily. Pasó adelante por fin e hizo un gesto de concentración y respiró hondo. De sus pies hacia el resto del salón salía agua. Desde su cabellera larga y castaña también salía agua mientras se empapaba. Su cuerpo igual estaba mojado. Sus ojos estaban azules casi celestes. Eran hermosos pero asustadores. El agua era verdadera y comenzaba a correr por todo el sitio. No se inundó, pero estuvo cerca. Las chicas y Caliel quedaron de alguna u otra forma mojados. Pero cuando se veía que el agua, gota a gota recorría el cuerpo de Emily, se notaba que era agua nítida, sana, cristalina, llena de calidez, llena de amor. Quizás era lo que sentía ella en ese momento. Pero al momento de parar, se sintió confortable y con ganas de volver a hacerlo. Sin duda, lo volvieron a hacer cientos de veces ese mismo día hasta poder dominarlo casi por completo. Todos los días practicaban sus poderes aunque sea una hora para poder fortalecerlos, controlarlos y acostumbrarse a ellos.
Ese mismo primer día, luego de practicar las técnicas, comieron algo y luego volvieron a entrenarse con lo mismo. Pararon a las siete de la tarde, pues todas estaban realmente agotadas y con suerte se podían las piernas. Les dolía el cuerpo y se sentía como si hubieran hecho ejercicio todo el día. En la noche, Caliel les enseño sus habitaciones temporales, las cuales eran grandes y tenían una para cada una. En general las atendieron muy bien mientras permanecieron allí, aunque se hayan agotado como nunca. Después de ese primer día se imaginaban como sería el resto de la semana. Más que cansador. Sin embargo, se durmieron pensando que podían lograr más de lo que lograron a lo largo del día. Después de una agotadora jornada, no había nada más confortable que acostarse en una cama y dormirse pensando en lo que habían vivido solo hace cuatro días.
Segundo día.
Cinco de la mañana. Aproximadamente durmieron siete horas, pero sin embargo estaban muertas de sueño y cansadas para continuar con su entrenamiento. Ese día harían algo diferente a lo que hicieron el día anterior.
Al igual que ayer, comieron algo como desayuno y se pusieron los vestidos blancos para aprender algo nuevo.
- Hoy no trabajaremos igual que ayer. Aprenderemos como usar la mente, controlarla y volverla poderosa. Esta es una de las cosas más importantes que deben dominar pues la mente es el elemento más grande y lleno de cosas que el universo. Pueden volver real lo irreal, así que…comencemos.
El joven las hizo cerrar los ojos cerca de diez minutos y relajarse. Mirar, por ejemplo, un objeto y moverlo tan solo con mirarlo. La telequinesis era un don un poco inusual en la gente, pero existía en personas comunes y corrientes. Por lo tanto, Ángeles de su tipo debían saber usarlo. Además, tenían mucha mas capacidad que un ser humano puro.
El saber usar el poder de la mente no solo abarcaba la telequinesis. Aparte de mover objetos, era necesario que el ángel en posición supiera crear ilusiones en mente de otros, ya sea hacerles revivir un momento bueno o malo, o hacer situaciones que nunca han pasado y pasaran. Ésta era un arma muy fuerte, pero había que saber lo que se hacía.
Otra cosa con el mismo tema era cambiar los pensamientos de otros, es decir, hacerles pensar lo contrario o lo que el mismo ángel quisiera que pensaran. Esto es ya algo profesionalmente hablando, pero que con el tiempo, las niñas lograrían realizar.
Y muchas otras cosas infinitas. La mente, decía Caliel, es como una gran caja de herramientas diferentes, y que cada una te sirve para algo diferente. Era verdad, las chicas lo entendieron días mas tarde. Ahora solo se enfocaban en lo que les decía en joven.
Después de la telequinesis, vino un receso y comenzaron luego con el dominio de la mente ajena. Ya que cada una había superado la primera fase, venía ahora esta más complicada, y Caliel la enseñó de la siguiente forma: juntó a agua con tierra y fuego con aire. Cada joven debía crear un pensamiento en su pareja. El objetivo era saber la rapidez con que podían crear ilusiones y que ilusiones crear. Era bastante interactiva la actividad. Las jóvenes la gozaron hasta el final.
Siguiendo con el ejercicio, agua y tierra estaban juntas y comenzaron por concentrarse en lo que hacían para luego una ganarle a la otra. Sin duda, tierra tenia suficiente control de poder como Caliel ya había dicho, pero esta prueba la gano agua, es decir, Emily.
Emily se tomo un par de minutos en crear un pensamiento en la mente de Nathalie, y ésta de verdad cayó en lo que Emily le hizo pensar. Fue algo tan estúpido como hacerle creer que llovía. Nathalie sintió que se mojaba en realidad; más cuando parpadeo un segundo, Emily se reía en su cara, sabiendo que tierra se lo creyó todo.
Mientras tanto, fuego y aire se tardaron varios minutos para que una de las dos pudiera crear algo. Sin embargo, aire lo logró antes haciéndole pensar a fuego que caía por un edificio. Elizabeth se asustó un poco y dio un grito pequeño y corto. Diana también se rió y despertó a su compañera, pues esta no tenía noción del tiempo.
Así se lo llevaron el resto del día, desarrollando sus pequeñas mentes que con el tiempo se volvieron grandiosas. Esa misma tarde fue muy eficiente porque aprendieron de manera rápida y aprovechadora el controlar mentes tanto de humanos como entre ellas, y también mentes malvadas. El agoto fue peor que el de el día anterior eso si. Aunque estaban felices. Cada vez les gustaba mas el ser lo que eran: mitad ángeles, mitad humanas.
Tercer día en la madrugada. Eran las cinco de la mañana. Se comenzaban a acostumbrar a levantarse a esa hora. Era agotador, pero les rendía mucho para el resto del día. Aprendían cosas q nunca se imaginaron que aprenderían, como lo de ese día.
- Niñas, ustedes en este momento no son mas que mitad Ángeles, mitad humanas, por lo que todavía no tienen todo lo que se requiere para convertirse en un ángel, ya sea experiencia, control, sentimientos fuertes y livianos a la vez, etc. Por lo tanto, creo que seria bueno que reforzáramos primero lo que hemos aprendido ayer y anteayer, y luego comenzar con algo nuevo, algo que mas bien es preparación para comiencen ya a echarse a volar – les dijo Caliel.
Luego de lo dicho, se miraron con extrañeza pues no sabían a que se refería el chico. Pero era tan simple como saber que hablaba literalmente, se echarían a volar, siempre y cuando supieran nacer sus alas.
- Por supuesto, les enseñare trucos y maniobras para que puedan hacer nacer con mayor facilidad sus alas, ya que este proceso se demora tiempo.
- ¿De que cuento tiempo estas hablando? – le preguntó Emily.
- Mmm, no más de un mes.
- ¡Que! – grito, Diana.
Era estupido que tanto tiempo se demorara algo que supuestamente era no tan importante para ellas. Pero la verdad es que si lo eran. Las alas reflejan mucho los sentimientos del ángel que las carga. Además, es una herramienta incondicional contra demonios y otros.
Se supone entonces, que cada joven tiene alas diferentes, ya sea en el ámbito de la forma, el tamaño, color, etc. Este proceso requería de mucha concentración y dedicación, como también esfuerzo, tolerancia, fuerza, control, fe.
Lo que no sabían las niñas, era que como iban a enfrentarse a espíritus malignos, si no sabían como ocupar sus alas, como volar. Era algo importante e indispensable al mismo tiempo. Claro esta, que en un mes sería demasiado tarde, por lo que Caliel les dio un entrenamiento muy provechoso y duro ese día, no pararon en toda la tarde. Avanzaban impresionablemente rápido, era casi increíble.
Se mentalizaban cada día de manera más rápida y mas controlada, sus ataques y poderes eran más fuertes y rápidos. Realmente esos tres días habían sido estresantes pero eficientes en todo sentido, y Caliel sentía que estaban casi listas para enfrentar lo que se viniera, solo les faltaba el tema del vuelo.
Ese mismo día Caliel les enseño unas técnicas para hacer nacer sus alas de manera más veloz, como por ejemplo, sentir que vuelan, sentir que llevan en sus espaladas dos halos de luz calidos y blancos, con los que pueden llegar a donde ningún ser humano ha ido. En conclusión, el primer paso era el sentir, mas este no estaba tan lejano del siguiente paso, que era hacer correr todas sus energías hacia sus espaldas y concentrarlas ahí, que sintieran que con solo tener la fuerza reunida en ese lugar, podían volar o elevarse. El tercer y último paso era ejecutarlo. Claro poniendo mucha dedicación a lo que se hacía y sentimiento. Pero por desgracia nadie logró sacar sus alas ese día. Fue frustrante porque habían estado toda una jornada practicando los pasos, para que al llegar la noche pudieran hacerlo, más en realidad, estaban demasiado cansadas y Caliel se dio cuenta tarde. Era obvio que algo que realiza en un mes lo estuvieran haciendo en menos de un día, en menos de 24 horas.
Eran casi las diez de la noche y la jóvenes se hundieron en un sueño que no las hizo despertar hasta el otro día, excepto para Diana. Diana se despertó alrededor de la media noche porque sintió aire frío en su rostro, siendo que en el lugar que descansaban era una sala completamente cerrada y sin más que las murallas adornadas de cuadros y pinturas. Se levantó sigilosa, en cuclillas comenzó a caminar por el aula, la cual se iluminaba solo por la luz de luna que entraba por algunas rendijas.
Diana se sentía extraña. Se sentía como angustiada. Al caminar por alrededor del sitio, le dio la impresión de que se acercaba a algo, pero no sabía que. Era una sensación rara que le hacia volver a su pasado, su pasado oscuro y extraño, sangriento. Cerraba los ojos para olvidar, pero era inútil, era demasiado fuerte lo que sentía tanto en la mente como en el corazón, miraba sus brazos y veía que algo familiar ya no se encontraba en ellos. Luego comenzó a llorar. Las lágrimas caían como gotas de lluvia sobre algo metálico. Eso hizo que Nathalie despertara.
-¿Qué rayos haces, Diana? – le preguntó.
Diana la miró con ojos mojados, pero como en las sombras no se veía nada, le respondió:
- Eh…es que…tuve un mal sueño y…me distraje caminando…
- Ah…pero… ¿estas bien?
- Si…sigue durmiendo no más…
Nathalie la miró con ojos extrañados, pero volvió a su lugar, mientras Diana se quedó parada, pensando en sus recuerdos malditos, que por más que trataba que se fueran, siempre los tendría presente en alguna parte de su cabeza.
Cuarto día. Ya llevaban más de la mitad de la semana y lo único que les quedaba por hacer, era practicar y practicar a todo momento. Sobretodo el tema de su vuelo. Sin embargo, hoy era una clase muy especial y reflexiva que Caliel pensó que les haría muy bien a las niñas. Eran las cinco y media de la mañana en punto. Ya era el alba en Celeron a esa hora y lo único que les extraño a todas fue que Caliel se demorara.
- Disculpen la demora. Hoy día será una clase diferente pero divertida y creo que les gustara bastante ahora que tienen más afinidad con sus naturalezas respectivas. Entonces, pónganse sus vestidos blancos y vuelo en dos minutos.
Se extrañaron que llegara atrasado y luego saliera de nuevo, pero de que estaban entusiasmadas, estaban muy entusiasmadas.
El vestido blanco era especial. Caliel decía que siendo de dicho color, la energía se traspasaba hacia al cuerpo y no retenía la fuerza, como otros colores. Era mucho más fácil concentrar la energía y realizar los poderes que poseían. No tenía nada que ver con la física, solo era una especie de “mito” que aparecía en algunos libros santos, que por cierto era verdad.
En fin. Caliel llegó exactamente en dos minutos y dijo:
-Eh… a ver. Emily, ven acá. Sígueme.
Ésta las miró sin entender por qué ella. Pero se movió y camino tras el joven. Caminaron en una dirección que Emily no conocía, pues había visto las afueras de esa sala un par de veces. La mayoría del tiempo pasaban encerradas allí entrenando sin parar.
Pasaron por un pequeño bosque, que luego el pasto verde cambió a ser arena y esta a ser agua. Habían llegado al mar de Emma, quien estaba tras la iglesia, un par de kilómetros más al oeste.
Emily no podía creer la belleza de tal mar, el agua era más cristalina que un vidrio nuevo, y más al fondo era más azul que el cielo que lo cubría. La línea del horizonte se pedía tras algunas nubes. La joven miró el más y luego se volteó hacia Caliel. Éste la miró y le sonrió, luego le dijo:
- Creo que llegó el momento de reflexionar en forma extensa, Emily. Aquí está tu naturaleza, tu vida, tu yo mismo. Tienes todo el tiempo que necesites para concentrarte y expandir tu mente, hacerte más fuerte. Si te haces fuerte de la cabeza, te harás fuerte del corazón y por consiguiente, de tu cuerpo.
Emily no sabía que decir, había quedado sin palabras. Todavía no entendía como podía existir tanta belleza en el mundo. Metió sus pies descalzos en el agua y Caliel se marchó.
El agua estaba tibia y el reflejo de su rostro en el agua era demasiado nítido. Parecía un espejo. Alzó su mirada al horizonte y se quedó perpleja, sin nada que decir, sin nada que pensar, solo actuar.
Caliel llegó nuevamente al salón, y se llevó a Elizabeth consigo. Las otras dos se quedaron confundidas nuevamente.
Elizabeth le preguntó mil veces al joven a donde se dirigían, pero éste no le dijo ni una palabra hasta que la niña se sorprendió al llegar al volcán de Lizz, uno de los más famosos de la Tercera Dimensión.
- Es el único lugar que conozco que tiene más fuego y arde más que cualquier cosa. Te vendrá bien un poco estar contigo misma – le dijo Caliel.
- Eh…claro…es decir, ¿Cómo? No entiendo.
- Tómate tu tiempo para entenderlo entonces, yo debo volver.
Elizabeth lo quedó mirando, pero no le dijo nada. Lo observó hasta que se desapareció entre los árboles del bosque. Fue cuando Beth entendió la idea de Caliel. Caminaba por entre las lavas y rocas ardientes. Al principio dudó en hacerlo, pero luego la confianza la invadió. No podía despreciar esa oportunidad de hacerse más fuerte. Sabía que no estaba precisamente feliz con esto de ser un ángel, pero ya lo había aceptado y debía responder. Por lo cual, se sentó cerca del núcleo del volcán, donde la temperatura llegaba a más de 4000º C. Fue un momento único para ella.
Pero mientras Elizabeth gozaba estar allí, Caliel regresaba por tercera vez al salón donde Diana y Nathalie lo esperaban casi durmiendo. Eran ya las seis. El alba era más notoria.
El joven llamó a Nathalie, pues era ya su turno.
- ¿Qué sucede? ¿Por qué te las llevas? – le preguntaba Diana a Caliel. Pero este no respondía ni por si acaso.
Diana estaba entre asustada, nerviosa, enojada, molesta, y muchos otros sentimientos. Se puso a pensar en lo sucedido la noche anterior, sus recuerdos. Apoyó su cabeza en el piso de madera.
Nathalie era muy callada, por lo que se fue todo el camino sin decir nada, al igual que Caliel. El silencio era algo que respetaban ambos. Sin embargo, éste se rompió al llegar a su destino: la selva de Tha, pues Nathalie quedó tan sorprendida con todo lo verde que allí había que lo único que dijo fue: gracias. Pareciera que con la mirada se hubieran dicho todo, pues el joven solo sonrió y se marchó, dejando a Nat sintiendo la suave hierba fresca, el olor a diferentes plantas y el sol dar con la copa de un sauce realmente majestuoso.
Caliel estaba un tanto preocupado por Diana. Cuando llegó a buscarla le pregunto:
- ¿Qué sucede, Diana?
- Nada…estoy cansada.
- Pero… ¿es por las demás? ¿te han tratado mal?
- No…no. Esta bien. Solo es el cansancio, anoche no dormí bien.
- Pues entonces acompáñame. Te aseguro que hoy no necesitaras cansarte para lograr algo. Hay un lugar que quiero mostrarte. Ven.
Salieron de la sala y se dirigieron por entre otro bosque a un cerro altísimo en donde las brisas y el viento soplaban más fuerte que en cualquier otra parte. Lugar perfecto para Diana.
La joven no se había dado cuanta que para allá iban, solo hasta que comenzaron a subir por un camino de tierra.
- Espera… ¿Dónde vamos? – le pregunto a Caliel.
- A la cima, es el cerro Dianum.
- Pero…yo no puedo. Me dan miedo las alturas.
- Pero…¡No! No te vayas…quédate, yo te acompañaré a la cima. Tranquila, no pasara nada. Necesito que estés ahí para fortalecerte.
- ¿Qué? No, en verdad no puedo ir allá. Lo siento.
- ¡Diana! , no seas cobarde. Si no enfrentas tus miedos, ¿Cómo enfrentaras lo que en verdad da miedo? Debes ser fuerte.
- He sido fuerte hasta ahora, y de verdad que esto me supera. Desde que caí de ese avión a miles y miles de metros sobre la tierra, no he podido estar arriba de nada. Hasta subir una escalera me da miedo.
- Pues creo que esta es tu oportunidad para derrotar ese miedo y seguir adelante. Créeme que lo que sentirás allá arriba no será peor de lo que sentirás cuando estés con un demonio frente a frente.
Diana cerraba los ojos y se le venían a la cabeza recuerdos como cuando iba cayendo del avión y cosas que tuvieron que ver con el accidente. Ella sabía que debía subir allí y hacer lo que tenía que hacer, pero el temor no la dejaba. Era algo tan grande que no sabía controlarlo. Caliel le tomó las manos.
- Diana, la verdad es la siguiente. Tú elegiste lo que eres ahora y serás después. Sobre esa responsabilidad debes hacerte cargo, pero no arrastres a tus nuevas amigas a tu capricho solo porque le temes a las alturas y no lo puedes superar. Si quieres renunciar, es el momento, pero debes decidir ahora…
Diana lo miró a los ojos, los cuales casi soltaban lágrimas, pero en vez de hacer, se cubrieron con los parpados y luego miraron el suelo. Diana tenía la “película” clara, solo le faltaba enfrentarla. Y era verdad. Solo era un miedo. Se sintió como cuando por primera vez le perdió el miedo a la altura, cuando iban a volar en avión con sus padres y hermanos. Diana tenía diez años, y en realidad disfrutó mucho ese viaje, cuando era feliz con sus padres, cuando todo era distinto. Más el segundo vuelo fue terminal para ellos y sus hermanos y todos los pasajeros de ese avión, excepto ella. Fue cuando descubrió que no podía sangrar más de diez segundos. Eso fue lo que al impulsó a ser mucho más fuerte, pero esa fortaleza la había perdido en este instante, en el que decidía si seguiría o se rendiría.
Caliel supo la respuesta en cuando la joven miró el suelo. Caminó hasta bajar y llegar al bosque en compañía del silencio…
Mientras tanto, Emily vivía uno de los mejores momentos de su vida. El alba, el salir del sol lo presenciaba de la manera mas cerca y bella que cualquier persona la haya visto. De hecho casi lloró. No vivía un momento así desde hace mucho, ya ni recordaba. Lo importante era que todas veían lo mismo, de un ángulo diferente. Elizabeth lo veía desde una altura ignorante, pero aun así avizoraba el amanecer en Celeron. Lo mismo Nathalie, quien vio salir al astro entre árboles y madreselvas, seguramente en un hermoso ángulo. Diana lo observaba mientras el viento chocaba contra sus mejillas y alzaba su largo cabello, que a la luz del alba se veía con destellos dorados.
El mar de Emma al oeste, el Volcán de Lizz al sur, la selva de Tha al norte y el cerro de Dianum al este. ¿Tendrá algo que ver estas posiciones? ¿o son solo coincidencia sus orígenes?.
sábado, 8 de diciembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario