Era un día jueves, exactamente las cinco de la mañana. Era uno de esos días en que se demora en amanecer, por lo cual a esa hora estaba casi del todo oscuro. El día anterior, las jóvenes durmieron en la sala anteriormente señalada. Como no había nada en aquella, pensaron que pasarían frío como nunca, pero la verdad es que era más calido que estar al sol por horas. Cuando ellas llegaron a Celeron, estaba atardeciendo, entonces esperaron a que fuera el día siguiente para que todo fuera mucho más ordenado y las niñas se prepararan para una dura semana. Al parecer, se habían relajado más de lo que esperaban, pues al llegar la madrugada del jueves, Caliel las intentó despertar alrededor de quince minutos, sin respuesta. Fue cómico aquel momento.
La cuestión es que a las cinco todas estaban con una especie de vestido blanco, paradas en hilera y con una carita de sueño. Emily estaba emocionada. Solo quería que le dieran la instrucción.
- Muy bien. Muéstrenme lo que saben. – les dijo Caliel.
Se miraban unas a otras. El joven trataba de animarlas, y al cabo de segundos, pudieron realizar la maniobra mágica que sabían. Crearon energía elemental alrededor de sus cuerpos. Ahora era más fuerte y no necesitaban concentrarse tanto en algún recuerdo feliz, pues se empezaban a acostumbrar. Sin embargo, a Caliel no le impresionó, ya que es lo menos que esperaba que hicieran las jóvenes. A continuación, una de las primeras técnicas.
El poder que cada una poseía estaba tan escondido que tuvieron que hacer casi el doble de trabajo. Pero a las chicas les gustó, a pesar de que el joven era exigente.
Pasó por delante de cada una, percibiendo el nivel de poder que tenían, y sin duda la que tenía más era Nathalie. Ésta había utilizado su don contra los policías que querían llevarla consigo, por lo que controlaba aunque sea un poquito mejor el elemento que las otras tres.
Caliel hizo pasar a Nathalie al frente mirando a sus compañeras.
- Quiero que saques todo ese poder que llevas dentro. Sécalo incorporando a la tierra, la naturaleza, la vida. Eso eres tú. Por eso debes confiar en ti y creer que lo puedes hacer. Vamos.
Nathalie lo observaba raro. No sabía como hacer eso, pero he ahí la clave para conseguir un buen resultado, hacerlo a su manera. La joven cerró los ojos, se relajó un poco, respiro hondo, concentro toda su energía en su cuello, boca, nariz, ojos. La energía se notaba en sus venas, que se le iba por los brazos a las manos. Una ráfaga de viento hizo que su cabello se alzara fuertemente y del suelo, quebrando y trizando la madera para todos lados, surgieran rocas, plantas, y tierra, mucha tierra.
Después de ver esto quedaron atónitas con la demostración que Nathalie hacía en aquel instante. Caliel sólo sonría. Le gustaba ver y saber que mejoraban. La energía de Nathalie era fuerte, pero no lo suficiente, porque toda la naturaleza que creó en aquel instante era débil y ni duro mucho exhibiéndose. Todas las plantas, tierra y rocas que habían brotado del suelo se volvían a esconder, hundiéndose cada vez más. Los ojos de la chica eran de color ámbar intenso, parecido a un café tornasol. Eso significaba que utilizaba su energía concentradamente. Caliel lo observó y luego dijo:
-Esta bien. Para, Nathalie - .
Al escuchar, la joven se relajó y parpadeó un par de veces. Entonces, desapareció definitivamente la naturaleza verde. Aparte de quedar con la boca abierta, las otras tres tenían ansiedad de conocer lo que podían hacer. Quizás podían lograr mucho más que Nathalie y por lo mismo, Diana pasó adelante. Caliel estuvo de acuerdo y ésta empezó rápidamente.
Lo peor era que no sabía ni que hacer, ni que pensar. Lo hizo a su manera. Y de nuevo ocurrió lo mismo. La energía que corría por sus venas era visible, y era impresionante verlo. Sus ojos se tornaban verdes y al mismo tiempo una brisa pequeña se transformó en casi un tornado de viento. Poco más y se vuela la sala, pero a las chicas les gustó ver tanta energía y concentración juntas. De hecho ni siquiera les afectó todo el viento que se producía, al menos a ellas y a Caliel no, pero para un demonio era como si solo la fuerza del viento le estuviera desintegrando poco a poco. Caliel hizo que se detuviera y entonces pasó Elizabeth al frente.
Ésta chica si que no sabía controlar su poder, pues le costó varios minutos poder hacer una demostración decente de lo que era el fuego. Éste elemento, según Caliel, es uno de los elementos más peligroso y riesgoso. El que lo posea debe saber muy bien lo que hace con éste. El fuego es el símbolo del Diablo, por eso, el ángel que lo posee debe tener cuidado en no caer en una mala situación. sin embargo, esto no significa que éste fuego no le haga daño a algún tipo de demonio, pues ellos poseen fuego malo. En cambio, Elizabeth tiene fuego bueno y eso es totalmente diferente. Es como fuego contra agua.
Elizabeth, con sus ojos rojos y todo, creó e hizo que cada tabla de madera de la sala se hiciera parte del fuego. En otras circunstancias, todo el lugar se incendiaba sin ser quemado. Claro, porque el fuego de Elizabeth no quema si ella no lo desea. Ella lo controla de acuerdo a lo que siente. Cuando quiso detenerse, el fuego fue retrocediendo hasta llegar a sus pies. Y entonces quedaron fascinadas con ella.
Finalmente, la más ansiosa de todas: Emily. Pasó adelante por fin e hizo un gesto de concentración y respiró hondo. De sus pies hacia el resto del salón salía agua. Desde su cabellera larga y castaña también salía agua mientras se empapaba. Su cuerpo igual estaba mojado. Sus ojos estaban azules casi celestes. Eran hermosos pero asustadores. El agua era verdadera y comenzaba a correr por todo el sitio. No se inundó, pero estuvo cerca. Las chicas y Caliel quedaron de alguna u otra forma mojados. Pero cuando se veía que el agua, gota a gota recorría el cuerpo de Emily, se notaba que era agua nítida, sana, cristalina, llena de calidez, llena de amor. Quizás era lo que sentía ella en ese momento. Pero al momento de parar, se sintió confortable y con ganas de volver a hacerlo. Sin duda, lo volvieron a hacer cientos de veces ese mismo día hasta poder dominarlo casi por completo. Todos los días practicaban sus poderes aunque sea una hora para poder fortalecerlos, controlarlos y acostumbrarse a ellos.
Ese mismo primer día, luego de practicar las técnicas, comieron algo y luego volvieron a entrenarse con lo mismo. Pararon a las siete de la tarde, pues todas estaban realmente agotadas y con suerte se podían las piernas. Les dolía el cuerpo y se sentía como si hubieran hecho ejercicio todo el día. En la noche, Caliel les enseño sus habitaciones temporales, las cuales eran grandes y tenían una para cada una. En general las atendieron muy bien mientras permanecieron allí, aunque se hayan agotado como nunca. Después de ese primer día se imaginaban como sería el resto de la semana. Más que cansador. Sin embargo, se durmieron pensando que podían lograr más de lo que lograron a lo largo del día. Después de una agotadora jornada, no había nada más confortable que acostarse en una cama y dormirse pensando en lo que habían vivido solo hace cuatro días.
Segundo día.
Cinco de la mañana. Aproximadamente durmieron siete horas, pero sin embargo estaban muertas de sueño y cansadas para continuar con su entrenamiento. Ese día harían algo diferente a lo que hicieron el día anterior.
Al igual que ayer, comieron algo como desayuno y se pusieron los vestidos blancos para aprender algo nuevo.
- Hoy no trabajaremos igual que ayer. Aprenderemos como usar la mente, controlarla y volverla poderosa. Esta es una de las cosas más importantes que deben dominar pues la mente es el elemento más grande y lleno de cosas que el universo. Pueden volver real lo irreal, así que…comencemos.
El joven las hizo cerrar los ojos cerca de diez minutos y relajarse. Mirar, por ejemplo, un objeto y moverlo tan solo con mirarlo. La telequinesis era un don un poco inusual en la gente, pero existía en personas comunes y corrientes. Por lo tanto, Ángeles de su tipo debían saber usarlo. Además, tenían mucha mas capacidad que un ser humano puro.
El saber usar el poder de la mente no solo abarcaba la telequinesis. Aparte de mover objetos, era necesario que el ángel en posición supiera crear ilusiones en mente de otros, ya sea hacerles revivir un momento bueno o malo, o hacer situaciones que nunca han pasado y pasaran. Ésta era un arma muy fuerte, pero había que saber lo que se hacía.
Otra cosa con el mismo tema era cambiar los pensamientos de otros, es decir, hacerles pensar lo contrario o lo que el mismo ángel quisiera que pensaran. Esto es ya algo profesionalmente hablando, pero que con el tiempo, las niñas lograrían realizar.
Y muchas otras cosas infinitas. La mente, decía Caliel, es como una gran caja de herramientas diferentes, y que cada una te sirve para algo diferente. Era verdad, las chicas lo entendieron días mas tarde. Ahora solo se enfocaban en lo que les decía en joven.
Después de la telequinesis, vino un receso y comenzaron luego con el dominio de la mente ajena. Ya que cada una había superado la primera fase, venía ahora esta más complicada, y Caliel la enseñó de la siguiente forma: juntó a agua con tierra y fuego con aire. Cada joven debía crear un pensamiento en su pareja. El objetivo era saber la rapidez con que podían crear ilusiones y que ilusiones crear. Era bastante interactiva la actividad. Las jóvenes la gozaron hasta el final.
Siguiendo con el ejercicio, agua y tierra estaban juntas y comenzaron por concentrarse en lo que hacían para luego una ganarle a la otra. Sin duda, tierra tenia suficiente control de poder como Caliel ya había dicho, pero esta prueba la gano agua, es decir, Emily.
Emily se tomo un par de minutos en crear un pensamiento en la mente de Nathalie, y ésta de verdad cayó en lo que Emily le hizo pensar. Fue algo tan estúpido como hacerle creer que llovía. Nathalie sintió que se mojaba en realidad; más cuando parpadeo un segundo, Emily se reía en su cara, sabiendo que tierra se lo creyó todo.
Mientras tanto, fuego y aire se tardaron varios minutos para que una de las dos pudiera crear algo. Sin embargo, aire lo logró antes haciéndole pensar a fuego que caía por un edificio. Elizabeth se asustó un poco y dio un grito pequeño y corto. Diana también se rió y despertó a su compañera, pues esta no tenía noción del tiempo.
Así se lo llevaron el resto del día, desarrollando sus pequeñas mentes que con el tiempo se volvieron grandiosas. Esa misma tarde fue muy eficiente porque aprendieron de manera rápida y aprovechadora el controlar mentes tanto de humanos como entre ellas, y también mentes malvadas. El agoto fue peor que el de el día anterior eso si. Aunque estaban felices. Cada vez les gustaba mas el ser lo que eran: mitad ángeles, mitad humanas.
Tercer día en la madrugada. Eran las cinco de la mañana. Se comenzaban a acostumbrar a levantarse a esa hora. Era agotador, pero les rendía mucho para el resto del día. Aprendían cosas q nunca se imaginaron que aprenderían, como lo de ese día.
- Niñas, ustedes en este momento no son mas que mitad Ángeles, mitad humanas, por lo que todavía no tienen todo lo que se requiere para convertirse en un ángel, ya sea experiencia, control, sentimientos fuertes y livianos a la vez, etc. Por lo tanto, creo que seria bueno que reforzáramos primero lo que hemos aprendido ayer y anteayer, y luego comenzar con algo nuevo, algo que mas bien es preparación para comiencen ya a echarse a volar – les dijo Caliel.
Luego de lo dicho, se miraron con extrañeza pues no sabían a que se refería el chico. Pero era tan simple como saber que hablaba literalmente, se echarían a volar, siempre y cuando supieran nacer sus alas.
- Por supuesto, les enseñare trucos y maniobras para que puedan hacer nacer con mayor facilidad sus alas, ya que este proceso se demora tiempo.
- ¿De que cuento tiempo estas hablando? – le preguntó Emily.
- Mmm, no más de un mes.
- ¡Que! – grito, Diana.
Era estupido que tanto tiempo se demorara algo que supuestamente era no tan importante para ellas. Pero la verdad es que si lo eran. Las alas reflejan mucho los sentimientos del ángel que las carga. Además, es una herramienta incondicional contra demonios y otros.
Se supone entonces, que cada joven tiene alas diferentes, ya sea en el ámbito de la forma, el tamaño, color, etc. Este proceso requería de mucha concentración y dedicación, como también esfuerzo, tolerancia, fuerza, control, fe.
Lo que no sabían las niñas, era que como iban a enfrentarse a espíritus malignos, si no sabían como ocupar sus alas, como volar. Era algo importante e indispensable al mismo tiempo. Claro esta, que en un mes sería demasiado tarde, por lo que Caliel les dio un entrenamiento muy provechoso y duro ese día, no pararon en toda la tarde. Avanzaban impresionablemente rápido, era casi increíble.
Se mentalizaban cada día de manera más rápida y mas controlada, sus ataques y poderes eran más fuertes y rápidos. Realmente esos tres días habían sido estresantes pero eficientes en todo sentido, y Caliel sentía que estaban casi listas para enfrentar lo que se viniera, solo les faltaba el tema del vuelo.
Ese mismo día Caliel les enseño unas técnicas para hacer nacer sus alas de manera más veloz, como por ejemplo, sentir que vuelan, sentir que llevan en sus espaladas dos halos de luz calidos y blancos, con los que pueden llegar a donde ningún ser humano ha ido. En conclusión, el primer paso era el sentir, mas este no estaba tan lejano del siguiente paso, que era hacer correr todas sus energías hacia sus espaldas y concentrarlas ahí, que sintieran que con solo tener la fuerza reunida en ese lugar, podían volar o elevarse. El tercer y último paso era ejecutarlo. Claro poniendo mucha dedicación a lo que se hacía y sentimiento. Pero por desgracia nadie logró sacar sus alas ese día. Fue frustrante porque habían estado toda una jornada practicando los pasos, para que al llegar la noche pudieran hacerlo, más en realidad, estaban demasiado cansadas y Caliel se dio cuenta tarde. Era obvio que algo que realiza en un mes lo estuvieran haciendo en menos de un día, en menos de 24 horas.
Eran casi las diez de la noche y la jóvenes se hundieron en un sueño que no las hizo despertar hasta el otro día, excepto para Diana. Diana se despertó alrededor de la media noche porque sintió aire frío en su rostro, siendo que en el lugar que descansaban era una sala completamente cerrada y sin más que las murallas adornadas de cuadros y pinturas. Se levantó sigilosa, en cuclillas comenzó a caminar por el aula, la cual se iluminaba solo por la luz de luna que entraba por algunas rendijas.
Diana se sentía extraña. Se sentía como angustiada. Al caminar por alrededor del sitio, le dio la impresión de que se acercaba a algo, pero no sabía que. Era una sensación rara que le hacia volver a su pasado, su pasado oscuro y extraño, sangriento. Cerraba los ojos para olvidar, pero era inútil, era demasiado fuerte lo que sentía tanto en la mente como en el corazón, miraba sus brazos y veía que algo familiar ya no se encontraba en ellos. Luego comenzó a llorar. Las lágrimas caían como gotas de lluvia sobre algo metálico. Eso hizo que Nathalie despertara.
-¿Qué rayos haces, Diana? – le preguntó.
Diana la miró con ojos mojados, pero como en las sombras no se veía nada, le respondió:
- Eh…es que…tuve un mal sueño y…me distraje caminando…
- Ah…pero… ¿estas bien?
- Si…sigue durmiendo no más…
Nathalie la miró con ojos extrañados, pero volvió a su lugar, mientras Diana se quedó parada, pensando en sus recuerdos malditos, que por más que trataba que se fueran, siempre los tendría presente en alguna parte de su cabeza.
Cuarto día. Ya llevaban más de la mitad de la semana y lo único que les quedaba por hacer, era practicar y practicar a todo momento. Sobretodo el tema de su vuelo. Sin embargo, hoy era una clase muy especial y reflexiva que Caliel pensó que les haría muy bien a las niñas. Eran las cinco y media de la mañana en punto. Ya era el alba en Celeron a esa hora y lo único que les extraño a todas fue que Caliel se demorara.
- Disculpen la demora. Hoy día será una clase diferente pero divertida y creo que les gustara bastante ahora que tienen más afinidad con sus naturalezas respectivas. Entonces, pónganse sus vestidos blancos y vuelo en dos minutos.
Se extrañaron que llegara atrasado y luego saliera de nuevo, pero de que estaban entusiasmadas, estaban muy entusiasmadas.
El vestido blanco era especial. Caliel decía que siendo de dicho color, la energía se traspasaba hacia al cuerpo y no retenía la fuerza, como otros colores. Era mucho más fácil concentrar la energía y realizar los poderes que poseían. No tenía nada que ver con la física, solo era una especie de “mito” que aparecía en algunos libros santos, que por cierto era verdad.
En fin. Caliel llegó exactamente en dos minutos y dijo:
-Eh… a ver. Emily, ven acá. Sígueme.
Ésta las miró sin entender por qué ella. Pero se movió y camino tras el joven. Caminaron en una dirección que Emily no conocía, pues había visto las afueras de esa sala un par de veces. La mayoría del tiempo pasaban encerradas allí entrenando sin parar.
Pasaron por un pequeño bosque, que luego el pasto verde cambió a ser arena y esta a ser agua. Habían llegado al mar de Emma, quien estaba tras la iglesia, un par de kilómetros más al oeste.
Emily no podía creer la belleza de tal mar, el agua era más cristalina que un vidrio nuevo, y más al fondo era más azul que el cielo que lo cubría. La línea del horizonte se pedía tras algunas nubes. La joven miró el más y luego se volteó hacia Caliel. Éste la miró y le sonrió, luego le dijo:
- Creo que llegó el momento de reflexionar en forma extensa, Emily. Aquí está tu naturaleza, tu vida, tu yo mismo. Tienes todo el tiempo que necesites para concentrarte y expandir tu mente, hacerte más fuerte. Si te haces fuerte de la cabeza, te harás fuerte del corazón y por consiguiente, de tu cuerpo.
Emily no sabía que decir, había quedado sin palabras. Todavía no entendía como podía existir tanta belleza en el mundo. Metió sus pies descalzos en el agua y Caliel se marchó.
El agua estaba tibia y el reflejo de su rostro en el agua era demasiado nítido. Parecía un espejo. Alzó su mirada al horizonte y se quedó perpleja, sin nada que decir, sin nada que pensar, solo actuar.
Caliel llegó nuevamente al salón, y se llevó a Elizabeth consigo. Las otras dos se quedaron confundidas nuevamente.
Elizabeth le preguntó mil veces al joven a donde se dirigían, pero éste no le dijo ni una palabra hasta que la niña se sorprendió al llegar al volcán de Lizz, uno de los más famosos de la Tercera Dimensión.
- Es el único lugar que conozco que tiene más fuego y arde más que cualquier cosa. Te vendrá bien un poco estar contigo misma – le dijo Caliel.
- Eh…claro…es decir, ¿Cómo? No entiendo.
- Tómate tu tiempo para entenderlo entonces, yo debo volver.
Elizabeth lo quedó mirando, pero no le dijo nada. Lo observó hasta que se desapareció entre los árboles del bosque. Fue cuando Beth entendió la idea de Caliel. Caminaba por entre las lavas y rocas ardientes. Al principio dudó en hacerlo, pero luego la confianza la invadió. No podía despreciar esa oportunidad de hacerse más fuerte. Sabía que no estaba precisamente feliz con esto de ser un ángel, pero ya lo había aceptado y debía responder. Por lo cual, se sentó cerca del núcleo del volcán, donde la temperatura llegaba a más de 4000º C. Fue un momento único para ella.
Pero mientras Elizabeth gozaba estar allí, Caliel regresaba por tercera vez al salón donde Diana y Nathalie lo esperaban casi durmiendo. Eran ya las seis. El alba era más notoria.
El joven llamó a Nathalie, pues era ya su turno.
- ¿Qué sucede? ¿Por qué te las llevas? – le preguntaba Diana a Caliel. Pero este no respondía ni por si acaso.
Diana estaba entre asustada, nerviosa, enojada, molesta, y muchos otros sentimientos. Se puso a pensar en lo sucedido la noche anterior, sus recuerdos. Apoyó su cabeza en el piso de madera.
Nathalie era muy callada, por lo que se fue todo el camino sin decir nada, al igual que Caliel. El silencio era algo que respetaban ambos. Sin embargo, éste se rompió al llegar a su destino: la selva de Tha, pues Nathalie quedó tan sorprendida con todo lo verde que allí había que lo único que dijo fue: gracias. Pareciera que con la mirada se hubieran dicho todo, pues el joven solo sonrió y se marchó, dejando a Nat sintiendo la suave hierba fresca, el olor a diferentes plantas y el sol dar con la copa de un sauce realmente majestuoso.
Caliel estaba un tanto preocupado por Diana. Cuando llegó a buscarla le pregunto:
- ¿Qué sucede, Diana?
- Nada…estoy cansada.
- Pero… ¿es por las demás? ¿te han tratado mal?
- No…no. Esta bien. Solo es el cansancio, anoche no dormí bien.
- Pues entonces acompáñame. Te aseguro que hoy no necesitaras cansarte para lograr algo. Hay un lugar que quiero mostrarte. Ven.
Salieron de la sala y se dirigieron por entre otro bosque a un cerro altísimo en donde las brisas y el viento soplaban más fuerte que en cualquier otra parte. Lugar perfecto para Diana.
La joven no se había dado cuanta que para allá iban, solo hasta que comenzaron a subir por un camino de tierra.
- Espera… ¿Dónde vamos? – le pregunto a Caliel.
- A la cima, es el cerro Dianum.
- Pero…yo no puedo. Me dan miedo las alturas.
- Pero…¡No! No te vayas…quédate, yo te acompañaré a la cima. Tranquila, no pasara nada. Necesito que estés ahí para fortalecerte.
- ¿Qué? No, en verdad no puedo ir allá. Lo siento.
- ¡Diana! , no seas cobarde. Si no enfrentas tus miedos, ¿Cómo enfrentaras lo que en verdad da miedo? Debes ser fuerte.
- He sido fuerte hasta ahora, y de verdad que esto me supera. Desde que caí de ese avión a miles y miles de metros sobre la tierra, no he podido estar arriba de nada. Hasta subir una escalera me da miedo.
- Pues creo que esta es tu oportunidad para derrotar ese miedo y seguir adelante. Créeme que lo que sentirás allá arriba no será peor de lo que sentirás cuando estés con un demonio frente a frente.
Diana cerraba los ojos y se le venían a la cabeza recuerdos como cuando iba cayendo del avión y cosas que tuvieron que ver con el accidente. Ella sabía que debía subir allí y hacer lo que tenía que hacer, pero el temor no la dejaba. Era algo tan grande que no sabía controlarlo. Caliel le tomó las manos.
- Diana, la verdad es la siguiente. Tú elegiste lo que eres ahora y serás después. Sobre esa responsabilidad debes hacerte cargo, pero no arrastres a tus nuevas amigas a tu capricho solo porque le temes a las alturas y no lo puedes superar. Si quieres renunciar, es el momento, pero debes decidir ahora…
Diana lo miró a los ojos, los cuales casi soltaban lágrimas, pero en vez de hacer, se cubrieron con los parpados y luego miraron el suelo. Diana tenía la “película” clara, solo le faltaba enfrentarla. Y era verdad. Solo era un miedo. Se sintió como cuando por primera vez le perdió el miedo a la altura, cuando iban a volar en avión con sus padres y hermanos. Diana tenía diez años, y en realidad disfrutó mucho ese viaje, cuando era feliz con sus padres, cuando todo era distinto. Más el segundo vuelo fue terminal para ellos y sus hermanos y todos los pasajeros de ese avión, excepto ella. Fue cuando descubrió que no podía sangrar más de diez segundos. Eso fue lo que al impulsó a ser mucho más fuerte, pero esa fortaleza la había perdido en este instante, en el que decidía si seguiría o se rendiría.
Caliel supo la respuesta en cuando la joven miró el suelo. Caminó hasta bajar y llegar al bosque en compañía del silencio…
Mientras tanto, Emily vivía uno de los mejores momentos de su vida. El alba, el salir del sol lo presenciaba de la manera mas cerca y bella que cualquier persona la haya visto. De hecho casi lloró. No vivía un momento así desde hace mucho, ya ni recordaba. Lo importante era que todas veían lo mismo, de un ángulo diferente. Elizabeth lo veía desde una altura ignorante, pero aun así avizoraba el amanecer en Celeron. Lo mismo Nathalie, quien vio salir al astro entre árboles y madreselvas, seguramente en un hermoso ángulo. Diana lo observaba mientras el viento chocaba contra sus mejillas y alzaba su largo cabello, que a la luz del alba se veía con destellos dorados.
El mar de Emma al oeste, el Volcán de Lizz al sur, la selva de Tha al norte y el cerro de Dianum al este. ¿Tendrá algo que ver estas posiciones? ¿o son solo coincidencia sus orígenes?.
sábado, 8 de diciembre de 2007
jueves, 6 de diciembre de 2007
CAPITULO VI
Eran las siete de la mañana en punto. Todas dormían excepto Diana, quien despertó por las fuertes tronaciones en el cielo y la fuerte lluvia que golpeaba el techo de la iglesia. Extrañamente nuca se despertaba a esa hora. Era una holgazana al igual que Elizabeth. Pero la ansiedad la consumía. No tenía idea de que podía pasar ese día. Miró la hora en su teléfono celular, y se quedó pensativa un rato. Finalmente se volteó a mirar la puerta, y cual no fue el susto de ver a Aniel observándola detenidamente.
- ¡Me asustaste, Aniel!... ¿que haces aquí a esta hora? – le dijo Diana.
- Solo vine para ver si estaban despiertas, pero veo que eres la única que lo está. ¿quieres tomar desayuno?
- Eh…bueno.
Diana se levantó de la cama. Había dormido con la misma ropa de ayer, pues no tenían más. Excepto Nathalie, quien andaba con un tremendo bolso con ropa.
Luego de pasar al baño, Diana caminó un rato con Aniel. Ésta le comenzó a hacer diversas preguntas de su familia, amigos, etc., a lo cual, la joven contestaba la verdad. Nunca mentía, pero cuando lo hacía, se pasaba del límite. Y así, bajando las escaleras, pasando por muchas habitaciones, mirando cuadros religiosos y velas por todas partes, Aniel y Diana conversaron.
-¿Como te caen las tras niñas? ¿Te agradan? – le preguntó Aniel.
- Bueno…las conozco hace algunas horas…pero a pesar de eso, me da la impresión de que son simpáticas, y todo eso…espero que lleguemos a ser grandes amigas…
Aniel la miró a los ojos.
- Quizás eso sea, después de largas disputas…
- ¿Qué quieres decir?
- Tal vez empiecen con algunas discusiones, pero tarde o temprano se arreglaran, y podrán ser grandes compañeras.
Diana la observó como si no supiera lo que decía la mujer. Pero no le dio mayor importancia, y siguieron su camino hacia una pequeña cocina, en la cual Diana tomó un vaso de leche y pan solo.
En la habitación ya llegaba un poco de luz del cielo casi blanco, por las nubes que no se iban del cielo. Emily despertó de a poco. Miró la hora y se volvió a acostar, sin dormirse. Miró la cama de Diana vacía y sin hacer. Miró las demás camas en las cuales las niñas dormían aún. Se levantó y miró por una de las ventanas. La calle estaba inundada de agua. Las pocas personas que estaban allí, estaban con paraguas y abrigadas hasta la mitad de la cara. Aún así, en aquella iglesia no se pasaba frío alguno. Era extraño, ya que tenían sólo una chimenea en el primer piso. Emily se encontraba en el tercero y sentía calor.
Se colocó los zapatos, y se levantó en dirección a la puerta. Al abrirla, vio el rostro de Diana, quien volvía de la cocina.
- ¿Dónde andabas? – le preguntó Emily.
- Fui a tomar desayuno con Aniel. Las está esperando.
Entonces, Diana se dirigió hacia la cama en donde había dormido y comenzó a ordenarla. Emily fue al baño, se lavo la cara, las manos, y despertó a Elizabeth y Nathalie. El trío se dirigió a la cocina, y encontraron a Aniel allí. Ésta les dio su leche y pan, y en menos de quince minutos, todas estaban en la habitación en donde habían dormido, haciendo las camas y ordenando un poco.
Rápidamente, Aniel las llevó a una pieza cerca de las campanas de la iglesia. Luego, les empezó a hablar.
- Bueno, niñas. Este es su primer entrenamiento. Como se habrán dado cuenta, las traslade a esta habitación que aísla un poco el ruido. Necesitan concentración. Por lo mismo, hoy les enseñare un poco a manejar sus dones. Necesito que se coloquen en esta posición.
Aniel las ordeno en forma de fila. Una al lado de la otra. Aire, fuego, agua y tierra. Luego de esto, les hizo cerrar los ojos y relajarse.
- Para relajarse de forma ideal, necesito que piensen o recuerden algo bonito, que las haga felices. Un recuerdo en el cual hayan experimentado amor, cariño, calidez. Llénense de él.
Todas recordaron cosas hermosas que les hayan pasado anteriormente, generalmente con sus familias. Pero para Emily, era diferente. Nunca amó a su tía, su única familia, y ni se acordaba de sus padres. Solo pensaba en las veces en que reía con Nathalie y Elizabeth, las veces que se metían en líos. Eran su única familia al fin y al cabo.
- Los ángeles, son seres de amor. Dan amor, tranquilidad, cariño, afecto, y todos esos sinónimos posibles. Por lo tanto, deben dejar que esa memoria en la que están pensando, las llene, como si la estuvieran viviendo nuevamente.
Todas con los ojos cerrados, poco a poco se empezaba a formar una especie de aire diferente. Alrededor de Diana se formaba una especie de círculo de aire. Era como si ráfagas de viento fueran desde los pies de la joven, hasta la cabeza, haciendo volar su larga cabellera castaña. Ante esto, Aniel sonrió. Empezaban a hacerlo bien. Luego fue Elizabeth la que con fuego rodeándola a sus pies, despertaba su verdadero poder. Nathalie, por ser tierra, no se manifestaba mucho su don, no era tan visible, pero poco a poco, el suelo comenzaba a quebrarse, a trisarse. Aniel estaba contenta. Emily se comenzaba a empapar lentamente hasta llegar a tener el cabello estilando. Pero algo andaba mal, y Aniel lo supo. Emily se dejó llevar con su recuerdo. Estaba tan metida en el tema, que de un momento a otro, su memoria llena de felicidad y amistad, comenzó a tonarse tenebrosa y espeluznante, pues en su recuerdo comenzaban a aparecer horribles criaturas endemoniadas de colores rojo y negro, fantasma en todas partes y el paisaje era un oscuro pantano llenó de demonios. Emily se empezaba a angustiar, a sentir un nudo gigante en su pecho, y comenzó a llorar. Aniel, se puso enfrente de ella, y le pidió que despertara, que abriera los ojos, pero Emily parecía no escucharla, pues en ese momento todo se enfocaba en su tenebroso recuerdo.
- ¡Emily, despierta! ¿me escuchas? ¡despierta!.
Elizabeth escuchó a ésta casi gritar de pena, y vio a Emily llorando desconsoladamente sin que le cayera una sola lágrima.
- ¡¡Emily, despierta!! – le gritaba Aniel.
El ambiente estaba tenso. Emily no despertaba. Parecía que ese recuerdo la consumía. Pero justo en el instante preciso, Aniel saco por debajo de su chaqueta un colgante con un crucifijo dorado, y lo puso en la frente de la joven, diciendo junto a esto, unas palabras en latín.
En seguida, Emily dio un grito, cayendo de rodillas al suelo, empapada de agua. Las otras, abriendo los ojos, la miraron preguntándose que pasaba, pero nadie decía nada.
- Emily… ¡Emily! Mírame… ¿estás bien? – le preguntó Aniel.
Emily apenas abrió los ojos. Los tenía algo hinchados y respiraba agitadamente.
- ¡Respondeme! - le decía Aniel, nerviosa.
- Estoy…bien…- le dijo Emily.
Todas la miraban. Aniel también, y en eso le dijo a las otras:
- Eh…sigan practicando eso, por favor…vengo en seguida.
Y luego de decir aquello, se llevó a Emily consigo afuera de la habitación. Le pasó una toalla limpia para que se secara la cara y el cabello empapado. La sentó en una silla, y ella, arrodillándose, le dijo:
- Emily…¿estas bien?
- Aniel, yo… no se que pasó…yo pensaba en un buen recuerdo, pero de pronto se transformo…
- Lo se Emily, lo se. Tranquila…
- El maravilloso recuerdo en el que pensaba se transformó en algo horrible, con monstruos y…
- Lo se…lo se.
- ¿Por qué me pasó eso?
- Eso pasó porque…esta bien que uno se llene de ese recuerdo, se sienta bien y tranquilo. Pero cuando esta memoria se te va de las manos, se transforma en algo sumamente malo, y eso es porque aún no sabes controlar bien tus emociones. Por lo tanto, debes ensayar esa parte… ¿me entiendes? Trata controlarlo.
Emily la miraba fijamente. Entendía lo que le decía, pero al parecer aun estaba algo asustada. Tener un recuerdo maravilloso, lleno de felicidad, de amor, que luego se transforme e algo completamente contrariado, era terrible. Emily o sabía, pero no quería dejar su entrenamiento fuera por solo esa anécdota. Debía seguir y aprender más cosas.
Le confesó lo que quería a Aniel, y esta lo tomo bien. Por lo que enseguida, volvieron hacia donde las otras jóvenes, las que con esfuerzo, pudieron esa mismo mañana, controlar su poder de forma fácil, pero no del todo. Emily, también lo logró, aunque paso muchas más horas que Elizabeth, Diana y Nathalie. El esfuerzo valió la pena, pues al terminar el almuerzo, tras la práctica, lograba crear esferas de agua y otras cosas al respecto.
Algo sucedió esa tarde. Aniel entró al cuarto de las jóvenes, apresurada y agitada, como si viniera corriendo. Las apuró y les dijo que tenían que salir de ahí lo más rápido posible. Había gente en el pueblo preguntando por Elizabeth, Nathalie y Emily, gente de Olidata. Al fin y al cabo, la policía no iba a pasar por alto el escape de Nathalie misteriosamente, y el de Emily con Elizabeth. En forma rápida tomaron las pocas cosas que tenían en la habitación, y salieron por el patio, porque al parecer, había personas importantes en la entrada de la iglesia. Por la parte de atrás, había campo, solo campo. Tampoco había gente ni animales, pues la lluvia no lo dejaba. El pasto estaba completamente mojado, y los pocos árboles, también.
Las cuatro niñas saltaron la reja de la iglesia. Y al correr y correr, después de un rato, se dieron cuenta de que Aniel no venía con ellas. Se voltearon a mirar hacia la iglesia, que se veía pequeña, pero no se veía a la mujer.
-¿Qué esta pasando? – pregunto Emily.
-¿Por qué Aniel no viene? – pregunto Nathalie.
- No lo se…se supone que debería estar aquí con nosotras… ¿y si la buscamos? – siguió Diana.
- No…no porque pueden atraparnos, no es la idea. Seguramente no pudo alcanzarnos, no se…deberíamos seguir. – dijo Elizabeth.
- Pero… ¿Qué pasara con ella? – dijo Emily.
- No lo se…pero, yo creo que deberíamos seguir, si no nos alcanzaran. – dijo Elizabeth.
- Pero…esperémosla…de seguro vendrá en cualquier momento – respondió Emily.
Pero Aniel nunca llegó. Nadie sabía que hacer, si ir a buscarla o seguir corriendo. Finalmente, Emily, de un momento a otro, se dirigió a la iglesia corriendo sin parar a las exclamaciones que le decían las demás. Pero al avizorar por la reja, solo veía policías y alcoholitos con sacerdotes conversando, pero nunca supo de que. Por una ventana vio a Aniel conversando con policías muy seriamente. En un instante, ésta se volteó a mirar a Emily, haciéndole una seña de que saliera corriendo por donde iba. Emily reaccionó al momento y corrió, corrió, corrió hasta alcanzar a las demás y les dijo que siguieran corriendo hasta que ya no vieran la iglesia. Algo malo estaba pasando, pero solo le hicieron caso a Emily. Y no sabrían si volverían a ver a Aniel. Pero en ese momento pensaron en ellas y que la mujer solo hacía distracciones a la policía para que ellas pudieran escapar. No se dieron cuenta de que cruzaban ahí mismo la frontera que unía Garamond con Lathalia, otra ciudad al sur. Aparte de que estaban casi completamente mojadas por la ruda lluvia que caía, gente de policía comenzaron a saltar la reja de la iglesia y fueron tras las niñas, las cuales corrían sin parar, con la lengua afuera.
- ¡Nos vieron! – dijo Diana.
- ¡Mierda! – dijo Emily, con rabia. No tenían a donde esconderse ya que todo era pasto y agua.
Pero solo pensaban en seguir corriendo, con los policías tras ellas gritándoles que se devolvieran o se detuvieran allí mismo.
Llegaron a una bajada peligrosa de tierra, pasto y barro. Bajo esta colina, se encontraba Lathalia, con lo cual, comprendieron que ya no estaban en Garamond. Y también comprendieron que no había salida a menos que se lanzaran al vacío y vivieran para contarlo. Ese era el punto., que igual vivirían para contarlo.
-¿Qué hacemos? – pregunto Nathalie.
- Lo que nos queda hacer…lanzarnos y adiós. – le respondió Emily, con su buen espíritu arriesgado.
- ¡Estás loca! ¡Como se te ocurre que nos vamos a tirar al abismo! ¡Moriremos! – le dijo Elizabeth.
- ¡Sabes que no podemos morir, Beth! – le respondió Emily algo molesta.
Pero ya no había tiempo. La policía casi las alcanzaba. Entonces, Emily dijo lo siguiente.
- Si me siguen, son libres, si no…váyanse con ellos.
Y sin decir nada más, bajó corriendo al principio, y luego se arrastró se revolcó por el barro y el pasto. La siguió Diana que también le importó poco lo que pasara con ella y se lanzó no más. Los policías no estaban a más de doce metros. Al verlos, Elizabeth bajo apresurada la colina dejando a Nathalie arriba. Ésta iba a bajar algo insegura, pero antes de hacerlo, un policía la detuvo del brazo y le tomó los dos por la espalda. Los otros la tomaron también. Nathalie gritaba y gritaba y las demás no la escuchaban excepto Elizabeth quien aún estaba cerca.
-¡Nathalie!
La joven trataba de librarse de los inmensos hombres, pero no lo logró. Quizá era el momento para utilizar la Tierra para salir libre de allí. Se concentró un instante, cerró los ojos y solo atino a mirar la tierra, que de repente, de ella comenzaron a brotar ramas y palos peligrosos que la ayudaron a alejarse de los policías. No podía creer lo que había hecho. Tampoco sabía si lo había hecho ella misma. Miro las lianas y enredaderas que se enrollaban en los cuerpos de los hombres. Elizabeth le recordó que debía bajar cuanto antes. Caminó lentamente sin dejar de mirar el acontecimiento, y de pronto, no se vio más. Saltó.
Emily llegó al final de la colina llena de barro, y de hojas. También tenía sangre. Al igual que ella, las otras tres que venían estaban caso igual, adoloridas, pero vivas. Diana tenía media espina dentro de su espalda y media espina afuera. Se la sacó de a poco y sentía como esa herida se regeneraba poco a poco. Entonces, sin darse cuenta ya no le dolía y no tenía nada. Nathalie estaba bien, Elizabeth también. Emily casi, tenía que sacarse unas pequeñísimas espinas que tenia en las piernas. Fuera de eso estaban todas bien.
- Nathalie, ¿estas bien? ¿Qué te hicieron? – le pregunto Elizabeth.
- Intentaron llevarme a la fuerza, pero creo que logré ahuyentarlos. No se como…fue tan raro. Es que…salieron raíces y enredaderas de la tierra que ataron a los policías. Por eso pude escapar.
- ¿Y como pudo pasar eso? – le preguntó Emily.
- Solo cerré los ojos e hice lo que me dijo Aniel. Eso de…pensar en algo…y luego toqué la tierra y… ¡pum!
Emily sonrió al igual que Diana. Era grandioso. Eso significaba que progresaban en eso. Lo que importaba ahora era salir de aquel bosque en el que estaban y fueran a la ciudad, o mejor, seguir escapando de esa gente. Pero no sabrían como lo harían pues ya no tenían a su guía. ¿Qué habría sido de Aniel?
Nadie sabía, pero debían seguir adelante. Lo mas ocurrente que hicieron fue ir a la iglesia de Lathalia para hablar con el sacerdote y ver si el las podía ayudar. Caminaron y preguntaron hasta llegar a una pequeña capilla cerca de un río que se desbordaba. Entraron. No había nadie, al parecer. Pero luego de unos minutos, apareció el cura de aquella capilla.
-¿Puedo ayudarlas, niñas? – les dijo el padre.
- Padre, seguramente usted no nos conoce, pero necesitamos que nos oculte.
-¿Quiénes son ustedes?
Las jóvenes se miraron porque no sabían si decir la verdad o inventar otra historia.
- Somos las…Ángeles… - dijo finalmente Diana.
El padre cambió su expresión y abrió un poco la boca. No podía creer lo que escuchaba porque se supone que solo era un mito religioso y era imposible que estas jóvenes de tan corta edad supieran de aquella historia.
- ¿Ángeles? – les preguntó el padre.
- Si…lo que sucede es que…venimos escapando desde Garamond de la policía porque nos quieren llevar por algo que ni hicimos - le explicó Nathalie.
- ¿Cómo saben la historia?
- Porque nosotras somos las Ángeles, protectoras de la gente y todo eso… - le dijo Emily.
- ¿Quién les dijo eso? ¿Quién las encontró?
- Aniel.
- ¿Aniel?
- Si…ella nos encontró, nos dijo lo que éramos, y alcanzo a enseñarnos lo básico que podíamos aprender…- dijo Elizabeth.
- ¿Y donde está ella? – les preguntó el cura.
- No sabemos, solo que está en Garamond tratando de distraer a la policía para que nosotras pudiéramos escapar.
- ¿Y por que las persiguen?
- Porque…nos culpan de algo que no hicimos…bueno, eso no importa padre. Solo queremos que no nos encuentre, por favor, ayúdenos.
El padre Miguel no dudo en ayudarlas. Las llevó a una habitación en la cual se guardaban materiales viejos y antiguos. La policía no tardó en llegar a Lathalia y en tanto a la capilla. Era una razón clara de que estaban escondidas allí, pero al ver que no se encontraba nadie más que el cura, y al registrar cada rincón de la pequeña capilla, se fueron. Eso si, algunos se quedaron para asegurarse aún más. Sin embargo, las niñas no salieron de allí hasta la noche, cuando el sacerdote entró en la habitación y les comenzó a hacer preguntas.
- ¿Están cómodas?
- Eh… si, gracias – le respondió Elizabeth. -¿se fueron ya los policías?
- Si, la gran mayoría, pero algunos aún permanecen fuera de la capilla, por si acaso, ustedes saben.
- Si, solo le damos las gracias por todo lo que está haciendo padre…- le dijo Nathalie.
- ¿Bromean?, es lo menos que puedo hacer por ustedes. ¿ya se dirigieron a Celeron?
- ¿Celeron? – preguntó Diana.
- La ciudad de la Tercera Dimensión. ¿Aun no van allá?
- Me temo que no. En realidad se supone que iríamos, pero pasó todo esto y…nuca pudimos ir. – le dijo Emily.
- Entonces, creo que es el momento ya para guiarlas hacia esa ciudad.
- ¿De que habla? – le preguntó Emily.
- Yo se como abrir la Tercera Dimensión, pero es muy riesgoso y se requiere paciencia.
- Pero…el problema es que no estamos lo suficientemente preparadas para viajar y combatir demonios y todas esas cosas. No hemos terminado nuestro…entrenamiento. – dijo Elizabeth.
- No es necesario prepararse, niñas. Es cuestión de fe. Espero que eso se los haya enseñado Aniel.
- Si, si…que tuviéramos fe. – dijo Diana.
- Con la fe pueden hacer millones y millones de cosas. Más ustedes que son seres celestiales que velan por nuestra salud. Niñas, si tienen fe, pueden hasta derrotar al mismo Diablo. Solo deben confiar.
La plática las tenía atentas a todas, y sabían que lo que decía el cura Miguel era verdad.
- Entonces, ¿entraran a Celeron si o no?
Todas se miraron como siempre, esperando que alguna diera la respuesta. Pero ninguna sentía que estaba lista para enfrentarse a dichas criaturas endemoniadas. Entonces, se produjo un silencio.
- Si ustedes no me dicen no lo abriré, pero deben tener en cuenta de que ya hay personas que las necesitan. Si no son valientes ahora, quizás pasen miles de años antes de que lo sean.
Las cuatro pensaban lo mismo, de que todo sucedió tan rápido, demasiado rápido. Un día estaban en Olidata pasando una odisea con sus familias, otro estaban con Aniel en Garamond aprendiendo de sus poderes, y ahora estaban en Lathalia, escondiéndose de la policía y con un cura que dice de pronto que vayan a otra dimensión. No había pasado ni siquiera una semana y ya conocían tres ciudades distintas. Todo era demasiado confuso, rápido, extremo, e increíble, pero cierto. Luego se dieron cuenta de que ya no había más tiempo que perder. Al fin y al cabo ¿que más harían por la vida? No tenían nada ni a nadie. Solo lo que llevaban puesto y un par de celulares. Entonces, recordaron la frase de Elizabeth: “no tenemos nada que perder”. Y así era. Además, el padre tenía prisa.
Se dirigieron a la parte de la misa, en donde estaban las bancas, el altar, los cirios, etc. El cura, parado frente al altar y con una cruz en mano, dijo algunas palabras en latín que las niñas no entendieron:
Corría una brisa por la capilla, al interior. Una brisa que apagó las velas y dio paso a un resplandor que iluminó todo el sitio y se consumió bajo el altar. El padre corrió éste y bajo aquel había una alfombra roja. También fue corrida, pues lo que buscaba el sacerdote era una puertecita pequeña que daba a un cuarto de no más de dos metros por cuadrado. Al hacer todo estos movimientos, los policías reaccionaron y comenzaron a golpear la puerta de la capilla, pues el cura hizo muchos ruidos extraños.
-¡¡Abra la puerta!! – gritaban los hombres de afuera.
El sacerdote hecho un vistazo hacia atrás, verificando que el portón estaba cerrado y seguro. Luego, entre sus ropas, sacó un llavero que poseía más de cincuenta llaves, casi todas iguales y del mismo tamaño. Se tomo unos segundos en buscar la llave que abría esa puertecita de madera y algo longeva. Las jóvenes solo lo miraban con nerviosismo, porque los policías cada vez hacían más fuerza para entrar y cada vez gritaban más. La llave que abría dicha puerta era diferente, como especial, de más de cruz, y era plateada. El introducirla no fue cosa fácil, pues antes de que pasara esa llave, debían pasar antes otras cuatro. Es decir, tenía cinco cerraduras cada una con llaves distintas. Eso fue algo que le llamó la atención a Nathalie. Quería decir que en verdad, era algo realmente importante, oculto y nunca visto.
La puerta tenía imágenes grabadas en la madera de Jesús y algunos ángeles a su lado. También fue algo que llamó la atención. Era demasiado perfecto.
- ¡Entren allí, rápido! – les dijo el sacerdote Miguel a las niñas.
- ¿Todas? - le preguntó Emily.
- No cabemos todas en ese cubículo. – le dijo Elizabeth.
- Por supuesto que sí. ¡Vamos! – les dijo el cura.
Entonces, con aceleración se metieron en ese cuarto que no medía más de un metro cuadrado. Con dificultad, lo hicieron de a una, hasta poder acomodarse.
- Señor, protege a tus servidoras de los demonios, tus rivales. Dales protección y cuidado para que puedan cumplir su misión.
El sacerdote dijo estas palabras, como haciendo una oración apretando fuertemente su crucifijo del cuello. Luego añadió:
- Cuídense mucho niñas. Suerte -.
Y antes de que los policías pudieran hacerles algo, el cura cerró la puerta con mucha fuerza y ya no se escucho nada. Ni un ruido, ni un grito, ni un crujido. Ni siquiera se veía la luz de los cirios. Con suerte podían respirar dentro de ese cuarto.
- ¿Qué está pasando? – preguntó Emily.
- No lo se… - le respondió Nathalie.
Estaba todo totalmente oscuro. Ni siquiera le preguntaron al padre Miguel que se debía hacer después. No tenían idea de lo que estaba pasando, para variar.
- Deberíamos abrir la puerta – dijo Diana. Entonces, sin preguntarle a nadie, trató de empujar la puertecita ara salir, pero por más fuerza que hizo, no la movió un centímetro. Decidieron ayudar las demás, pues era lo más lógico que podían hacer si alguien les cerrara su única salida. Estuvieron largo rato tratando de abrirla, y a los diez minutos de hacerlo, lo lograron. La luz de un sol resplandeciente las encandiló y el aroma a vegetación las llenó por completo. Como se metieron, salieron de a una. Diana fue la primera en salir, y por lo tanto, fue la que más admiró el ambiente en donde estaban. Lo describía totalmente verde, con árboles y plantas diversas, con flores. Un cielo azulísimo y nubes blancas adornaban arriba. Era hermoso.
- Hace mucho tiempo que no veía un día soleado como este… - decía Emily.
Sin duda el cambio de clima las impresionó y les cambió la expresión de sus caras. Cuando ya salieron todas comenzaron a caminar, cuando de repente, un joven de no más de veinte años de nombre Caliel les habló desesperadamente.
- ¡¡ ¿Son ustedes?!!...¡¿Al fin?! -.
Las niñas se asustaron al verlo, pues no lo conocían ni sabían porque les estaba hablando.
- ¡¿Quién eres?! – le preguntó Diana.
- ¡¿Son ustedes?! – les volvió a preguntar Caliel.
- ¡¿De que hablas, maldición?! – le dijo Elizabeth.
- ¡Si, si …somos nosotras…- le dijo Nathalie, tranquilizando al pobre joven.
- ¡¡¡Al fin, gloria a ti Señor!!! – gritó Caliel.
Se miraron extrañadamente.
- ¿Quién eres tu? – le preguntó Diana.
- Soy…soy Caliel. Las he estado esperando desde hace dos meses…por fin vinieron a salvarnos…
- Pero… ¿que eres tu? – le preguntó Nathalie.
- Soy aprendiz de Mensajeros Urielianos. Mientras tanto, he estado yo protegiendo a los poseídos de Celeron, con ayuda, claro, de los sacerdotes de este país. Pero, eso ya no importa. ¡Están aquí! Eso es lo que importa ahora…vengan…vengan conmigo.
- ¡Espera!...es que… - le dijo Emily.
- ¿Qué sucede?... – les dijo Caliel.
- Es que…nosotras no… no estamos…digamos, no estamos bien… - le decía Emily.
- ¿Qué cosa? – le preguntaba Caliel.
- Es que, la verdad es que no estamos entrenadas del todo para poder hacer nuestro trabajo. Es decir…nunca terminamos nuestro entrenamiento…
Hubo un silencio amplio y largo. Caliel no sabía que decir. Se sentía decepcionado. Mientras su cabello rubio se meneaba en las brisas que corrían en aquel lugar, pensaba que lo mejor era ayudar a estas jóvenes, aunque tardara tiempo en hacerlo.
- Muy bien…entonces… ¿Qué hacemos? – les dijo a las niñas.
- Se que te debes sentir mal con lo que te estamos diciendo, pero… no es nuestra culpa. A decir verdad, nuestra entrenadora no se a donde quedó, y de un momento para otro nos mandaron aquí, a Celeron, sin saber que hacer. – le explicó Diana.
- Bueno, bueno…entones, debemos empezar desde este segundo. No estuve sentado en ese tronco dos meses esperando a las personas menos indicadas. Así que, esta semana será ardua y dura para ustedes. Generalmente, los Ángeles aprender a hacer todo lo que saben en unos cuantos meses, a veces hasta años. Pero como ustedes están retrasadas, creo que podemos aprender lo que necesitan saber en una semana. Eso si…día y noche. Quiero saber si están dispuestas…
Primero, no podían creer que un ser humano estuviera sentado en un pedazo de tronco dos meses esperando por unas buenas para nada. Era imposible. Segundo, eso de aprender en una semana lo que se aprende en casi un año, era demasiado agotador. Por lo menos así pensaban las jóvenes. Aunque no sabían si se cansarían tanto como creía. Eso era incierto. Tercero, se sentían muy apenadas por Caliel, porque él esperando a que estuvieran preparadas para todo, y con suerte ellas sabían cuales eran sus respectivos elementos. Pero el que el joven las haya recibido y entendido como lo hizo, era muy confortable para ellas y entraron en confianza enseguida.
Comenzaron por dirigirse a una de las tantas iglesias que tenía Celeron. Esta era hermosa, blanca y limpia. Estaba llena de sacerdotes y alcoholitos y otra gente, pero las chicas entraron por otra parte para que no las vieran y evitaran los conflictos y otros temas. Caliel las llevó a una sala muy grande, pero vacía, por lo cual, se veía más grande de lo que era. Era una sala de madera barnizada con algunos cuadros de imágenes de Jesús, Dios, la creación, y otros por el estilo. Lo extraño era, que el salón era demasiado simple, es decir, no tenía ni sillas, mesas, ni nada, pero era perfecto para comenzar con sus actividades.
- ¡Me asustaste, Aniel!... ¿que haces aquí a esta hora? – le dijo Diana.
- Solo vine para ver si estaban despiertas, pero veo que eres la única que lo está. ¿quieres tomar desayuno?
- Eh…bueno.
Diana se levantó de la cama. Había dormido con la misma ropa de ayer, pues no tenían más. Excepto Nathalie, quien andaba con un tremendo bolso con ropa.
Luego de pasar al baño, Diana caminó un rato con Aniel. Ésta le comenzó a hacer diversas preguntas de su familia, amigos, etc., a lo cual, la joven contestaba la verdad. Nunca mentía, pero cuando lo hacía, se pasaba del límite. Y así, bajando las escaleras, pasando por muchas habitaciones, mirando cuadros religiosos y velas por todas partes, Aniel y Diana conversaron.
-¿Como te caen las tras niñas? ¿Te agradan? – le preguntó Aniel.
- Bueno…las conozco hace algunas horas…pero a pesar de eso, me da la impresión de que son simpáticas, y todo eso…espero que lleguemos a ser grandes amigas…
Aniel la miró a los ojos.
- Quizás eso sea, después de largas disputas…
- ¿Qué quieres decir?
- Tal vez empiecen con algunas discusiones, pero tarde o temprano se arreglaran, y podrán ser grandes compañeras.
Diana la observó como si no supiera lo que decía la mujer. Pero no le dio mayor importancia, y siguieron su camino hacia una pequeña cocina, en la cual Diana tomó un vaso de leche y pan solo.
En la habitación ya llegaba un poco de luz del cielo casi blanco, por las nubes que no se iban del cielo. Emily despertó de a poco. Miró la hora y se volvió a acostar, sin dormirse. Miró la cama de Diana vacía y sin hacer. Miró las demás camas en las cuales las niñas dormían aún. Se levantó y miró por una de las ventanas. La calle estaba inundada de agua. Las pocas personas que estaban allí, estaban con paraguas y abrigadas hasta la mitad de la cara. Aún así, en aquella iglesia no se pasaba frío alguno. Era extraño, ya que tenían sólo una chimenea en el primer piso. Emily se encontraba en el tercero y sentía calor.
Se colocó los zapatos, y se levantó en dirección a la puerta. Al abrirla, vio el rostro de Diana, quien volvía de la cocina.
- ¿Dónde andabas? – le preguntó Emily.
- Fui a tomar desayuno con Aniel. Las está esperando.
Entonces, Diana se dirigió hacia la cama en donde había dormido y comenzó a ordenarla. Emily fue al baño, se lavo la cara, las manos, y despertó a Elizabeth y Nathalie. El trío se dirigió a la cocina, y encontraron a Aniel allí. Ésta les dio su leche y pan, y en menos de quince minutos, todas estaban en la habitación en donde habían dormido, haciendo las camas y ordenando un poco.
Rápidamente, Aniel las llevó a una pieza cerca de las campanas de la iglesia. Luego, les empezó a hablar.
- Bueno, niñas. Este es su primer entrenamiento. Como se habrán dado cuenta, las traslade a esta habitación que aísla un poco el ruido. Necesitan concentración. Por lo mismo, hoy les enseñare un poco a manejar sus dones. Necesito que se coloquen en esta posición.
Aniel las ordeno en forma de fila. Una al lado de la otra. Aire, fuego, agua y tierra. Luego de esto, les hizo cerrar los ojos y relajarse.
- Para relajarse de forma ideal, necesito que piensen o recuerden algo bonito, que las haga felices. Un recuerdo en el cual hayan experimentado amor, cariño, calidez. Llénense de él.
Todas recordaron cosas hermosas que les hayan pasado anteriormente, generalmente con sus familias. Pero para Emily, era diferente. Nunca amó a su tía, su única familia, y ni se acordaba de sus padres. Solo pensaba en las veces en que reía con Nathalie y Elizabeth, las veces que se metían en líos. Eran su única familia al fin y al cabo.
- Los ángeles, son seres de amor. Dan amor, tranquilidad, cariño, afecto, y todos esos sinónimos posibles. Por lo tanto, deben dejar que esa memoria en la que están pensando, las llene, como si la estuvieran viviendo nuevamente.
Todas con los ojos cerrados, poco a poco se empezaba a formar una especie de aire diferente. Alrededor de Diana se formaba una especie de círculo de aire. Era como si ráfagas de viento fueran desde los pies de la joven, hasta la cabeza, haciendo volar su larga cabellera castaña. Ante esto, Aniel sonrió. Empezaban a hacerlo bien. Luego fue Elizabeth la que con fuego rodeándola a sus pies, despertaba su verdadero poder. Nathalie, por ser tierra, no se manifestaba mucho su don, no era tan visible, pero poco a poco, el suelo comenzaba a quebrarse, a trisarse. Aniel estaba contenta. Emily se comenzaba a empapar lentamente hasta llegar a tener el cabello estilando. Pero algo andaba mal, y Aniel lo supo. Emily se dejó llevar con su recuerdo. Estaba tan metida en el tema, que de un momento a otro, su memoria llena de felicidad y amistad, comenzó a tonarse tenebrosa y espeluznante, pues en su recuerdo comenzaban a aparecer horribles criaturas endemoniadas de colores rojo y negro, fantasma en todas partes y el paisaje era un oscuro pantano llenó de demonios. Emily se empezaba a angustiar, a sentir un nudo gigante en su pecho, y comenzó a llorar. Aniel, se puso enfrente de ella, y le pidió que despertara, que abriera los ojos, pero Emily parecía no escucharla, pues en ese momento todo se enfocaba en su tenebroso recuerdo.
- ¡Emily, despierta! ¿me escuchas? ¡despierta!.
Elizabeth escuchó a ésta casi gritar de pena, y vio a Emily llorando desconsoladamente sin que le cayera una sola lágrima.
- ¡¡Emily, despierta!! – le gritaba Aniel.
El ambiente estaba tenso. Emily no despertaba. Parecía que ese recuerdo la consumía. Pero justo en el instante preciso, Aniel saco por debajo de su chaqueta un colgante con un crucifijo dorado, y lo puso en la frente de la joven, diciendo junto a esto, unas palabras en latín.
En seguida, Emily dio un grito, cayendo de rodillas al suelo, empapada de agua. Las otras, abriendo los ojos, la miraron preguntándose que pasaba, pero nadie decía nada.
- Emily… ¡Emily! Mírame… ¿estás bien? – le preguntó Aniel.
Emily apenas abrió los ojos. Los tenía algo hinchados y respiraba agitadamente.
- ¡Respondeme! - le decía Aniel, nerviosa.
- Estoy…bien…- le dijo Emily.
Todas la miraban. Aniel también, y en eso le dijo a las otras:
- Eh…sigan practicando eso, por favor…vengo en seguida.
Y luego de decir aquello, se llevó a Emily consigo afuera de la habitación. Le pasó una toalla limpia para que se secara la cara y el cabello empapado. La sentó en una silla, y ella, arrodillándose, le dijo:
- Emily…¿estas bien?
- Aniel, yo… no se que pasó…yo pensaba en un buen recuerdo, pero de pronto se transformo…
- Lo se Emily, lo se. Tranquila…
- El maravilloso recuerdo en el que pensaba se transformó en algo horrible, con monstruos y…
- Lo se…lo se.
- ¿Por qué me pasó eso?
- Eso pasó porque…esta bien que uno se llene de ese recuerdo, se sienta bien y tranquilo. Pero cuando esta memoria se te va de las manos, se transforma en algo sumamente malo, y eso es porque aún no sabes controlar bien tus emociones. Por lo tanto, debes ensayar esa parte… ¿me entiendes? Trata controlarlo.
Emily la miraba fijamente. Entendía lo que le decía, pero al parecer aun estaba algo asustada. Tener un recuerdo maravilloso, lleno de felicidad, de amor, que luego se transforme e algo completamente contrariado, era terrible. Emily o sabía, pero no quería dejar su entrenamiento fuera por solo esa anécdota. Debía seguir y aprender más cosas.
Le confesó lo que quería a Aniel, y esta lo tomo bien. Por lo que enseguida, volvieron hacia donde las otras jóvenes, las que con esfuerzo, pudieron esa mismo mañana, controlar su poder de forma fácil, pero no del todo. Emily, también lo logró, aunque paso muchas más horas que Elizabeth, Diana y Nathalie. El esfuerzo valió la pena, pues al terminar el almuerzo, tras la práctica, lograba crear esferas de agua y otras cosas al respecto.
Algo sucedió esa tarde. Aniel entró al cuarto de las jóvenes, apresurada y agitada, como si viniera corriendo. Las apuró y les dijo que tenían que salir de ahí lo más rápido posible. Había gente en el pueblo preguntando por Elizabeth, Nathalie y Emily, gente de Olidata. Al fin y al cabo, la policía no iba a pasar por alto el escape de Nathalie misteriosamente, y el de Emily con Elizabeth. En forma rápida tomaron las pocas cosas que tenían en la habitación, y salieron por el patio, porque al parecer, había personas importantes en la entrada de la iglesia. Por la parte de atrás, había campo, solo campo. Tampoco había gente ni animales, pues la lluvia no lo dejaba. El pasto estaba completamente mojado, y los pocos árboles, también.
Las cuatro niñas saltaron la reja de la iglesia. Y al correr y correr, después de un rato, se dieron cuenta de que Aniel no venía con ellas. Se voltearon a mirar hacia la iglesia, que se veía pequeña, pero no se veía a la mujer.
-¿Qué esta pasando? – pregunto Emily.
-¿Por qué Aniel no viene? – pregunto Nathalie.
- No lo se…se supone que debería estar aquí con nosotras… ¿y si la buscamos? – siguió Diana.
- No…no porque pueden atraparnos, no es la idea. Seguramente no pudo alcanzarnos, no se…deberíamos seguir. – dijo Elizabeth.
- Pero… ¿Qué pasara con ella? – dijo Emily.
- No lo se…pero, yo creo que deberíamos seguir, si no nos alcanzaran. – dijo Elizabeth.
- Pero…esperémosla…de seguro vendrá en cualquier momento – respondió Emily.
Pero Aniel nunca llegó. Nadie sabía que hacer, si ir a buscarla o seguir corriendo. Finalmente, Emily, de un momento a otro, se dirigió a la iglesia corriendo sin parar a las exclamaciones que le decían las demás. Pero al avizorar por la reja, solo veía policías y alcoholitos con sacerdotes conversando, pero nunca supo de que. Por una ventana vio a Aniel conversando con policías muy seriamente. En un instante, ésta se volteó a mirar a Emily, haciéndole una seña de que saliera corriendo por donde iba. Emily reaccionó al momento y corrió, corrió, corrió hasta alcanzar a las demás y les dijo que siguieran corriendo hasta que ya no vieran la iglesia. Algo malo estaba pasando, pero solo le hicieron caso a Emily. Y no sabrían si volverían a ver a Aniel. Pero en ese momento pensaron en ellas y que la mujer solo hacía distracciones a la policía para que ellas pudieran escapar. No se dieron cuenta de que cruzaban ahí mismo la frontera que unía Garamond con Lathalia, otra ciudad al sur. Aparte de que estaban casi completamente mojadas por la ruda lluvia que caía, gente de policía comenzaron a saltar la reja de la iglesia y fueron tras las niñas, las cuales corrían sin parar, con la lengua afuera.
- ¡Nos vieron! – dijo Diana.
- ¡Mierda! – dijo Emily, con rabia. No tenían a donde esconderse ya que todo era pasto y agua.
Pero solo pensaban en seguir corriendo, con los policías tras ellas gritándoles que se devolvieran o se detuvieran allí mismo.
Llegaron a una bajada peligrosa de tierra, pasto y barro. Bajo esta colina, se encontraba Lathalia, con lo cual, comprendieron que ya no estaban en Garamond. Y también comprendieron que no había salida a menos que se lanzaran al vacío y vivieran para contarlo. Ese era el punto., que igual vivirían para contarlo.
-¿Qué hacemos? – pregunto Nathalie.
- Lo que nos queda hacer…lanzarnos y adiós. – le respondió Emily, con su buen espíritu arriesgado.
- ¡Estás loca! ¡Como se te ocurre que nos vamos a tirar al abismo! ¡Moriremos! – le dijo Elizabeth.
- ¡Sabes que no podemos morir, Beth! – le respondió Emily algo molesta.
Pero ya no había tiempo. La policía casi las alcanzaba. Entonces, Emily dijo lo siguiente.
- Si me siguen, son libres, si no…váyanse con ellos.
Y sin decir nada más, bajó corriendo al principio, y luego se arrastró se revolcó por el barro y el pasto. La siguió Diana que también le importó poco lo que pasara con ella y se lanzó no más. Los policías no estaban a más de doce metros. Al verlos, Elizabeth bajo apresurada la colina dejando a Nathalie arriba. Ésta iba a bajar algo insegura, pero antes de hacerlo, un policía la detuvo del brazo y le tomó los dos por la espalda. Los otros la tomaron también. Nathalie gritaba y gritaba y las demás no la escuchaban excepto Elizabeth quien aún estaba cerca.
-¡Nathalie!
La joven trataba de librarse de los inmensos hombres, pero no lo logró. Quizá era el momento para utilizar la Tierra para salir libre de allí. Se concentró un instante, cerró los ojos y solo atino a mirar la tierra, que de repente, de ella comenzaron a brotar ramas y palos peligrosos que la ayudaron a alejarse de los policías. No podía creer lo que había hecho. Tampoco sabía si lo había hecho ella misma. Miro las lianas y enredaderas que se enrollaban en los cuerpos de los hombres. Elizabeth le recordó que debía bajar cuanto antes. Caminó lentamente sin dejar de mirar el acontecimiento, y de pronto, no se vio más. Saltó.
Emily llegó al final de la colina llena de barro, y de hojas. También tenía sangre. Al igual que ella, las otras tres que venían estaban caso igual, adoloridas, pero vivas. Diana tenía media espina dentro de su espalda y media espina afuera. Se la sacó de a poco y sentía como esa herida se regeneraba poco a poco. Entonces, sin darse cuenta ya no le dolía y no tenía nada. Nathalie estaba bien, Elizabeth también. Emily casi, tenía que sacarse unas pequeñísimas espinas que tenia en las piernas. Fuera de eso estaban todas bien.
- Nathalie, ¿estas bien? ¿Qué te hicieron? – le pregunto Elizabeth.
- Intentaron llevarme a la fuerza, pero creo que logré ahuyentarlos. No se como…fue tan raro. Es que…salieron raíces y enredaderas de la tierra que ataron a los policías. Por eso pude escapar.
- ¿Y como pudo pasar eso? – le preguntó Emily.
- Solo cerré los ojos e hice lo que me dijo Aniel. Eso de…pensar en algo…y luego toqué la tierra y… ¡pum!
Emily sonrió al igual que Diana. Era grandioso. Eso significaba que progresaban en eso. Lo que importaba ahora era salir de aquel bosque en el que estaban y fueran a la ciudad, o mejor, seguir escapando de esa gente. Pero no sabrían como lo harían pues ya no tenían a su guía. ¿Qué habría sido de Aniel?
Nadie sabía, pero debían seguir adelante. Lo mas ocurrente que hicieron fue ir a la iglesia de Lathalia para hablar con el sacerdote y ver si el las podía ayudar. Caminaron y preguntaron hasta llegar a una pequeña capilla cerca de un río que se desbordaba. Entraron. No había nadie, al parecer. Pero luego de unos minutos, apareció el cura de aquella capilla.
-¿Puedo ayudarlas, niñas? – les dijo el padre.
- Padre, seguramente usted no nos conoce, pero necesitamos que nos oculte.
-¿Quiénes son ustedes?
Las jóvenes se miraron porque no sabían si decir la verdad o inventar otra historia.
- Somos las…Ángeles… - dijo finalmente Diana.
El padre cambió su expresión y abrió un poco la boca. No podía creer lo que escuchaba porque se supone que solo era un mito religioso y era imposible que estas jóvenes de tan corta edad supieran de aquella historia.
- ¿Ángeles? – les preguntó el padre.
- Si…lo que sucede es que…venimos escapando desde Garamond de la policía porque nos quieren llevar por algo que ni hicimos - le explicó Nathalie.
- ¿Cómo saben la historia?
- Porque nosotras somos las Ángeles, protectoras de la gente y todo eso… - le dijo Emily.
- ¿Quién les dijo eso? ¿Quién las encontró?
- Aniel.
- ¿Aniel?
- Si…ella nos encontró, nos dijo lo que éramos, y alcanzo a enseñarnos lo básico que podíamos aprender…- dijo Elizabeth.
- ¿Y donde está ella? – les preguntó el cura.
- No sabemos, solo que está en Garamond tratando de distraer a la policía para que nosotras pudiéramos escapar.
- ¿Y por que las persiguen?
- Porque…nos culpan de algo que no hicimos…bueno, eso no importa padre. Solo queremos que no nos encuentre, por favor, ayúdenos.
El padre Miguel no dudo en ayudarlas. Las llevó a una habitación en la cual se guardaban materiales viejos y antiguos. La policía no tardó en llegar a Lathalia y en tanto a la capilla. Era una razón clara de que estaban escondidas allí, pero al ver que no se encontraba nadie más que el cura, y al registrar cada rincón de la pequeña capilla, se fueron. Eso si, algunos se quedaron para asegurarse aún más. Sin embargo, las niñas no salieron de allí hasta la noche, cuando el sacerdote entró en la habitación y les comenzó a hacer preguntas.
- ¿Están cómodas?
- Eh… si, gracias – le respondió Elizabeth. -¿se fueron ya los policías?
- Si, la gran mayoría, pero algunos aún permanecen fuera de la capilla, por si acaso, ustedes saben.
- Si, solo le damos las gracias por todo lo que está haciendo padre…- le dijo Nathalie.
- ¿Bromean?, es lo menos que puedo hacer por ustedes. ¿ya se dirigieron a Celeron?
- ¿Celeron? – preguntó Diana.
- La ciudad de la Tercera Dimensión. ¿Aun no van allá?
- Me temo que no. En realidad se supone que iríamos, pero pasó todo esto y…nuca pudimos ir. – le dijo Emily.
- Entonces, creo que es el momento ya para guiarlas hacia esa ciudad.
- ¿De que habla? – le preguntó Emily.
- Yo se como abrir la Tercera Dimensión, pero es muy riesgoso y se requiere paciencia.
- Pero…el problema es que no estamos lo suficientemente preparadas para viajar y combatir demonios y todas esas cosas. No hemos terminado nuestro…entrenamiento. – dijo Elizabeth.
- No es necesario prepararse, niñas. Es cuestión de fe. Espero que eso se los haya enseñado Aniel.
- Si, si…que tuviéramos fe. – dijo Diana.
- Con la fe pueden hacer millones y millones de cosas. Más ustedes que son seres celestiales que velan por nuestra salud. Niñas, si tienen fe, pueden hasta derrotar al mismo Diablo. Solo deben confiar.
La plática las tenía atentas a todas, y sabían que lo que decía el cura Miguel era verdad.
- Entonces, ¿entraran a Celeron si o no?
Todas se miraron como siempre, esperando que alguna diera la respuesta. Pero ninguna sentía que estaba lista para enfrentarse a dichas criaturas endemoniadas. Entonces, se produjo un silencio.
- Si ustedes no me dicen no lo abriré, pero deben tener en cuenta de que ya hay personas que las necesitan. Si no son valientes ahora, quizás pasen miles de años antes de que lo sean.
Las cuatro pensaban lo mismo, de que todo sucedió tan rápido, demasiado rápido. Un día estaban en Olidata pasando una odisea con sus familias, otro estaban con Aniel en Garamond aprendiendo de sus poderes, y ahora estaban en Lathalia, escondiéndose de la policía y con un cura que dice de pronto que vayan a otra dimensión. No había pasado ni siquiera una semana y ya conocían tres ciudades distintas. Todo era demasiado confuso, rápido, extremo, e increíble, pero cierto. Luego se dieron cuenta de que ya no había más tiempo que perder. Al fin y al cabo ¿que más harían por la vida? No tenían nada ni a nadie. Solo lo que llevaban puesto y un par de celulares. Entonces, recordaron la frase de Elizabeth: “no tenemos nada que perder”. Y así era. Además, el padre tenía prisa.
Se dirigieron a la parte de la misa, en donde estaban las bancas, el altar, los cirios, etc. El cura, parado frente al altar y con una cruz en mano, dijo algunas palabras en latín que las niñas no entendieron:
Corría una brisa por la capilla, al interior. Una brisa que apagó las velas y dio paso a un resplandor que iluminó todo el sitio y se consumió bajo el altar. El padre corrió éste y bajo aquel había una alfombra roja. También fue corrida, pues lo que buscaba el sacerdote era una puertecita pequeña que daba a un cuarto de no más de dos metros por cuadrado. Al hacer todo estos movimientos, los policías reaccionaron y comenzaron a golpear la puerta de la capilla, pues el cura hizo muchos ruidos extraños.
-¡¡Abra la puerta!! – gritaban los hombres de afuera.
El sacerdote hecho un vistazo hacia atrás, verificando que el portón estaba cerrado y seguro. Luego, entre sus ropas, sacó un llavero que poseía más de cincuenta llaves, casi todas iguales y del mismo tamaño. Se tomo unos segundos en buscar la llave que abría esa puertecita de madera y algo longeva. Las jóvenes solo lo miraban con nerviosismo, porque los policías cada vez hacían más fuerza para entrar y cada vez gritaban más. La llave que abría dicha puerta era diferente, como especial, de más de cruz, y era plateada. El introducirla no fue cosa fácil, pues antes de que pasara esa llave, debían pasar antes otras cuatro. Es decir, tenía cinco cerraduras cada una con llaves distintas. Eso fue algo que le llamó la atención a Nathalie. Quería decir que en verdad, era algo realmente importante, oculto y nunca visto.
La puerta tenía imágenes grabadas en la madera de Jesús y algunos ángeles a su lado. También fue algo que llamó la atención. Era demasiado perfecto.
- ¡Entren allí, rápido! – les dijo el sacerdote Miguel a las niñas.
- ¿Todas? - le preguntó Emily.
- No cabemos todas en ese cubículo. – le dijo Elizabeth.
- Por supuesto que sí. ¡Vamos! – les dijo el cura.
Entonces, con aceleración se metieron en ese cuarto que no medía más de un metro cuadrado. Con dificultad, lo hicieron de a una, hasta poder acomodarse.
- Señor, protege a tus servidoras de los demonios, tus rivales. Dales protección y cuidado para que puedan cumplir su misión.
El sacerdote dijo estas palabras, como haciendo una oración apretando fuertemente su crucifijo del cuello. Luego añadió:
- Cuídense mucho niñas. Suerte -.
Y antes de que los policías pudieran hacerles algo, el cura cerró la puerta con mucha fuerza y ya no se escucho nada. Ni un ruido, ni un grito, ni un crujido. Ni siquiera se veía la luz de los cirios. Con suerte podían respirar dentro de ese cuarto.
- ¿Qué está pasando? – preguntó Emily.
- No lo se… - le respondió Nathalie.
Estaba todo totalmente oscuro. Ni siquiera le preguntaron al padre Miguel que se debía hacer después. No tenían idea de lo que estaba pasando, para variar.
- Deberíamos abrir la puerta – dijo Diana. Entonces, sin preguntarle a nadie, trató de empujar la puertecita ara salir, pero por más fuerza que hizo, no la movió un centímetro. Decidieron ayudar las demás, pues era lo más lógico que podían hacer si alguien les cerrara su única salida. Estuvieron largo rato tratando de abrirla, y a los diez minutos de hacerlo, lo lograron. La luz de un sol resplandeciente las encandiló y el aroma a vegetación las llenó por completo. Como se metieron, salieron de a una. Diana fue la primera en salir, y por lo tanto, fue la que más admiró el ambiente en donde estaban. Lo describía totalmente verde, con árboles y plantas diversas, con flores. Un cielo azulísimo y nubes blancas adornaban arriba. Era hermoso.
- Hace mucho tiempo que no veía un día soleado como este… - decía Emily.
Sin duda el cambio de clima las impresionó y les cambió la expresión de sus caras. Cuando ya salieron todas comenzaron a caminar, cuando de repente, un joven de no más de veinte años de nombre Caliel les habló desesperadamente.
- ¡¡ ¿Son ustedes?!!...¡¿Al fin?! -.
Las niñas se asustaron al verlo, pues no lo conocían ni sabían porque les estaba hablando.
- ¡¿Quién eres?! – le preguntó Diana.
- ¡¿Son ustedes?! – les volvió a preguntar Caliel.
- ¡¿De que hablas, maldición?! – le dijo Elizabeth.
- ¡Si, si …somos nosotras…- le dijo Nathalie, tranquilizando al pobre joven.
- ¡¡¡Al fin, gloria a ti Señor!!! – gritó Caliel.
Se miraron extrañadamente.
- ¿Quién eres tu? – le preguntó Diana.
- Soy…soy Caliel. Las he estado esperando desde hace dos meses…por fin vinieron a salvarnos…
- Pero… ¿que eres tu? – le preguntó Nathalie.
- Soy aprendiz de Mensajeros Urielianos. Mientras tanto, he estado yo protegiendo a los poseídos de Celeron, con ayuda, claro, de los sacerdotes de este país. Pero, eso ya no importa. ¡Están aquí! Eso es lo que importa ahora…vengan…vengan conmigo.
- ¡Espera!...es que… - le dijo Emily.
- ¿Qué sucede?... – les dijo Caliel.
- Es que…nosotras no… no estamos…digamos, no estamos bien… - le decía Emily.
- ¿Qué cosa? – le preguntaba Caliel.
- Es que, la verdad es que no estamos entrenadas del todo para poder hacer nuestro trabajo. Es decir…nunca terminamos nuestro entrenamiento…
Hubo un silencio amplio y largo. Caliel no sabía que decir. Se sentía decepcionado. Mientras su cabello rubio se meneaba en las brisas que corrían en aquel lugar, pensaba que lo mejor era ayudar a estas jóvenes, aunque tardara tiempo en hacerlo.
- Muy bien…entonces… ¿Qué hacemos? – les dijo a las niñas.
- Se que te debes sentir mal con lo que te estamos diciendo, pero… no es nuestra culpa. A decir verdad, nuestra entrenadora no se a donde quedó, y de un momento para otro nos mandaron aquí, a Celeron, sin saber que hacer. – le explicó Diana.
- Bueno, bueno…entones, debemos empezar desde este segundo. No estuve sentado en ese tronco dos meses esperando a las personas menos indicadas. Así que, esta semana será ardua y dura para ustedes. Generalmente, los Ángeles aprender a hacer todo lo que saben en unos cuantos meses, a veces hasta años. Pero como ustedes están retrasadas, creo que podemos aprender lo que necesitan saber en una semana. Eso si…día y noche. Quiero saber si están dispuestas…
Primero, no podían creer que un ser humano estuviera sentado en un pedazo de tronco dos meses esperando por unas buenas para nada. Era imposible. Segundo, eso de aprender en una semana lo que se aprende en casi un año, era demasiado agotador. Por lo menos así pensaban las jóvenes. Aunque no sabían si se cansarían tanto como creía. Eso era incierto. Tercero, se sentían muy apenadas por Caliel, porque él esperando a que estuvieran preparadas para todo, y con suerte ellas sabían cuales eran sus respectivos elementos. Pero el que el joven las haya recibido y entendido como lo hizo, era muy confortable para ellas y entraron en confianza enseguida.
Comenzaron por dirigirse a una de las tantas iglesias que tenía Celeron. Esta era hermosa, blanca y limpia. Estaba llena de sacerdotes y alcoholitos y otra gente, pero las chicas entraron por otra parte para que no las vieran y evitaran los conflictos y otros temas. Caliel las llevó a una sala muy grande, pero vacía, por lo cual, se veía más grande de lo que era. Era una sala de madera barnizada con algunos cuadros de imágenes de Jesús, Dios, la creación, y otros por el estilo. Lo extraño era, que el salón era demasiado simple, es decir, no tenía ni sillas, mesas, ni nada, pero era perfecto para comenzar con sus actividades.
martes, 4 de diciembre de 2007
CAPITULO V
- Perdió a su familia en un accidente aéreo. En un avión…fue la única sobreviviente, gracias al amuleto que le dio alguien de mis compañeros. Lo malo, es que esta sola en el mundo al igual que ustedes y lo único que la mantiene es la iglesia, pero…necesita un grupo en el cual trabajar y creo que ustedes son las elegidas, es decir, mas que las elegidas, deben estar con ella, pues representa el elemento que les faltaba. Su nombre es Diana Crown.
- Hola, soy Nathalie Denat. Mucho gusto.
- Hola. Diana. Un gusto.
- Soy Elizabeth Prett.
- Y yo soy Emily Thompson.
Todas quedaron estupefactas con la llegada de una nueva compañera de “trabajo”.
- Eh…no quiero ser grosera ni nada, pero….creo que no necesitamos a otra persona.
- ¿Por qué dices eso Emily? – le preguntó Aniel.
- Por que somos suficiente. No es por despreciarla, pero creo que así estamos bien.
- Bueno, pero creo yo que no lo están. El que ella llegue a ustedes significa más ayuda en sus “misiones”. Necesita con quien quedarse, necesita amigos, familia, y lo mejor es que esté con ustedes, quieran o no.
- Yo estoy de acuerdo, bienvenida. – le dijo Nathalie.
- Yo también, ningún problema… - dijo Elizabeth, mirando con extrañeza a Emily.
- Entonces, no hay más de que decir. Se queda con ustedes.
Emily afirmo con la cabeza e hizo una sonrisita forzada. Estaba indecisa, pero lo acepto de todas formas. Era antisociable, no le gustaba conocer gente como a las demás. Le daba lo mismo.
Entonces, comenzó a recordar la larga conversación que habían tenido las tres con Aniel antes de conocer a Diana:
- ¿Qué son lo Ángeles?, ¿Cuál es su labor?... ¿alguna de ustedes sabe…? – dijo Aniel.
- Bueno…yo sabía que…existen porque son mensajeros de Dios, esas es su labor mas importante, pero por otro lado, defienden a las personas de sus rivales, los demonios. Acuden a la gente cuando esta tiene problemas- le respondió Emily.
- Exacto. Los Ángeles son seres celestiales creados para proteger a la humanidad. Sus labores son las que dijo ya Emily, ser mensajeros y proteger al ser humano de los terribles demonios. Existen los Ángeles de los cuatro elementos: agua, aire, fuego y tierra, cada uno con sus respectivos sirvientes. Ahora, si empiezan a analizar la situación que están viviendo, se darán cuenta de que notado es una gran coincidencia. Por ejemplo, Elizabeth. Su elemento es fuego, y ¿Por qué?—
- Porque pidió el deseo en el incendio… - la interrumpió Nathalie.
- Eso significa que yo soy…- dijo Emily.
- Si. Elizabeth experimento la regeneración de su piel en el fuego, Emily en el agua, Nathalie en la tierra, arena. – dijo Aniel.
- Pero… ¿y el aire? – pregunto Elizabeth.
- Luego, luego…ahora, lo que importa es que, entiendan bien lo que tienen que hacer.
- Claro…proteger a la humanidad… - dijo Emily.
- Si, pero no aquí. Me refiero a que no en este….mundo – dijo Aniel.
- ¿Cómo? ¿de que hablas? – le pregunto Emily.
Aniel cambio su expresión de rostro, se puso mas seria. Luego dijo:
- Seguramente han oído hablar de las dimensiones. Lugares que no son de este mundo. Que se pueden abrir portales a otros lugares, en donde nadie ha ido.
Las jóvenes la miraron con cara extrañada. No tenían idea de lo que estaba hablando la mujer.
- Esas dimensiones no existen. Solo las he visto…en la televisión y esas cosas… - le dijo Elizabeth.
- Si…además…usted nos empieza a hablar de cosas que nosotras no entendemos. Con suerte entendemos porque estamos aquí y quien es usted. Ni siquiera nos dijo como nos encontró, como sabe que somos nosotras los “ángeles” que deben salvar la tierra…y todas esas otras cosas que nos ha dicho. – le dijo Nathalie.
- Niñas…se que todo esto fue demasiado rápido, y que a lo mejor no tengan claro del todo lo que son y lo que deben hacer, pero no hay tiempo. La era de los demonios ya empezó en Celeron y deben ir a proteger a esa gente.
- Lo único que queremos es que nos diga, por favor, lo que le preguntó Nat.
La mujer calló un rato y bajo la mirada. Luego, agregó:
- Soy clarividente. Puedo ver cosas que pasaran en el futuro. Trabajo en el consejo de Nervay en la iglesia de “AtimmCastle”. Por eso se todo lo que se. Que ustedes serian las Ángeles que necesitábamos, sus nombres, su vida. Las he estado siguiendo en los últimos tres años. Eso es lo que hace este consejo. Por eso trabajo ahí en esa iglesia, porque mi don no es común en esta humanidad y sirvo de gran ayuda.
- Espera…he oído hablar de esa iglesia creo. ¿Es prestigiosa o algo así?- dijo Emily.
- Creo que también he oído de ella… - dijo Elizabeth.
- Y yo he pasado unas veces por ahí, pero nunca he entrado – agrego Nathalie.
- Si, si…es muy conocida. Una de las más importantes diría yo de el país. Existen muchos, mas de cincuenta consejos que hacen diferentes cosas. Nosotros nos encargamos de reunir a jóvenes como ustedes, pues ustedes no son las únicas Ángeles que existen en el mundo. Hay otras, pero no son las suficientes como para combatir tanta maldad. Por eso necesitamos a empezar a trabajar desde ahora ya. Y lo mas importante, quiero que tengan fe en lo que les diga, que confíen, y colaboren, ¿si?.
- Solo tengo una pregunta mas, Aniel – dijo Nathalie. – Todas nosotras hemos quedado..sin familia y todo eso, ¿acaso, eso es parte de esto? .
Aniel, al parecer no quería contestar. No fue necesario que respondiera esa pregunta, porque con el gesto de su cara lo decía todo.
- En realidad…si.
- ¿¡Es decir, que mataste a mi familia?! – dijo alteradamente Elizabeth.
- ¡Yo no he dicho eso Elizabeth! – le respondió Aniel. – Nadie de nosotros ocasiono el incendio que provoco al muerte de tu madre y tu hermana. No confundas las cosas.
- ¿Entonces, como?
- Estaba escrito ya el destino de ustedes cuatro. Quedarse sin familia para poder convertirse en lo que son.
- ¡¿Mi madre y mi hermana murieron para que yo me convirtiera en esto?! ¡prefiero tener a mi familia con vida que ser una…anormal! – dijo Elizabeth.
- No eres una anormal, Elizabeth. Pero así las cosas tiene que ser. Al igual que quitaron muchas, muchas vidas en sus accidentes. Solo para que se dieran cuenta de lo importante que son.
- Como mi mama…susurro Nathalie.
- En fin…lo hecho, hecho está, y no podemos hacer nada para recuperar a nuestras familias. Por lo menos yo quiero seguir en esto. – dijo Emily.
- Yo…también…- dijo Nathalie algo con tristeza. Recordaba a su madre, pero sabía que ya no había vuelta atrás y tomo la decisión de seguir con esto.
- ¿Elizabeth? ¿podemos contar contigo? – pregunto Aniel.
Pero Elizabeth no podía tomar una decisión. Se le hacia difícil. Pensó largo rato. Recordaba a su madre, su hermana Karen. En lo tan bien que la pasaban juntas. Luego de esto, corrieron algunas lágrimas por sus ojos. Se volteó a mirar a las demás. Y finalmente dijo:
- No hay nada que perder…
Esa frase es una de las tantas que Emily no olvidara jamás, ni ninguna de ellas tampoco. Era la pura y santa verdad, ya no había nada que perder.
- Muy bien, entonces, las llevare a conocer a su compañera… - dijo Aniel. Luego de esto conocieron a Diana, la joven del elemento aire que estaría con ellas por un largo tiempo.
Eran las ocho de la noche en Garamond. Las cuatro jóvenes eran guiadas por la clarividente a una pequeña iglesia poco agraciada, pero que tenía mucho que esconder. Un sacerdote y algunos alcoholitos las recibieron con lucro.
- Buenas noches, padre Daniel. – dijo Aniel entonces.
- ¡Aniel!, tanto tiempo… ¡años! – dijo el sacerdote dándole un fuerte abrazo a la mujer, quien lo respondió de la misma forma, con cariño y ganas de verlo.
- No te esperaba a esta hora… - le dijo el hombre.
- Lo siento padre, es que me tome el tiempo para encontrar a estas señoritas… - dijo Aniel señalando a las cuatro jóvenes que se escondían tras ellas, sin saber que es lo que pasaba.
El sacerdote las miró impresionado. La imagen de su rostro expresaba emoción, felicidad, alivio. Las miró por un largo rato que se hizo eterno para las niñas, mientras el cura se inclinaba haciendo un gesto de “saludo a su alteza” hacia éstas. Los alcoholitos lo siguieron. Aniel solo miraba el acontecimiento, al igual que las niñas, con la diferencia de que estas últimas no tenían idea de lo que estaban haciendo.
- Buenas noches, damas – dijo Daniel.
- Buenas…noches – dijeron todas descoordinadamente.
- No puedo creer que esté parado frente a ellas… - decía el sacerdote mientras regresaba a su posición inicial. Solo expresaba palabras de gozo, y miraba a Aniel para verificar si lo que estaba viviendo era o no real.
- Por algo el Consejo de Nervay de AtimmCastle es el mejor. Tiene a los mejores buscadores del mundo, empezando por ti, hija. Discutiremos eso luego. Enviare una carta a la iglesia para decirles que están aquí, y contigo.
- No es necesario, padre. Lo haré yo luego. Por ahora necesito un refugio a donde nos podamos quedar estas niñas y yo. Si fuera tan amable…
- Por supuesto, Aniel. No necesitas preguntar. Pueden quedarse el tiempo que deseen. Los cuartos están vacíos.
- Solo por esta noche padre…mañana debemos partir Sylfahen inmediatamente, usted sabe. Le agradezco de verdad, padre.
- No hay problema, mi niña. Por mientras le diré a Robin que lleve a estas jovencitas a sus camas, y tu y yo hablaremos un poco, ¿si?
Aniel asintió con a cabeza y luego, el padre llamó a uno de sus alcoholitos, Robin, para guiar a las jóvenes al cuarto. Rápidamente y sin saber a donde ir, las niñas siguieron al jovencito de no más de dieciocho años, hasta llegar a una puerta, en la que al abrirla, se divisaban cuatro camas disponibles. Era una gran habitación y tenía todo lo necesario.
- Antes de retirarme, puedo ofrecerles algo de comer… - preguntó el joven.
- Yo no tengo hambre, gracias – le dijo Emily.
- En realidad no comemos mucho todas…gracias – le siguió Nathalie.
- Pero…puedo ofrecerles fruta o…
- Bueno…fruta estará bien… antes de dormir digo yo – dijo Elizabeth.
Robin hizo un gesto afirmativo y bajo las escaleras a buscar lo pedido. Mientras tanto, las niñas se distribuían en las camas, haciendo hora para esperar Aniel. Ésta tenía algo importante que decirles. Sin embargo, Emily reunió a todas en una cama y les comenzó diciendo lo que sentía.
- Se que la mayoría de nosotras no sabe lo que esta pasando y lo que pasara…tampoco si todo esto es una gran mentira, o es verdad. En realidad, a estas alturas, dudo que sea una broma. Han llegado demasiado lejos como para que después nos digan que esto es mentira. Por lo mismo, quiero que…a lo que nos tengamos que enfrentar, sean espíritus malignos, demonios e incluso el mismo Diablo, debemos estar juntas y apoyarnos en todo, porque se que todas hemos pasado exactamente por lo mismo. Que hace ya dos días que nuestras familias nos dejaron, pero hay que dejarlo en el pasado. Y para poder hacer eso, debemos dedicarnos al máximo en lo que tengamos que hacer. Antes no teníamos un propósito para vivir, pero ahora si, y creo que debemos aprovecharlo.
Emily de verdad sentía de corazón todo lo que dijo. Las otras la miraron diciéndose para si que tenía razón, y que todo lo que la joven había expresado era cierto. Diana siguió:
- Bueno, yo…se que soy nueva aquí, que recién me conocen hace algunas horas y todo, pero tratare de ser y hacer lo mejor posible lo que tenga que hacer, y espero que lleguemos a ser grandes amigas…
Estaban las cuatro un poco emocionadas, porque todo lo que se expresaba era verdadero y lo sabían.
Después de uno minutos, Robin llegó con una fuente de tamaño mediano con algunas frutas, y se retiró rápidamente. Las niñas comieron como si nunca hubieran comido, después de largas horas sin hacerlo, era obvio.
Mientras tanto Aniel conversaba con el padre Daniel. Su conversación basada en temas religiosos y de las jóvenes allegadas les hizo entrar en razón de que ya no había tempo que esperar.
- Ya comenzó la era, padre. La era de los demonios en Celeron. Las niñas tienen que viajar hacia allá cuanto antes.
- Lo se, lo se Aniel. Pero el comité no estará de acuerdo con mandarlas sin entrenamiento tanto físico como psicológico. Necesitan aprender un montón de cosas que solo tú puedes enseñarles en un tiempo corto.
- No esto segura, padre. Se que les debo explicar millones de cosas, pero no se si alcanzare. Recién se vienen integrando a este mundo y sin siquiera saber bien la razón. Tienen solo dieciséis años, padre. Son niñas. No debemos presionarlas tanto.
- Recuerda que ya no son igual que hace dos o tres días. Cada día van evolucionando más y más. Va a llegar un trance en el que serán completamente inhumanas, y ese trance es el esperado, porque ahí estarán mucho más que listas para enfrentarse a muchas fuerzas malignas.
- Ya se todo eso, padre. Espero que ese momento llegue pronto. Se que pueden hacerlo bien, confío en ellas…
- Recuerda que él no quiere que falles. Sabes que esto es muy importante, Aniel. No es un juego. De ellas depende este país, incluso el mundo entero. Enviaré una carta a Estrangelo, para avisarles que estás aquí, con los ángeles. Querrán saber como estás después de tres años.
- Gracias, padre. Le agradezco lo que hace por mi y por las niñas.
- Y no es necesario que se vayan mañana de inmediato. Pueden ocupar la sala que está al lado de las campanas para que puedas comenzar con el entrenamiento. No tengo problema.
- Se lo agradecería mucho, padre Daniel. Gracias nuevamente.
Aniel se paró de su silla y le dio las buenas noches al sacerdote. Se dirigió a la habitación de las jóvenes, las cuales estaban sentadas en una cama, esperando por la que venía.
- Niñas, disculpen si me demoré. Debía hablar cosas importantes con el padre. Por ahora quiero que duerman para mañana levantarlas temprano y empezar con su entrenamiento.
- ¿Entrenamiento? – preguntó Nathalie.
- Por supuesto. Si salvarán al mundo deben saber defenderse ante situaciones. Por lo tanto, mañana empezaremos las prácticas. Aprenderán muchas cosas. Así que ahora duerman, porque las levantare temprano.
- ¿¡Temprano!?- dijo Elizabeth asustada, pues odiaba levantarse temprano. Nunca lo lograba.
- Si, muy temprano.
Aniel apagó una de las luces de la habitación y les dijo buenas noches. Las jóvenes se acostaron en la cama, tapadas hasta la nariz, con frío y ansiedad, emoción y pena, nervios y curiosidad. Solo querían que fuera mañana, para poder responder a todas las preguntas que tenían en su interior.
Nathalie y Diana se durmieron en instantes. Elizabeth se quedaba pensando en su familia. Le caían lágrimas por los ojos, sollozando despacito sin hacer ni un ruido. Se durmió apretando la fotografía de su madre y hermana. Mientras que Emily, solo quería empezar luego con todo esto. Desde niña sintió que debía hacer algo importante, algo único y extraño. Solo escuchaba la lluvia azotarse contra los vidrios de colores de las ventanas de la habitación. Por fin se cumplirían sus fantasías, sus anhelos y sería alguien en la vida, aunque legalmente no sería nadie.
- Hola, soy Nathalie Denat. Mucho gusto.
- Hola. Diana. Un gusto.
- Soy Elizabeth Prett.
- Y yo soy Emily Thompson.
Todas quedaron estupefactas con la llegada de una nueva compañera de “trabajo”.
- Eh…no quiero ser grosera ni nada, pero….creo que no necesitamos a otra persona.
- ¿Por qué dices eso Emily? – le preguntó Aniel.
- Por que somos suficiente. No es por despreciarla, pero creo que así estamos bien.
- Bueno, pero creo yo que no lo están. El que ella llegue a ustedes significa más ayuda en sus “misiones”. Necesita con quien quedarse, necesita amigos, familia, y lo mejor es que esté con ustedes, quieran o no.
- Yo estoy de acuerdo, bienvenida. – le dijo Nathalie.
- Yo también, ningún problema… - dijo Elizabeth, mirando con extrañeza a Emily.
- Entonces, no hay más de que decir. Se queda con ustedes.
Emily afirmo con la cabeza e hizo una sonrisita forzada. Estaba indecisa, pero lo acepto de todas formas. Era antisociable, no le gustaba conocer gente como a las demás. Le daba lo mismo.
Entonces, comenzó a recordar la larga conversación que habían tenido las tres con Aniel antes de conocer a Diana:
- ¿Qué son lo Ángeles?, ¿Cuál es su labor?... ¿alguna de ustedes sabe…? – dijo Aniel.
- Bueno…yo sabía que…existen porque son mensajeros de Dios, esas es su labor mas importante, pero por otro lado, defienden a las personas de sus rivales, los demonios. Acuden a la gente cuando esta tiene problemas- le respondió Emily.
- Exacto. Los Ángeles son seres celestiales creados para proteger a la humanidad. Sus labores son las que dijo ya Emily, ser mensajeros y proteger al ser humano de los terribles demonios. Existen los Ángeles de los cuatro elementos: agua, aire, fuego y tierra, cada uno con sus respectivos sirvientes. Ahora, si empiezan a analizar la situación que están viviendo, se darán cuenta de que notado es una gran coincidencia. Por ejemplo, Elizabeth. Su elemento es fuego, y ¿Por qué?—
- Porque pidió el deseo en el incendio… - la interrumpió Nathalie.
- Eso significa que yo soy…- dijo Emily.
- Si. Elizabeth experimento la regeneración de su piel en el fuego, Emily en el agua, Nathalie en la tierra, arena. – dijo Aniel.
- Pero… ¿y el aire? – pregunto Elizabeth.
- Luego, luego…ahora, lo que importa es que, entiendan bien lo que tienen que hacer.
- Claro…proteger a la humanidad… - dijo Emily.
- Si, pero no aquí. Me refiero a que no en este….mundo – dijo Aniel.
- ¿Cómo? ¿de que hablas? – le pregunto Emily.
Aniel cambio su expresión de rostro, se puso mas seria. Luego dijo:
- Seguramente han oído hablar de las dimensiones. Lugares que no son de este mundo. Que se pueden abrir portales a otros lugares, en donde nadie ha ido.
Las jóvenes la miraron con cara extrañada. No tenían idea de lo que estaba hablando la mujer.
- Esas dimensiones no existen. Solo las he visto…en la televisión y esas cosas… - le dijo Elizabeth.
- Si…además…usted nos empieza a hablar de cosas que nosotras no entendemos. Con suerte entendemos porque estamos aquí y quien es usted. Ni siquiera nos dijo como nos encontró, como sabe que somos nosotras los “ángeles” que deben salvar la tierra…y todas esas otras cosas que nos ha dicho. – le dijo Nathalie.
- Niñas…se que todo esto fue demasiado rápido, y que a lo mejor no tengan claro del todo lo que son y lo que deben hacer, pero no hay tiempo. La era de los demonios ya empezó en Celeron y deben ir a proteger a esa gente.
- Lo único que queremos es que nos diga, por favor, lo que le preguntó Nat.
La mujer calló un rato y bajo la mirada. Luego, agregó:
- Soy clarividente. Puedo ver cosas que pasaran en el futuro. Trabajo en el consejo de Nervay en la iglesia de “AtimmCastle”. Por eso se todo lo que se. Que ustedes serian las Ángeles que necesitábamos, sus nombres, su vida. Las he estado siguiendo en los últimos tres años. Eso es lo que hace este consejo. Por eso trabajo ahí en esa iglesia, porque mi don no es común en esta humanidad y sirvo de gran ayuda.
- Espera…he oído hablar de esa iglesia creo. ¿Es prestigiosa o algo así?- dijo Emily.
- Creo que también he oído de ella… - dijo Elizabeth.
- Y yo he pasado unas veces por ahí, pero nunca he entrado – agrego Nathalie.
- Si, si…es muy conocida. Una de las más importantes diría yo de el país. Existen muchos, mas de cincuenta consejos que hacen diferentes cosas. Nosotros nos encargamos de reunir a jóvenes como ustedes, pues ustedes no son las únicas Ángeles que existen en el mundo. Hay otras, pero no son las suficientes como para combatir tanta maldad. Por eso necesitamos a empezar a trabajar desde ahora ya. Y lo mas importante, quiero que tengan fe en lo que les diga, que confíen, y colaboren, ¿si?.
- Solo tengo una pregunta mas, Aniel – dijo Nathalie. – Todas nosotras hemos quedado..sin familia y todo eso, ¿acaso, eso es parte de esto? .
Aniel, al parecer no quería contestar. No fue necesario que respondiera esa pregunta, porque con el gesto de su cara lo decía todo.
- En realidad…si.
- ¿¡Es decir, que mataste a mi familia?! – dijo alteradamente Elizabeth.
- ¡Yo no he dicho eso Elizabeth! – le respondió Aniel. – Nadie de nosotros ocasiono el incendio que provoco al muerte de tu madre y tu hermana. No confundas las cosas.
- ¿Entonces, como?
- Estaba escrito ya el destino de ustedes cuatro. Quedarse sin familia para poder convertirse en lo que son.
- ¡¿Mi madre y mi hermana murieron para que yo me convirtiera en esto?! ¡prefiero tener a mi familia con vida que ser una…anormal! – dijo Elizabeth.
- No eres una anormal, Elizabeth. Pero así las cosas tiene que ser. Al igual que quitaron muchas, muchas vidas en sus accidentes. Solo para que se dieran cuenta de lo importante que son.
- Como mi mama…susurro Nathalie.
- En fin…lo hecho, hecho está, y no podemos hacer nada para recuperar a nuestras familias. Por lo menos yo quiero seguir en esto. – dijo Emily.
- Yo…también…- dijo Nathalie algo con tristeza. Recordaba a su madre, pero sabía que ya no había vuelta atrás y tomo la decisión de seguir con esto.
- ¿Elizabeth? ¿podemos contar contigo? – pregunto Aniel.
Pero Elizabeth no podía tomar una decisión. Se le hacia difícil. Pensó largo rato. Recordaba a su madre, su hermana Karen. En lo tan bien que la pasaban juntas. Luego de esto, corrieron algunas lágrimas por sus ojos. Se volteó a mirar a las demás. Y finalmente dijo:
- No hay nada que perder…
Esa frase es una de las tantas que Emily no olvidara jamás, ni ninguna de ellas tampoco. Era la pura y santa verdad, ya no había nada que perder.
- Muy bien, entonces, las llevare a conocer a su compañera… - dijo Aniel. Luego de esto conocieron a Diana, la joven del elemento aire que estaría con ellas por un largo tiempo.
Eran las ocho de la noche en Garamond. Las cuatro jóvenes eran guiadas por la clarividente a una pequeña iglesia poco agraciada, pero que tenía mucho que esconder. Un sacerdote y algunos alcoholitos las recibieron con lucro.
- Buenas noches, padre Daniel. – dijo Aniel entonces.
- ¡Aniel!, tanto tiempo… ¡años! – dijo el sacerdote dándole un fuerte abrazo a la mujer, quien lo respondió de la misma forma, con cariño y ganas de verlo.
- No te esperaba a esta hora… - le dijo el hombre.
- Lo siento padre, es que me tome el tiempo para encontrar a estas señoritas… - dijo Aniel señalando a las cuatro jóvenes que se escondían tras ellas, sin saber que es lo que pasaba.
El sacerdote las miró impresionado. La imagen de su rostro expresaba emoción, felicidad, alivio. Las miró por un largo rato que se hizo eterno para las niñas, mientras el cura se inclinaba haciendo un gesto de “saludo a su alteza” hacia éstas. Los alcoholitos lo siguieron. Aniel solo miraba el acontecimiento, al igual que las niñas, con la diferencia de que estas últimas no tenían idea de lo que estaban haciendo.
- Buenas noches, damas – dijo Daniel.
- Buenas…noches – dijeron todas descoordinadamente.
- No puedo creer que esté parado frente a ellas… - decía el sacerdote mientras regresaba a su posición inicial. Solo expresaba palabras de gozo, y miraba a Aniel para verificar si lo que estaba viviendo era o no real.
- Por algo el Consejo de Nervay de AtimmCastle es el mejor. Tiene a los mejores buscadores del mundo, empezando por ti, hija. Discutiremos eso luego. Enviare una carta a la iglesia para decirles que están aquí, y contigo.
- No es necesario, padre. Lo haré yo luego. Por ahora necesito un refugio a donde nos podamos quedar estas niñas y yo. Si fuera tan amable…
- Por supuesto, Aniel. No necesitas preguntar. Pueden quedarse el tiempo que deseen. Los cuartos están vacíos.
- Solo por esta noche padre…mañana debemos partir Sylfahen inmediatamente, usted sabe. Le agradezco de verdad, padre.
- No hay problema, mi niña. Por mientras le diré a Robin que lleve a estas jovencitas a sus camas, y tu y yo hablaremos un poco, ¿si?
Aniel asintió con a cabeza y luego, el padre llamó a uno de sus alcoholitos, Robin, para guiar a las jóvenes al cuarto. Rápidamente y sin saber a donde ir, las niñas siguieron al jovencito de no más de dieciocho años, hasta llegar a una puerta, en la que al abrirla, se divisaban cuatro camas disponibles. Era una gran habitación y tenía todo lo necesario.
- Antes de retirarme, puedo ofrecerles algo de comer… - preguntó el joven.
- Yo no tengo hambre, gracias – le dijo Emily.
- En realidad no comemos mucho todas…gracias – le siguió Nathalie.
- Pero…puedo ofrecerles fruta o…
- Bueno…fruta estará bien… antes de dormir digo yo – dijo Elizabeth.
Robin hizo un gesto afirmativo y bajo las escaleras a buscar lo pedido. Mientras tanto, las niñas se distribuían en las camas, haciendo hora para esperar Aniel. Ésta tenía algo importante que decirles. Sin embargo, Emily reunió a todas en una cama y les comenzó diciendo lo que sentía.
- Se que la mayoría de nosotras no sabe lo que esta pasando y lo que pasara…tampoco si todo esto es una gran mentira, o es verdad. En realidad, a estas alturas, dudo que sea una broma. Han llegado demasiado lejos como para que después nos digan que esto es mentira. Por lo mismo, quiero que…a lo que nos tengamos que enfrentar, sean espíritus malignos, demonios e incluso el mismo Diablo, debemos estar juntas y apoyarnos en todo, porque se que todas hemos pasado exactamente por lo mismo. Que hace ya dos días que nuestras familias nos dejaron, pero hay que dejarlo en el pasado. Y para poder hacer eso, debemos dedicarnos al máximo en lo que tengamos que hacer. Antes no teníamos un propósito para vivir, pero ahora si, y creo que debemos aprovecharlo.
Emily de verdad sentía de corazón todo lo que dijo. Las otras la miraron diciéndose para si que tenía razón, y que todo lo que la joven había expresado era cierto. Diana siguió:
- Bueno, yo…se que soy nueva aquí, que recién me conocen hace algunas horas y todo, pero tratare de ser y hacer lo mejor posible lo que tenga que hacer, y espero que lleguemos a ser grandes amigas…
Estaban las cuatro un poco emocionadas, porque todo lo que se expresaba era verdadero y lo sabían.
Después de uno minutos, Robin llegó con una fuente de tamaño mediano con algunas frutas, y se retiró rápidamente. Las niñas comieron como si nunca hubieran comido, después de largas horas sin hacerlo, era obvio.
Mientras tanto Aniel conversaba con el padre Daniel. Su conversación basada en temas religiosos y de las jóvenes allegadas les hizo entrar en razón de que ya no había tempo que esperar.
- Ya comenzó la era, padre. La era de los demonios en Celeron. Las niñas tienen que viajar hacia allá cuanto antes.
- Lo se, lo se Aniel. Pero el comité no estará de acuerdo con mandarlas sin entrenamiento tanto físico como psicológico. Necesitan aprender un montón de cosas que solo tú puedes enseñarles en un tiempo corto.
- No esto segura, padre. Se que les debo explicar millones de cosas, pero no se si alcanzare. Recién se vienen integrando a este mundo y sin siquiera saber bien la razón. Tienen solo dieciséis años, padre. Son niñas. No debemos presionarlas tanto.
- Recuerda que ya no son igual que hace dos o tres días. Cada día van evolucionando más y más. Va a llegar un trance en el que serán completamente inhumanas, y ese trance es el esperado, porque ahí estarán mucho más que listas para enfrentarse a muchas fuerzas malignas.
- Ya se todo eso, padre. Espero que ese momento llegue pronto. Se que pueden hacerlo bien, confío en ellas…
- Recuerda que él no quiere que falles. Sabes que esto es muy importante, Aniel. No es un juego. De ellas depende este país, incluso el mundo entero. Enviaré una carta a Estrangelo, para avisarles que estás aquí, con los ángeles. Querrán saber como estás después de tres años.
- Gracias, padre. Le agradezco lo que hace por mi y por las niñas.
- Y no es necesario que se vayan mañana de inmediato. Pueden ocupar la sala que está al lado de las campanas para que puedas comenzar con el entrenamiento. No tengo problema.
- Se lo agradecería mucho, padre Daniel. Gracias nuevamente.
Aniel se paró de su silla y le dio las buenas noches al sacerdote. Se dirigió a la habitación de las jóvenes, las cuales estaban sentadas en una cama, esperando por la que venía.
- Niñas, disculpen si me demoré. Debía hablar cosas importantes con el padre. Por ahora quiero que duerman para mañana levantarlas temprano y empezar con su entrenamiento.
- ¿Entrenamiento? – preguntó Nathalie.
- Por supuesto. Si salvarán al mundo deben saber defenderse ante situaciones. Por lo tanto, mañana empezaremos las prácticas. Aprenderán muchas cosas. Así que ahora duerman, porque las levantare temprano.
- ¿¡Temprano!?- dijo Elizabeth asustada, pues odiaba levantarse temprano. Nunca lo lograba.
- Si, muy temprano.
Aniel apagó una de las luces de la habitación y les dijo buenas noches. Las jóvenes se acostaron en la cama, tapadas hasta la nariz, con frío y ansiedad, emoción y pena, nervios y curiosidad. Solo querían que fuera mañana, para poder responder a todas las preguntas que tenían en su interior.
Nathalie y Diana se durmieron en instantes. Elizabeth se quedaba pensando en su familia. Le caían lágrimas por los ojos, sollozando despacito sin hacer ni un ruido. Se durmió apretando la fotografía de su madre y hermana. Mientras que Emily, solo quería empezar luego con todo esto. Desde niña sintió que debía hacer algo importante, algo único y extraño. Solo escuchaba la lluvia azotarse contra los vidrios de colores de las ventanas de la habitación. Por fin se cumplirían sus fantasías, sus anhelos y sería alguien en la vida, aunque legalmente no sería nadie.
CAPITULO IV
- Lo se, Emily… aparte de tu crecida de cabello y todo, lo presiento, ese es mi trabajo – decía la mujer con tranquilidad.
- ¿Qué es lo que sabe? – le dijo Emily.
- Mmm…que por ejemplo, ya no eres completamente normal….que no puedes sufrir ningún daño ya que tu cuerpo se repara de las heridas…
- ¡Como sabe eso!
- Creo que llegó el momento de contarte en lo que en verdad te estas convirtiendo, Emily.
Dicho esto, invito a sentarse a las otras dos. Vio la imagen colgada del cuello de Elizabeth, y su expresión de cara cambió rotundamente. Habían llegado demasiado lejos.
- Primero que todo, dejen presentarme. Mi nombre es Aniel. Trabajo para una iglesia muy importante la cual no daré el nombre, pero les basta con decir que personas no muy normales trabajan allí. bueno, el caso es que, ese amuleto, esa imagen que te di que me doy cuenta de que ahora paso a otras manos, te lo di solo porque era mi deber dártelo, y también era el destino. Esa imagen es del arcángel Saraquel, quien vigila que todos los ángeles estén haciendo lo correcto, los ve y les enseña—
- Espere, espere…de que diablos está hablando. no crea que creeremos todo eso….los ángeles no existen y nunca existirán – interrumpió Elizabeth.
- Solo déjame terminar. Veras que cuando termine, no pensaras lo mismo. como iba diciendo, la imagen corresponde a dicho arcángel. Aquel objeto tiene más valor de lo que ustedes creen. Por él sobrevivieron a sus catástrofes, sus accidentes, ¿o creen que era demasiada coincidencia? Después que le pidieron un favor eterno a Saraquel ya nada es lo mismo. No son las mimas nunca más. Se comienzan lentamente a convertirse en otro ser, en otra figura con poder mas allá de lo sobrenatural… Quizás aún no lo descubran, pero tarde o temprano lo harán. y se que todo esto es tan de improvisto, pero lo entenderán con mayor claridad cuando se manifiesten los más importantes síntomas.
Miradas perdidas se reflejaban en las jóvenes. No sabían de lo que Aniel hablaba, lo cual, ésta lo presintió y finalmente les dijo:
- Encuéntrenme mañana aquí en este mismo lugar a esta misma hora – y partió con pasos apresurados hacia la puerta de salida.
Todas se quedaron mirando por enésima vez.
- ¿Qué fue eso? – preguntó Nathalie.
- No se…pero… - respondió Emily.
- ¿No sabes que? – le dijo Elizabeth.
- Que…es que no se como explicarme. Volvamos a la pensión – dijo y se dirigieron hacia dicho lugar.
Ya instaladas allí, no durmieron muy bien. En resumen no durmieron. Emily pensaba y pensaba en aquello, mientras se observaba el cabello que al parecer no paraba de crecer, al igual que el de Elizabeth.
- No entiendo nada…. – decía Emily.
- Nada, ¿de que? – le respondía Nathalie.
- De esto. ¿Por que mi pelo está largo?, es decir, está exageradamente largo. Y el de Elizabeth va por las mismas por lo que veo - . Elizabeth no decía nada. Estaba acostada con su rostro volteado mirando a la pared, despierta pero parecía dormida. Sin embargo, no tenías ganas de hablar.
Emily se daba un par de vueltas por el pequeño cuarto, buscando una respuesta. Pero no la encontraba. Nathalie solo la miraba. Eran ya mas de las una de la mañana, pero no tenían sueño. En esas circunstancias, nadie tenía sueño. Lo que más despreocupaba era que las encontraran y su viaje indeterminado quedara hasta la mitad.
Emily despertó por la fuerte lluvia que chocaba contra el techo de lata oxidada de la habitación. Era un día horrible y húmedo. Lleno de agua por todas partes. La joven se levantó de la pequeña cama para mirar por la ventana las gotas fuertes que rodaban por el vidrio a cantaros. Pero al voltearse, se dio cuenta que algo faltaba. Aunque hubiera dormido sentada en una cama de una plaza y media para tres niñas de dieciséis años, era notorio que faltaba una de ellas. Miro alrededor.
- Nat… ¡Nat!... ¿donde está Beth? – le preguntó a Nathalie aun dormida. Pero esta parecía no tener idea de lo que pasaba. Recién despertaba y no se había dado cuenta de nada.
Emily comenzó por buscar fuera de la habitación, donde había un pasillo con muchas puertas en los costados, y al final una escalera, pero sin éxito. Se asomó por la ventana nuevamente y no veía más que agua e imágenes borrosas de personas en la calle. Seguramente fue a dar un paseo, se dijo a si misma, pero a la vez se contradecía diciéndose que como salir con esta tormenta. Bajó por las escaleras y permaneció ahí afuerita para ver algo. Mientras tanto, Nathalie no quería levantarse. Tenia frío y sentía que si sacaba un dedo fuera de las frazadas, se congelaría. Al pensar esto notó que sobraba algo en su mano izquierda. Tenía en sus manos un objeto y lo apretaba sin querer. Se sorprendió al visualizar lo que asía en su mano, y por lo mismo, salió tras Emily, bajó las escaleras y le preguntó sobre Elizabeth.
- Te pregunté hace poco y no tenías idea de lo que hablaba…creo que aun estabas dormida – le dijo Emily.
- Pero… ¿Dónde fue?
- No se…no la he visto. Lo que me preocupa es que esté por ahí y la puedan atrapar algún policía o algo por el estilo. Además, hace frío…
Nadie sabía donde estaba la joven. Lo peor es que no avisó ni nada. Entonces, pensaron que se había rendido y había vuelto a Olidata, pero no era seguro, nada era seguro.
- Escucha, yo voy por un lado y tu por este otro y buscala en los locales que vendan cosas para comer o algo… - le dijo Nathalie.
- Pero como…no tiene más dinero…
- No importa…es mejor que busques de todas formas. Y también buscala ahí donde estuvimos anoche.
Emily fue caminando muy calmada por la calle. Echó un vistazo a las tiendas de comida, pero no había nadie a las once de la mañana. Paso por el mismo lugar en donde se habían encontrado a la misteriosa mujer de nombre Aniel. Emily, entró a éste sitio y buscó hasta encontrar a la persona equivocada.
- Hola de nuevo, Emily – le dijo la voz femenina.
Era Aniel, quien estaba sentada en la misma mesa de la noche anterior.
- ¿Tu?, ¿Qué haces aquí?, se supone que nos veríamos en la noche, a la misma hora y todo eso… - le dijo Emily.
- Vine aquí en este instante para comunicarte una cosa.
- ¿Sabes donde está Elizabeth?
- No…nada de eso. Creo que ella no es la que debe preocuparte ahora en este preciso momento.
- ¿De que hablas?
- De tu otra compañera…
- ¿Nathalie? ¿Qué hay con ella?
- Mira por la ventana y velo tu misma.
La joven reaccionó al momento y dirigió su mirada a uno de los más terribles accidentes que jamás vio. Nathalie cruzaba la calle, con el piso resbaladizo, lleno de agua y peligroso. No sintió cuando el bus de turismo la golpeó tan fuerte en las piernas que salió volando por el impacto metros más allá del lugar, aterrizando en un cerro de arena de construcción. Elizabeth observo todo también, pues estaba sentada en una banca frente a la calle. Nathalie había atravesado para ir a buscarla, pero el destino se lo impidió haciéndola chocar contra ese bus. Luego de que ella volara, Elizabeth solo miraba el bus que perdía el control cada vez mas hasta impactar con un poste de luz, el cual al reaccionar con el combustible hizo explosión en menos de cinco segundo. Al parecer, nadie se salvó de aquel siniestro, más la joven accidentada yacía aún de guata al suelo de arena.
- ¡¡¡Nat!!! – grito Emily antes de salir corriendo como loca al rescate de su amiga.
Estaba histérica y no sabía cuan grave estaba Nathalie. Tampoco sabía el lugar exacto por donde había llegado. Mucha gente se reunió alrededor de la joven y Emily captó y entendió que allí se encontraba su compañera. Había sangre en muchas partes, y las piernas de Nathalie estaban casi deformadas.
- ¡Dios, Nat!, reacciona… - le decía Emily llorando. Alguna que otra persona llamo a una ambulancia urgentemente.
Mientras Emily lloraba, no se había percatado de que en la empuñada mano de Nat, se escondía un colgante conocido.
- Saraquel… - dijo antes de que su amiga tirada en el piso se comenzara a levantar lentamente y a recomponer sus piernas, sus heridas y todo lo demás. Emily quedo mucho más que sorprendida. No hallaba que decir. No sabia lo que estaba pasando, solo que Nathalie estaba viva aún, y que Elizabeth se dirigía hacia ellas con temor de ver a una de sus mejores amigas muerta. Pero no fue así, toda la gente vio que la niña se sentaba de a poco y arreglaba sus extremidades inferiores para luego mirar a Emily con la cara sangrienta pero sin ni una herida.
- Emily….- le dijo. En cuanto a ésta, no se dejaba de sorprender. Se volteó a ver a Aniel, la cual estaba en la puerta del local mirando cuidadosamente, y con una leve sonrisa de alivio en el rostro.
Con rapidez se dirigieron al pequeño cuarto arrendado, las tres jóvenes y la mujer. Sin duda alguna, Nathalie ahora era parte de la petición hecha al arcángel Saraquel. Elizabeth antes de irse de la pensión a dar una vuelta, solo a eso, le dejó la imagen de éste en la mano de Nat. Según ella, sintió que debía dejárselo porque lo necesitaría tarde o temprano, al igual que Emily lo hizo con ella. Como era de suponer, los tejidos de Nathalie comenzaron a regenerarse y sus huesos a regresar a su lugar luego del accidente. Era el síntoma que todas habían tenido luego de sus hazañas a alto riesgo. Solo faltaba que el cabello le creciera, lo que pasaría tarde o temprano.
- Por favor, explíquenos que es lo que está pasando ahora, pero queremos la verdad – le dijo Emily a Aniel.
- A decir verdad no he dicho ni una mentira, todo lo que les he contado es verdad.
- Por favor, no nos convencerá de eso. De que el arcángel no se cuanto, y no se que… - le dijo Elizabeth. Nathalie permanecía callada.
- Niñas, llego la hora de que sepan todo. Es lo mejor.
- ¡Ay, ya hable de una vez! – le dijo Elizabeth.
- Son ángeles.
Un gran silencio invadió la habitación. Nadie procesaba lo dicho, y no querían hacerlo tampoco. Era absurdo.
- No me haga reír. Deje de hablar de eso – le decía Elizabeth.
- No les miento, y aun si les mintiera se darían cuanta igual, por los síntomas que vendrían después. No quiero alarmarlas ni nada de eso, pero es la verdad. Ya no son normales, nunca más.
- Es…difícil de creer… - decía Emily.
- ¡No! No es difícil, ¡si no imposible! - dijo Elizabeth.
- ¿Por qué les mentiría? – dijo Aniel.
- Para…no se…hacernos alguna broma o hacernos sentir mal…tal vez es una cámara indiscreta. – dijo Elizabeth.
- Por favor, no. Solo creanme. Es cuestión de fe.
Ya nadie sabia que pensar, pero cada frase, cada palabra que decía la mujer hacia que sus pensamientos negativos cambiaran. Aniel se uso en dirección a la puerta de salida y camino. Nadie la detuvo. Todas permanecieron calladas y mientras la veían irse lentamente.
Nathalie ya estaba bien. Y sin darse cuenta, uno que otro cabello comenzaba a alargarse poco a poco. Pero ese no era el punto.
- ¿Qué hacemos ahora? – dijo Nat.
- Que nos queda…creerle… - le respondió Emily.
- ¿¡Que?! , no creerás todo lo que esa lunática dijo Emily.
- No nos queda otra, si no, explícame lo que nos esta pasando con un tema mas coherente que el de ella.
Elizabeth no respondió, porque la verdad era que no sabía que decir. Por dentro, sabia que todo esto podía ser verdad, pero no lo quería asumir.
- Creo que debemos discutir esto – dijo Nat.
- Creo que lo mismo, pero necesito que Aniel me diga todo lo que sabe que nos esta pasando, al fin y al cabo, es verdad – le respondió Emily mientras de volteaba para ir en busca de la mujer.
- ¡Espera!, es que… ¿Qué hay si todo esto es cierto?...no seríamos humanas, o nos crecerían alas, o no se… - decía Nathalie.
- Es lo que quiero averiguar –y rápidamente, Emily corrió hasta alcanzar a Aniel y decirle;
- Por favor, dígame todo lo que nos tiene que decir.
Con una leve sonrisa, Aniel le respondió a Emily:
- Si, lo haré. Pero primero necesitan conocer a alguien.
- ¿Qué es lo que sabe? – le dijo Emily.
- Mmm…que por ejemplo, ya no eres completamente normal….que no puedes sufrir ningún daño ya que tu cuerpo se repara de las heridas…
- ¡Como sabe eso!
- Creo que llegó el momento de contarte en lo que en verdad te estas convirtiendo, Emily.
Dicho esto, invito a sentarse a las otras dos. Vio la imagen colgada del cuello de Elizabeth, y su expresión de cara cambió rotundamente. Habían llegado demasiado lejos.
- Primero que todo, dejen presentarme. Mi nombre es Aniel. Trabajo para una iglesia muy importante la cual no daré el nombre, pero les basta con decir que personas no muy normales trabajan allí. bueno, el caso es que, ese amuleto, esa imagen que te di que me doy cuenta de que ahora paso a otras manos, te lo di solo porque era mi deber dártelo, y también era el destino. Esa imagen es del arcángel Saraquel, quien vigila que todos los ángeles estén haciendo lo correcto, los ve y les enseña—
- Espere, espere…de que diablos está hablando. no crea que creeremos todo eso….los ángeles no existen y nunca existirán – interrumpió Elizabeth.
- Solo déjame terminar. Veras que cuando termine, no pensaras lo mismo. como iba diciendo, la imagen corresponde a dicho arcángel. Aquel objeto tiene más valor de lo que ustedes creen. Por él sobrevivieron a sus catástrofes, sus accidentes, ¿o creen que era demasiada coincidencia? Después que le pidieron un favor eterno a Saraquel ya nada es lo mismo. No son las mimas nunca más. Se comienzan lentamente a convertirse en otro ser, en otra figura con poder mas allá de lo sobrenatural… Quizás aún no lo descubran, pero tarde o temprano lo harán. y se que todo esto es tan de improvisto, pero lo entenderán con mayor claridad cuando se manifiesten los más importantes síntomas.
Miradas perdidas se reflejaban en las jóvenes. No sabían de lo que Aniel hablaba, lo cual, ésta lo presintió y finalmente les dijo:
- Encuéntrenme mañana aquí en este mismo lugar a esta misma hora – y partió con pasos apresurados hacia la puerta de salida.
Todas se quedaron mirando por enésima vez.
- ¿Qué fue eso? – preguntó Nathalie.
- No se…pero… - respondió Emily.
- ¿No sabes que? – le dijo Elizabeth.
- Que…es que no se como explicarme. Volvamos a la pensión – dijo y se dirigieron hacia dicho lugar.
Ya instaladas allí, no durmieron muy bien. En resumen no durmieron. Emily pensaba y pensaba en aquello, mientras se observaba el cabello que al parecer no paraba de crecer, al igual que el de Elizabeth.
- No entiendo nada…. – decía Emily.
- Nada, ¿de que? – le respondía Nathalie.
- De esto. ¿Por que mi pelo está largo?, es decir, está exageradamente largo. Y el de Elizabeth va por las mismas por lo que veo - . Elizabeth no decía nada. Estaba acostada con su rostro volteado mirando a la pared, despierta pero parecía dormida. Sin embargo, no tenías ganas de hablar.
Emily se daba un par de vueltas por el pequeño cuarto, buscando una respuesta. Pero no la encontraba. Nathalie solo la miraba. Eran ya mas de las una de la mañana, pero no tenían sueño. En esas circunstancias, nadie tenía sueño. Lo que más despreocupaba era que las encontraran y su viaje indeterminado quedara hasta la mitad.
Emily despertó por la fuerte lluvia que chocaba contra el techo de lata oxidada de la habitación. Era un día horrible y húmedo. Lleno de agua por todas partes. La joven se levantó de la pequeña cama para mirar por la ventana las gotas fuertes que rodaban por el vidrio a cantaros. Pero al voltearse, se dio cuenta que algo faltaba. Aunque hubiera dormido sentada en una cama de una plaza y media para tres niñas de dieciséis años, era notorio que faltaba una de ellas. Miro alrededor.
- Nat… ¡Nat!... ¿donde está Beth? – le preguntó a Nathalie aun dormida. Pero esta parecía no tener idea de lo que pasaba. Recién despertaba y no se había dado cuenta de nada.
Emily comenzó por buscar fuera de la habitación, donde había un pasillo con muchas puertas en los costados, y al final una escalera, pero sin éxito. Se asomó por la ventana nuevamente y no veía más que agua e imágenes borrosas de personas en la calle. Seguramente fue a dar un paseo, se dijo a si misma, pero a la vez se contradecía diciéndose que como salir con esta tormenta. Bajó por las escaleras y permaneció ahí afuerita para ver algo. Mientras tanto, Nathalie no quería levantarse. Tenia frío y sentía que si sacaba un dedo fuera de las frazadas, se congelaría. Al pensar esto notó que sobraba algo en su mano izquierda. Tenía en sus manos un objeto y lo apretaba sin querer. Se sorprendió al visualizar lo que asía en su mano, y por lo mismo, salió tras Emily, bajó las escaleras y le preguntó sobre Elizabeth.
- Te pregunté hace poco y no tenías idea de lo que hablaba…creo que aun estabas dormida – le dijo Emily.
- Pero… ¿Dónde fue?
- No se…no la he visto. Lo que me preocupa es que esté por ahí y la puedan atrapar algún policía o algo por el estilo. Además, hace frío…
Nadie sabía donde estaba la joven. Lo peor es que no avisó ni nada. Entonces, pensaron que se había rendido y había vuelto a Olidata, pero no era seguro, nada era seguro.
- Escucha, yo voy por un lado y tu por este otro y buscala en los locales que vendan cosas para comer o algo… - le dijo Nathalie.
- Pero como…no tiene más dinero…
- No importa…es mejor que busques de todas formas. Y también buscala ahí donde estuvimos anoche.
Emily fue caminando muy calmada por la calle. Echó un vistazo a las tiendas de comida, pero no había nadie a las once de la mañana. Paso por el mismo lugar en donde se habían encontrado a la misteriosa mujer de nombre Aniel. Emily, entró a éste sitio y buscó hasta encontrar a la persona equivocada.
- Hola de nuevo, Emily – le dijo la voz femenina.
Era Aniel, quien estaba sentada en la misma mesa de la noche anterior.
- ¿Tu?, ¿Qué haces aquí?, se supone que nos veríamos en la noche, a la misma hora y todo eso… - le dijo Emily.
- Vine aquí en este instante para comunicarte una cosa.
- ¿Sabes donde está Elizabeth?
- No…nada de eso. Creo que ella no es la que debe preocuparte ahora en este preciso momento.
- ¿De que hablas?
- De tu otra compañera…
- ¿Nathalie? ¿Qué hay con ella?
- Mira por la ventana y velo tu misma.
La joven reaccionó al momento y dirigió su mirada a uno de los más terribles accidentes que jamás vio. Nathalie cruzaba la calle, con el piso resbaladizo, lleno de agua y peligroso. No sintió cuando el bus de turismo la golpeó tan fuerte en las piernas que salió volando por el impacto metros más allá del lugar, aterrizando en un cerro de arena de construcción. Elizabeth observo todo también, pues estaba sentada en una banca frente a la calle. Nathalie había atravesado para ir a buscarla, pero el destino se lo impidió haciéndola chocar contra ese bus. Luego de que ella volara, Elizabeth solo miraba el bus que perdía el control cada vez mas hasta impactar con un poste de luz, el cual al reaccionar con el combustible hizo explosión en menos de cinco segundo. Al parecer, nadie se salvó de aquel siniestro, más la joven accidentada yacía aún de guata al suelo de arena.
- ¡¡¡Nat!!! – grito Emily antes de salir corriendo como loca al rescate de su amiga.
Estaba histérica y no sabía cuan grave estaba Nathalie. Tampoco sabía el lugar exacto por donde había llegado. Mucha gente se reunió alrededor de la joven y Emily captó y entendió que allí se encontraba su compañera. Había sangre en muchas partes, y las piernas de Nathalie estaban casi deformadas.
- ¡Dios, Nat!, reacciona… - le decía Emily llorando. Alguna que otra persona llamo a una ambulancia urgentemente.
Mientras Emily lloraba, no se había percatado de que en la empuñada mano de Nat, se escondía un colgante conocido.
- Saraquel… - dijo antes de que su amiga tirada en el piso se comenzara a levantar lentamente y a recomponer sus piernas, sus heridas y todo lo demás. Emily quedo mucho más que sorprendida. No hallaba que decir. No sabia lo que estaba pasando, solo que Nathalie estaba viva aún, y que Elizabeth se dirigía hacia ellas con temor de ver a una de sus mejores amigas muerta. Pero no fue así, toda la gente vio que la niña se sentaba de a poco y arreglaba sus extremidades inferiores para luego mirar a Emily con la cara sangrienta pero sin ni una herida.
- Emily….- le dijo. En cuanto a ésta, no se dejaba de sorprender. Se volteó a ver a Aniel, la cual estaba en la puerta del local mirando cuidadosamente, y con una leve sonrisa de alivio en el rostro.
Con rapidez se dirigieron al pequeño cuarto arrendado, las tres jóvenes y la mujer. Sin duda alguna, Nathalie ahora era parte de la petición hecha al arcángel Saraquel. Elizabeth antes de irse de la pensión a dar una vuelta, solo a eso, le dejó la imagen de éste en la mano de Nat. Según ella, sintió que debía dejárselo porque lo necesitaría tarde o temprano, al igual que Emily lo hizo con ella. Como era de suponer, los tejidos de Nathalie comenzaron a regenerarse y sus huesos a regresar a su lugar luego del accidente. Era el síntoma que todas habían tenido luego de sus hazañas a alto riesgo. Solo faltaba que el cabello le creciera, lo que pasaría tarde o temprano.
- Por favor, explíquenos que es lo que está pasando ahora, pero queremos la verdad – le dijo Emily a Aniel.
- A decir verdad no he dicho ni una mentira, todo lo que les he contado es verdad.
- Por favor, no nos convencerá de eso. De que el arcángel no se cuanto, y no se que… - le dijo Elizabeth. Nathalie permanecía callada.
- Niñas, llego la hora de que sepan todo. Es lo mejor.
- ¡Ay, ya hable de una vez! – le dijo Elizabeth.
- Son ángeles.
Un gran silencio invadió la habitación. Nadie procesaba lo dicho, y no querían hacerlo tampoco. Era absurdo.
- No me haga reír. Deje de hablar de eso – le decía Elizabeth.
- No les miento, y aun si les mintiera se darían cuanta igual, por los síntomas que vendrían después. No quiero alarmarlas ni nada de eso, pero es la verdad. Ya no son normales, nunca más.
- Es…difícil de creer… - decía Emily.
- ¡No! No es difícil, ¡si no imposible! - dijo Elizabeth.
- ¿Por qué les mentiría? – dijo Aniel.
- Para…no se…hacernos alguna broma o hacernos sentir mal…tal vez es una cámara indiscreta. – dijo Elizabeth.
- Por favor, no. Solo creanme. Es cuestión de fe.
Ya nadie sabia que pensar, pero cada frase, cada palabra que decía la mujer hacia que sus pensamientos negativos cambiaran. Aniel se uso en dirección a la puerta de salida y camino. Nadie la detuvo. Todas permanecieron calladas y mientras la veían irse lentamente.
Nathalie ya estaba bien. Y sin darse cuenta, uno que otro cabello comenzaba a alargarse poco a poco. Pero ese no era el punto.
- ¿Qué hacemos ahora? – dijo Nat.
- Que nos queda…creerle… - le respondió Emily.
- ¿¡Que?! , no creerás todo lo que esa lunática dijo Emily.
- No nos queda otra, si no, explícame lo que nos esta pasando con un tema mas coherente que el de ella.
Elizabeth no respondió, porque la verdad era que no sabía que decir. Por dentro, sabia que todo esto podía ser verdad, pero no lo quería asumir.
- Creo que debemos discutir esto – dijo Nat.
- Creo que lo mismo, pero necesito que Aniel me diga todo lo que sabe que nos esta pasando, al fin y al cabo, es verdad – le respondió Emily mientras de volteaba para ir en busca de la mujer.
- ¡Espera!, es que… ¿Qué hay si todo esto es cierto?...no seríamos humanas, o nos crecerían alas, o no se… - decía Nathalie.
- Es lo que quiero averiguar –y rápidamente, Emily corrió hasta alcanzar a Aniel y decirle;
- Por favor, dígame todo lo que nos tiene que decir.
Con una leve sonrisa, Aniel le respondió a Emily:
- Si, lo haré. Pero primero necesitan conocer a alguien.
CAPITULO III
La loca idea de Emily llevó a Elizabeth tomar una decisión definitiva. Incluyeron a Nathalie en el “viaje” que harían para ser libres como decía Emily.
Después que se libraron de los policías corriendo como ratones, hechas unas flechas, se encontraron en una calle totalmente oscura por la zona. El policía a cargo quería llevarse a Elizabeth con su padre. Elizabeth aún tenía padre, solo que para ella es como si éste no existiera, pues tiene muy malos recuerdos de él. Por lo tanto, re rehusó a vivir con él por el resto de su vida. Recordó lo que Emily había hecho cuando se libró de los policías en su casa y lo único que hizo fue correr por un lado y Emily por el otro. Ambas corrían casi el mismo destino, por eso, a una se le ocurrió una idea ridícula.
- Elizabeth, fuguémonos…-.
- ¿Qué? ¿estás loca o te haces? No podría…debo quedarme aquí y encargarme d lo que pasó… - al decir esto se le llenaron los ojos de lágrimas.
- Elizabeth, te juro que nadie te entiende mejor que yo, pero el punto es que corremos el mismo destino ya. Debemos irnos de Olidata y no volver, y se que lo quieres. Se que quieres ser libre…
- Ya te dije lo que opinaba sobre eso… Emily, no estoy en condiciones de dejar todo botado y mandarme a cambiar como si nada…
- Sabes que te apoyare en todo siempre…pero lo mejor es que te vayas conmigo ahora…créeme…y se que lo estas haciendo porque comienzas a mirarme a los ojos y repetir cada palabra que de lo que te digo en tu mente porque en el fondo sabes que lo que estoy diciendo, es verdad.
- Emily, yo…no se que es lo quiero…
- Pues entonces déjame elegir por ti…nos vamos y nadie nos encuentra…
- Mi papá me buscara y me encontrará…
- No si no quieres ser encontrada…
Emily empezó a caminar y se dio cuenta de que su amiga la seguía detrás con pasos lentos, pero seguros.
- ¿A donde vamos ahora? – le preguntó Elizabeth.
- A buscar a Nathalie. La llevare conmigo.
- ¿¡Que!? , sabías que estabas loca, pero…
- No lo tomes así, Nathalie estará mejor con nosotras que en esa residencia para niños bobos.
Elizabeth hizo una mueca a escondidas. No sabía si confiar en Emily, pero sentía que debía hacerlo, tenía una corazonada.
Se fueron por un lugar donde nadie pudiera encontrarlos a esas horas. Olidata era una ciudad muy tranquila tanto en el día como en la noche, no había problema. Además que el orfanato donde estaba Nathalie estaba cerca.
Elizabeth tenía solo en sus bolsillos su billetera y su celular. Sacó el celular y llamó a Nathalie quien estaba dormida, pues en ese lugar los hacían dormir a las nueve, y en ese entonces era las nueve y cuarenta minutos. Emily tomó el celular y le llamó.
- ¿Elizabeth? ¿Por qué llamas a esta hora? – le preguntó Nathalie.
- No soy Elizabeth, soy Emily. Nat, tienes que salir ahora mismo.
- ¿De que estás hablando?, Emily, quizás para ti no, pero para mi es tarde y quiero dormir. Sabes que no tengo ni ánimo ni tiempo para estar jugando…
- ¡Nat! Hablo en serio, estoy con Elizabeth aquí afuera tras la muralla del patio, la muralla de ladrillo… ¡sal!
- Esto es de locos…
Nathalie se dirigió hacia el patio y se impulsó para ver tras la muralla.
- ¡Elizabeth! ¡Emily! ¿Qué hacen aquí a esta hora? Me pueden ver…
- Nos vamos…
- ¿A dónde?
- A cualquier sitio, fuera de Olidata…donde nadie nos pueda encontrar…
- ¿De que estás hablando?
- Es verdad Nat…voy con ella… ¿vienes?
- Pero que…esperen…esto no es una broma ¿verdad?
- ¡No! Pero si quieres venir debes hacerlo ahora, por favor…
- Pero necesito tiempo para pensarlo…
- ¡¡No hay tiempo, Nathalie!! ¿vienes o no?
La chica lo pensó un par de segundos…en realidad, sin pensarlo bajo del muro y volvió a su cuarto. Las otras dos pensaron que eso era un “no”, pero al rato, algo se lanzó por el muro, y calló sobre Emily. Era un bolso algo pesado pero no incomodo. Luego, Nathalie bajo.
- Bien, esta es mi decisión.
- Una vez tomada no puedes volver atrás…
- Solo vámonos antes de que sepan que no estoy.
Y el trío se dirigió hacia el camino contrario, el cual los llevaba a la carretera directamente al cabo de veinte minutos caminando.
- ¡Dios! ¿Qué les paso a ustedes dos en el cabello?
- ¿De que hablas? – le preguntó Emily, in darse cuenta de que su pelo estaba a las rodillas y el de Elizabeth, quien lo tenía normalmente hasta los hombros, lo tenía a mitad de espalda.
- ¿Son extensiones o que?
- No, no, no…a decir verdad no se que me está pasando…
- ¿Sigues con al idea de que puedes curarte rápidamente?
- Por supuesto, y mas ahora que no soy la única…
Nathalie miró a Elizabeth quien había permanecido callada todo ese instante. No quería hablar, quería llorar, pero nunca aprendió a hacerlo en público. Siempre se ocultaba o implemente se aguantaba. Emily y Nathalie la habían visto llorar solo un par de veces, desde hace ocho años.
- ¿Elizabeth, que te pasa? – le preguntó Nathalie.
- Ella solo no quiere hablar… - le respondió Emily.
- Mi familia murió hace más de una hora en un incendio…
Dicho esto, todas callaron, solo se escuchaba el sollozo de Elizabeth. Nat no quería decir nada que le produjera mas daño del que ya tenía.
- Pero…como es que…
- Nadie sabe como se ocasionó el fuego…prefiero no saberlo. Quiero olvidarlo.
Nat se adelanto y le dio un fuerte abrazo del cual, Elizabeth no puedo resistir mas las lagrimas. Fue un momento emotivo.
Pasaron cinco minutos y luego siguieron su camino.
No fue difícil pasar la frontera que unía Olidata con Garamond, ciudad vecina. Emily lo había intentado miles de veces durante su vida, pero sin éxito. Al fin podría realizarlo.
La frontera era un camino solo de campo. Pasto verde y algo de trigo, árboles y plantas. Era muy lindo, pero las niñas iban de noche y no se podía ver nada de nada. Solo algunas luces a lo lejos de Garamond, pero eran como dos kilómetros más allá.
Eran las diez de la noche.
- Emily… ¿estás segura que debemos ir hacia allá?, digo, es una ciudad que queda muy cerca, nos encontrarán – preguntó Nathalie.
- Solo confía en mi, es lo único que les pido…
- Pero es de noche, no veremos nada…quizás nos caigamos en algún lago o nos coman los lobos u otros animales… - dijo Nathalie algo exagerada.
- No seas tonta, conozco este camino mejor que nadie. No hay lagos. Por lo menos no por aquí. Sobre los animales, estamos más o menos lejos del bosque, no nos “comerán”.
Elizabeth seguía callada, prefería no decir nada, solo seguía a Emily. De pronto decidió romper el silencio.
- ¿Y que pasará con el colegio? ¿con nuestros estudios? -.
- Eso no lo se…pero…aun tienen tiempo de regresar…
- No me refería a volver…solo preguntaba…no quiero ser una porra…
Emily no halló que decir. Ella tampoco quería perder sus estudios. No era excelente alumna, pero quería ser alguien en la vida. Además, pensó, que le faltaba solo un año para salir de la escuela.
Como sea, caminaron como por una hora aproximadamente siguiendo a Emily sin saber por donde pisar. Lo único que sentía era el pasto rozar por sus pantalones. Había más de cuatro grados bajo cero a esa hora. Estaban muy arropadas entonces, pero aún así, el frió se sentía como espigas y cuchillos que se clavaban en cada parte de sus manos y cara. Eran cerca de las once de la noche ya. Entraron a la ciudad por medio de una plaza grande con mucha forestación y bancas escarchadas. La helada ya caía en Garamond y las niñas no traían mas que lo que tenían puesto. Se sentaron un rato en una banquita, y Emily comenzó a explicarle los hechos que ocurrieron en la catástrofe en la casa de Elizabeth. Le habló también acerca de la imagen quien la tenía aún colgada Elizabeth en su cuello.
Después que se libraron de los policías corriendo como ratones, hechas unas flechas, se encontraron en una calle totalmente oscura por la zona. El policía a cargo quería llevarse a Elizabeth con su padre. Elizabeth aún tenía padre, solo que para ella es como si éste no existiera, pues tiene muy malos recuerdos de él. Por lo tanto, re rehusó a vivir con él por el resto de su vida. Recordó lo que Emily había hecho cuando se libró de los policías en su casa y lo único que hizo fue correr por un lado y Emily por el otro. Ambas corrían casi el mismo destino, por eso, a una se le ocurrió una idea ridícula.
- Elizabeth, fuguémonos…-.
- ¿Qué? ¿estás loca o te haces? No podría…debo quedarme aquí y encargarme d lo que pasó… - al decir esto se le llenaron los ojos de lágrimas.
- Elizabeth, te juro que nadie te entiende mejor que yo, pero el punto es que corremos el mismo destino ya. Debemos irnos de Olidata y no volver, y se que lo quieres. Se que quieres ser libre…
- Ya te dije lo que opinaba sobre eso… Emily, no estoy en condiciones de dejar todo botado y mandarme a cambiar como si nada…
- Sabes que te apoyare en todo siempre…pero lo mejor es que te vayas conmigo ahora…créeme…y se que lo estas haciendo porque comienzas a mirarme a los ojos y repetir cada palabra que de lo que te digo en tu mente porque en el fondo sabes que lo que estoy diciendo, es verdad.
- Emily, yo…no se que es lo quiero…
- Pues entonces déjame elegir por ti…nos vamos y nadie nos encuentra…
- Mi papá me buscara y me encontrará…
- No si no quieres ser encontrada…
Emily empezó a caminar y se dio cuenta de que su amiga la seguía detrás con pasos lentos, pero seguros.
- ¿A donde vamos ahora? – le preguntó Elizabeth.
- A buscar a Nathalie. La llevare conmigo.
- ¿¡Que!? , sabías que estabas loca, pero…
- No lo tomes así, Nathalie estará mejor con nosotras que en esa residencia para niños bobos.
Elizabeth hizo una mueca a escondidas. No sabía si confiar en Emily, pero sentía que debía hacerlo, tenía una corazonada.
Se fueron por un lugar donde nadie pudiera encontrarlos a esas horas. Olidata era una ciudad muy tranquila tanto en el día como en la noche, no había problema. Además que el orfanato donde estaba Nathalie estaba cerca.
Elizabeth tenía solo en sus bolsillos su billetera y su celular. Sacó el celular y llamó a Nathalie quien estaba dormida, pues en ese lugar los hacían dormir a las nueve, y en ese entonces era las nueve y cuarenta minutos. Emily tomó el celular y le llamó.
- ¿Elizabeth? ¿Por qué llamas a esta hora? – le preguntó Nathalie.
- No soy Elizabeth, soy Emily. Nat, tienes que salir ahora mismo.
- ¿De que estás hablando?, Emily, quizás para ti no, pero para mi es tarde y quiero dormir. Sabes que no tengo ni ánimo ni tiempo para estar jugando…
- ¡Nat! Hablo en serio, estoy con Elizabeth aquí afuera tras la muralla del patio, la muralla de ladrillo… ¡sal!
- Esto es de locos…
Nathalie se dirigió hacia el patio y se impulsó para ver tras la muralla.
- ¡Elizabeth! ¡Emily! ¿Qué hacen aquí a esta hora? Me pueden ver…
- Nos vamos…
- ¿A dónde?
- A cualquier sitio, fuera de Olidata…donde nadie nos pueda encontrar…
- ¿De que estás hablando?
- Es verdad Nat…voy con ella… ¿vienes?
- Pero que…esperen…esto no es una broma ¿verdad?
- ¡No! Pero si quieres venir debes hacerlo ahora, por favor…
- Pero necesito tiempo para pensarlo…
- ¡¡No hay tiempo, Nathalie!! ¿vienes o no?
La chica lo pensó un par de segundos…en realidad, sin pensarlo bajo del muro y volvió a su cuarto. Las otras dos pensaron que eso era un “no”, pero al rato, algo se lanzó por el muro, y calló sobre Emily. Era un bolso algo pesado pero no incomodo. Luego, Nathalie bajo.
- Bien, esta es mi decisión.
- Una vez tomada no puedes volver atrás…
- Solo vámonos antes de que sepan que no estoy.
Y el trío se dirigió hacia el camino contrario, el cual los llevaba a la carretera directamente al cabo de veinte minutos caminando.
- ¡Dios! ¿Qué les paso a ustedes dos en el cabello?
- ¿De que hablas? – le preguntó Emily, in darse cuenta de que su pelo estaba a las rodillas y el de Elizabeth, quien lo tenía normalmente hasta los hombros, lo tenía a mitad de espalda.
- ¿Son extensiones o que?
- No, no, no…a decir verdad no se que me está pasando…
- ¿Sigues con al idea de que puedes curarte rápidamente?
- Por supuesto, y mas ahora que no soy la única…
Nathalie miró a Elizabeth quien había permanecido callada todo ese instante. No quería hablar, quería llorar, pero nunca aprendió a hacerlo en público. Siempre se ocultaba o implemente se aguantaba. Emily y Nathalie la habían visto llorar solo un par de veces, desde hace ocho años.
- ¿Elizabeth, que te pasa? – le preguntó Nathalie.
- Ella solo no quiere hablar… - le respondió Emily.
- Mi familia murió hace más de una hora en un incendio…
Dicho esto, todas callaron, solo se escuchaba el sollozo de Elizabeth. Nat no quería decir nada que le produjera mas daño del que ya tenía.
- Pero…como es que…
- Nadie sabe como se ocasionó el fuego…prefiero no saberlo. Quiero olvidarlo.
Nat se adelanto y le dio un fuerte abrazo del cual, Elizabeth no puedo resistir mas las lagrimas. Fue un momento emotivo.
Pasaron cinco minutos y luego siguieron su camino.
No fue difícil pasar la frontera que unía Olidata con Garamond, ciudad vecina. Emily lo había intentado miles de veces durante su vida, pero sin éxito. Al fin podría realizarlo.
La frontera era un camino solo de campo. Pasto verde y algo de trigo, árboles y plantas. Era muy lindo, pero las niñas iban de noche y no se podía ver nada de nada. Solo algunas luces a lo lejos de Garamond, pero eran como dos kilómetros más allá.
Eran las diez de la noche.
- Emily… ¿estás segura que debemos ir hacia allá?, digo, es una ciudad que queda muy cerca, nos encontrarán – preguntó Nathalie.
- Solo confía en mi, es lo único que les pido…
- Pero es de noche, no veremos nada…quizás nos caigamos en algún lago o nos coman los lobos u otros animales… - dijo Nathalie algo exagerada.
- No seas tonta, conozco este camino mejor que nadie. No hay lagos. Por lo menos no por aquí. Sobre los animales, estamos más o menos lejos del bosque, no nos “comerán”.
Elizabeth seguía callada, prefería no decir nada, solo seguía a Emily. De pronto decidió romper el silencio.
- ¿Y que pasará con el colegio? ¿con nuestros estudios? -.
- Eso no lo se…pero…aun tienen tiempo de regresar…
- No me refería a volver…solo preguntaba…no quiero ser una porra…
Emily no halló que decir. Ella tampoco quería perder sus estudios. No era excelente alumna, pero quería ser alguien en la vida. Además, pensó, que le faltaba solo un año para salir de la escuela.
Como sea, caminaron como por una hora aproximadamente siguiendo a Emily sin saber por donde pisar. Lo único que sentía era el pasto rozar por sus pantalones. Había más de cuatro grados bajo cero a esa hora. Estaban muy arropadas entonces, pero aún así, el frió se sentía como espigas y cuchillos que se clavaban en cada parte de sus manos y cara. Eran cerca de las once de la noche ya. Entraron a la ciudad por medio de una plaza grande con mucha forestación y bancas escarchadas. La helada ya caía en Garamond y las niñas no traían mas que lo que tenían puesto. Se sentaron un rato en una banquita, y Emily comenzó a explicarle los hechos que ocurrieron en la catástrofe en la casa de Elizabeth. Le habló también acerca de la imagen quien la tenía aún colgada Elizabeth en su cuello.
CAPITULO II
Entró a la casa abandonada. Había pasado menos de un día del accidente. Estaba todo desordenado y sucio. La policía le había dicho que encontraría a su primo mayor que era uno de los parientes que Emily tenía vivo. Emily no quiso escucharlos. No se daban cuenta de que ella quería ser libre. Estar sola en su casa.
Lo primero que hizo fue ordenar un poco, barrer, sacudir y lavar los platos sucios. No era muy buena para eso. Más bien, era holgazana, pero sabia que debía mas activa ahora que supuestamente viviría sola.
Emily se había expresado con la gente que quería ayudarla a buscar parientes. Quería estar sola y no necesitaba a nadie que se preocupara de ella más que sus amigas. No quiso quedarse en la comisaría ni nada por el estilo. Decidió volver a su casa y los policías respetaron eso. Pero tarde o temprano, tendría que enfrentar a su primo lejano.
- Tengo una cara horrible…- se dijo mirando al espejo. Se dio cuenta de que su cabello estaba mucho mas largo que el día anterior. Más o menos abajo del hombro. No le dio importancia, pues solo era una crecida de pelo. Se recostó en su cama, y se quedó dormida por una hora…
La despertó el teléfono que sonaba sin cesar. Bajó las escaleras y en eso escuchó la grabadora. >> Hola Emily, soy Elizabeth. Te llamaba para saber como estabas y de paso avisarte que no hay clases por todo lo del accidente, están de duelo. Así que es que ya no habrá más clases porque luego son vacaciones. Ojalá vengas a mi casa para que veamos cuando vamos a ver a Nathalie. Cuídate, te quiero, adiós. <<
Emily se quedó parada al lado del teléfono. En ese instante alguien tocó la puerta. Se extraño porque nadie la visitaba.
- ¿ Emily?- dijo una voz masculina acompañada por policías.
- ¿Quién…quien eres?
- Soy tu primo, Richard.
- No te conozco…
De pronto, un acompañante de Richard habló.
- Emily, este es tu primo mayor. Creo que lo mejor es que te vayas a vivir con él mientras se resuelve lo de tu tía, que es buscada por muchos.
- ¡Yo les dije que no! ¡no quiero que nadie me acoja ni me mantenga!
- Emily, eres menor de edad. Debes quedar a cargo de alguien que si lo sea.
- ¡Pero no quiero estar con nadie!
- Emily no te resistas, es lo mejor.
La joven no podía creer lo que estaba viviendo. Sería un infierno vivir con alguien que es primera vez que lo ve. Sin duda tenía que hacer algo. Tenía que hacer algo para ser libre al fin.
- Me resisto. No iré…
- No lo hagas más difícil Emily. Además será divertido, vivo en una casa en el campo. Es en Gautamy, a las afueras de Olidata, kilómetros más allá.
- ¡Que! Ni loca, no dejaré a mis amigas. Son lo único que tengo…
- Si no vienes por las buenas tendrá que ser por las malas.
El policía la iba a tomar del brazo y antes de que lo hiciera, Emily salió hecha una bala hacia el piso de arriba. Todos fueron tras ella. La joven cerró la puerta de su habitación con llave y buscó una manera de que no entraran allí y así no llevársela.
- ¡Emily! ¡Emily, abre! - le gritaba el policía.
Emily tomó su mochila la cual estaba lista con ropa y todo. Había sido astuta anteriormente. Tenia el presentimiento que algo así iba a pasar, pero no tan bruscamente.
Se acercó a la ventana y miró hacia abajo. Era obvia la situación, para librarse de los sujetos debía tirarse del segundo piso.
- Lo he hecho antes…lo he hecho antes…- se decía a si misma.
Los hombres comenzaron a golpear la puerta hasta derribarla. Entraron, y en ese momento Emily se lanzó hacia el patio trasero. Cayó más o menos de cinco metros, pero al dar un pequeño tropiezo con el barandal de la ventana, aterrizó algo torcida y lo hizo con hombro derecho. La caída hizo que este se desencajara de su lugar o algo como una dislocación. Sin embargo, esto no fue impedimento para seguir su camino y más aún si alrededor de cuatro policías iban tras ella. No era la primera vez que hacía esto. Lo había hecho más de diez veces cuando su tía la buscaba para maltratarla, con la diferencia que ahora había caído mal. Siguió corriendo y saltó la cerca del vecino y todas las que se presentaron. Los policías la seguían y Emily seguía corriendo. Siguió y siguió hasta perderse entre la multitud de una feria artesanal. Los policías no se preocuparon mucho. Era una joven de dieciséis años. No les costaría encontrarla, o al menos eso pensaban.
Emily se detuvo en un rincón de la cuadra, pues le dolía mucho su hombro. Sentía que algo no estaba en su lugar. En las clases de gimnasia había tenido que lidiar con esto, por lo tanto, estaba al tanto de lo que había que hacer, pero esto se veía complicado, pues tenía un hueso demasiado afuera que casi faltaban milímetros para que atravesara su piel. La joven se quejaba pero solo atinó a arreglarse manualmente su extremidad. Un sonido extraño emitió cuando el hombro regresó a su lugar y el hueso entró hacia donde correspondía. Lo movió un poco para relajar, y seguían sonando huesos. Al cabo de segundos, se quito y volvió a ser normal. Claro, con una gran pregunta, ¿Cómo había hecho eso? No le cayó la menor duda de que esto tenía que ver con lo que le pasó en el accidente. Nade le creyó que hubiera estado sangrando, ni siquiera su mejor amiga. Y ahora esto de que puede encajar sus huesos. Era completamente anormal. Se sentía como si fuera un bicho raro, solo al principio, pues después, no tenía idea de cómo lo iba a disfrutar.
Se dirigió a la casa de Elizabeth rápidamente.
Al llegar, llamó a la puerta. Tenía una cara de espanto pero a la vez de alegría. Elizabeth salió a recibirla y se dio cuenta de algo que Emily no se había percatado.
- ¡Emily! Pero que…que largo tienes tu cabello, como… ¿como lo hiciste?
Emily se miró su pelo que le llegaba casi a su cadera. Estaba mucho mas largo de cuando se había visto en el espejo. ¿Qué estaba pasando?
- ¡Dios! – dijo Emily sin creer lo que veía.
- ¿No te habías dado cuenta?
- Eh…no. En realidad vine por otra cosa. Acabo de escapar de mi casa pues querían que me fuera con un tal Richard… me resistí y salte de mi cuarto al patio trasero ¡quedando con mi hombro en cualquier parte menos donde debería estar! Me perdí en la multitud de la feria y no me siguen creo…
- Emily …pero como…te buscaran aquí. Eres mi amiga, es obvio. Es mejor que te marches de aquí.
- Pero, ¡no! ¿No entiendes que mi perdición seria vivir con alguien que ni siquiera tengo certeza de que es ago mío?
- Emily, no te buscarían a alguien que no fuera nada tuyo…
- Ese no es el punto… ¡tu sabes que yo quiero ser libre…los únicos que tiene autoridad sobre mi son mis padres y ya no están!
- ¡Y como sobrevivirías si no tuvieras a alguien que te mantenga, Emily!
- ¡Como siempre!, no creas que esto es algo nuevo para mi. Tengo muchas cosas que contarte, aparte de esta crecida de cabello, me han seguido pasando cosas extrañas.
- Pero, no aquí. Conversaremos, pero no aquí. Déjame avisar que saldré, daremos una vuelta y me dirás lo que me tengas que decir.
- Iremos a ver a Nathalie.
Elizabeth asintió con los ojos y entró a buscar sus cosas, a avisar a su madre y salió.
Caminaron hasta llegar al supuesto orfanato donde Nathalie debía estar. Las dejaron pasar solo cuando Nat las vio y las autorizo diciendo a la recepcionista que eran lo único que tenía. Emily no había dicho ni una palabra en el camino, pues quería hablarles a ambas por todo lo que había pasado.
Se sentaron en unas bancas y comenzó la conversación.
- ¿Cómo estás, Nat? ¿Cómo te tratan aquí? – le preguntó Elizabeth.
- Mmm…no me quejo, pero…sabes que nadie reemplazara a tu madre…- luego de responder esto, sus ojos se pusieron húmedos, pero se tragó el llanto ye escucho a Emily.
- Sabes que nos tienes para lo que nos necesites.- le dijo Emily.
- Gracias…
- ¿Cuando cereal funeral de tu mamá?
- No me he encargado de eso, es decir, no me dejan hacerlo ya que no tengo la edad suficiente para llevar a cabo eso trámites y todo eso. Pero creo que un gran amigo de mi mamá los está haciendo por mí. Lo he visto un par de veces. En realidad, creo que así es mejor, no quiero recordar lo que paso. Es decir, no a mi madre, porque siempre estará conmigo, pero lo del accidente y eso…lo mejor es que se borre de mi memoria.
Las otras dos jóvenes asentían con la cabeza y escuchaban atentamente. Luego, Emily creyó que era el momento.
- Emm… oigan. Tengo que decirles algo. Es sobre lo que ha pasado conmigo estos últimos minutos. Bueno, Nat no lo sabe. En resumidas cuentas, escapé de mi casa pues querían llevarme con un primo lejano al campo en Gautamy. Me resistí y me lance por la ventana de mi habitación quedando con éste hombro dislocado o algo así. Me perdí en la multitud y no siguieron buscándome, o al menos eso creo.
- Espera, espera… ¿Qué pasó con tu hombro? – le preguntó Elizabeth.
- Ya te lo he dicho dos veces, se me desencajo y no se como, pero lo pude arreglar yo sola…
- Eso es imposible… ¿Cómo? ¿Qué hiciste? – le preguntó Nathalie.
- Solo hice un par de movimientos y volvió a su lugar…bueno, el punto es que estoy segura de que esto tiene algo que ver con lo que me pasó en el accidente. Es decir, quedé con vidrios enterrados en mi brazo y pierna y luego ya no tenía nada. Eso es misterioso, pero pasó de verdad. Deben creerme.
Las caras de ambas amigas quedaron mirando a Anna fijamente como queriendo decir, que estaba loca.
- Emily, se que esto es difícil de superar, pero…
- ¡No! ¡ya basta! , ¡es verdad!… ¡les digo la verdad! Por favor creanme.
- No hay modo de que pudieras regenerarte así como así de rápido… - le preguntó Nat.
- En realidad hay algo más. Les contaré o que de verdad me pasó en el bus cuando quedé colgando de aquella ventana.
Elizabeth y Nathalie miraron a Emily, y ésta se puso a narrar.
- Primero, antes de llegar a la escuela, iba atrasada así que corrí para llegar, en ese momento, una señora mayor de iglesia me paró y me dijo que tomara esta imagen que tengo colgada aquí en el cuello. Le dije que no creía en esas cosas, pero ella insistió asta que me lo dio sin pagar. Me pareció extraño porque tenía la intención de dármela con o sin mi consentimiento. Seguí corriendo y llegue. En fin, cuando iba en el bus, recordé a esta señora y la imagen. La saqué de mi bolsillo y me la colgué al cuello, no se por que pero lo hice. Luego, sentí ganas de vomitar, me sentía realmente mal así que me dirigí al baño. Cuando salí, comenzó todo. El bus comenzó a moverse raro hasta que finalmente caíamos cuesta abajo. Choque con todo hasta impactar en una ventana quedando un vidrio atravesando en mi pierna izquierda. Quedé de espaldas a la roca y con mi brazo derecho colgando y sangrando. Estuve así por un largo tiempo, y descubrí que hicieran lo que hicieran, no podrían salvarnos. Así que moví el otro brazo con empeño, lo acerque a mi pecho, y apreté la imagen pidiéndole a dios que me ayudara a salir de esta, que me ayudara. Un resplandor salió de entre mi mano que me encandiló. Entonces, sin explicación alguna, se desengancho mi pie atrapado y caí libremente al río que en ese momento estaba demasiado tranquilo como para ser verdad. De pronto, el estruendo de la explosión retumbó en mis oídos cayendo los escombros sobre mí. No quedé inconsciente hasta ese momento…
Elizabeth aún no le creía mucho. Eran amigas y todo, pero nunca creyó en esas cosas de milagros, y santos, y ángeles, etc. Pero Nathalie parecía ser convencida un poco, después de todo, era algo religiosa.
- Bueno, y según tu… ¿crees que ese milagroso resplandor es el que te salvo la vida? – le dijo Elizabeth algo irónica.
- Creo. Pero no estoy segura.
- Emily, puede que sea cierto, pero eso no explica que según tus recuerdos hayas estado herida ya ahora estés de lo mejor. – le dijo Nathalie.
- Creo que Dios me hizo algo, es decir, no precisamente él, pero algo me ocurrió. No se, a lo mejor un don o algo así que permite que me sane rápidamente.
- Entonces, si crees eso porque no nos muestras.- le dijo Elizabeth.
- No, no…debo investigar más sobre esto. Debe tener una explicación.
- Si…pero como, es decir, no tienes a donde ir…yo te recibiría en mi casa, pero es donde primero te buscarían.
- ¡No soy una prófuga!, solo me buscaran un par de días, pero eso no significa que tanga que haber carteles con una fotografía mía que dice “se busca” en las paredes de las calles.
- ¿Entonces, donde pasaras las noches? – le preguntó Nathalie algo perturbada.
- No lo se. Esta no es la primera vez que pasa algo como así, así que no se preocupen.
- Y hablando de preocuparse, debo irme. Mi mamá debe estar preguntándose por mí. Cualquier cosa me llamas Emily.
Elizabeth se preparaba para irse a su casa. Se despidió y partió. Pero algo le inquietaba a Emily. Algo no andaba bien. Su sexto sentido se lo decía. Vio irse a su amiga y descubrió que algo andaba mal.
- ¡Elizabeth, espera! – le dijo.
- ¿Qué pasa, Emily?
- Toma, ten esto.
- ¿La imagen? ¿para que?, Emily sabes que no creo en esto, por favor…
- No, no, no, es en serio…algo me dice que la necesitaras. Puede que pase algo malo. No se, pero prefiero que estés segura con esto.
- ¡Emily!, esto no me salvara igual que a ti…sabes que esto es una estupidez, ya es suficiente, debo irme.
- Entonces, déjame ir contigo a tu casa.
- Quédate con Nat, te necesita.
- Pero siento que ahora tú me necesitaras más…por favor.
- La policía te buscara allá.
- No importa…
- Ay, bueno…tu te arriesgas.
Anna emitió una sonrisa de satisfacción. Luego se despidió de Nathalie y se fue con Elizabeth. ¿Qué era lo que a Emily le molestaba?
A continuación la respuesta. Iban llegando a la casa de su amiga, cuando vieron una gran nube de humo en dirección al sitio. También había mucha gente al rededor, bomberos, policías y de todo.
- ¿Qué está pasando? – se preguntó a si misma Elizabeth.
No pudo aguantar las ganas de gritar cuando se dio cuenta de que la casa en llamas era la suya. Más aún, que algunas personas decían que había gente en ella y que no había logrado escapar.
- Dios mío…. – dijo Emily mirando con ojos cristalinos, la casa que se deshacía de a poco.
- ¡¡¡Mamá!!! ¡¡¡Karen!!! – gritaba Elizabeth mientras corría a las llamas y Emily trataba de pararla.
Un bombero la detuvo diciéndole que trabajaban duro para rescatar a las personas atrapadas en el incendio. Pero parecía que Elizabeth no escuchaba. Solo lloraba y gritaba. Emily se acercó a ella tratando de tranquilizarla y hablando con ella. Inconscientemente, le puso la pequeña imagen colgante en las manos de su amiga para que las apretara. Parecía que Elizabeth no se había dado cuenta del acto y en un momento descuidado, salió corriendo en dirección al fuego.
- ¡¡Elizabeth!! ¡regresa! - . Pero era inútil, pues la joven ya se hallaba en la casa.
Los bomberos a cargo no la pudieron detener y la gente espectadora gritaba de miedo y de desesperación. Emily se quedó afuera. En realidad su corazón le decía que fuera tras su amiga para salvarla de algo muy malo que le pudiera pasar, pero su cabeza le decía que se quedara para no interferir más. Si Elizabeth se quedaba sin hermana y sin madre y más encima sin amiga, ¿a quien recurriría?
Mientras tanto, Elizabeth era cuidadosa en cuanto a caminar por el fuego. Llamó muchas veces a su madre y a Karen, pero nadie le respondió. Buscó y buscó hasta encontrar un par de cuerpos quemados totalmente y un calefactor a punto de estallar. La joven, por la impresión se quedo inmóvil tras el duro encuentro con los cuerpos de su madre y hermana, que no se inmutó a escapar de la habitación que iba a explotar. Salió volando hacia la otra habitación con quemaduras graves en su pecho y brazos. Se halló en el suelo del corredor sin poder moverse muy bien. Lloraba como si no hubiera llorado desde hace años, pero era inútil. No podía hacer nada para salvarlas ni para salvarse ella.
De pronto, recordó que algo se resguardaba en el interior de su mano. La imagen que Emily le había pasado antes de entrar allí. Recordó también las palabras que le había dicho antes de llega, que la iba a necesitar. Comenzó a recordar también lo que Emily le había dicho que hizo justo antes de caer al río en el accidente., una petición al colgante. Elizabeth creía mucho menos en esas cosas que sus amigas, pero al momento que te ves en una casa envuelta en llamas donde no te pueden rescatar, no vendría mal un pequeño favor de Dios. Agarró fuertemente el objeto y se lo puso en el pecho.
- Por favor Dios…ayúdame… - .
El resplandor que salió de entre su mano se confundió con el de la explosión. Luego de eso, la casa en llamas dio el estruendo más grande de la ciudad. Emily gritó y lloró llamando a Elizabeth. Ahora, la casa ya no existía; mas una silueta detrás del humo que caminaba impactó a todos. Era Elizabeth caminado por entre los escombros de su propia casa sin quemaduras extremas ni nada por el estilo. Solo estaba sucia por las cenizas y eso.
Emily corrió hacia ella y la abrazó fuerte y cariñosamente. Elizabeth le respondió.
- ¡Dios, estás bien Elizabeth, y al parecer no estás quemada…que gusto! – le dijo Emily.
- Emily …creo que tenías razón…
- ¿Sobre que?
- Esta cosa me ha salvado la vida…
Lo primero que hizo fue ordenar un poco, barrer, sacudir y lavar los platos sucios. No era muy buena para eso. Más bien, era holgazana, pero sabia que debía mas activa ahora que supuestamente viviría sola.
Emily se había expresado con la gente que quería ayudarla a buscar parientes. Quería estar sola y no necesitaba a nadie que se preocupara de ella más que sus amigas. No quiso quedarse en la comisaría ni nada por el estilo. Decidió volver a su casa y los policías respetaron eso. Pero tarde o temprano, tendría que enfrentar a su primo lejano.
- Tengo una cara horrible…- se dijo mirando al espejo. Se dio cuenta de que su cabello estaba mucho mas largo que el día anterior. Más o menos abajo del hombro. No le dio importancia, pues solo era una crecida de pelo. Se recostó en su cama, y se quedó dormida por una hora…
La despertó el teléfono que sonaba sin cesar. Bajó las escaleras y en eso escuchó la grabadora. >> Hola Emily, soy Elizabeth. Te llamaba para saber como estabas y de paso avisarte que no hay clases por todo lo del accidente, están de duelo. Así que es que ya no habrá más clases porque luego son vacaciones. Ojalá vengas a mi casa para que veamos cuando vamos a ver a Nathalie. Cuídate, te quiero, adiós. <<
Emily se quedó parada al lado del teléfono. En ese instante alguien tocó la puerta. Se extraño porque nadie la visitaba.
- ¿ Emily?- dijo una voz masculina acompañada por policías.
- ¿Quién…quien eres?
- Soy tu primo, Richard.
- No te conozco…
De pronto, un acompañante de Richard habló.
- Emily, este es tu primo mayor. Creo que lo mejor es que te vayas a vivir con él mientras se resuelve lo de tu tía, que es buscada por muchos.
- ¡Yo les dije que no! ¡no quiero que nadie me acoja ni me mantenga!
- Emily, eres menor de edad. Debes quedar a cargo de alguien que si lo sea.
- ¡Pero no quiero estar con nadie!
- Emily no te resistas, es lo mejor.
La joven no podía creer lo que estaba viviendo. Sería un infierno vivir con alguien que es primera vez que lo ve. Sin duda tenía que hacer algo. Tenía que hacer algo para ser libre al fin.
- Me resisto. No iré…
- No lo hagas más difícil Emily. Además será divertido, vivo en una casa en el campo. Es en Gautamy, a las afueras de Olidata, kilómetros más allá.
- ¡Que! Ni loca, no dejaré a mis amigas. Son lo único que tengo…
- Si no vienes por las buenas tendrá que ser por las malas.
El policía la iba a tomar del brazo y antes de que lo hiciera, Emily salió hecha una bala hacia el piso de arriba. Todos fueron tras ella. La joven cerró la puerta de su habitación con llave y buscó una manera de que no entraran allí y así no llevársela.
- ¡Emily! ¡Emily, abre! - le gritaba el policía.
Emily tomó su mochila la cual estaba lista con ropa y todo. Había sido astuta anteriormente. Tenia el presentimiento que algo así iba a pasar, pero no tan bruscamente.
Se acercó a la ventana y miró hacia abajo. Era obvia la situación, para librarse de los sujetos debía tirarse del segundo piso.
- Lo he hecho antes…lo he hecho antes…- se decía a si misma.
Los hombres comenzaron a golpear la puerta hasta derribarla. Entraron, y en ese momento Emily se lanzó hacia el patio trasero. Cayó más o menos de cinco metros, pero al dar un pequeño tropiezo con el barandal de la ventana, aterrizó algo torcida y lo hizo con hombro derecho. La caída hizo que este se desencajara de su lugar o algo como una dislocación. Sin embargo, esto no fue impedimento para seguir su camino y más aún si alrededor de cuatro policías iban tras ella. No era la primera vez que hacía esto. Lo había hecho más de diez veces cuando su tía la buscaba para maltratarla, con la diferencia que ahora había caído mal. Siguió corriendo y saltó la cerca del vecino y todas las que se presentaron. Los policías la seguían y Emily seguía corriendo. Siguió y siguió hasta perderse entre la multitud de una feria artesanal. Los policías no se preocuparon mucho. Era una joven de dieciséis años. No les costaría encontrarla, o al menos eso pensaban.
Emily se detuvo en un rincón de la cuadra, pues le dolía mucho su hombro. Sentía que algo no estaba en su lugar. En las clases de gimnasia había tenido que lidiar con esto, por lo tanto, estaba al tanto de lo que había que hacer, pero esto se veía complicado, pues tenía un hueso demasiado afuera que casi faltaban milímetros para que atravesara su piel. La joven se quejaba pero solo atinó a arreglarse manualmente su extremidad. Un sonido extraño emitió cuando el hombro regresó a su lugar y el hueso entró hacia donde correspondía. Lo movió un poco para relajar, y seguían sonando huesos. Al cabo de segundos, se quito y volvió a ser normal. Claro, con una gran pregunta, ¿Cómo había hecho eso? No le cayó la menor duda de que esto tenía que ver con lo que le pasó en el accidente. Nade le creyó que hubiera estado sangrando, ni siquiera su mejor amiga. Y ahora esto de que puede encajar sus huesos. Era completamente anormal. Se sentía como si fuera un bicho raro, solo al principio, pues después, no tenía idea de cómo lo iba a disfrutar.
Se dirigió a la casa de Elizabeth rápidamente.
Al llegar, llamó a la puerta. Tenía una cara de espanto pero a la vez de alegría. Elizabeth salió a recibirla y se dio cuenta de algo que Emily no se había percatado.
- ¡Emily! Pero que…que largo tienes tu cabello, como… ¿como lo hiciste?
Emily se miró su pelo que le llegaba casi a su cadera. Estaba mucho mas largo de cuando se había visto en el espejo. ¿Qué estaba pasando?
- ¡Dios! – dijo Emily sin creer lo que veía.
- ¿No te habías dado cuenta?
- Eh…no. En realidad vine por otra cosa. Acabo de escapar de mi casa pues querían que me fuera con un tal Richard… me resistí y salte de mi cuarto al patio trasero ¡quedando con mi hombro en cualquier parte menos donde debería estar! Me perdí en la multitud de la feria y no me siguen creo…
- Emily …pero como…te buscaran aquí. Eres mi amiga, es obvio. Es mejor que te marches de aquí.
- Pero, ¡no! ¿No entiendes que mi perdición seria vivir con alguien que ni siquiera tengo certeza de que es ago mío?
- Emily, no te buscarían a alguien que no fuera nada tuyo…
- Ese no es el punto… ¡tu sabes que yo quiero ser libre…los únicos que tiene autoridad sobre mi son mis padres y ya no están!
- ¡Y como sobrevivirías si no tuvieras a alguien que te mantenga, Emily!
- ¡Como siempre!, no creas que esto es algo nuevo para mi. Tengo muchas cosas que contarte, aparte de esta crecida de cabello, me han seguido pasando cosas extrañas.
- Pero, no aquí. Conversaremos, pero no aquí. Déjame avisar que saldré, daremos una vuelta y me dirás lo que me tengas que decir.
- Iremos a ver a Nathalie.
Elizabeth asintió con los ojos y entró a buscar sus cosas, a avisar a su madre y salió.
Caminaron hasta llegar al supuesto orfanato donde Nathalie debía estar. Las dejaron pasar solo cuando Nat las vio y las autorizo diciendo a la recepcionista que eran lo único que tenía. Emily no había dicho ni una palabra en el camino, pues quería hablarles a ambas por todo lo que había pasado.
Se sentaron en unas bancas y comenzó la conversación.
- ¿Cómo estás, Nat? ¿Cómo te tratan aquí? – le preguntó Elizabeth.
- Mmm…no me quejo, pero…sabes que nadie reemplazara a tu madre…- luego de responder esto, sus ojos se pusieron húmedos, pero se tragó el llanto ye escucho a Emily.
- Sabes que nos tienes para lo que nos necesites.- le dijo Emily.
- Gracias…
- ¿Cuando cereal funeral de tu mamá?
- No me he encargado de eso, es decir, no me dejan hacerlo ya que no tengo la edad suficiente para llevar a cabo eso trámites y todo eso. Pero creo que un gran amigo de mi mamá los está haciendo por mí. Lo he visto un par de veces. En realidad, creo que así es mejor, no quiero recordar lo que paso. Es decir, no a mi madre, porque siempre estará conmigo, pero lo del accidente y eso…lo mejor es que se borre de mi memoria.
Las otras dos jóvenes asentían con la cabeza y escuchaban atentamente. Luego, Emily creyó que era el momento.
- Emm… oigan. Tengo que decirles algo. Es sobre lo que ha pasado conmigo estos últimos minutos. Bueno, Nat no lo sabe. En resumidas cuentas, escapé de mi casa pues querían llevarme con un primo lejano al campo en Gautamy. Me resistí y me lance por la ventana de mi habitación quedando con éste hombro dislocado o algo así. Me perdí en la multitud y no siguieron buscándome, o al menos eso creo.
- Espera, espera… ¿Qué pasó con tu hombro? – le preguntó Elizabeth.
- Ya te lo he dicho dos veces, se me desencajo y no se como, pero lo pude arreglar yo sola…
- Eso es imposible… ¿Cómo? ¿Qué hiciste? – le preguntó Nathalie.
- Solo hice un par de movimientos y volvió a su lugar…bueno, el punto es que estoy segura de que esto tiene algo que ver con lo que me pasó en el accidente. Es decir, quedé con vidrios enterrados en mi brazo y pierna y luego ya no tenía nada. Eso es misterioso, pero pasó de verdad. Deben creerme.
Las caras de ambas amigas quedaron mirando a Anna fijamente como queriendo decir, que estaba loca.
- Emily, se que esto es difícil de superar, pero…
- ¡No! ¡ya basta! , ¡es verdad!… ¡les digo la verdad! Por favor creanme.
- No hay modo de que pudieras regenerarte así como así de rápido… - le preguntó Nat.
- En realidad hay algo más. Les contaré o que de verdad me pasó en el bus cuando quedé colgando de aquella ventana.
Elizabeth y Nathalie miraron a Emily, y ésta se puso a narrar.
- Primero, antes de llegar a la escuela, iba atrasada así que corrí para llegar, en ese momento, una señora mayor de iglesia me paró y me dijo que tomara esta imagen que tengo colgada aquí en el cuello. Le dije que no creía en esas cosas, pero ella insistió asta que me lo dio sin pagar. Me pareció extraño porque tenía la intención de dármela con o sin mi consentimiento. Seguí corriendo y llegue. En fin, cuando iba en el bus, recordé a esta señora y la imagen. La saqué de mi bolsillo y me la colgué al cuello, no se por que pero lo hice. Luego, sentí ganas de vomitar, me sentía realmente mal así que me dirigí al baño. Cuando salí, comenzó todo. El bus comenzó a moverse raro hasta que finalmente caíamos cuesta abajo. Choque con todo hasta impactar en una ventana quedando un vidrio atravesando en mi pierna izquierda. Quedé de espaldas a la roca y con mi brazo derecho colgando y sangrando. Estuve así por un largo tiempo, y descubrí que hicieran lo que hicieran, no podrían salvarnos. Así que moví el otro brazo con empeño, lo acerque a mi pecho, y apreté la imagen pidiéndole a dios que me ayudara a salir de esta, que me ayudara. Un resplandor salió de entre mi mano que me encandiló. Entonces, sin explicación alguna, se desengancho mi pie atrapado y caí libremente al río que en ese momento estaba demasiado tranquilo como para ser verdad. De pronto, el estruendo de la explosión retumbó en mis oídos cayendo los escombros sobre mí. No quedé inconsciente hasta ese momento…
Elizabeth aún no le creía mucho. Eran amigas y todo, pero nunca creyó en esas cosas de milagros, y santos, y ángeles, etc. Pero Nathalie parecía ser convencida un poco, después de todo, era algo religiosa.
- Bueno, y según tu… ¿crees que ese milagroso resplandor es el que te salvo la vida? – le dijo Elizabeth algo irónica.
- Creo. Pero no estoy segura.
- Emily, puede que sea cierto, pero eso no explica que según tus recuerdos hayas estado herida ya ahora estés de lo mejor. – le dijo Nathalie.
- Creo que Dios me hizo algo, es decir, no precisamente él, pero algo me ocurrió. No se, a lo mejor un don o algo así que permite que me sane rápidamente.
- Entonces, si crees eso porque no nos muestras.- le dijo Elizabeth.
- No, no…debo investigar más sobre esto. Debe tener una explicación.
- Si…pero como, es decir, no tienes a donde ir…yo te recibiría en mi casa, pero es donde primero te buscarían.
- ¡No soy una prófuga!, solo me buscaran un par de días, pero eso no significa que tanga que haber carteles con una fotografía mía que dice “se busca” en las paredes de las calles.
- ¿Entonces, donde pasaras las noches? – le preguntó Nathalie algo perturbada.
- No lo se. Esta no es la primera vez que pasa algo como así, así que no se preocupen.
- Y hablando de preocuparse, debo irme. Mi mamá debe estar preguntándose por mí. Cualquier cosa me llamas Emily.
Elizabeth se preparaba para irse a su casa. Se despidió y partió. Pero algo le inquietaba a Emily. Algo no andaba bien. Su sexto sentido se lo decía. Vio irse a su amiga y descubrió que algo andaba mal.
- ¡Elizabeth, espera! – le dijo.
- ¿Qué pasa, Emily?
- Toma, ten esto.
- ¿La imagen? ¿para que?, Emily sabes que no creo en esto, por favor…
- No, no, no, es en serio…algo me dice que la necesitaras. Puede que pase algo malo. No se, pero prefiero que estés segura con esto.
- ¡Emily!, esto no me salvara igual que a ti…sabes que esto es una estupidez, ya es suficiente, debo irme.
- Entonces, déjame ir contigo a tu casa.
- Quédate con Nat, te necesita.
- Pero siento que ahora tú me necesitaras más…por favor.
- La policía te buscara allá.
- No importa…
- Ay, bueno…tu te arriesgas.
Anna emitió una sonrisa de satisfacción. Luego se despidió de Nathalie y se fue con Elizabeth. ¿Qué era lo que a Emily le molestaba?
A continuación la respuesta. Iban llegando a la casa de su amiga, cuando vieron una gran nube de humo en dirección al sitio. También había mucha gente al rededor, bomberos, policías y de todo.
- ¿Qué está pasando? – se preguntó a si misma Elizabeth.
No pudo aguantar las ganas de gritar cuando se dio cuenta de que la casa en llamas era la suya. Más aún, que algunas personas decían que había gente en ella y que no había logrado escapar.
- Dios mío…. – dijo Emily mirando con ojos cristalinos, la casa que se deshacía de a poco.
- ¡¡¡Mamá!!! ¡¡¡Karen!!! – gritaba Elizabeth mientras corría a las llamas y Emily trataba de pararla.
Un bombero la detuvo diciéndole que trabajaban duro para rescatar a las personas atrapadas en el incendio. Pero parecía que Elizabeth no escuchaba. Solo lloraba y gritaba. Emily se acercó a ella tratando de tranquilizarla y hablando con ella. Inconscientemente, le puso la pequeña imagen colgante en las manos de su amiga para que las apretara. Parecía que Elizabeth no se había dado cuenta del acto y en un momento descuidado, salió corriendo en dirección al fuego.
- ¡¡Elizabeth!! ¡regresa! - . Pero era inútil, pues la joven ya se hallaba en la casa.
Los bomberos a cargo no la pudieron detener y la gente espectadora gritaba de miedo y de desesperación. Emily se quedó afuera. En realidad su corazón le decía que fuera tras su amiga para salvarla de algo muy malo que le pudiera pasar, pero su cabeza le decía que se quedara para no interferir más. Si Elizabeth se quedaba sin hermana y sin madre y más encima sin amiga, ¿a quien recurriría?
Mientras tanto, Elizabeth era cuidadosa en cuanto a caminar por el fuego. Llamó muchas veces a su madre y a Karen, pero nadie le respondió. Buscó y buscó hasta encontrar un par de cuerpos quemados totalmente y un calefactor a punto de estallar. La joven, por la impresión se quedo inmóvil tras el duro encuentro con los cuerpos de su madre y hermana, que no se inmutó a escapar de la habitación que iba a explotar. Salió volando hacia la otra habitación con quemaduras graves en su pecho y brazos. Se halló en el suelo del corredor sin poder moverse muy bien. Lloraba como si no hubiera llorado desde hace años, pero era inútil. No podía hacer nada para salvarlas ni para salvarse ella.
De pronto, recordó que algo se resguardaba en el interior de su mano. La imagen que Emily le había pasado antes de entrar allí. Recordó también las palabras que le había dicho antes de llega, que la iba a necesitar. Comenzó a recordar también lo que Emily le había dicho que hizo justo antes de caer al río en el accidente., una petición al colgante. Elizabeth creía mucho menos en esas cosas que sus amigas, pero al momento que te ves en una casa envuelta en llamas donde no te pueden rescatar, no vendría mal un pequeño favor de Dios. Agarró fuertemente el objeto y se lo puso en el pecho.
- Por favor Dios…ayúdame… - .
El resplandor que salió de entre su mano se confundió con el de la explosión. Luego de eso, la casa en llamas dio el estruendo más grande de la ciudad. Emily gritó y lloró llamando a Elizabeth. Ahora, la casa ya no existía; mas una silueta detrás del humo que caminaba impactó a todos. Era Elizabeth caminado por entre los escombros de su propia casa sin quemaduras extremas ni nada por el estilo. Solo estaba sucia por las cenizas y eso.
Emily corrió hacia ella y la abrazó fuerte y cariñosamente. Elizabeth le respondió.
- ¡Dios, estás bien Elizabeth, y al parecer no estás quemada…que gusto! – le dijo Emily.
- Emily …creo que tenías razón…
- ¿Sobre que?
- Esta cosa me ha salvado la vida…
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