- ¿Es aquí? – preguntó Emily.
- Si…es aquí. – le respondió Caliel.
- Pero…es un manicomio – le dijo Diana.
- Por un lado, si. Pero tienen salas en donde resguardan a la gente que tiene posesiones demoníacas. No se preocupen. Comenzaremos por algo pequeño.
Era una inmensa casona blanca con ventanales quebradizos y parchados. Tenía un patio con poco pasto y solo dos árboles que daban sombra de vez en cuando. Todo el lugar era muy cuidadoso, pues por la gente que tenía problemas mentales y quería terminar con su vida. Todas caminaban y a la vez miraban a su alrededor, gente vestidas de blanco, dando pasos desequilibrados y con la vista perdida al cielo. Al entrar a la casona, había que pasar por la recepción, la cual no fue problema. Luego, había un pasillo extenso y largo por donde lo rodeaban habitaciones con ventanillas redondas, que al pasar por allí las jóvenes, todos los enfermos, los que estaban inquietos, los que lloraban, absolutamente todos se tranquilizaban a medida que las niñas avanzaban por las habitaciones. Cerraban sus ojos y los que no inquietos se transformaban en personas tranquilas, los que lloraban se tranquilizaban. Eso es en realidad lo que un ángel debía causar, paz y tranquilidad, un ambiente de armonía y quietud. Las jóvenes no se daban cuenta de lo que ocasionaban, pero lo importante es que era algo bueno.
Caminaron por ese largo pasillo hasta arribar a una sala en la cual Caliel dio algunos golpecitos. Un hombre calvo y alto salió a responder:
- ¿Si? ¿Quién es usted? - .
- Vengo de parte de la Iglesia Principal de Celeron, del padre Ariel… - le dijo Caliel.
- ¡Oh! Si…si. Pase por favor, es mejor que hablemos aquí a dentro.
- Gracias.
Los cinco entraron en la sala un tanto pequeña, con una sola mesa, una silla, un computador, y varias mini televisiones.
- Hola, soy el doctor Charles Cooper. También dueño y director de este internado.
- Bueno…soy Caliel Lucciato, aprendiz de Mensajeros Urelianos de Celeron, en la Iglesia Principal de Celeron, como ya le había dicho. Ellas son…
- ¡Lo se!...lo se…lo se…permítanme saludarlas como se merece un ángel. Aunque nunca he tenido la grata experiencia de saludar a uno – decía el doctor haciendo una pequeña reverencia ante las cuatro jóvenes, quienes miraban raro.
- No…no se preocupe señor. Estamos aquí para ayudar – le dijo Diana.
- Claro, claro. Aunque, me dijeron que me avisarían cuando vinieran. El padre Ariel no me dijo nada – dijo el doctor.
- Si…lo se. Eh…es que ha tenido muchos de estos casos que resolver, usted sabe. Me dijo que yo me hiciera cargo de este – le respondió Caliel.
- Si…lo entiendo, lo entiendo. .. Bueno, no perdamos más el tiempo, esta gente las necesita a ustedes, así que…déjeme el pergamino aquí junto con los papeles que tengo que firmar y…
- ¡Ah!...claro…pero…sería mejor que guiemos a las chicas a donde deben ir, supongo que han esperado tanto este momento que no vale la pena atrasarlo más ¿no le parece? – le dijo Caliel algo nervioso.
El doctor Charles le pareció extraño, pero lo dejó pasar accediendo a la propuesta del aprendiz, y rápidamente abrió una puerta fuera de la sala donde estaban que tenía cerradura de código de voz. Al abrirla se percibía el cambio de ambiente brusco que había en aquel otro pasillo, este más corto que el principal. Tenía menos salas y solo tres de ellas estaban ocupadas.
- La temperatura cambia abruptamente hacia abajo generando el vaho… - decía Emily.
- La luz ya no es la misma, sin duda las sombras toman lugar en este pasillo… - decía Diana.
- Y…no se si estoy preparada… - dijo Elizabeth en voz más baja.
- Es aquí… - dijo el doctor. – salas 662, 665 y 666.
- ¡Ah!...el tonto número 666…no me extraña…-decía Nathalie en voz baja también.
- Muy bien…creo que no querría presenciar esto, doctor Charles…sería mejor que evacuara esta habitación…y…cuando todo este listo, iré a su sala a entregarle el pergamino – le dijo Caliel.
- Por supuesto…solo les pido…que no los lastimen más de lo que ya están.
Y luego de una mirada extensa hacia las jóvenes, salió de la habitación y la cerró con llave a pedido de Caliel, por cualquier cosa.
- ¿Por qué decidiste quedarte aquí? – le dijo Elizabeth.
- Ha…no las iba a dejar solas sin saber quehacer. Ustedes lo harán, se los advierto. Yo solo las guiaré para que no cometan ningún error que después podríamos lamentar.
Inmediatamente luego de decir esto, un grito imperdible de las habitaciones nombradas retumbó en los oídos de los cinco. Era una voz diabólica.
- Dios…no se si estoy lista para esto… - dijo Emily algo asustada por la bulla.
- ¿Tú? ¿titubeando? - le dijo Elizabeth.
- Dime quien no…todas estamos asustadas – le respondió Emily.
- Ya…basta. Es momento de entrar – les dijo Caliel seriamente.
El instante se acercaba para ellas. Los cinco días de duro entrenamiento se definirían aquí. Pero al entrar a la habitación 665, no se vio a nadie. Parecía ser que la sala estaba vacía.
- No hay nadie… - dijo Nathalie.
Sin embargo, Elizabeth no tardó en darse cuenta de que la mujer poseída estaba en el techo boca abajo, como afirmándose de algo, pero la verdad era que no se sujetaba de nada. Era como si estuviera pegada al techo.
Al verlas entrar, abrió la boca tan grande como pudo, de donde salió un rugido entre vos de hombre y mujer, seguido de una escupida de sangre que chocó contra el suelo y desviándosele los ojos.
- ¡¡Dios mío!! – gritaba Diana.
- ¡Vamos! – gritó Emily dirigiéndose y colocándose justo bajo ella.
Era algo de esperarse, pues al estar ahí, cayó fuertemente encima de Emily, logrando que todas fueran a ayudarla. Y al hacerlo se dieron cuenta de que la mujer estaba tan caliente como la lava, cubierta de rasguños, moretones, cortes y sangre obviamente. Caliel solo observó y analizó el tipo de demonio al que se enfrentaban, mas no las ayudó en ese instante.
-¡Emily! – gritó Elizabeth.
Todas trataban de quitar a la mujer encima, más quemaba tanto, que solo Elizabeth la pudo tocar y la llevó contra la pared.
- Dios mío, esta hirviendo…no se puede tocar – dijo Nathalie.
- Trata de tomarla, que no se mueva - le decía Diana a Elizabeth.
Y aunque pareciera mentira, Elizabeth no podía hacerlo sola. Era tanta la fuerza que ejercía la mujer, que una persona era poco para poder controlarla. Sin darse cuenta, en un minuto la golpeó y las rasguño innumerables veces. Nathalie fue a su lado:
- ¡Beth! -.
- Estoy bien… - le decía Elizabeth.
Entonces, la mujer corría por todas partes hasta que se detuvo dando un grito eterno y fuerte, como de dolor. Entonces, Emily se lanzó contra ella para detenerla y hacerla callar, más con la fuerza de la otra, la ahorcó y le azotó la cabeza contra el piso.
- ¡¡Diana!! – gritó Emily.
Diana no hacía nada, solo miraba lo que pasaba. Estaba sorprendida y no hallaba que hacer para poder ayudarlas. Se bloqueó completamente.
- ¡Usen sus poderes! – les gritó Caliel, para incentivarlas.
Fue entonces cuando Diana se percató de todo y reaccionó con su mano derecha hacia la mujer poseída y le lanzó tanto aire como fuerza. Fue tanta la potencia de la ráfaga, que quedó pegada a la pared contra el viento y trataba de avanzar con dificultad. Todas miraban.
En un momento, cuando la mujer solo había logrado dar unos tres o cuatro pasos, detrás de ella salió una especia de polvo rojizo que se esfumaba, con el aspecto de una cara diabólica. Era como si el viento que arrojaba Diana hubiera tenido el poder para arrancar el demonio dentro de la mujer, con tan solo la fuerza de éste. Caliel apareció en ese momento, corrió hacia donde estaba la presencia y abrió la Biblia que había cargado en su bolso todo el tiempo.
- ¡In nomine et Jesuscristo, ordino quam subjicior ante hic sacer Biblia…!
Caliel abrió el libro mientras decía aquellas palabras sagradas, hasta que un sonido espeluznante de parte del demonio demostraba que aquel estaba siendo succionado por la Biblia. De esa forma, Caliel había capturado a otros demonios, era la solución más eficiente que había en Celeron cuando no estaban los Ángeles. Y cuando quedaba solo la menor parte y el final, Caliel cayó al suelo por un pequeño impulso. Luego hubo un silencio extenso. Diana había dejado ya de lanzar viento desde su mano, y miró atónita a la mujer que estaba tirada en el piso sin moverse.
- ¡Em! – dijo Elizabeth dirigiéndose hacia Emily que estaba con los ojos cerrados y con un poco de sangre en la cabeza, pero sin embargo, no habían heridas. Y le costó despertar, estaba como atontada, pero de un de repente, se sentó como asustada y las miró a todas.
- ¿Estás bien? – le preguntó Elizabeth.
- Si…si…eh… ¿está muerta? – preguntó al mirar a la mujer.
Rápidamente, Caliel le tomó el pulso. Estaba muy nervioso, pero tranquilizó un poco al saber que estaba viva, claro que apenas.
- Esta viva…pero necesita atención. Debo quedarme con ella para luego llevarla afuera y que la atiendan – dijo Caliel.
- ¿Qué? Pero debes quedarte con nosotras…es decir, deber ayudarnos.
- Elizabeth, ya les mostré lo que tenían que hacer. Además no era mi misión haber derrotado a ese demonio, esa era su tarea. Nathalie, te quedaste parada sin hacer nada, ni siquiera te enfrentaste a ella. Emily, estuviste bien, pero no me sirve solo la valentía, debes pensar antes de actuar. Elizabeth, estabas bien al principio, pero luego te echaste a perder solo por un rasguño. Y Diana, actuaste muy bien, en serio, claro que al comienzo no te inmutaste, pero luego hiciste lo que tenías que hacer. – explicó Caliel.
Al decir esto último, Emily hizo una mueca, demostrando que no le parecía bien que felicitara solo a Diana si todas habían echo algo, aunque hubiera sido inútil. Nathalie solo callaba.
- Lo siento, no….no volverá a pasar, Caliel – dijo Nathalie.
- Espero, ya que si no hubiera sido por Diana, estarían todavía –
- ¡Ya basta, Caliel! Esta bien, sabemos que Diana actuó de forma correcta, pero no es necesario que lo restriegues en la cara de cada una. Era nuestra primera vez y no sabíamos muy bien que hacer ¿esta bien?...Dios…la próxima vez lo haremos bien…- dijo Emily muy molesta, sobretodo porque todos los créditos se los llevó Diana.
- Em…ya para – le decía Elizabeth. Caliel solo permanecía callado.
Todas la quedaron mirando. Emily no se quedó callada, pero le molestaba que no viera el esfuerzo de cada una. Caliel guardó silencio. Estaba sorprendido y no sabía que decir. Al igual que Diana.
- Eh…yo…bueno, yo solo quería que todas al menos usaran sus poderes para poder controlar la situación, en ningún momento quise hacerlas sentir mal ni nada. Lo…lo que les puedo decir es que en la sala siguiente estarán solas y quiero que hagan lo mejor. Por lo menos que trabajen en equipo. – dijo Caliel.
- Si…si, bueno, no te preocupes. Todas actuaremos como Diana. – dijo Emily muy irónicamente, luego salió de la sala y espero afuera.
- Eh…bueno, nosotras, deberíamos apresurarnos. Vamos. – dijo Elizabeth de pronto.
Nathalie la miró y se paró del suelo, luego salió tras Elizabeth. Diana se quedó mirando a Caliel sin saber que hacer. Parecía estar sola…
Emily esperaba afuera con cara de enojada. Elizabeth salió y le dijo:
- Em, ¿Por qué trataste así a Caliel? - .
- ¡Es que odio cuando no ve el esfuerzo de los demás!
- ¿Pero que esfuerzo? Es verdad, todas nos quedamos paradas sin hacer nada, y la única que atinó fue Diana.
- ¡Ay! Ya se, ya se…
- Entonces no es mi culpa que le tengas envidia…
- ¿¡Que!?
Parecía que cada vez que a Emily le nombraban a Diana, se enojaba más y más.
Entonces, cuando todas salieron, se dirigieron hacia la otra sala, numero 662. Por la ventanilla de la puerta de aquella, se asomaba el hombre que llevaba un demonio un poco más peligroso que el anterior. Tenía algo de sangre en su boca y por lo cual, se asustaron un poco.
Nathalie tenía la llave en su mano, pero no quería abrir.
- ¿Abrirás o no? – le preguntó Emily.
- Es que…
- Entonces abriré yo – le dijo Emily.
Le quitó la llave y la introdujo en la cerradura. Estaba tiritando, pero se hacía la valiente. No pasaron ni cinco segundos después de abrirla, cuando el hombre saltó sobre Emily golpeándola en la pared. Ésta gritó de miedo, y entonces Elizabeth agarró al hombre y se lo llevó a la sala en donde estaba. Nathalie la siguió y utilizó su poder al fin. Hizo aparecer un montón de enredaderas que ataron al hombre a una pared y lo inmovilizaron. La joven estaba sorprendida y feliz, por fin había echo algo útil. Mientras, Diana fue donde estaba Emily, sentada en el piso:
- ¿Cómo estas? – le preguntó.
- Estoy bien – le respondió Emily levantándose y dirigiéndose hacia sus amigas.
El hombre estaba ardiendo al igual que la mujer anterior y se notaba, pues al minuto después de que estaba atado con las enredaderas que brotaron del suelo, salía humo de su cuerpo y de las plantas. Parecía que éstas se quemaban.
- ¿Huelen eso? - preguntó Elizabeth.
Los ojos del hombre se tornaban blancos. Esto no era tan fácil como creían. Unas simples enredaderas serían nada contra el. Se preguntaban que harían. Y luego se cuestionaban. Haber entrenado tanto para lograr nada, era injusto. Había que pensar en algún truco.
Fue cuando Nathalie dijo que era el momento para extraerle el demonio de adentro. Extendió su mano en dirección a la frente del hombre que aún seguía atado, pero estaba consiente. Dio un gritó horroroso que con solo éste salió volando hacia atrás hasta chocar contra la pared. Estaba bien, pero con esto se distrajeron sin mirar al hombre que se salía de las plantas quemadas y caminaba sigiloso. No era él en si. Era el demonio quien se apoderaba en ese momento del cuerpo.
- ¡¿Quam volo tu, angelus?! –le gritaba el demonio a Emily. (Que quieres tu, ángel)
- Nos insum hic erga mitto tu a quo pertineo…¡In Orcus! – le respondió Emily, sin saber como hablaba latín, sin tener estudios. (Nosotras estamos aquí para enviarte a donde perteneces…al infierno)
- ¡Ha! ¡Cono tu! – le respondió el demonio. (Ha, inténtalo).
El hombre le intentó dar un fuerte golpe con el brazo, más Emily se agachó y usó su mano derecha para echarlo a volar un par de metros con el agua que salía de su palma. Pero ahí no se acababa todo. Emily corrió hacia el para quitarle por fin el demonio que llevaba dentro, pero éste nuevamente le dio un golpe con su brazo, empujándola lejos. Luego, saltó hacia Elizabeth y la trataba de morder, la ahorcaba, y la golpeaba. La joven trataba de defenderse con sus manos, pero era inútil, así que no encontró otra forma que utilizar el fuego de su palma derecha y apuntando hacia la cara del hombre, soltó una flama enorme. Sin embargo, el demonio no se movía. Parecía ser que no le afectaba en lo absoluto el fuego, y era así, éste estaba tan caliente y ardiendo que no sentía la más mínima sensación de calor y menos de quemadura. El símbolo general de todos los demonios, incluyendo al Diablo es el fuego, por lo que Elizabeth no lo lograría nada lanzándole llamas si no sabía utilizar bien el elemento. Era un gran esfuerzo para ella.
Luego de ver que no sucedía nada con la flama, Diana entró a la sala finalmente y empujó al hombre fuera de Elizabeth. Ésta dejó de lanzar fuego y se dirigió hacia el demonio. Intentó colocarle la mano en la frente para que ya todo esto acabara, pero era tan imposible que aunque lo intentaran mil veces, no lo lograrían al menos de que todas trabajaran en equipo y ocuparan bien sus poderes.
- ¡No funciona! – decía Diana.
- Debe de haber alguna forma… - dijo Elizabeth reflexionando.
- Hay que inmovilizarlo…mientras una de nosotras le extirpa el demonio de adentro. – dijo Nathalie levantándose del suelo.
Emily se paró también y fue a donde estaban las demás, mientras que el hombre daba saltos gigantes en todo lados, se jalaba el pelo y golpeaba las paredes con la cabeza.
- ¡Hay que hacer algo pronto, o se destruirá él mismo! – dijo Emily preocupada.
- ¡Ya lo dije! Hay que inmovilizarlo mientras una de nosotras le saca el demonio. Yo lo sujetaré mientras, después de todo, no me quema. ¿quien más? – dijo Elizabeth.
- Yo…yo también te ayudaré. – dijo Nathalie.
- Entonces que Emily lo haga, yo le sujetare las piernas – dijo Diana seriamente mirando a Emily.
Por supuesto, Emily estaba algo contenta, aunque nerviosa. No le importó la decisión de Diana, solo pensó en ella en aquel momento.
Y siguiendo el plan, fueron tras él. Les tomó algo de tiempo para poder controlarlo. Algunas incluso usaron sus poderes para dejarlo quieto, y cuando fue el instante preciso, le gritaron a Emily.
Emily corrió hacia él extendiendo su brazo y tocándolo en la frente. Estaba ardiendo como nunca, pero la chica no se concentró en eso, solo cerró sus ojos y dijo las mismas palabras que había dicho Caliel anteriormente. La marca de su palma se iluminó y parecía que se abría un poco. El hombre gritaba y gritaba y en uno de sus gritos, un polvo rojizo al igual que en la sala anterior, salió de boca y fue absorbido por la mano de Emily. Absolutamente todo el polvo. Cuando ya estaba casi listo, la última parte le dio un pequeño impulso hacia atrás a Emily quien cayó de trasero al suelo. Todas habían cerrado sus ojos por le resplandor fuertísimo que repelía la marca. Pero ahora, el hombre estaba bien, es decir, casi bien. Estaba desmayado, cubierto de heridas y de sangre. Le costaba respirar. Las otras jóvenes lo miraron y miraron a Emily. Ésta solo seguía observando su mano, pues no tenía idea de lo que había echo.
Llevaron el cuerpo a donde estaba Caliel, en la habitación anterior, pero se dieron cuenta de que él ya no seguía ahí. Seguramente había llevado a la mujer a que la atendieran. Entonces no supieron que hacer. Si lo dejaban allí podría morirse, pero debían terminar cuanto antes con la siguiente sala.
- Quizás una de nosotras deba quedarse con él cuidándolo – dijo Diana.
- Eso de nada servirá. No tenemos los medios para ayudarlo. Hay que llevarlo afuera y que lo vean los doctores. – dijo Elizabeth.
- Si, creo lo mismo. Yo lo llevaré. ¿alguien me ayuda? – dijo Nathalie.
- Yo voy contigo. Y aprovecharemos de buscar a Caliel. Esperenos aquí y volveremos en seguida. – dijo Diana.
Emily y Elizabeth esperaron fuera de la habitación 666, que olía mucho miedo y daba escalofríos. Empezaron a conversar.
- Deberíamos entrar y dejar d perder el tiempo – dijo Emily
- Mmm…creo lo mismo, pero puede ser riesgoso. Esa pieza expira mucho mas peligro que las anteriores.
- Bueno…tengo la llave.
Emily se apresuro a caminar a la puerta que daba a la sala. Elizabeth la siguió sin saber porque. Le decía que debían esperar a las demás, pero parecía que la joven no escuchaba. Quería hacerlo todo rápido. Sin embargó, introdujo la llave y abrió la puerta. Una brisa muy helada salió de aquella habitación y al poner un pie sobre ella, Emily sintió una escalofriante sensación en todo su cuerpo que hizo que su pie volviera al pasillo.
- ¿Qué? – le dijo Elizabeth.
Pero Emily no el dio respuesta concreta y solo entró cubierta de valentía en la sala, seguida de Elizabeth, quien también titubeó al principio.
- Dios mío…hace un frío enorme aquí…y hay… ¿neblina? – decía Elizabeth.
- ¡Ahí! – le dijo Emily con voz murmurante, señalando a la silueta de una niña, sentada en el piso al final de la sala.
- ¿Es…ella? – preguntó Elizabeth.
Al cabo de decir esto, la puerta se cerró fuertemente asustándolas a las dos.
- Cerró la puerta solo con su presencia… - dijo Elizabeth. - ¡Te lo dije!...no debimos venir aquí sin esperar a Diana y Nat.
- Espera… ¿Dónde se fue? – le dijo Emily al darse cuenta de que la niña ya no seguía allí.
- ¡Mierda!.
Elizabeth se movió hacia la puerta y a intentó abrir, sin poder hacerlo. Le pidió la llave a Emily, pero no se había percatado de que por dentro, las puertas no llevaban cerrojo, si no una manilla de metal.
La niña se apareció de pronto entre Emily y Elizabeth tirando a gran velocidad a la primera hacia la pared haciendo una pequeña bolladura en ella y causando la caída de algunos concretos del techo.
Elizabeth vio todo lo que sucedió y rápidamente creó una pared de fuego muy alta que la cubría de la cabeza a los pies, para no dejar que el demonio la lastimara. Pero fue inútil, ya que éste atravesó sin problema la barrera de fuego y tomo a Elizabeth del cuello sin que ella pudiera hacer algo.
Emily tenía una costilla afuera cubierta de sangre y de dolor. El que se curara rápido no significaba que no fuera doliente como a cualquier persona. Al recuperarse de eso, se arrodilló silenciosamente y con los escombros que había en el suelo, utilizó su telequinesis apuntando a la niña, en ningún momento pensó en que podía matarla, solo pensaba en salvar a su amiga. Esperando golpear al demonio, alzó su mano derecha y controló los escombros y los dirigió hacia el cuerpo, pero éste no era un demonio cualquiera. Giró su cabeza hacia Emily y con sus ojos rojos pudo detener lo que ella le había lanzado.
- ¡No puede ser! – se dijo Emily.
Todas las tablas y otras cosas caídas del techo cayeron nuevamente al piso frente a Emily quien se quedó parada sin hacer nada pero muy furiosa, y el demonio aún no soltaba a Elizabeth, la cual estaba casi morada.
- ¡Quam volo tu, daemonium! – le gritó Emily pensando en que si hablaba en latín, éste podría entender. Ni siquiera sabía si podría hablar en latín, solo confió en que lo lograría. Y lo logró. (Que quieres, demonio).
- ¿Quam credo tu, angelus? – le respondió el demonio con voz entre niña y distorsionada. (Que crees, ángel).
Los ojos se le tornaban más rojos y le caía sangre de la boca al hablar. Miró a Emily monstruosamente y fijo, levantó la mano e hizo que ésta se paralizara quedando exenta de mover su mano para atacar. Sintió mucho miedo, como cuando entró recién a la habitación. Luego parecía un muñeco, guiado por la niña poseída que después de darle unos movimientos bruscos, su mano que estaba abierta comenzó a cerrarse con dificultad como si estuviera apretando algo muy duro, y a la vez, Emily sentía como la estuvieran amarrando tan fuerte que le quebraban todos los huesos. Gritaba desconsoladamente cada vez sentía que la apretaban más y mas. Era algo horroroso y doloroso a la vez. Además, la niña aun no soltaba a Elizabeth quien todavía le quedaba su último respiro, el cual lo usó levantando su mano derecha y poniéndola en la cabeza de la niña y en vez de quitarle el demonio, le lanzó llamas en toda su frente sus ojos, pero este era un fuego diferente al anterior. No tenía el mismo potencial y era más poderoso.
El demonio no tuvo más que soltar a ambas y se arrojó al suelo empezando a gritar cosas sin sentido y golpeando su cabeza en el suelo. Se había vuelto loco.
Elizabeth tosía y Emily estaba votada en el piso recuperando el aire y arreglando su cuerpo. Se levantó y miró a Elizabeth.
- ¿Estas bien? – le preguntó.
- Si… ¿y tu? – le respondió.
- Si…también. Escucha, necesito que intentes abrir la puerta como sea, pero hazlo mientras yo entretengo a este demonio infeliz… ¿Puedes hacerlo?-.
- Si…pero…
- Tranquila…solo hazlo. ¡Ahora!.
Emily saltó sobre el demonio y le puso la mano en la frente y comenzó rápidamente a decir la oración. Sin embargo, la niña no la dejo y la rasguño por todas partes, pero su furia aumentó al darse cuenta recién que la herida de Emily sanaba al instante. Las observó quietamente al tanto que su rostro se tornaba más deforme y con ira. Corrió hacia ella con las manos al acecho y gritando. Emily la esquió y corrió por toda la habitación.
Elizabeth se había levantado y miró la puerta. Primero se puso a pensar un rato como la podría abrir, pero se dio cuenta de que no había tiempo y que era ahora o nunca. Utilizó su fuego ya que al tratar de sacar la puerta con su levitación no funcionó. Pero parecía que tampoco el fuego. La puerta comenzó a transpirar y fue cuando Diana y Nathalie entraron. Caminaron por el pasillo y no vieron en las habitaciones anteriores a las otras dos.
- ¿Dónde estas? – le preguntó Diana a Nathalie.
Sintieron gritos y más ruido en la sala 666 y corrieron a ella.
- ¿¡Emily!? – gritó Nathalie antes de que al tocar la puerta se quemara la mano en la puerta.
- ¿¡Nat!? ¿Eres tú? – le preguntó Elizabeth.
- ¿¡Elizabeth!? ¿Qué esta pasando? – le preguntó Nathalie.
- ¡Trata de abrir la puerta! Abre la puerta, no puedo abrirla…
- Pero…es que… - Nathalie titubeaba por lo caliente que estaba la puerta.
- A ver…- Diana tomo la manilla de la puerta y la intentó girar para poder abrirla, empezó a salir vapor. El piso estaba con agua. Diana intentaba pero no podía. Sacó su mano que estaba rostizada y un poco pegada a la manilla. Rápidamente comenzó el proceso de regeneración.
- ¡Dios, no se puede! – le dijo Diana a Nathalie.
Intentaron de todo físicamente, desde patadas hasta empujones, pero no podían. Pensaron solo segundos cuando a Nathalie se le ocurrió un idea espontánea la cual era haciendo una puerta. La pared era mucho mas blanda que la puerta de metal y por lo tanto, era más fácil que crearan un hoyo o algo para poder entrar.
- Usaré…raíces. Raíces que atraviesen la pared.
- ¿Crees que serán lo suficientemente fuerte como para poder atravesarla? – le preguntó Diana.
- No…pero…levantarán el piso.
Los ojos de Nathalie se tornaron verdes y alzando su mano hizo aparecer raíces muy gruesas que efectivamente levantaron el suelo, y haciendo otro movimiento más, atravesaron la pared muchas veces, haciendo hoyos los cuales des pues formaron un gran pasadizo hacia la habitación. Diana corrió por allí. Vio a Emily cubierta de sangre lanzando chorros potentes de agua a la niña, Elizabeth estaba en la puerta mirando lo que ocurría. Estaba como traumada.
-¡Dios mío! – grito Diana, mientras corría por Elizabeth. - ¿Estas bien? Contesta.
- Hay que ayudar a Emily…no puede sola…- le dijo.
El demonio vio entrar a Diana y la miro quietamente. Los ataques de Emily ya no servían de nada, eran en vano y le gastaban energía. Nathalie estaba entrando por la pequeña abertura de la pared, cuando el ser maligno la ve pasar y da un salto gigantesco hacia ella no queriéndole hace nada, más bien tratando de escapar por ahí. Nathalie sale volando hacia atrás con la fuerza que llevaba y no la pudo detener. Corrió por el largo pasillo hasta llegar a la puerta que conectaba con las otras salas del manicomio. Por supuesto, Caliel lo sintió venir. Y rápidamente abrió la Biblia que llevaba siempre consigo y miró al demonio a los ojos. Éste dio unos cuantos gritos e insultó a Caliel en lenguaje latín luego que le rasguñara y lanzara la Biblia lejos. Caliel sintió tanto miedo que no pudo hacer nada más que quedarse como idiota en el piso. La niña vio una ventana cerrada y saltó como quien atraviesa una abierta. La quebró en mil pedazos y toda la gente de ahí se asustó y se agachó. Era un ambiente demasiado tenso y terrorífico.
Diana vio lo ocurrido y salió por donde entró. Observó a Nathalie en el piso, estaba bien. Luego volteó su mirada al pasillo, fijando sus ojos en rastros de sangre por el suelo hasta la puerta de salida. Nathalie entró a ver a Emily con Elizabeth. Todas estaban súper bien y sin ningún rasguño. Entonces, Diana caminó rápidamente hasta salir de aquel sitio y ver con sus propios ojos lo que había sucedido con la niña. Nada más vio a Caliel apoyado en la pared apenas mirándola con ojos no de enojado, si no de culpa. Diana también lo miró con culpa y además con pena. Sentía gran responsabilidad en lo sucedido. Comprendió todo cuando vio la ventana rota y la gente comentando lo que pasó.
- No… - dijo murmurando Diana.
Mientras que en la habitación estaban las otras tres, Emily recobraba el sentido luego de haber peleado un gran rato con el demonio. Elizabeth y Nathalie estaban con ella, cuando de repente se dio cuenta del gran hoyo en la pared y de que la niña no estaba.
- ¿Dónde esta? – preguntó.
- Se escapó…por ahí. Diana y yo abrimos la pared para poder ayudarlas…pero creo que empeoramos la situación. Nunca pensamos en que podría escapar – le dijo Nathalie.
- Pero…como…- dijo Emily tratando de entender.
Se paró del suelo y corrió a la “salida”. Entre los escombros de la pared se encontró con Diana que retornaba para encontrase con ellas.
- ¿¡Donde esta!? – le dijo Emily exaltada.
- Escapo Emily… - le respondió la otra.
Emily puso cara de miedo y de molestia. Hizo a un lado a Diana y corrió por el pasillo hasta verse con Caliel. Sus ojos lo decían todo. Caliel la miró de la cabeza a los pies, ya que estaba ensangrentada.
- ¿Estas bien? – le preguntó.
- Si…no es nada. ¿Y tú? – le dijo Emily.
- Solo rasguños…-.
- Y…se fue… ¿verdad? -.
- Mira…yo—
- ¿¡Caliel!? ¿Qué significa todo esto? Hable con tu maestro el padre Ariel…me dijo que—dijo el doctor Charles.
- Si…si. Hablemos de eso, pero en privado, por favor.
Caliel se encerró en la oficina del doctor para conversar. Habían descubierto el plan de Caliel, y no había nada que el pudiera hacer para evadir la verdad. Emily lo solo lo vio hasta que cerraron la puerta.
Esperaron las cuatro fuera de la oficina, manchadas de sangre pero con su capucha puesta encima. Había mucha gente que las miraba preguntándose si eran amigas o enemigas. La opción no era clara si no habían podido derrotar a un demonio dentro de una niña de diez años, era confuso. Pero luego de unos minutos, Caliel salió de la oficina un poco pálido. No quiso contar nada por el momento, solo salieron del recinto en forma rápida en dirección a la iglesia. El camino hacia allá fue silencioso y sin ni un comentario.
Cuando llegaron se dirigieron a la iglesia directamente.
-Oye… ¿nos dirás exactamente lo que te dijo o no?- le dijo golpeadamente Emily.
- Hablaremos de esto después niñas. Necesito conversar con el padre ahora. Pueden…tomar una ducha, los baños están allá. Pueden ocupar esas habitaciones de hospedados y…iré en un rato ¿si? – les dijo Caliel.
No era una charla agradable. Sabían que castigarían al joven solo por creer en ellas, por lo tanto se sentían responsables del fracaso de su primer día como “Ángeles”.
jueves, 31 de enero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario