Después de estar un largo e intenso rato mirando el alba hasta despegarse el sol del horizonte, Emily miraba el agua y meditaba a fondo. Respiraba aire totalmente puro y cada vez estaba más relajada. Sentía la sangre correr por sus venas.
De un momento a otro alzó sus brazos y se dejó caer al agua. El agua parecía potable de lo transparente que estaba, pero lo raro era que nada había en ella. No había plantas ni peces. Era un mar completamente vacío que solo tenía agua. Emily se percató de aquello. Desde niña que le dio miedo el mar, pues no le gustaban los animales que vivían en el, ni las plantas que contenía, ya sea algas, cochayuyo u otros. Además, el agua se había llevado a varias personas de su familia, como su primo, una de sus tías y un compadre de su padre. Era coincidencia, pensaba, pero esta coincidencia era muy evidente. Sin embrago no lo asoció a su elemento si hasta mucho después.
Mientras tanto, gozaba su estadía en el mar vacío, poniendo a prueba su resistencia, y obteniendo como resultado poder respirar bajo el agua. Era asombroso. Ella lo describía como poder respirar aire, pero este aire era más denso y húmedo. Era una experiencia que jamás olvidará.
Emily nadó y nadó bajo el agua todo el día sin llegar a ninguna parte. Emma parecía infinito, pues no topaba ni con rocas o arrecifes o islas. Pero así como Emily se entretenía nadando, Elizabeth lo hacía en el volcán de Lizz. No transpiraba ni nada, solo veía la lava burbujear de tanta temperatura. La joven podía tocar aquel líquido medio espeso, y era como tocar agua caliente, nada le pasaba, de hecho lo disfrutaba, y sentía que cada vez que lo tocaba se hacía más fuerte.
El volcán de Lizz era muy especial. A ratos salía desde su núcleo, un llama de fuego hacía la superficie y Elizabeth podía observar aquello. Era espectacular. Sin embargo, no podía faltar un momento nostálgico, como el acordarse de su familia, su madre su hermana. En ese trance se sintió débil, sin ganas de hacer ni ver ni sentir nada. Pero en el fondo, muy fondo de su corazón y cabeza, conocía la verdad, y esa era que no debía echarse para atrás, ella eligió esto y ella lo afrontará. Y así esa mañana, tomó entre sus manos algo e lava ardiente entre sus manos y se la pasó por todo el cuerpo, manos piernas y tronco. Hasta en el cabello largo que cargaba. Solo sintió que debía hacerlo, era como su manera de fortalecerse y al parecer acertó. Luego de ese día, estaba con más poder y energía que nunca.
Algo así le pasó a Nathalie. Su experiencia no fue menos importante. Supuestamente ella es la madre naturaleza en forma angelical, por lo cual, su deber es cuidar y hacer permanecer el medio ambiente. Luego de la maravillosa alba que presentó, Nathalie caminó alrededor de la selva un momento, memorizando todas las clases de plantas y árboles que tenía la Tha. Incluso había un arroyo que pasaba por toda la selva, y era agua que iba precisamente a desembocar al mar. Nathalie encontró un lugar muy especial para comenzar, y fue entre algunos árboles sauces, con troncos que parecían asientos, allí. Entre plantas y plantas, con agua y hojas caídas, se encontraba la joven, quien al momento de sentarse allí, se comenzó a concentrar de manera rápida y provechosa. Cerró sus ojos y comenzó a tocar todo el tronco, todas las hierbas que la rodeaban, todas las hojas, todas las flores, tallos, pétalos, pasto. Estuvo gran rato haciendo lo mismo. Luego de un par de horas, se paró de donde estaba sentada, aún con los ojos cerrados, y comenzó a caminar nuevamente alrededor. No veía ni observaba, pero tocaba y sentía cada ser verde en aquella selva. Y al hacerlo se sentía bien, como con ganas de hacer algo grande.
Diana, por otro lado, aun estaba con un poco de susto por la gran altura a la que se encontraba. No podía mirar hacia abajo. Era difícil acostumbrarse a estar allí, sintiendo repentinos vientos a tu lado y no poder hacer nada. Sin embargo, con el pasar del tiempo iba agarrando confianza y empezaba a moverse con mayor libertad. Se sentía más segura y quizás no era tan terrible el estar en altura extrema. Fue cuando entonces, comenzó a creer que Caliel tenía razón acerca de la valentía. Diana empezó a pensar más maduramente. Al parecer era la mas inmadura de las cuatro, pero los pensamiento que tuvo aquella mañana la hicieron meterse en la realidad un poco más y no quedarse atrás.
Todas habían tenido uno de los mejores días de su vida, que jamás habían tenido y tendrán en largo tiempo. Eso era seguro. Pasaron todo el día, tarde y noche en sus ambientes, y las cuatro los disfrutaron al máximo. Fue mucho más de lo que esperaban. Fue más que hacer lo que a uno le gusta hacer y lo hace sentirse bien. Fue más que estar ahí y sentarse a reflexionar. Para ellas fue vivir la vida entera en un mundo totalmente distinto, pero ideal y como a uno le gustaría que fuera. Les sirvió para crecer tanto como persona como de corazón. Eso lo valorarán toda su vida, eso es seguro.
Eran casi las diez de la noche y Emily no salía del agua desde que entró por primera vez. Había estado todo el día sumergida y cuando ya se dio cuenta de que la luz del sol se había ido, salió a la superficie, en donde la oscuridad de la noche se hacía presente en el mar de Emma. Emily se asustó pues el tiempo había sido totalmente efímero y no sabía como regresar a la iglesia. Miró a sus alrededores y alcanzó a observar el volcán de Lizz. Por supuesto, Elizabeth se encontraba allí aun, creando llamas enormes en el cráter del volcán que, por ser de noche, se veía todo el cielo iluminado. Era un espectáculo precioso. Emily por lo menos lo gozaba.
Estaba allí mirando en el agua, cuando de pronto sintió una presencia que paso tras de ella. La joven miro rápidamente y se percato de que no había nada. Luego volvió su mirada al volcán y nuevamente sintió que algo rondaba por ahí. Finalmente alcanzo a alzar la vista, cuando su sonrisa de oreja a oreja dio a conocer de que se trataban de hadas iluminadas que reposaban sobre el mar.
- ¿Hadas? – se dijo Emily.
Eran criaturas muy hermosas e iluminadas q salían de noche como luciérnagas. Emily las identifico de inmediato. Las había visto en la televisión o en libros, y siempre quiso saber si realmente existían. Ahora se daba cuenta que si, aunque no en su mundo real. Además, su asombro no terminó, pues un segundo más tarde sintió algo rozar sus piernas bajo el agua. Eran sirenas. Nadando a gran rapidez y saltando como delfines hacia fuera. Las acompañaba otra especie de sirenas que tenían alas como las hadas. Emily no supo que eran, pero aun así quedaba sorprendida con las luces que irradiaban las hadas tanto de sus ojos como de sus alas. Más con el otro espectáculo que hacía Elizabeth desde el volcán era la combinación perfecta para que Emily se sintiera como en fuegos artificiales. Pero ya era hora de irse y la joven no lo quería reconocer, la verdad era que no quería marcharse.
Diana, antes de marcharse, se paró en la pequeña superficie del cerro Dianum como queriendo por fin enfrentar el miedo a la altura y mirar hacia abajo y luego hacia arriba, el cielo. Sentía brisas rozar su cara, que iban y venían como cuando pasaban los autos por delante de ella cuando estaba esperando el transporte hacia el liceo. Tenía muchos recuerdos para cada ocasión y ese era uno de ellos. Eran vientos de de repente. Incluso en un momento como que atrapó uno con sus manos y se sostenía en sus palmas. Lo tuvo por unos segundos y luego se perdió en el aire. Diana sonrió. No sabía que era, pero fue increíble la sensación que se sintió. Decidió bajar al fin. Y mientras tanto, Nathalie también salía de la selva, con algunas ramas y hojas verdes en las manos. No sabía como, pero recordaba el camino a la iglesia. Todas lo recordaban y eso que solo habían ido una vez. Eran las once de la noche. Era hora de volver.
Caliel las esperaba en la sala blanca, y la primera en llegar fue Diana.
- ¿Soy la primera? – dijo en tono chistoso.
- Eso parece. ¿Cómo te fue? – le respondió Caliel.
- Muy bien. Y a propósito…quería disculparme contigo. Es decir, todo lo que dijiste era verdad y yo no lo quería creer. De verdad me ayudó mucho ye so te lo agradezco.
- Era cosa de que te dieras cuenta. Las ganas que tienes de aprender con muchas.
- Si lo se…por eso, gracias.
- Cuando quieras te orientare, Diana. Ese es mi trabajo.
Diana le sonrió y miró el suelo.
- ¿Y te encontraste con tus sirvientes? – le preguntó Caliel.
- ¿Mis sirvientes? - le respondió Diana confundida.
- Si…
- ¿Cuáles?
- Los silfos.
- ¿Silfos?
- Si.
- ¿Quiénes son?
- Tus…sirvientes – le dijo riéndose despacito.
- Que gracioso. Dime quienes son.
- Bueno…los silfos son los elementales del aire, por lo tanto, es su deber servirte a ti, el Ángel del Aire. También llamados sílfides, los silfos habitan y se mueven en los insondables éteres del espacio, constituyendo la atmósfera donde vivimos y merced de la cual respiramos. Su color es transparente y se confunden con el azul del cielo por lo cual es muy difícil de darles una forma determinada, pero creo que para ti no será desafío encontrarlos.
- ¿Tú crees? – dijo Diana con tono apagado.
- Por supuesto. Eres el Ángel al cual deben seguir. Pero siguiendo con la explicación, los silfos son responsables de algunos fenómenos eléctricos de la Naturaleza, tales como los relámpagos, los rayos y truenos, así como todos aquellos que están relacionados con el aire, es decir, el viento, desde la ligera brisa a los grandes huracanes. Eso de los truenos y relámpagos quiere decir también que obedecen al Ángel de la Electricidad.
- ¿Existe un ángel de la Electricidad? – preguntó Diana.
- Si. Pero está en Asia. No puedo precisarte su ubicación. También los silfos son aliados de las ondinas, elementales del agua. Con ellas condensan el aire de la atmósfera y la transforman en lluvia. También aliados de los elementales de la tierra, los gnomos, colorean y dotan de perfume a las flores, entre otras cosas.
A los silfos se les puede observar y distinguir como ráfagas de luz desplazándose por los espacios a velocidades increíbles. En lenguaje esotérico, se les denomina como los “grandes comunicadores”, ya que la analogía dice que son responsable de la comunicación en relación a la radio, televisión, teléfono, etc. Además, algunos estos Devas forman “Ángeles Guardianes de la Humanidad”. No tengo mucho conocimiento sobre ese tema, pero…con todo lo que te dije ¿tuviste algún encuentro con algún silfo? - .
- Si…creo que si…de hecho tuve a uno en mis manos…- dijo Diana mirando el techo, como recordando.
Caliel le iba a decir algo, cuando entró Nathalie y Elizabeth conversando del gran día. Elizabeth iba con todo el vestido arriba de las rodillas, quemado por las grandes flamas del volcán.
- ¿Qué le pasó a tu vestido? – le preguntó Diana.
- Mmm…tuve un encuentro con el fuego – le contestó Elizabeth.
- Bueno…era lo que me esperaba. Ahora solo falta Emily, que espero venga en camino – dijo Caliel.
Emily iba llegando, empapada y arrastrando su cabello que le pesaba como cinco quilos cuando estaba mojado. Pero al entrar, y estar cerca de Elizabeth, se secó rápidamente. Fue algo mágico pero del que todas se percataron. Caliel dio la finalización del día.
- Bueno niñas, es decir… jóvenes. Creo que con todo lo que pasó hoy no vale decirles niñas. Espero que hayan disfrutado este día, porque creo que no tendrán otro así por un largo periodo. Creo y ojalá que hayan tenido los resultados necesarios para que ya mañana solo practiquen sus poderes y les demos sus duo sigillum para que todo salga bien.
- ¿Duo que? – preguntó Emily.
- Duo Sigillum - respondió Caliel.
- Pero… ¿Qué es eso?- pregunto Diana.
- Esta en latín… ¿verdad? – dijo Nathalie.
- Así es… - respondió Caliel. – Duo sigillum significa “dos sellos”, y son los que todo ángel tiene en esta tierra para poder enfrentarse a un demonio. Sin estos, no se podría decir ni que son mitad ángel. Son muy importantes.
- Pero…¿Cómo …? ¿Cómo son? ¿Cómo se utilizan? – pregunto Elizabeth.
- Mañana les mostrare como y les enseñare a usarlos. Por ahora deberían descansar para mañana, último día, poder practicar.
- ¿¡Mañana!?, ¿no que era una semana? – pregunto Emily.
- Es que ya no hay tiempo niñas. Me gustaría decirles que tienen mas rato para descansar o para prepararse mentalmente y todo…pero no tenemos más tiempo que perder. Por favor entiendan.
Entonces, las jóvenes se miraron unas a otras y comprendieron de que en verdad este mundo las necesitaba más que nunca. Que todo había sido exageradamente rápido, pero debía ser así. Tenían, además, curiosidad por saber el “duo sigillum”, y utilizarlo. Por ahora solo quedaba pasar la noche.
Lunes. Empezaron su mañana practicando a full sus poderes, controlar sus elementos, leer la mente, entrenar sus mentes, entre otros. Cada minuto y hora que pasaba se sentían mas cansadas, sus cuerpos les pesaban mas que nunca, y debían sacarle provecho a ese día, el ultimo. Al estar así de exhaustas, no rendían bien en sus entrenamientos. A veces sus poderes se descontrolaban o sus mentes se distraían, y lo peor de todo era que Caliel no entendía aquello. Solo querían que cumplieran con el objetivo y no se daba cuenta de que estaban mas que agotadas.
Cuando ya eran casi las siete de la tarde y el sol comenzaba a esconderse, se reunieron en la sala que les había servido de casa esos días, y Caliel apareció con una especie de libro en la mano, uno muy gordo.
- ¿Qué es eso? – pregunto Elizabeth.
- Es una Biblia, pero no es cualquier Biblia…- le dijo Caliel.
- Es una Biblia en latín…- respondió Emily.
- Exacto. ¿Cómo lo sabes? – le dijo Caliel.
- En la tapa salen palabras en latín.
- Claro, el latín fue una de las lenguas más universales en los tiempos religiosos, como ahora lo es el ingles. Hay muchos que dicen que mas de alguna vez, Jesús habló en latín para dirigirse a sus discípulos o a la gente.
- Espera… ¿no que Jesús hablaba el arameo? – preguntó Diana.
- Por supuesto, pero cuando se comenzaron a crear los diferentes idiomas, el latín tomó más rango en la gente y se fe expandiendo hacia otros países. Los brujos o hechiceros del siglo catorce ocupaban este lenguaje para hacer sus conjuros e incluso invocar al Diablo.
Pero bueno, creo que eso lo sabrán con el tiempo. Ahora, una de las marcas se hace con esta Biblia. Va en la palma de la mano derecha y es permanente, es decir, la tendrán por siempre y para siempre. Esta es la marca a la cual llamamos vis, que significa fuerza, es la fuerza que necesitan para que el espíritu maligno pueda rendirse, si ustedes no tienen esta marca, no le harán ni un rasguño. Esta es la que potencia sus ataques, sus poderes y sin ella, no tendrían el derecho de llamarse Ángeles.
Luego, Caliel sacó a Emily, la cual estaba entusiasmada con aquella “marca” y entonces fue la primera en experimentar pasar ya a mas rango. La Biblia tenía un sello muy especial en la parte de atrás que tenía forma de cruz. De hecho era solo una cruz con detalles en las cuatro puntas. Emily reposó su mano sobre aquel sello y una luz ilumino toda su palma. Caliel empezó por decir algunas palabras en latín:
Dominus, rem gratam alicui facio supplico quam largior ad hic sum coelestis
Potentia que sapientia quo divisa in adveso pono sine timor
Que sine sui inimicus exeo victor
In nomine Patris, et Filii et Spiritus Sancti
Amen.
(Señor, por favor te pido que des a este ser celestial
Fuerza y sabiduría para que venza sin temor
Y sin que el enemigo salga victorioso
En el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo
Amen. )
Mientras se decía esto, Emily sentía su mano quemarse en aquel sello. Le decía a Caliel, pero este como que no escuchaba y se concentraba en lo que decía. Cuando ya termino decirlo todo, Emily levantó su mano y se la miró. Tenía el mismo símbolo en su palma como una quemadura, pero a la vez, como si estuviera dibujada con pluma negra y no se saliera jamás. Caliel le sonrió y no necesito decir nada más, excepto decirles a las otras que era su turno.
- Hablaste de dos marcas… ¿Cuál es la segunda marca? – preguntó Nathalie.
- Oh…esa no se pone con esta Biblia. Es una marca especial que aparece generalmente en el lado opuesto al corazón, es decir, el lado derecho en el pecho y se hace presente luego de vencer a su primer o segundo demonio. Es cuestión de tiempo. – respondió Caliel.
Cuando Caliel termino de poner todas las marcas, se llevó la Biblia, les dijo buenas noches y se marcho, dejando a las niñas preocupadas, emocionadas, y sobretodo nerviosas. Caliel se dirigió a las iglesia a hablar con el padre Ariel acerca de lo se mañana. Las niñas estaban preparadas y necesitaba tener todos los papeles listos que había que presentar en el lugar donde se iba a hacer la especie de exorcismo.
- Padre, debe entender que ellas están listas. Además ya tienen la marca sagrada. Se que no ha pasado ni siquiera una semana completa, pero tiene muchas capacidades, más de las que he visto en mis otros aprendices – le decía Caliel a Ariel.
- Caliel, sabes que el consejo de Prada no está de acuerdo con mandar a unas jovencitas que no han completado el entrenamiento que se necesita para lograr buenos resultados y no más muertes.
- ¡Al diablo con el consejo!...Toda mi vida he acatado lo que dice el consejo, pero ya estoy arto. Lo único que hacen es tomar malas decisiones. Por eso vamos de mal en peor, por eso la cantidad de gente poseída aumenta en Celeron.
- ¡Caliel! No seas irrespetuoso, sabes que el consejo tiene mucha, mucha mas autoridad que tu en este momento. No eres más que otro aprendiz avanzado de los Urelianos, llevado por tus ideas locas. ¿sabes lo que pienso? Estoy de acuerdo con el consejo de Prada. Las chicas no deben ejecutarse aún.
- ¡Padre, por favor! No se imagina la capacidad y entusiasmo que tienen…s tan solo las viera…
- ¡Pero no las he visto ni tampoco quiero hacerlo! Es una barbaridad, Caliel. ¿En verdad crees que están preparadas si solo han pasado casi cinco días? Es ridículo y descabellado.
- Padre Ariel, se que el consejo tiene más autoridad que yo. Se que en verdad tienen autoridad sobre muchas cosas, hasta de usted, pero, eso no quiere decir que las decisiones que toman son las correctas. He visto muchas cosas que han sido disueltas a causa del consejo. Sabe mejor que nadie que uno de nuestros enemigos salió de allí hace años, y no me extrañaría que hubiera otro tratando de arruinarnos.
- ¡Basta! No necesito escuchar esto, Caliel. Tus niñas no irán y punto.
Ariel se marchó sin mirar a Caliel. Éste se sintió frustrado y decepcionado. Había trabajado durante largas y extensas horas con las cuatro jóvenes para nada. Pero sus ideales, tal como dijo el padre, lo llevaron a hacer un plan realmente estúpido pero efectivo. Lo llevaría a acabo mañana, tal como se lo había dicho a las chicas. ..
Emily despertó repentinamente minutos antes del alba del día martes. Miró por la ventana que corría viento. Parecía que el cielo se cubriría con nubes el resto del día. Emily sentía su cuerpo pesado y no podía moverse con rapidez. Era el entrenamiento duro del día anterior. Seguramente todas habían amanecido con tal dolor y molestia. La joven se levantó, abrió la puerta de la sala y dijo:
- ¡Dios mío!
Miró detenidamente a una de sus amigas.
- ¿Tu aquí, sentada en el pasto, a esta hora mirando el cielo? – le preguntó Emily.
- Si…lo se. Es rarísimo, pero aquí estoy. De hecho no tenía ganas de seguir durmiendo. Por eso me levante – le respondió Elizabeth.
- Y…¿Qué hay del pasto? Están sentada…¿no te da alergia?
- Mmm…hoy me di cuenta de que no. Muchas cosas han cambiado en mí…y no me había dado cuenta.
- Si…yo igual. Y dime ¿Por qué no podías dormir? ¡Ah! Por eso el cielo está así hoy…
- ¡No!...no tonta…es que no podía dormir porque…la verdad es que estoy un poco nerviosa…es decir…¿Quién no? Hoy es el día…
- Yo no lo estoy.
- Bueno…tú eres un caso especial.
- Es que…más que nerviosa, estoy entusiasmada, impaciente por saber que nos espera…
- Si…igual tengo ese sentimiento. Pero no puedo dejar de sentir nerviosismo.
- Pero…debes sentir que…no se. Que…nada puede pasarte, y solo disfrutar este momento…
Elizabeth la miro extrañada.
- ¿Vivir la vida? - le dijo.
- ¡Si! Eso…vivir la vida… - y Emily rió.
- Mmm…ojalá hubieras pensado así hace un año…
Emily la quedó mirando sin decir nada por un instante. Luego sonrió.
- Bueno…eso ya pasó. Ahora solo hay que vivir el presente. El pasado es pasado y el presente es el presente. ¿Si?
- Si…puede ser.
Luego de eso hubo un largo silencio que Elizabeth rompió:
- ¿Recuerdas esos días en los que nos echaban de la sala por que estábamos conversando de la otra gente?
- ¡Ja! Si…lo recuerdo. O cuando nos burlábamos de la gente que tenía algo raro de sus caras o su ropa.
- También. o Esa vez que fuimos todas al cerro y me caí varias veces…
- Eso era porque habías tomado demasiado.
- ¡No! Tú habías tomado demasiado. Estabas muy feliz, y hablabas raro.
- No lo creo…recuerdo todo perfectamente. ¡Ah! ¿Y cuando buscábamos esa heladería y recorrimos toda la ciudad para encontrarla y luego nos dimos cuenta de que había estado al lado de nosotras todo el tiempo?
- ¡Si!
Se rieron al mismo tiempo por un rato y luego volvieron a retornar su mirada al cielo.
- Que nos deparará todo esto… - dijo Elizabeth, mirando como el sol salía lentamente entre las montañas e inmediatamente era tapado por las nubes.
Luego de unos minutos, Caliel llegó con unas ropas en la mano y un pequeño bolso en su costado, y las hizo entrar a la sala. Se reunieron y luego, el joven dijo:
- Buenos días niñas… ¿durmieron bien? ¿están preparadas?
- Eh…eso creo – dijo Diana.
- Bueno, necesito que me sigan, y primero, pónganse esto – les dijo Caliel.
Les pasó una especie de abrigo con capucha que usaban los frailes antiguamente y se marcharon por el bosque hacia el lugar donde tenían que ejecutar. Caliel no les dijo nada ni les explico porque usaban esa vestimenta. Pero Nathalie no tardó en darse cuenta de que algo era extraño. Caminaban apresuradamente y en eso le preguntó:
- ¿Por qué vamos tan rápido y tan…ocultas? - .
- No, no es nada…vamos bien – le respondió Caliel.
Nathalie las detuvo a todas y luego miró seriamente al joven y le dijo:
- No estamos autorizadas ¿verdad?
Todas la miraron y Caliel solo se detuvo sin voltearse a Nathalie.
- ¿De que hablas, Nat? – preguntó Emily.
- Niñas, no quiero que se sientan frustradas ni menos que piensen que todo el esfuerzo y entrenamiento fue para nada – le dijo Caliel mientras se daba vuelta hacia ellas.
- ¡Pero eso es lo que es!, todo el esfuerzo fue inútil porque te puedo asegurar de que no tenemos el permiso que se necesita para ir allá y hacer lo nuestro. – le dijo Nathalie.
Caliel la miró y solo después de unos segundos le dijo con una sonrisa:
- ¿Leíste mi mente o solo lo adivinaste?
- Eh…las dos cosas. Eso no importa. Quiero saber que haremos si es así.
- El padre Ariel me comunico que no podían ir por falta de entrenamiento o por experiencia. Fue el consejo de Prada el que toma estas decisiones, y ellos decidieron que lo mejor era que dejáramos más tiempo para prepararlas como corresponde. No me pregunten porque ni como ni nada, porque la verdad es que me llevo muy mal con el consejo. De hecho ni siquiera se conocen las personas que trabajan en él.
- Pero… - dijo Elizabeth.
- Escuchen. Nadie me dirá lo que tengo o no tengo que hacer. Nadie mejor que yo sabe cuan preparadas están ustedes. Así que…iremos a salvar a esas personas que nos necesitan, les guste o no al consejo.
- Pero que pasa si…no se. A lo mejor no estarán muy contentos al saber que no los obedeciste. – le dijo Elizabeth.
- No importa…la gran mayoría de las veces he desobedecido las órdenes. Solo les pido que confíen en mí. Les aseguro que ustedes estarán bien, y yo me las arreglare luego con el padre Ariel.
Las palabras que salieron de la boca de Caliel las dejaron pensativas, pero no tuvieron más posibilidades que seguir al joven y creer en él. Después de todo eran unas principiantes y no tenían experiencia. De todos modos, Caliel sintió algo de frustración por parte de ellas, pero tenía el presentimiento de que ese día lograrían un buen trabajo.
lunes, 14 de enero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
otra otra!!
Publicar un comentario