sábado, 9 de febrero de 2008

CAPITULO XI

Todas se excitaron mucho con lo dicho acerca de sus alas. Era cierto que había un par de alas escondidas en el interior de las espaldas de cada una y no era gran ciencia sacarlas. De hecho era más fácil que cualquier otra cosa que hayan aprendido en esa semana. Solo se necesitaba confiar. Así que luego de comer algo, Caliel llevó a las jóvenes al edificio más alto de Celeron. Eran casi cuatrocientos metros de altura.

- Bueno…aquí es. Cuatrocientos metros de caída libre, el edificio de Verkas. – dijo Caliel a las chicas.

- ¿Caída libre? – preguntó Diana.

- Si…supongo que saben a lo que me refiero…

- Que…hay que caer desde aquí… ¿así sacaremos nuestras alas? – preguntó Emily.

- Por supuesto. Con esta prueba, que es lo más sencillo que experimentaran en sus vidas, podrán hacer nacer sus alas y volar. Solo deben tener las agallas y sin duda la confianza de que pueden hacerlo.

La fe que les tenía Caliel a las jóvenes era mucho más fuerte de lo que se podía imaginar, pero la rapidez con que hacia todos los procesos era extrema. Tomó a Diana de un brazo y la hizo pararse con la mitad de los pies en el edificio y la otra mitad al aire. Ni el más valiente ser de la tierra no sentiría vértigo o temor a esa altura. Diana sentía que el piso se hacia cada vez mas abajo, mas lejano. Era una ilusión.

- ¿Por qué me haces pararme aquí? – le preguntó a Caliel.

- Tu sabes porque, Diana.

- ¿¡Debo saltar!?...creo que no estoy preparada para esto…

- Claro que si…vamos.

Las demás se alejaron de allí y esperaron varios minutos para que vieran a Diana saltar. El pensamiento de Elizabeth era confuso, pues a la vez tenía miedo, y a la vez quería solo lanzarse al viento y probar sus alas. Eso la hacia verse con cara de preocupada. Mientras que el rostro pálido de Nathalie se ocultaba bajo el de entusiasmado de Emily que al parecer lo único que quería era que llegara su turno. Por supuesto que tenía miedo, pero al lado de su valentía para estas cosas, se encogía.

- ¡Ay! No puedo hacerlo, Caliel…es que me da miedo. ¿Qué pasa si mis alas no nacen, o se estancan, o no están preparadas…? – decía Diana.

- Entonces tendremos que usar el plan B. – le dijo Caliel.

- ¿Plan B? – pregunto Diana.

El plan B no era nada mas ni nada menos que…empujarla. Había que si o si sacarle las alas hoy. Estaban en un momento crucial y necesitaban estar preparadas para todo. Caliel no le explicó el plan B a nadie, solo lo ejecutó. Con una sola mano bastaba para que Diana, a mas de cuatrocientos metros de altura pediera el equilibrio y cayera sin poder parar. Gritaba y gritaba y no nunca dejo de hacerlo. Parecía que ni pensaba tampoco usar el viento a su favor.

- ¿¡Que diablos haces, Caliel!? – le dijo Nathalie a Caliel, algo preocupada.

Todas se asomaron a ver la caída de la joven que se demoró varios segundos en aterrizar. Se agacharon y miraron como el aire que chocaba contra Diana le hacia danzar su largo cabello.

Diana cerraba los ojos y los volvía a abrir mientras caía, y gritaba. No hacia otra cosa más que gritar y ese fue su gran error. Afortunadamente su aterrizaje no fue tan doloroso. Unos metros bajo ella había una especie de toldo rojo fuera de una pastelería que se sostenía a unos tres metros del piso. Y como en las películas, Diana chocó contra ello, y éste, no soportando la aceleración del cuerpo, aflojó sus fierros y cuerdas, haciendo que la joven amortiguara antes de impactar contra el suelo, el cual le hizo deformarse algunos huesos de su tronco, como su espalda, cuello y una clavícula, sin mencionar el gran machucón que tenía en la frente por el aterrizaje. Quedó con el toldo sobre ella como una manta y la gente corrió a ver lo sucedido. Diana parecía muerta pues no se movía y tenía los ojos abiertos y con una capa blanca en todo su contorno. No respiraba.

El dueño de la pastelería había presenciado todo al igual que sus clientes, los cuales se amontonaron e la muchedumbre alrededor de Diana. Un caballero que estaba a la cabeza de la joven, junto con otro que iba en bicicleta, ayudaron a destaparla y descubrir su rostro. Había un charco de sangre en la acera y había señoras gritando por la muerte de una niña. Más luego de cinco minutos de espectáculo, la capa blanca que cubría los ojos de Diana por dentro se consumió en su iris color lila. Luego tornó al verdadero color de ojos de la joven que era café.

Luego del efecto de sus ojos, Diana comenzó a levantarse lentamente produciendo el enderezamiento de sus huesos y la sanación de sus heridas. Aún no se daba cuenta de que toda la gente la observaba. Entonces, cuando dolo faltaba su clavícula, la cual la enderezó con su mano izquierda, pudo abrir bien los ojos y ver a la gente curiosa de los hechos. Diana expiró una sonrisita y se puso de pie rápidamente.

- Eh…es que…estaba en el segundo piso y me caí por…por…huir de una araña… - le explicó a la gente.

Era obvio que era una excusa verdaderamente estúpida siendo que varias personas la vieron caerse desde la terraza del Verkas. Se rió un poco para pasar desapercibida entre la gente quien no la perdió de vista hasta que entró a la edificio. Quedaron con la boca abierta sin poder decir algo.

- Dios mío…toda la gente la ha visto, Caliel. – le dijo Nathalie.

- Lo se…pero fue su culpa. Debería haber reaccionado antes… - respondió éste con algo de humor.

- ¿Pero no te importa que la gente hable de lo que ha visto? Como se curó tan rápido si estaba toda quebrada…- le dijo Emily.

- No…en esta ciudad saben y son devotos de la iglesia casi todos. La mayoría cree en los Ángeles y demonios, Dios y el Diablo…aunque claro está que esto no tiene una explicación razonable si no les decimos quienes son o mejor dicho que son ustedes realmente.

En ese momento llegó Diana con manchas de sangre en su cabeza y pelo mirando a Caliel con las cejas juntas.

- ¿¡Que mierda te pasa!?...¡Pude haber muerto! ¿Qué hubiera pasado si me reviento? -.

- ¡Espera!...no me hables así. No pudiste haber muerto porque si no te has dado cuenta aun, eres inmortal hasta el momento. Además era imposible que te reventaras y aunque lo hicieras, tu cuerpo se repondría… - le dijo Caliel.

- ¡Claro!... ¿Mi sangre, huesos, órganos se juntarían y formarían una nueva Diana?

- Ya basta. No te pongas irónica conmigo, Diana. ¿Por qué no reaccionaste? ¿Qué te sucedió?

- Es que…ay, no se. Me bloquee. Quería de verdad hacer esto, pero con el empujón parece que fue peor…

Diana estaba algo desilusionada de si misma, mientras las otras miraban la discusión. Caliel miró el piso y asintió.

- Está bien…lo harás de nuevo más tarde.

Antes de que el muchacho siguiera, una de sus niñas, quien ya tenía pensado hacerlo de hace algún rato, sin razón alguna corrió al otro extremo del edificio con mucha rapidez y dio un gran salto siendo parte de la gravedad de la tierra.

- ¡¡¡Emily!!! – gritó Elizabeth tras ella.

Caliel la vio saltar y al principio se sintió preocupado, pero luego de unos segundos, entendía el pensamiento y sentimiento de Emily. Se asomaron a verla caer, pero al parecer tenía el mismo destino que Diana. Estaba muerta de miedo, pero no dejó que le ganara repetía varias veces mientras caía “Alas, nazcan ahora, por favor, ¡¡ahora!!”. Y después de varios intentos, cerca del suelo, sintió un dolor tremendo en su espalda, como si le apuñalaran la espalda a la par y le abrieran la carne, de la cual nacían dos tremendas alas blancas que escupían plumas. Emily dio un grito aterrador y el próximo desafío era volar. De nada le servían si no lo sabía hacer. Pero las alas de un ángel son como otro par de brazos, solo que con plumas y mucho más grandes, es decir, si estas se hieren o maltratan, el ángel sufre. Como sea, agitó las alas antes de pasar el tercer piso del edificio y se elevó rápidamente a los cielos, permitiendo a sus amigas verla y por supuesto, a Caliel quien estaba emocionado y contento por ella.

Nathalie y Elizabeth se miraron queriéndose decir algo y antes de pensarlo, corrieron al otro extremo del edificio tomadas de la mano por cualquier cosa. También, ambas sintieron un dolor tremendo que solo duraba segundos, pero lo mas importante era que estaban volando si darse cuenta bajo un hermoso atardecer. Se sentían libres y vivas, pero cada una sentía aparte algo diferente, como por ejemplo Elizabeth, quien al ver sus alas a sus costados, sentía como que era algo que hace tiempo no sentía y necesitaba sentir. Una experiencia rara y grata, mientras que Nathalie estaba tan emocionada que solo sentía deseos de volar y sentir el aire.

Diana solo miraba a sus compañeras con nostalgia y sentía de verdad ganas de estar ahí como ellas, pero había algo tan tremendo que le ganaba y sentía que no lo podía hacer, como incapaz. Caliel la acompañó a la luz del sol que se ocultaba tranquilizándola y levantándole el ánimo. Tarde o temprano lograría sacar sus alas, pero ahora era el momento de regresar, luego dejar varios minutos volar a las jóvenes.

- No te preocupes Diana. Lo lograrás al igual que ellas, debes ser paciente - le dijo Caliel.

- Lo se…es que sentí algo tan raro que me borre por completo… - le respondió Diana.

- Bueno. Vendremos en unos días para poder sacar tus alas y puedas volar.

- ¿Qué? ¿No lo volveré a intentar ahora?

- Prefiero que no Diana. Estas completamente desconcentrada y tienes temor, lo único que lograrías sería gastar energías y volver a caer, y no creo que quieras volver a mancharte con sangre.

- No…yo…tienes razón. Si tu lo dices… - Diana respondió con cara de desanimada y frustrada.

- No te preocupes, además no creo que utilicen sus alas ahora ya. Lo lograrás.

Mientras ellos conversaban, Nathalie y Elizabeth pensaban volver a la terraza del edificio.

- ¡Dios!...esto es lo más fantástico que experimente en mi vida…- gritaba Nathalie.

- Lo mismo digo. ¿Dónde esta Emily? – preguntó Elizabeth mirando a varias partes.

- Mmm… ¿esa es Emily?

A lo largo del cielo naranja vieron una silueta que se alejaba hacia el sol y se perdía entre las nubes.

- Dejémosla…éste es el sueño de toda su vida…- dijo Elizabeth con una sonrisa.

Regresaron a donde estaban Diana y Caliel, aterrizando con algo de impulso y dejando de mover sus enormes alas blancas por un momento. Las miraban como si nunca hubieran visto unas.

- ¿Dónde esta Emily? – preguntó Caliel.

- Se fue volando hacia allá, en dirección al sol – le respondió Nathalie.

Caliel cambio su mirada. Como que estaba molesto y luego expreso que no debería andar sola volando por ahí, pues aunque tuviera poderes y pudiera volar, no los controlaba como es debido y podían pillarla en guardia baja. Luego entendió que la dirección de Emily era el mar y se quedó algo más tranquilo.

- Bueno, Emily sabrá llegar a la iglesia, así que, ha sido una gran experiencia por hoy y creo que debemos regresar ¿si? – dijo Caliel.

Todas lo siguieron. Pero de pronto, Elizabeth sintió una puntada muy fuerte que atravesaba su corazón y su ala izquierda que la hizo caer de rodillas y gritar de dolor. Nathalie que estaba a su lado, se inclinó muy asustada y le habló. Caliel, al sentir el grito de Elizabeth, se giró tan rápidamente y corrió a ella hablándole:

- ¡Elizabeth! ¡Elizabeth, que te pasa! - .

Pero parecía que ésta no escuchaba y solo se apretaba el pecho en el lado izquierdo, como si le estuviera dando un ataque al corazón. Caliel le levantó la cara y miró sus ojos de color naranjo y rojizo que expulsaban lagrimas de sangre por toda su cara y no cesaban.

- No… - dijo Caliel susurrando.

Sentía un miedo atroz al igual que las demás y no paró al ver caer plumas negras desde el ala izquierda de Elizabeth. Ésta ala se comenzaba a desteñir en forme rápida poniéndose cada segundo más oscura y oscura hasta quedar completamente de color negro. Y cuando el proceso se completó, el cuerpo de Elizabeth cayó al suelo, quedando su cabeza en manos de Caliel, que tenía ojos vidriosos por aquel acontecimiento. Las demás se preguntaban que pasó con ella.

- ¡Dios mío…que pasó! – grito Diana.

- ¿Por qué su ala se tornó negra? – preguntó Nathalie.

Sin embargo, Caliel no respondió nada y ordenó que ayudaran a levantarla del piso. En al iglesia explicaría lo que pasó.

Emily llegó unas horas después, de noche. Estaban todas en la iglesia incluyendo a Elizabeth, quien se encontraba en cama y acompañada de las otras dos, mientras Caliel se había encerrado en una pieza de puerta de madera al final de un pasillo.

Emily se quedó en el patio descubriendo la forma de volver a esconder sus alas. Afortunadamente, Diana sintió la presencia de ella y salió al patio para ver que ocurría.

- Llegaste… - le dijo Diana.

- Eso parece. ¿Sabes como…?

- Tienes que hacerlo tú. Son tus segundos brazos…debes saber controlarlos.

Ese comentario no le agrado a Emily, pero lo logró de una manera fácil y rápida. Aun no aceptaba a Diana. Había algo en ella que hacia que Emily se alejara y no sabia que.

- ¿Dónde están ahora? – le preguntó Emily.

- Acompañando a Elizabeth y Caliel se encerró en su habitación y no a querido decirnos nada.

- ¿Acompañando a Elizabeth? ¿Qué le pasa?

- Algo con sus alas…mejor lo ves tu misma, vamos.

Ambas caminaron hacia la iglesia dirigiéndose a la habitación en donde estaban las otras dos. Mientras Diana y Emily hablaban, Nathalie se quedó con Elizabeth a su lado, mirándola y entendiendo que le pasaba. Todo fue tan veloz que no había explicación al menos que Caliel les contara que había pasado, o la otra opción era sintiendo lo que Elizabeth sintió cuando le sucedió aquello. Tan solo con leer su mente mientras estaba con los ojos cerrados, a Nathalie se le ocurrió la gran idea de explorar su recuerdo y ponerse en su lugar hace algunas horas atrás. Así que se acerco a ella y le puso su mano derecha sobre sus ojos. Cerró los suyos y se concentró un momento. Eran lapsos de tiempo cortísimos y borrosos que luego se hacían nítidos y al momento de que Elizabeth sufrió ese gran dolor, Nathalie lo sintió también dando un pequeño grito quitando la mano de los ojos de su amiga y poniéndosela en su pecho, sobre su corazón. Emily y Diana ya habían entrado:

- ¿¡Qué te pasa, Nat!? – le preguntó Emily.

- ¡Ya se, Dios!...el dolor que sintió Beth…lo acabo de sentir…

- ¿Te estas enfermando también? – le preguntó Diana.

- Dios mío… - dijo Emily al ver a Elizabeth con su ala completamente negra.

- ¡No!...le leí su mente…fue como…ay no importa. Necesito decirle esto a Caliel.

- ¡Espera!...dijo que no molestáramos al menos de que Elizabeth hubiera despertado. – le dijo Diana

Y justamente en ese segundo, la joven recostada dio un suspiro hondo y abrió sus ojos rojizos. Entonces todas la miraron y se acercaron, hasta Caliel salió de su habitación para presenciar esto.

- ¡Beth! ¿Estas bien? – le preguntó Emily.

- ¡Caliel! – dijo Diana al verlo caminar hacia ellas.

- Permíteme. Elizabeth…Elizabeth ¿me escuchas? – le dijo Caliel.

Pero ésta no respondía nada hasta mirar su ala izquierda. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

- ¡No, no, no…! – decía Elizabeth. - ¿Qué me paso?

- A ver, quiero que todas me escuchen porque esto es algo muy importante. Esto l pudo haber pasado a cualquiera de ustedes. – dijo Caliel.

- ¿Cualquiera? – pegunta Nathalie.

- Si…pero, entiendan una cosa. Elizabeth tiene como símbolo el fuego, y el fuego es el elemento principal y más poderoso de los demonios o el Diablo. Seguramente, esa es la razón por la cual su fuego no le funcionaba contra el demonio del manicomio. Se pudo producir un choque entre poderes lo que hizo que el de ella fuera el más débil. Debe aprender a controlar y utilizar su elemento porque o si no… - explico Caliel, y luego de esto se quedó callado.

- ¿Si no que? – pregunto Emily.

- Ésta es una señal que quiere decir que dentro de los próximos días, Elizabeth esta mas propensa a ser poseída por algún demonio. – dijo Caliel.

- ¿¡Que!? – dijo Emily.

- ¿Los Ángeles pueden ser poseídos también? – preguntó Nathalie.

- Por supuesto, solo que con mucha dificultad, debería ser un demonio muy poderoso. Pero con un ala negra, la situación se vulva como la de una persona normal, sin poderes. Es decir, que su aura se debilita.

- Pero hay algo que no entiendo. Esas lagrimas, de sangre… ¿a que se debe? – preguntó Diana.

- ¿Lagrimas de sangre? – pregunto Emily.

- Ah, eso. Eso es ya más normal. Verán, ustedes generalmente no lloran, es decir no pueden, por ser lo que son. Y cuando lo hacen es por un dolor tan grande que debilita su sistema circulatorio estancando la sangre que luego sube por las venas hasta salir por sus ojos.

Luego de esto entendieron muchas cosas. Y al parecer, Elizabeth debía andar acompañada en todo momento y entrenar mucho para poder superar sus poderes. Ahora se sentía bien y solo se preparaban para ir a la cama. Hoy por primera vez y en muchos días, dormirán en camas como es debido. El padre Ariel no fallaría en eso y en atenderlas como corresponde.

Cuando ya todos dormían, Emily aun seguía despierta y no podía dormir. Durmieron en dos habitaciones con dos camas cada una. Vio a Elizabeth dormir profundamente casi roncando, pero ella no podía conciliar el sueño, así que se levantó y salió de la pieza al pasillo, en donde estaba Nathalie sentada en el suelo afuera de la puerta de su dormitorio. Tenía una vela encendida con un candelabro en la mano. A ver a Emily se asustó y luego dijo:

- ¡Em! ¿Qué haces aquí?

- Es que no puedo dormir. No tengo sueño, y además hace mucho calor, no se por que.

- Ah…

- ¿Y tu?

- Yo tampoco puedo dormir. No tengo sueño en realidad.

- ¿Te parece si salimos al patio un rato? Necesito aire fresco.

- Bien.

Ambas caminaron por el pasillo de piso de madera hasta llegar a la capilla. Todo estaba tan silencioso que llegaba a dar miedo. Como era de esperarse, todas las puertas estaban cerradas, así que salieron por una ventana que había quedado abierta por la capilla.

El cielo nocturno era muy hermoso. No era tan oscuro, tan negro, si no más bien azulado, adornado con las estrellas que por cierto eran bastantes. Corría viento y estaba mucho más fresco que adentro.

- Aquí si esta rico… - le dijo Emily a Nathalie.

- Si…

- Han sido tantas cosas las que hemos tenido que pasar ¿te acuerdas?

- Si. Ya llevamos una semana completa aquí y creo que aun no entiendo que soy.

- Jajaja… yo también siento eso. Pero creo que el tiempo será generoso. Sentémonos allí, en el pasto Nat.

Se sentaron en un pasto bien cuidado del patio de la iglesia. Había mucha vegetación en aquel jardín, y de un instante a otro, Emily sintió como el pasto bajo sus manos crecía y crecía hasta llegar a la altura de casi treinta centímetros. Luego miró a su amiga:

- ¿Qué…? Ah…¿fuiste tu?

- Jajaja…fue sin querer…quería probar algo…

- Me asustaste…

- Solo creció en pasto, nada más.

- Entonces…--

Emily se paró del suelo y se dirigió a la pileta del centro del patio que nunca dejaba de funcionar, es decir, nunca dejaba de purificar el agua y volverla a nacer. La joven se acercó a la pileta mientras la otra le preguntaba que hacía. Emily empezó por meter los pies y luego se lanzó al agua con ropa y todo. Veía como su larga cabellera se meneaba en las aguas y Nathalie se puso de pie y corrió a verla.

- ¿Qué haces? – le preguntó.

- Si querías lucirte…yo también.

- ¡Oh!...se te ven reflejos azules a la luz de la luna…

Emily miró su cabello y se sorprendió al ver el color de su pelo. Se rieron un poco y luego comenzó a nadar, a sentir el agua, y aunque estuviera fría, la joven la sentía tibia, como si fuera parte de su cuerpo.

- Te vas a resfriar. Además como te vas a secar después.

- Le diré a Elizabeth.

- ¡Oh no!...hablando de ella… ¡la dejamos sola!

- No creo que nada le pase nada, es de noche…

Por eso precisamente era lo más peligroso. En la noche, las fuerzas malignas aumentaban en gran cantidad que en el día. Era el tiempo perfecto para atacar. Eso lo sabían ambas y no se acordaron. Emily salió del agua rápidamente y corrieron adentro de la iglesia, por la capilla, el pasillo, las habitaciones. Entraron fuertemente y vieron a Elizabeth que dormía igual como dormía cuando la dejaron. Sintieron un gran alivio y luego volvieron a sus camas. En la pieza de Emily hacia tanto calor que no tardó en secarse luego de estar empapada y gotear por toda la iglesia para que la descubrieran al día siguiente.

- ¡Que rayos pensabas, Emily, dejando sola a Elizabeth! ¡pudo haberle pasado algo! – le dijo Caliel.

- Pero nada paso que hayamos lamentado, así que deja de gritarme.

- ¡No! Es que no se trata de eso, se trata de que debes acompañarla día y noche, ¿me entiendes?

- ¡Lo se, lo se!...pero no podía dormir así que me fui a bañar a la pileta…solo desaparecía unos minutos.

- ¡Segundos bastan para que algún demonio tome el cuerpo de Elizabeth y lo consuma…!

- ¡Ya basta!...no lo volveré a hacer ¿de acuerdo? – Emily dijo esto dándose vuelta y caminando hacia la salida.

- ¡Emily ven acá!

- ¡Ya deja de gritarme! ¡No eres nada mío como para que lo hagas así que déjame en paz!

Emily corrió hacia la puerta de salida y Caliel tras ella.

- ¡Emily vuelve! ¡No es seguro que estés sola afuera! – le gritó el joven

Pero la chica no parecía escuchar y al tocar el pasto del jardín sacó sus alas y desapareció entre las nubes hacia la ciudad. Caliel se sintió sorprendido por esto, es decir, nunca pensó que se iría volando, era una buena señal de que ya empezaba a controlarse acerca de sus alas. Sin embargo, esa actitud rebelde de Emily le molestaba mucho. Estaba harto de esos pensamientos en la cabeza de ella.

- Caliel, no te preocupes tanto. Yo estoy bien y…no debes buscar culpables por algo de que no pasó. – le dijo Elizabeth.

- Es que ese no es el punto…podrías estar con un demonio en tu interior y ni siquiera te darías cuenta.

Ese comentario no fue para nada agradable. Alarmo a Elizabeth. Caliel estaba cada vez más enojado.

- ¿Quieres que vaya tras ella? – le dijo Nathalie.

- No…Emily debe aprender a seguir reglas…debe darse cuenta de lo que esta bien y lo que no…

- ¿Y que hacemos ahora entonces? – le pregunto Diana.

- Esperarla…no podemos entrenar sin ella. Y espero que aparezca luego…

Caliel se fue a su habitación mientras decía sus últimas palabras. No le gustaban esas actitudes de niña, cuando ya sabía que con dieciséis años era más que eso.

- Bueno…no podemos hacer nada…vamos, guardaespaldas… - dijo Elizabeth en tono chistoso.

Se fueron al patio sus habitaciones a hablar o reírse.

Mientras tanto, Emily voló hacia un edificio menos alto que el que ya conocía y se sentó. Por supuesto, se dio cuenta de su pensamiento tonto, y se sentía culpable y que Caliel tenia razón. Esa noche, Elizabeth había quedado a cargo de ella y no la supo cuidar. Entendía eso, y antes de volver, pasaría al mar de Emma, para tranquilizarse un rato. Ya no había que caminar, solo sacaba sus alas y se elevaba. Claro, que ya eran dos camisas que tenían un par de agujeros en la espaldas por sus alas. Al salir, rajaban la tela por la presión.

Llegó de inmediato al mar, y se colocó en una parte donde éste daba a un río cerca del bosque. Era un paisaje hermoso y más con el mar. Estaba algo oscuro bajo los árboles, en donde se lograba ver a unas criaturas diminutas pero relucientes que parecían luciérnagas. Andaban en el aire y en el agua. Emily las distinguió. Eran iguales a esos seres que vio aquella noche en que se metió por primera vez en el mar de Emma.

- ¿Qué diablos son ustedes? - se preguntaba. – le preguntaré a Caliel cuando llegue. Mmm…ustedes parecen luciérnagas, pero tienen forma de mujercita…y las el agua parecen sirenas…¿existen?

Emily se hablaba a si misma y se hacia preguntas. No tenia idea de que las hadas y sirenas existían, pero si había escuchado hablar de ellas, en cambio, había en el aire y mar otro tipo, con cola de sirena y alas de hada, transparentes.

- ¿Qué son ustedes? – se preguntaba en vos alta.

Obviamente, las criaturas no hablaban, pero se acercaban a ella, a su pelo sobretodo.

Emily se dio cuenta de que debía volver a la iglesia. Se echó a volar y llego en unos segundos. Estaba Diana en el patio sentada en el pasto y vio llegar a la otra.

- ¡Llegaste por fin! – dijo en un tono satírico.

- ¿Y?...permiso.

- ¡Espera!, creo que te habrás dado cuenta de la tonta actitud que tomaste con Caliel en la mañana…

- No te metas, eso es entre él y yo y nadie más.

- Me imagino que somos un grupo y por lo demás me incumbe ya que el es el único que nos ha ayudado con todo este tema…

- Mira, como ya te dije, es tema mío y de él. Y por lo demás, no quiero pelear contigo ni ahora ni por este tema tan estupido.

- No es estupido…imaginate si algo le hubiera pasado a Elizabeth.

- ¡Pero nada le pasó!... ¿desde cuando tan amiga de ella?

- Desde que descubrí que podría hacerlo mejor que tu…

Emily la miró con las cejas juntas y luego se fue caminando hacia la iglesia. Diana la hacia enojar, pero la joven no estaba de animo para pelear ni nada. Sentía que Elizabeth era una responsabilidad que no pudo cumplir la última noche, y por eso no siguió discutiendo con Diana.

Entró e inmediatamente vio a Caliel sentado solo en una banca de capilla. Tenía cara de enojado.

- ¿Dónde estabas? -.

- Otro mas…si vas a retarme por lo de anoche quiero decirte que lo siento, fue mi culpa, lo acepto y no volverá a pasar…

- De hecho eso ya es un tema aparte…si te dije todo eso era para tuvieras un poco mas de consideración con tu amiga.

- Pero ya te dije que lo siento…no volverá a pasar.

- Sobre la actitud de hoy en la mañana…

- Ay…ya…también lo siento…

- No quiero que vuelvas a gritarme como lo hiciste. Creo que me merezco respeto y…no quiero que haya mala relación entre nosotros, ni que tampoco te vuelvas a ir como lo hiciste.

- Si, lo se…discúlpame.

Emily de verdad que sentía las disculpas y Caliel logro darse cuenta. Volvieron juntos a la habitación de las jóvenes. Estaban Elizabeth y Nathalie hablando acerca de algo. Al ver entrar a la pareja, se sorprendieron:

- ¡Emily! ¿Dónde estabas? – le preguntó Nathalie.

- Esta bien, Nathalie. No le hagamos preguntas a Emily y vamos a entrenar como todos los días.

Entonces, callaron. Buscaron a Diana y se fueron a su dala de entrenamiento, la cual estaba igual que siempre, blanca.

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