jueves, 10 de abril de 2008

CAPITULO XIV

Ese mismo día, las cuatro jovencitas se reunieron en la calle frente al edificio en donde se hospedaban, y entonces, hablaron sobre el plan:

- Creo que deberíamos dividirnos el trabajo, es decir, dos a un lado y dos al otro – dijo Elizabeth.

- Espera…creo que es mejor y mas rápido si nos separamos cada una a una parte, no en parejas – dijo Emily.

- No estamos seguras de que nos tocaran enfrentar, y mejor ser precavidas, y tener en cuenta que aun no estamos lo suficientemente fuertes como para trabajar individualmente – prosiguió Elizabeth.

- Si estoy de acuerdo, Beth y yo iremos por acá y ustedes dos por la calle Boji – dijo Nathalie.

A Emily no le pareció muy buena la idea de ir con Diana. Ni siquiera hablaban, así que la cara que pudo no fue de las mejores, sin embargo, caminaron hacia la dirección dada. En eso, Diana le habló:

- ¿Por qué traes esa cara? ¿No querías venir conmigo? - .

- Hay que trabajar…

- Si te caigo mal deberías decirme y no hacerlo poniendo caras disgustadas…

- ¡No me caes mal!… solo…no me caes, eso es…además no soy muy sociable…

- Bueno yo—

- ¡Silencio!...siente eso… - le dijo Emily.

Había algo en el ambiente y el aire en esa calle. Esa una muy solitaria y rara vez había gente ahí. Era un sitio de casas abandonadas y calles echas trisas.

- ¿Lo sientes? – le preguntó Emily antes de que la otra bajara la cabeza, cerrara los ojos y sintiera el aire que corría por ahí que se deslizaba en su rostro.

- Si…lo siento…en el aire… - le dijo Diana.

- Sigue esta calle solitaria como siempre… - le dijo Emily.

- ¿Siempre ha sido así? -.

- Creo…esta es la segunda vez que paso por aquí…después de la primera vez no creí que volviera a caminara por acá.

- ¿Por qué? ¿Qué viste? – le dijo Diana tratando de leer la mente de su compañera.

- Algo horrible…había sangre en toda esta calle…y se combinada con la lluvia que caía esa noche…había con suerte una luz, en esa esquina…pero…no me acuerdo de nada mas…son como visiones que se me vienen a la memoria, pero nada concreto…-.

Diana quedó sorprendida con el relato. Era cierto todo lo que decía Emily, por lo cual tuvieron mucho cuidado de ahí en adelante.

Generalmente, los demonios y presencias malignas se escondían en lugares oscuros, sin luz, o bajo tierra. También en los cementerios y en los áticos de las casas. Por esa razón, allí había mucho que sentir. Además, como recién habían llegado a este mundo, los demonios aun buscaban algún refugio o algo donde ocultarse. El sexto sentido de Emily la llevó a adelantarse y a separarse de Diana unos metros. Se metió entre unas casas pues había algo realmente fuerte tras ellas.

- No te vayas tan allá…espera – le decía Diana, pero para variar, Emily hacia caso a sus instintos y no a la voz de la razón.

Diana la siguió despacio. Era ya tarde, pero bajo las nubes grises parecía casi noche.

Emily escuchaba un ruido extraño, como pasos sobre la tierra y eso fue lo que le llamo la atención y por eso seguía avanzando. Mientras ella daba un paso, Diana daba medio. Y seguía discutiéndole que anduvieran juntas. Mas la advertencia no fue oída y por lo que Emily, al llegar al asunto que buscaba, algo la levantó de un pie y la alzó bien alto.

Diana lo presencio todo y se puso algo nerviosa. Si bien no podía volar, pero controlaba el aire y eso fue lo que hizo. Creo una corriente de viento heladísimo, el cual fue suficiente para safar a Emily de esa silueta invisible. La joven cayó al suelo instantáneamente y Diana corrió hacia ella.

-¿¡Estas bien!? -.

- Dios… ¿¡que fue eso!? – le dijo Emily alterada.

El lugar estaba repleto de aquellas fuerzas invisibles que se camuflaban en sombras y simplemente tras aquellas casas abandonadas.

- Esto no va a ser fácil, Diana…mantengámonos juntas – le dijo Emily irónica, pues es lo que Diana trataba de decirle desde el principio.

Comenzaron a caer gotas del cielo y unos relámpagos empezaron a resonar. Se venía una lluvia con una corriente fuerte, que quizás dificultaría o ayudaría a las Ángeles. Y claro, desconcentradas por el agua, no se vio venir la poderosa fuerza de una demonio que lanzó a Diana lejos y la hizo atravesar la ventana de una de las casas. Emily se asusto y gritó. Entonces se dio vuelta y estaba lista para atacar. Justo, pasó uno por al lado de ella, causándole un corte en su hombro derecho, luego otro en el izquierdo, luego en su cintura y así. Emily no podía ver nada, no podía atacar sin poder lograr ver a alguno. Solo los sentía cuando ya venían cerca. Aunque claro, las cortadas eran poca cosa. La joven casi no sentía dolor, pues se regeneraba al instante, pero el hecho de no poder ni siquiera defenderse de ninguno le enfermaba. Sus ojos se tornaron azules y su aura aumentaba. Ahora si podía lograr ver pequeñas lucecitas rojas volando por el lugar. Emily utilizó su mano derecha para absorber lo que mas pudiera. Primero, los espíritus más débiles se introducían en la palma de ella, quedando al final los más poderosos que necesito más que el poder de su mano para enfrentarlos. Sin embargo, no se percató de que algo nuevo había en su cuerpo, algo que había esperado largo tiempo para que apareciera y ahora por fin lo tenía, arriba de su pecho derecho, un sello casi igual al de su mano, pero era un dibujo diferente, con ondas representando al agua. Emily quedó sin habla y distraída como de costumbre, permitiéndole a un demonio ordinario crear una fuerza lanzándola unos metros hacia atrás.

Diana, quien estaba aun metido en una casa, en el segundo piso. Las fuerzas invisibles era poderosas, las que la hicieron caerse por las escaleras y finalmente salir por la puerta de entrada a la calle, llena de pozas de agua. Trato de buscar a Emily, pero ésta no estaba por ninguna parte, cuando de repente, se dio vuelta y si no fuera por su compañera, el demonio que la iba a atacar le haría añicos el rostro. Luego, Emily lo derrotó y lo absorbió.

- ¿Estas bien? – le preguntó a Diana.

- Tu cabello… ¿Por qué esta así? – le dijo ésta atónita al ver algunos mechones de pelo azulinos.

- Luego hablaremos de ello. Ahora, trata de absorber a toda la cantidad de demonios débiles posible.

Y entonces siguieron con el trabajo. Bajo la luz de la luna, y de la lluvia, la energía maligna aumentaba.

Mientras en ese rato, Elizabeth y Diana entraban a otro barrio pobre, el cual había sido evacuado por la lluvia y el frío ya que las casas se comenzaban a podrir. Ya era noche y no veían casi nada más que sombras por todos lados. A pesar de esto, no sentían ni la más mínima presencia de algún demonio allí. Caminaron por la calle, cerca de las viviendas, bajo los árboles, pero nada.

- Beth, aquí no hay nada…será mejor que regresemos con Diana y Em… además es de noche ya – le dijo Nathalie.

- Espera, espera, revisemos un poco mas – le dijo Elizabeth.

En eso, al acercarse a una casa más grande, Elizabeth sintió un olor, un olor a quemado. Nathalie estaba a varios metros de ella, así que no la llamó ni nada. Solo se acercó a la reja de la morada añeja, y observó largos minutos su frontis.

- ¿Qué haces? ¿Sentiste o viste algo? – le pregunto Nathalie.

- ¿Hueles eso? – le dijo la otra.

- ¿Qué? -.

- Eso…como a quemado… ¿lo hueles? - .

- Si…por acá… ¿Quemaste algo?-.

- Por supuesto que no…

Ambas agudizaron sus olfatos y reconocieron el olor que era de fuego. Parecía que algo se quemaba dentro de la casa. Pero no les dio tiempo para pensar. Antes que lograran entrar y abrir la reja, los vidrios de las ventanas de aquella vivienda estallaron hacia fuera como si hubiera explotado una bomba. Mil pedazos volaron hacia ellas, las cuales se cubrieron el rostro con sus manos y cayeron boca abajo sobre la acera llena de pozas de agua. Tenía cristales enterrados en los brazos y las hacia sangrar.

- ¡Dios mío! ¿¡Que paso!? – pegunto Nathalie.

- Hay uno…hay uno ahí adentro. ¡Aléjate, ven! - le dijo Elizabeth.

Ambas se pusieron de pie y retrocedieron unos metros. La lluvia se hizo mas fuerte y torrentosa otra vez, pero aquello no impidió que la gran casa casi entera podrida se empezara a prender de apoco. Desde el jardín, hasta la madera de las puertas y luego el segundo piso. Parecía un incendio, era fuego rojo que no se apagaba con nada. Los dos Ángeles quedaron asombradas y no hallaban como acabar con el fuego. Elizabeth lanzó desde su mano llamas al incendio, mas lo que hizo fue nada, nada podía detenerlo.

Desde la otra calle, no muy lejos, Diana y Emily divisaron las llamas, y fue extraño pues nadie mas que ellas se dieron cuenta del incendio. Emily supo de inmediato que estaban allí, y que probablemente, el fuego era Elizabeth. Entonces, al terminar de limpiar casi completamente la calle, se dirigieron hacia allá corriendo. La joven decidió no usar sus alas y volar pues las podían ver o el clima podría llevársela muy lejos. En fin, a lo que atinaron primero fue a correr y así llegaron en cinco minutos. Las encontraron a ambas mirando la casa sin saber que hacer ni que enfrentar.

- ¿¡Que esta pasando!? – grito Emily.

- Hay un demonio adentro, creo… - le dijo Nathalie.

Parecían tener miedo. Emily se acercó a la reja, y describió claramente no solo una si no varias presencias malignas. Entonces se volteó hacia sus amigas, y miró al cielo. Estaban todas completamente empapadas.

- Lluvia…agua… - dijo Emily murmurando.

- ¿Qué? – le pregunto Diana.

La chica del agua se había recién dado cuenta de que su fuerte ocurría a esa hora de la noche, miró al cielo nuevamente dejando mojar su cara. Entonces, recitó algunas palabras en latín abriendo los brazos:

- Dominus…bendico tu hic aqua… - (Señor… bendice esta agua…).

Inmediatamente, las gotas de lluvia se pusieron de color azul, que al caer a los charcos de agua, eran agua eran transparentes, pero que al chocar contra los demonios, era como si los estuvieran torturando, quemando y mucho peor. Sobre las demás era agua común y corriente, pero todas la miraban con mucha admiración. Comenzaron a aflorar luces rojas sobre las casas, entre el agua y árboles, incluso bajo tierra.

- ¡Absórbanlos a todos, rápido! – dijo Emily.

Rápidamente, el trío se separó y comenzó a vencer a la gran mayoría de los demonios, habían algunos tan poderosos que costaba un mundo succionarlos a sus palmas, pero así y todo lograron limpiar la calle completa. Iba todo muy bien, hasta que Emily cayó al suelo de espaldas. Parecía ser que algún espíritu fuertísimo la había golpeado y le impidió seguir con el ataque.

La “lluvia sagrada” hizo mucho efecto. Entonces cuando termino, todas se acercaron a la joven:

- ¿Estas bien? – le preguntó Elizabeth a Emily.

- Si…si es que… algo me golpeó. ¿lograron atraparlos a todos? – les dijo.

- Algo así…eso esperamos… - le dijo Nathalie.

La mirada si de las tres se concentró en alguna luz blanca que expulsaba Diana desde su pecho derecho. Exactamente era el sello que requería ya tener, claro que con un dibujo diferente al de Emily. Parecían ser dos espirales hacia abajo pequeñas. Con esto no solo cambió el nivel de poder de Diana, si no que también su cabello, con mechones lilas y mas largos. Las maravillas e impresiones nunca terminaban aquella noche.

Al volver a su refugio, hicieron una fogata para calentarse los huesos. Era tanto el frío que hacia en Olidata que se respiraba nieve casi. Faltaba poco para las nevadas.

- Así que ese es el sello…tiene cambios muy estilísticos – dijo Elizabeth con risa.

- El cabello no tiene nada que ver. Es como te sientes, como sientes correr el poder por tus venas y ver que te haces mas fuerte cada segundo – le dijo Emily.

- Pero tengo una pregunta… ¿Por qué ustedes dos tiene aquel sello y no nosotras siendo que atrapamos la misma cantidad de demonios? – preguntó Nathalie.

- Nosotras tuvimos un gran encuentro con ellos en Boji…por eso creo que acumulamos puntos… - dijo Emily con sonrisa.

- Es raro…Caliel dijo que aparecería después de nuestro primer o segundo demonio… - dijo Nathalie.

- Es que no somos cualquier ángel, ¿recuerdas? – dijo Elizabeth.

- Bueno…fuera de eso…creo que debemos cambiar algo… - dijo Diana.

- ¿A que te refieres? – le preguntó Emily.

- Es que…prefiero que de ahora en adelante salgamos de noche…es decir, la energía maligna aumenta desde las ocho de la noche y se hace mucho más fuerte alrededor de las tres de la mañana. Ya saben, entre el frío, las sombras y sitios solitarios. De día no sacaremos nada mas arriesgarnos a que nos descubran.

- ¿Quieres que hagamos todo esto de noche? ¿y en el día que hacemos? ¿sentarnos y esperar a que oscurezca? – le preguntó Elizabeth.

- No tan así…es que es mejor…lo aprovecharemos mas – siguió Diana.

- No se si sea tan así…pero tienes razón en eso de que no nos descubrirían – dijo Nathalie.

- No tenemos tiempo de sobra…se supone que en el día también deberíamos cazarlos, y Olidata no es una ciudad pequeña – dijo Emily.

- Pero en el día no los buscamos, solo si los sentimos los cazamos, mas en la noche hay que encontrarlos si o si y por supuesto, vencerlos – dijo Diana.

Era una idea ocurrente que requería de paciencia, algo que todas no tenían de sobra, pero tenía razón, seria mas fácil atrapar a los demonios de noche, donde son mas fáciles presentirlos. Por lo mismo, el comentario fue aceptado y tomado.

- Ya…y entonces… ¿Qué haremos mañana en el día? – preguntó Nathalie.

- Practicar por supuesto… no podemos perder el tiempo. Debemos entrenarnos como sea, es decir, debemos tratar de durar toda la noche… ¿me entienden? – le dijo Elizabeth.

- Es lo mejor… mañana quiero ir a Garamond para echar un vistazo. Ir a ver las capillas, si fueron afectadas y eso. Ustedes saben – dijo Emily.

- Iré contigo – le dijo Elizabeth.

- Bueno… nosotras nos quedaremos aquí…inspeccionaremos la ciudad y veremos donde hay que ponerle mas empeño – dijo Diana.

Luego de la pequeña conversación, durmieron casi dos horas. Nadie tenía sueño luego de las cuatro de la mañana. Así que esperaron a que amaneciera, saliera el sol para luego emprender un corto camino a la ciudad vecina. Hacia un frío atroz, así que se abrigaron, sobre todo Emily con chales y otras cosas.

Al llegar allí, más o menos a las nueve de la mañana, no había mucha gente de pie. Como Olidata, Garamond no era una ciudad muy madrugadora, excepto en las fechas del colegio y el trabajo. Ahora estaban en febrero y eran unas frías vacaciones, nunca vista antes.

Primero, se dirigieron hacia la capilla “San Juan”, una de las pocas allí. Sin embargo, parecía que se había derrumbado con algún terremoto, pues el techo estaba sobre escombros inimaginables, vidrios rotos y cuadros destrozados. El recinto estaba con cintas que decían “no pasar”, y había gente religiosa con algún que otro policía hablando del tema. Parecían ser la única gente que se había levantado temprano para discutir aquellos asuntos. Sin embargo, no había ni un cura presente en la conversación, por lo que no quisieron quedarse mas tiempo observando y se marcharon.

La siguiente fue una parroquia, esta un poco mas grande y prestigiosa que la anterior, pero aun así tan quemada que solo había carbón por doquier. Por supuesto, también había advertencias y más aun gente. Era un hecho paranormal que más de dos iglesias en diferentes ciudades de un solo país hallan sido descubiertas o presenciadas incendiadas o quizás derrumbándose, que la noticia llego a la prensa y así, a otros consejos religiosos de la iglesia por dentro. Sin embargo, el día después de que los portales fueron destruidos, la noticia se supo como escándalo:

- ¡Señor! ¡Señor Arthur! – gritaba Craig desde unas cuadras antes de llegar al sitio.

- ¿¡Que pasa muchacho!? – le dijo Arthur.

- ¡Señor…! El portal…ha sido abierto por demonios mi señor, por Eliott. ¡Eliott!

- ¡Espera muchacho! ¿estas seguro de lo que dices?

- Mi señor, por algo soy su mensajero, debemos avisarle al consejo cuanto antes… ¡esto es muy grave!

- ¡Dime en donde se produjo esto!

- En Celeron mi señor. Debemos informarle al señor Amadeo, el debe saberlo como presidente del consejo.

- Dios todopoderoso…yo le avisare. Por mientras mantén la calma. ¿sabes si estaban los Ángeles presentes allí?

- Creo que estaban los de los elementos, mi señor. Pero al parecer no pudieron lograr nada. Y según creo, Scarlette con su hermano Aarón estaban metidos con Eliott.

- Espera, esas Ángeles aun no estaban aptas para empezar a hacer su trabajo. Aunque haya pasado un mes, son las que requieren más entrenamiento. Se supone que deberían estar con Caliel.

- Mi señor, el joven Caliel no puede ser encontrado, aparte de que la iglesia de Celeron exploto en mil pedazos al igual que las de la primera dimensión creo, en Asia, por Olidata.

- ¡¡Dios me valga!! Esto es grave, debemos hacer algo. Informales a los del consejo que debe haber reunión esta tarde donde siempre. El consejo de Prada es el único que puede mantener las cosas, como siempre.

- Esta bien, mi señor.

Arthur, como vicepresidente del consejo, tenía a su mensajero Craig, quien le informaba todo antes que a nadie. Esto lo alarmó no solo a el si no a todos los que conformaban la junta, sobretodo a Amadeo, quien siempre menospreciaba el trabajo de los Mensajero Urelianos, se donde venia Caliel. La junta duro largas horas, en las que se decidió no más que estar preparados para todo. Si los demonios habían echo de las suyas en abrir el portal solo para ellos, entonces la tercera dimensión corría peligro y no había absolutamente nada que se pudiera hacer, mas que esperar un milagro. Mientras tanto, Caliel se podría en el desierto de Celeron, esposado de manos y pies en el suelo de tierra caliente, donde surgían las cadenas desde el interior del suelo, con todo el sol rebotando y secando su rostro día tras día. Sin agua, ni comida, ni nada húmedo que lo ayudara a sobrevivir. Eliott lo mantenía con vida, pero moribundo. No rogaba por morir, si no por que sus chicas lograran un gran desempeño y que no lo desilusionaran.

Había una gran feria artesanal en la plaza central de Garamond, en la que cada año, en febrero, traían a algún artista nuevo que luego ganaba fama. Había de todo, desde comida hasta revistas, juegos, etc. Por supuesto, Emily y Elizabeth se metieron allí. Las dos únicas capilla y parroquia de la ciudad sabían que estaban consumidas y no había nada que hacer mas que buscar a los malditos demonios que flotaban en el aire como luces rojas en alguna parte. Había una multitud bajo un escenario pequeño, esperando a la “estrella” que aparecería en solo pocos minutos. Las jóvenes se metieron allí. Se separaron para buscar mejor, y luego se reunirían afuera. Elizabeth se metió en la parte donde habían mas disturbios con la gente, y casi hubiera quedado aplastada si no fuera porque alguien la sujeto del brazo e hizo que cayera sobre aquella persona.

- ¡Perdón! Es que…están empujando de allí… - le dijo la joven.

- No te preocupes… pasa todo el tiempo – le dijo el chico.

- Me correré a este lado.

- Aquí esta mas tranquilo…

- Así parece… - luego de estas palabras hubo un silencio entre gritos.

- ¿Te gusta Tatsuo? - .

- ¿Quién? ¡Ah, no!...vengo a ver que pasa realmente aquí, no soy de aquí. Ni siquiera se quien es Tatsuo… ¿tu si?

- Bueno, mas o menos. Veo y escucho sus animaciones japonesas, ya sabes, anime y esas cosas. A propósito, soy Gary.

- Soy Beth. Bueno…mi nombre verdadero es Elizabeth, pero como Elizabeth termina en Beth, entonces mis amigas me dicen Beth… - dijo ella titubeando. Parecía nerviosa.

- Ah… eres divertida. ¿de donde me dijiste que eras? -.

- Ah de…de…

Justo llega Emily un poco agitada gritándole a Elizabeth algo que tenia que ver con los puestos de la feria. Se dio cuenta de que hacia el ridículo.

- ¡Em!

- Lo siento…¿estas acompañada?

- El es…Gary. Lo conocí recién…

- Hola Gary.

- Hola…--

- Emily…soy Emily.

- Muy bien…¿son amigas?

- Si. Estamos de vacaciones aquí en Garamond, solo somos turistas.

- ¿Y de donde vienen?

Ambas se miraron sin poder contestar. No querían revelar nada que fuera sospechoso o algo por el estilo. Si decían que eran de Olidata, era como vivir en Garamond, entonces inventaron otra cosa.

- Venimos de España… - le dijo Elizabeth.

- ¡Genial! Nunca he ido para allá. Debe ser espectacular.

- Si, si. Eh, bueno, regreso a mi puesto. Los dejo, de ahí nos encontramos ahí afuerita ¿si Beth? – le dijo Emily.

- Por supuesto. Adiós.

- Parece que no le caí muy bien a Emily – dijo con un tono gracioso Gary.

- Es que es antisociable, es todo. En fin, ¿Qué edad tienes?

- Diecisiete. Este año postulo a la Universidad. ¿y tu?

- Yo tengo dieciséis. Creo…eh, pero… ¿Qué quieres estudiar?

- Química y farmacia, lo adoro. Soy muy bueno en esas cosas científicas.

- ¡No puede ser! ¡esa es una gran carrera! Yo también la adoro, me hubiera gustado haber estudiado eso…

- ¿Y no lo harás? Aun tienes tiempo…

- Es que…mi situación es distinta. No la puedo contar.

- Ah muy bien. Lo respeto.

- Gracias…

- Y… ¿conoces Olidata?

- ¡Si, por supuesto!, de hecho antes de venir a Garamond, estábamos allá. ¿lo conoces?

- Claro, soy de allá. Estoy aquí solo para ver a Tatsuo. Si es que puedo, hace mucho frío a esta hora.

- Genial, quizás podríamos encontrarnos en Olidata, allá me hospedo por el momento.

- Claro. Seria fabuloso. Me caíste bien.

- Suelo hacerlo con todos, más algunos que con otros. Y eso…

- Bueno, cambiando el tema, estoy segura de que este tipo te encantara, hace aparte de música y caricaturas, escribe libros e historietas geniales…

El joven le hablaba y hablaba a Elizabeth entre una montonera de ruidos de la gente alrededor, sin embargo, al cambiar su vista a su izquierda, unos metros mas allá, diviso a un par de jóvenes de caras conocidos. Sobretodo al mayor, que no tenia mas de la edad de su nuevo amigo, con cabello rubio acompañado de otra de cabello rubio y largo. Parados entre personas viendo al escenario. La expresión de la cara de Elizabeth se horrorizo al procesar que el joven que estaba allí había sido su contrincante en la última batalla que tuvo en Celeron, Aarón. Estaba junto con Scarlette mirando a todas partes, sin poder ver a la chica.

Elizabeth miró a Gary, quien aun le daba la explicación del artista que saldría en un par de minutos. Sus ojos palpitaban luz anaranjada que significaba algún sentimiento distinto al anterior.

- Gary, yo…me tengo que ir…

- ¿Qué? Pero si aun no sale Tatsuo…saldrá en pocos minutos.

- Lo siento, pero la hora se me fue volando así que no puedo quedarme más. Me están esperando…quizás nos veamos en Olidata algún día y… gusto haberte conocido…-.

- Igualmente. Apuesto lo que sea a que nos veremos otra vez.

- Eso espero…adiós.

- Adiós.

Entonces, se alejó de allí, acercándose a la parte dificultosa de la muchedumbre, que iban y venían los empujones, pero Elizabeth solo gritaba el nombre de Emily, que no la veía por ninguna parte.

Salió del campo escénico a la feria artesanal, en donde Emily miraba y hojeaba revistas.

- ¿¡Que haces!? - .

- Miro mangas… ¿Quieres ver?

- ¿Qué? No…ven acá. Mira, acabo de ver a ese chico con el que me enfrente en la iglesia de Celeron el último día que estuvimos allí. Y esta con esa otra…

- ¿De que hablas? ¿Qué chico? ¿Es lindo?

- ¡¡Es un demonio, Em!!

- ¿¡Que!? Pero como…no he sentido ninguna presencia…

- Ni yo. Debe ser porque no son demonios cualquiera, deben ser mitad humanos también.

- ¡Dios! ¿tú crees?

- Por supuesto, si parecían normales cuando los vi por primera vez.

- Entonces, hay que atacar…que esperamos…

- ¡Estas loca! Son más fuertes que nosotras dos juntas, no podemos ganarle.

- No seas tonta, sabes que si y lo haremos.

- Claro, ¿en frente de toda esta gente? Mejor dejémoslo para otro día, por hoy solo sabemos que están aquí en Garamond y supongo que también en Olidata.

- Si es que ya no fueron hacia allá antes… ven, hay que avisarles a Nat y Diana. Deben saberlo.

Se fueron caminando hacia Olidata nuevamente y aun era de mañana casi medio día. El frío parecía que aumentaba a medida que pasaban las horas. Pero al llegar a la otra ciudad, se encontraron con la sorpresa de que las chicas no estaban en el refugio.

Nathalie llevó a diferentes lugares a Diana, empezando por su liceo antiguo, parques importantes y cercanos, tiendas y cosas así. En realidad, no era tan distinto a donde vivía Diana. Al norte de Europa, en un pueblo pequeñísimo. Era como lo mismo, solo algo más grande y masificado.

Mientras caminaban por las calle, memorizaban las partes en las que habían mas carga demoníaca para luego en la noche buscar en los lugares indicados y no perder el tiempo.

* * *

Era la hora de almorzar en Garamond, así que se dirigieron a algún restaurante para comer aun que no tuvieran dinero. Era fácil comer y después irse sin pagar, más aun si puedes aparecer y desaparecer como los demonios. Mientras comían, tenían la conversa cotidiana acerca de su “pueblo” y sus rivales, las Ángeles.

- ¿No crees que deberíamos de un solo tiro ir y aparecernos en donde estén, llegar y atacarlas? A veces me dan ganas de hacer eso… - le dijo a su hermano.

- No es así de simple. Es que…no creas que porque viste una vez sus poderes en Celeron lo harán siempre del mismo modo. Van progresando, al igual que nosotros, la diferencia es que ellas son las más poderosas y eso es de lo que tú no te das cuenta. Ni ellas se dan cuenta, por eso debemos aprovechar aquellos momentos -.

- Ah si… y mas encima ahora que al parecer que hay dos de ellas que ya tienen el segundo sello…por lo que dijo Theo, que le dijo Eliott -.

- Por eso, debemos atacarles con algo q les duela en el fondo de sus corazones—

- Espera, Eliott dijo que no se podían lastimar ni herir. O algo así…

- Se regeneran. Pero no me refería a eso, Scarlette. Hablo de sus sentimientos. Convertir su amor en odio…

- ¿Cómo lo haremos?

- Dejemos pasar un tiempo. No creo que hagan mucho de aquí una semana.

- ¡Estas loco! ¿y que pasara con los demás demonios? Serán fusilados por esas tontas…

- No te preocupes…llegaran cada día mas respaldos. Serán sacrificios para una buena casa. El amo Lu lo entenderá.

- Ojala…no creo que quiera mas decepciones tu sabes. De ahora en adelante hagamos las cosas bien. Empezando por hoy.

- ¿De que hablas, Scarlette?

- Hoy en el atardecer. Podemos salir a divertirnos un rato con algunos amigos. Tú me entiendes…

- Creo que no…

- ¡Ay, estupido! Digo…no se. Quizás ir al club que tenía papá aquí ¿recuerdas? Aun existe, yo lo se. Solo que, fue oculto de la ciudad cuando el murió. Pero yo se donde esta. Al parecer siguen yendo las mismas personas, o mejor dicho, los mismos demonios. Algún que otro nuevo integrante, pero querrán vernos como los únicos hijos de Azrael. Aunque, el lugar no haya quedado en nuestras mano, se que papá nos lo hubiera heredado si hubiéramos nacido antes. Pero en fin… ¿vienes?

- Creo que si…no lo se.

- Ay no seas aguafiestas. Vamos, nos divertimos toda la noche y luego si quieres puedes dormir, que es lo que te gusta.

- No me llames holgazán. Iré contigo solo para que no vayas sola.

- ¡¡Bien!! No sabes cuanto te adoro hermanito mío…. – dijo con unas carcajadas.

Se reencontraron con las otras dos que habían salido a recorrer Olidata por el día. Los días eran cortos gracias las grises nubes que cubrían gran parte del cielo. Eran ya las siete y parecían las diez de la noche. Así que empezaron de inmediato a prepararse para su “primera” caza de demonios.

-Tengo algo muy importante y serio que contarles… - les dijo Elizabeth a Diana y Nathalie.

- ¿Qué? Me asustas… - le dijo Nathalie.

- Es que… esos dos jóvenes, que enfrentamos en Celeron antes de romper el portal, estaban allí, en Garamond.

- ¿Cuáles? – pregunto Nathalie.

- ¡No!..¿es en serio?... esos…¿demonios que parecían personas reales?- dijo Diana.

- Si…esa niña con el otro, con el que peleo conmigo. Estaban entre la multitud de la plaza de Garamond, los vi -.

- ¡Esperen! ¿De quienes están hablando? No entiendo… - dijo Nathalie.

- Es que tú estabas siendo controlada por un demonio que nunca vi, por eso no sabes quienes son, al igual que Emily. Ustedes estaban dentro de la capilla…en fin, la cosa es que son poderosos casi como nosotras. Por lo mismo, si los ven deben tener cuidado. Parecen personas normales, pero no lo son. Ni siquiera se les siente la presencia demoníaca.

- Comienzo a imaginar que…tienen algo que ver con el joven de negro que vimos dentro de la capilla, y con que Caliel no haya aparecido mas….algo debió pasar… - dijo Emily.

- No es momento de pensar negativamente, lo encontraremos, eso lo se, no podría llamarme mitad ángel si no lo supiera… - dijo Diana.

- Bueno entonces no perdamos más tiempo. Hoy con Diana recorrimos algo de Olidata y recordamos los lugares con más carga demoníaca que vimos. Será fácil entonces encontrar a los malditos – dijo Nathalie.

- Entonces empecemos por lo mas difícil… ¿Dónde es? – preguntó Elizabeth.

- En el laboratorio que esta en la calle 34…ese que nuca demolieron y aun sigue arruinado… - dijo Nathalie.

- Entonces vamos para allá lo antes posible, la noche es larga y tenemos mucho que hacer – dijo Emily.

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