miércoles, 3 de diciembre de 2008

CAPITULO XXII

Emily Thompson

Levanté mis parpados lentamente una y otra vez como si no lo hubiera hecho nunca. La verdad es que no lo hacía hace un tiempo. Tenía las manos aferradas a la sábana blancas que cubrían desde mi cintura hacia abajo. Hacía calor. Por lo menos mi temperatura corporal estaba elevada varios grados sobre la normal. Comencé a sudar y aparté el cabello largo de mi cara y cuello. Luego, me senté con los pies desnudos rozando el suelo de madera. No conocía la habitación. No tenía ni la menor idea en donde podía estar. La observe largo rato descubriendo cada detalle y falla ahí dentro. Fue entonces cuando me percaté de aquel espejo de cuerpo entero que estaba pegado a un mueble que parecía ropero. Mi reflejo lo veía distorsionado, como que no era yo la que se quedaba como estatua mirándome a mi misma. No me reconocía aunque estaba totalmente igual a como me vi por ultima vez. Tenía rasgos distintos, y mis ojos habían cambiado. Me fui acercando cada vez mas al vidrio para apreciar mi imagen más de cerca. Me alejé un poco de pronto cuando el color de mis iris se transformaba de azul a un naranjo, hasta llegar a rojo. Me senté de nuevo en la cama y apreté mis puños junto con las sabanas. Respiré agitadamente, como si algo estuviera cambiando en mí desde adentro. Miré a mi alrededor y todo me daba vueltas, hasta que agaché la vista y cerré los ojos por un momento.
Alcé la cabeza y fijé la mirada en el espejo. Me quedé unos cinco minutos sin hacer nada mas que avizorar aquel vidrio con el rostro ladeado. Entonces, me puse de pie y caminé hasta él lentamente. Me detuve a unos dos pasos de chocar contra el objeto y pose mi mano derecha en uno de sus extremos. Estaba lista para terminar con aquel aparato que mostraba algo que no era, y que seré jamás. Me sentía engañada por aquel espejo, lo cual me irritó lo suficiente para querer terminar con su vida. Estaba lista y de hecho lo empecé a correr cada vez más hacia abajo, cuando de repente, una señal que llegó desde mi sien izquierda a la derecha y me hizo saber lo que vendría. Alguien se acercaba. Aquello me dio tiempo para por lo menos hacerme pasar por la verdadera Emily ángel. Me voltee.
- ¿Emily? – dijo una voz algo joven y temblorosa, llena de curiosidad.
- ¿Quién es usted? – le dije.
- Soy el padre Erick. Estás en una capilla en el pequeño pueblo de Saint… - dijo nerviosamente. Parecía que luego de eso quería decirme algo más, pero se calló.
- ¿Y… las otras? – pregunté mirando la ventana que se mojaba con la lluvia que chocaba los cristales.
- Están… en busca de su guía, Caliel. En la tercera dimensión… - dijo.
- ¿Qué? ¿Fueron sin mi? – dije algo disgustada. ¿Cómo era que estaban allí también?
- Estabas muy mal Emily. De hecho, creo que aun no te recuperas… deberías acostarte de nuevo.
- Estoy bien… - dije volviendo a perder la vista en algún punto.
- ¿Qué haces con ese espejo? – dijo mirando el objeto.
Giré la mirada hacia él también. Mi mano sobre aquel se veía muy sospechosa. La quité de inmediato.
- Estaba… viéndolo… - dije entre cortado. Parecía que no me había creído en absoluto.
- Es mejor que lo dejemos por aquí… a ver… por acá. Es muy importante, no se debe romper – dijo llevándoselo detrás del ropero entre éste y la pared.
- ¿Por qué es tan importante? – pregunté.
- Por que esta es la entrada y salida de tus amigas. Si le llegara a pasar algo, nunca podrían regresar.
Aquello me quedó dando vueltas y vueltas en mi cabeza. Me alejé de el espejo y me fui a la cama. Escondí los pies debajo de las blancas sábanas y miré al padre.
- Tengo que hacerme cargo de la capilla… ya sabes, hay mucha gente que está aquí de todas partes del continente…debo atenderlas. Lo único que te pido, es que no salgas de aquí, por favor – me dijo muy preocupado, como si no quisiera dejarme sola.
- Estaré aquí… - dije sin mirarlo a la cara. Sentí que mis ojos se tornaban de otro color nuevamente. No quería que se percatara de mi mal estado casi demoníaco que tenía. Espero que no lo haya captado.
Me halle sola en un par de segundos y miraba tras el ropero. Sentía que debía sacar el espejo y romperlo en mil pedazos, pero a la vez, decía que no, ya que eran mis amigas las que se quedarían encerradas para siempre, más si estaban con Caliel. Había una gran confusión mental dentro de mi cabeza que no podía solucionar. Pensé que si me iba tal vez podría dejar de escuchar aquellos pensamientos malévolos que me hacían dudar de todo. Miré hacia la ventana. Observaba cada gota que se derramaba por el cristal hacia el marco. Había un charco pequeño de agua junto a la pared, que se iba agrandando a medida que seguía cayendo lluvia. No le quite los ojos de encima por un largo rato.
Luego de que escuché un trueno que hizo vibrar la cama en donde estaba sentada, parpadeé un par de veces y me di cuenta de que tenía que salir de ahí lo antes posible, o me arrepentiría por el resto de mi vida de lo que estaba a punto de hacer. Mis piernas respondían a penas, pero logré moverlas y llevarlas fuera de aquella habitación al igual que todo mi cuerpo. Caminé ligero por un camino lleno de pasto y vegetación. Seguramente Nathalie lo mantenía así. Salí por un portón de reja algo antiguo el cual estaba a unos diez metros de la entrada principal a la capilla. Lo supe porque había una montonera de gente alrededor de las escaleras. Como el primer día que llegamos ahí. Apenas podía recordarlo, en ese momento no me sentía bien.
Para que nadie me viera, me fui por el otro lado de la cuadra y doblé en la primera esquina que encontré. La lluvia mojaba mi cabello rápidamente al igual que la especie de enagua que llevaba puesta. Estaba descalza y mis pies estaban helados como hielo. Casi no los sentía. La gente me miraba al pasar, pero trate de ocultarme tras mi brillante y largo cabello azulado.
Diana Crown


Al parecer, algo distrajo a Eliott que por fin pude darle un buen golpe con mis propias manos. El demonio cayó de rodillas con el rostro agachado, ocultándolo. Entonces sentí casi al mismo tiempo que Elizabeth, una enorme angustia dentro de mi pecho. Algo que se iba apagando a medida que pasaban los microsegundos. Miré en la dirección donde se había ido Aarón, al igual que todos los presentes en la pelea. El resplandor de Nathalie se hacía mas opaco y el de Aarón casi desaparecía. ¿Cuál de los dos había ganado? Estaba muy nerviosa, y por esto no pude ver mentalmente lo que había sucedido. El ambiente también influía en mis visiones. Tenía una gran curiosidad y preocupación por Nathalie. Parecía que Elizabeth también la tenía.
Eliott se puso de pie y yo me puse en guardia. Pero sus intenciones no eran las de atacar. Nos miró fríamente y luego sacó sus enormes alas rotas y oscuras que se agitaron para llevarlo donde estaba su compañero, Aarón. Los otros demonios desaparecieron bajo la tierra, causando un gran temblor bajo nuestros pies.
- ¡Nat! – dijo Elizabeth mientras sacaba sus blancas y enormes alas para echarse a volar tras de Eliott. Era la única que había procesado todo muy lento, pero en tanto Elizabeth se movió, me percaté de que tenía que seguirla.
Aún llovía…


Nathalie Denat


Como cuando despiertas después de una larga y ardua operación, así mismo me sentí luego de que caí al suelo fuertemente. Había rastros de sangre en mi ropa y cabello. En la arena, casi ya se había absorbido toda por la lluvia que empapaba. Comencé por mover mis dedos de a poco. Luego mis brazos hasta ponerme finalmente de rodillas. Levanté la cabeza y vi un cuerpo a mi derecha, y otro atrás de mí. Me dirigí a este último.
- Caliel… - dije con una voz que casi ni se me escuchaba. Estaba algo difónica. Le tomé su mano izquierda y la apreté. – Caliel… te sacaré de aquí… - dije finalmente.
Estaba totalmente lista para sacarlo. Sin embrago, Elizabeth y Diana aún no estaban conmigo. No podía dejarlas allí, menos en territorio de demonios. Me incliné para tomare la cabeza, cuando algo como un remolino se posó en mis espalda y levantó mi cabello verde de un soplón. Gire la cabeza y una mano a la velocidad de la luz me tomó del cuello y me empujó hacia atrás quedando recostada y pegada a la arena pegoteada. Con la fuerza que ejercía, cada vez me sepultaba más y mas, y como recién me había recuperado de un duro ataque a mi pecho, mis fuerzas volvían de manera lenta.
- ¡Detente! – dijo una voz femenina mas allá. Era Diana.
- ¡Suéltala! ¡Suéltala o termino con Aarón! – dijo Elizabeth. Ahora si lograba escuchar con mas claridad. Me sentí mas adrenalínica. Eliott se volvió a mirarlas. Entonces me soltó y se puso de pie en frente de mí. Me senté y permanecí todo el rato al lado de Caliel. Fue un milagro que no le hubiera echo nada.
- ¿Qué es lo que hacen? – dijo Eliott con la ya muy repetida sonrisa estupida en su cara. En aquel momento, hubo un temblor estruendoso. Varias sombras comenzaron a emerger de las profundidades de la arena en varias partes. Eran muchos, los suficientes para eliminarnos a todas.
- Tú eliges… déjanos ir o lo matamos ahora mismo…sabes que lo haremos… - dijo Elizabeth. Era una vil mentira. Un ángel no puede matar ni a la más malvada persona en el mundo. Ese era el punto, Aarón era mitad humano y mitad demonio. No podía matarlo. Quizás, posiblemente si hubiera sido solo demonio, podría tener menos consideración en aniquilarlo, pero no era así. Eliott sabía esto. El plan no funcionaría.
- De que hablas ángel… por supuesto que no lo harás… - dijo Eliott muy confiado poniendo de pie lentamente, dejando mi cuello en paz.
Ni siquiera me percate cuando ya estaba al lado de Elizabeth arrojándola hacia mi lado. Logré sujetarla de un brazo y la espalda para amortiguar su caída. Eliott tenía en sus manos el cuerpo casi moribundo de Aarón, y Diana dio unos pasos hacia atrás.
Era ahora o nunca. En las frías manos de Caliel había dejado la llave para salir de la tercera dimensión. Era nuestra oportunidad para escapar ahora que Eliott se encontraba a más de dos metros de distancia. Dije un par de palabras mágicas que Erick me había dicho que invocara cuando quisiéramos volver, palabras en latín. Inmediatamente una luz bajó del cielo y chocó la crucecita que tenía entre mis manos y las de Caliel. Era un luz blanca que iluminaba gran parte del sitio donde nos encontrábamos.
Estábamos listas para viajar, y Diana aún no estaba en el diámetro que debía estar para transportarse. Se había quedado paralizada a la vista de Eliott y sus demoníacos ojos negros.
- ¡¡¡Diana!!! – grité desesperada, pero no se movía. Tan solo había cinco segundos para hacer que la estupida se moviera y llegara, o irla a buscar, lo cual me tomaría mas del tiempo limite.
Se me ocurrió una idea mejor.


Elizabeth Prett


Lo último que hice luego de que la luz me encandilase fue tomar las manos de Caliel y observarlo parpadear rápidamente. Parecía que había despertado y la luz lo cegaba al igual que todas. Sin embargo, lo último que vi en aquel desierto, entre haces de luz blanca, fue como Diana llegaba de manera brusca y rápida hacia el circulo de transportación. Tenía en su cintura unas amarras verdes que la ataban y luego se escurrían por entre la palma de la mano derecha de Nathalie.

Era como andar por entre aguas de lagos… ver por entre un arco iris… sentirse en un huracán y en la cima de algún monte al mismo tiempo… escuchar música distorsionada… y oler el aire que habita los bosques y pantanos a la vez…
Luego estiré a mano… porque vi algo diferente a los mil colores que allí existían. Vi una plataforma primero de color plateada, como un metal, pero luego se hizo mas clara. Era transparente y reflejaba el arco iris que observaba. Escondí y estiré la mano por temor a saber que había tras aquella plataforma, pero una vez introducida la mano por allí, otras me jalaron hacia dentro de aquel objeto. Manos blancas con uñas largas y penetrantes. Cerré mis ojos, pues no estaba muy en mí que digamos, y la verdad es que, no se como, pero al abrirlos, estaba tirada en el piso de madera de la habitación en la que supuestamente estaba Emily recuperándose. Sentía mi cuerpo cansado, como si hubiera corrido durante varios minutos. Mi resistencia física no era muy óptima que digamos, pero aquel viaje hacia nuestra dimensión me agotó más de la cuenta.
Comencé a gatear por el suelo y a mirar algo que no encajaba en aquella habitación. La recorrí toda con mis ojos anaranjados, pero no encontré o que buscaba. Entonces, fue cuando me asusté y me puse de pie rápidamente, pues mi sentido de ángel decía que algo andaba mal.
- ¡Beth! Ayuda si no es mucha molestia… - dijo Nathalie apenas saliendo del espejo con Caliel arrastrándolo. Diana venía de las últimas.
Tiré a Caliel de las manos mientras él también hacía esfuerzos por salir con sus piernas. Apenas podía verse. Debía estar agotado y casi muriéndose. En aquel momento entró el padre Erick precipitadamente y abrió los ojos tratando de creer lo que veía. Aun no terminaba de salir Diana cuando el espejo comenzó a trizarse en pequeños trocitos que fueron estallando de a poco. Diana se apresuró a salir y logró hacerlo por solo una diferencia de segundos. Si un cristal no se hubiera impactado en una de sus piernas, hubiera sido la salida perfecta. Comenzó a sangrar, pero no fue nada que su organismo no pudiera regenerar en poco tiempo.
No le di mayor importancia. Me dirigí hacia el padre Erick y le pregunté por lo que faltaba.
- ¿Dónde está Emily? - .
Me miró con cara de temor, como si tuviera miedo de responder algo que yo no quería escuchar. Era exactamente lo que no quería escuchar, pero nos interrumpieron.
- ¡Agua! – dijo Caliel con una voz difónica y seca por la falta de liquido en su boca.
El padre no perdió más tiempo en mirarme a la cara y levantó Caliel con la ayuda de Diana, llevándolo a la cocina para que bebiera algo. Cerré mis ojos de la pura rabia que tenía. Ni siquiera había podido leer los pensamientos de Erick. Estaba nerviosa, y apreté mis manos fuertemente contra mis pantalones deteriorados. Nathalie me observó y me hizo una pregunta que odiaba:
- ¿Qué te pasa? – dijo poniéndome la mano en el hombre.
- ¿Qué no ves? Emily no está… Escapó… - dije aguantándome la rabia en la garganta.
- ¿Cómo sabes que escapó? ¿El padre te lo dijo? – dijo tratando de consolarme con algo, pero no lo logró.
- ¡Yo lo se! No es necesario que alguien me lo diga, basta con ver la habitación… - me alteré de forma exagerada con Nathalie. Me percaté de que obré mal. No quería gritarle.
- ¿Qué tiene la habitación que te hizo pensar eso? – dijo Nathalie acercándose a la cama deshecha.
Eso era exactamente lo que quería saber también. Sin embargo, cuando abrí os ojos por primera vez luego de volver de la tercera dimensión, supe que algo había pasado allí, y mis ojos analizaron cada detalle que había quedado luego de que Emily se fuera. Fue cundo supe que estaba buscando algo que faltaba. Era ella. Con tan solo mirar los detalles, grandes o pequeños que había dejado la huída, saqué una conclusión, la cual era la correcta indudablemente. Quizás era un nuevo poder que había aparecido en mí. Caliel lo dijo los días que nos entrenó. Cada ángel existente en la tierra podía tener o desarrollar una habilidad extra que no todos los Ángeles poseían. Así como Dana tenía mas facilidad de encontrar a la ente, yo podía reconstruir algo que estaba inconcluso. Aquello me gustó, aunque fuese por un momento. Luego recordé lo que en verdad debía hacer.
Justo el padre volvió y lo pude encarar.
Parece que me salí de mis casillas y lo tomé de la sotana en la parte del pecho, como amenazándolo.
- ¿Dónde está Emily? – dije con rabia. Nathalie tomó mis manos para detenerme.
- ¡Beth, para! – dijo asustada.
- Tranquila Elizabeth… Emily…escapó… cuando yo estaba atendiendo a la gente que venía a la misa… la verdad es que… todo fue muy rápido… yo—
- Esta bien, padre. No necesita explicarnos. No es su culpa – dijo Nathalie tratando de calmarlo de mis ojos penetrantes y furiosos.
- ¡Me temo que si lo es! La dejaron bajo mi responsabilidad y no la supe cuidar… la verdad es que lo siento… yo… no se que… - el padre estaba nervioso y lo noté. Fue la razón por la cual lo dejé libre de mis atrevimientos y me volteé a mirar por la ventana que se secaba lentamente por la detención de la lluvia hasta hace poco. Sentí que se me paso la mano, pero no quise mirarlo a la cara, me dio vergüenza.
- Ya… es mejor que nos calmemos… aún podemos salir a buscarla… - dijo Nathalie tratando de arreglar el ambiente.
- ¡Por supuesto que la iremos a buscar! Quizás que esté haciendo, o con quien esté… a lo mejor ya la tienen los otros… -comencé a pasarme películas exageradamente sobre la situación de Emily. Tenía miedo de que la capturaran los demonios más ahora que podía sentirse a gusto con ellos, ya que ella misma tenía uno dentro de su cuerpo. Además, había encontrado la venda de su mano sobre la cama, cortada en pedazos largos y cortos. Había cogido uno de ellos y lo mantuve en la palma de mi mano todo el rato. Supuse que me ayudaría a encontrar a Emily, pero no fue así. Alguna esencia, algo que nos indicara a donde había ido.
Miré a Nathalie por un instante.
- Vamos a buscarla ahora…- dije luego de unos segundos. Tenía pensado ir con ella y separarnos para encontrarla antes, pero otras personas se unieron al baile.
- Yo también quiero ayudar a encontrarla… - dijo Caliel, quien llevaba algo de ropa limpia y el cabello mojado. Por lo menos, había recuperado su color.
- ¿De que hablas? – le dije frunciendo el ceño.
- Eso. No quiero quedarme aquí como inútil… - dijo Caliel.
- No eres inútil. Nada de eso. Estás vulnerable a los ataques de Eliott. Prefiero que te quedes aquí y descanses. Ya tuviste suficiente… - le dije acercándome a él un poco.
- Estas débil… Beth tiene razón… es mejor que te quedes aquí – dijo Diana, quien estaba a su lado.
- ¡No! Debo sentirme responsable también por lo sucedido… Debí estar aquí… con ustedes… - dijo acercándose mas a mí. Parecía decidido a acompañarnos.
- Tú no tienes la culpa Caliel. Estuviste secuestrado arto tiempo. Digo, el suficiente como para torturarte y todo eso… - dijo Nathalie.
- Por favor… ya estoy bien, y de verdad… necesito buscar a Emily. Estoy preocupado por ella… y si mi deber es ayudarla a que vuelva a ser ángel otra vez, también es mi deber encontrarla para realizar el procedimiento…
Trataba de convencerme, pero no quería dar mi brazo a torcer. Todos esperaban mi respuesta, nuevamente. Como si yo tuviera la decisión final.
Creo que no habría problema si… nos acompañara..
- Con una condición… irás con Diana… - dije finalmente. Su rostro se puso alegre y miró a Diana. Luego fue a la otra habitación a alistarse para salir.
- Quiero ir también… - dijo el padre Erick.
- No, padre. Usted se queda aquí por si Emily vuelve… es mas seguro, además, para usted…
Entendió de inmediato. Di las instrucciones a seguir:
- Tú y Caliel van por la calle principal hacia el norte, Nat, tu por el sur, y yo me voy por esta calle hasta el final… - dije.
- Espera… ¿y si primero la intentamos localizar con nuestros poderes? – dijo Diana.
- No es seguro… ahora ya no es un ángel del todo, podría verte… - dijo Caliel quien regresaba rápidamente hacia nosotras. Lo quedé mirando y luego dije mis últimas palabras.
- Antes del crepúsculo debemos estar aquí, luego, en la noche se pone mas peligroso. Volvemos aquí al atardecer con o sin ella…

No hay comentarios: