jueves, 31 de enero de 2008

CAPITULO IX

- ¿Es aquí? – preguntó Emily.
- Si…es aquí. – le respondió Caliel.
- Pero…es un manicomio – le dijo Diana.
- Por un lado, si. Pero tienen salas en donde resguardan a la gente que tiene posesiones demoníacas. No se preocupen. Comenzaremos por algo pequeño.
Era una inmensa casona blanca con ventanales quebradizos y parchados. Tenía un patio con poco pasto y solo dos árboles que daban sombra de vez en cuando. Todo el lugar era muy cuidadoso, pues por la gente que tenía problemas mentales y quería terminar con su vida. Todas caminaban y a la vez miraban a su alrededor, gente vestidas de blanco, dando pasos desequilibrados y con la vista perdida al cielo. Al entrar a la casona, había que pasar por la recepción, la cual no fue problema. Luego, había un pasillo extenso y largo por donde lo rodeaban habitaciones con ventanillas redondas, que al pasar por allí las jóvenes, todos los enfermos, los que estaban inquietos, los que lloraban, absolutamente todos se tranquilizaban a medida que las niñas avanzaban por las habitaciones. Cerraban sus ojos y los que no inquietos se transformaban en personas tranquilas, los que lloraban se tranquilizaban. Eso es en realidad lo que un ángel debía causar, paz y tranquilidad, un ambiente de armonía y quietud. Las jóvenes no se daban cuenta de lo que ocasionaban, pero lo importante es que era algo bueno.
Caminaron por ese largo pasillo hasta arribar a una sala en la cual Caliel dio algunos golpecitos. Un hombre calvo y alto salió a responder:
- ¿Si? ¿Quién es usted? - .
- Vengo de parte de la Iglesia Principal de Celeron, del padre Ariel… - le dijo Caliel.
- ¡Oh! Si…si. Pase por favor, es mejor que hablemos aquí a dentro.
- Gracias.
Los cinco entraron en la sala un tanto pequeña, con una sola mesa, una silla, un computador, y varias mini televisiones.
- Hola, soy el doctor Charles Cooper. También dueño y director de este internado.
- Bueno…soy Caliel Lucciato, aprendiz de Mensajeros Urelianos de Celeron, en la Iglesia Principal de Celeron, como ya le había dicho. Ellas son…
- ¡Lo se!...lo se…lo se…permítanme saludarlas como se merece un ángel. Aunque nunca he tenido la grata experiencia de saludar a uno – decía el doctor haciendo una pequeña reverencia ante las cuatro jóvenes, quienes miraban raro.
- No…no se preocupe señor. Estamos aquí para ayudar – le dijo Diana.
- Claro, claro. Aunque, me dijeron que me avisarían cuando vinieran. El padre Ariel no me dijo nada – dijo el doctor.
- Si…lo se. Eh…es que ha tenido muchos de estos casos que resolver, usted sabe. Me dijo que yo me hiciera cargo de este – le respondió Caliel.
- Si…lo entiendo, lo entiendo. .. Bueno, no perdamos más el tiempo, esta gente las necesita a ustedes, así que…déjeme el pergamino aquí junto con los papeles que tengo que firmar y…
- ¡Ah!...claro…pero…sería mejor que guiemos a las chicas a donde deben ir, supongo que han esperado tanto este momento que no vale la pena atrasarlo más ¿no le parece? – le dijo Caliel algo nervioso.
El doctor Charles le pareció extraño, pero lo dejó pasar accediendo a la propuesta del aprendiz, y rápidamente abrió una puerta fuera de la sala donde estaban que tenía cerradura de código de voz. Al abrirla se percibía el cambio de ambiente brusco que había en aquel otro pasillo, este más corto que el principal. Tenía menos salas y solo tres de ellas estaban ocupadas.
- La temperatura cambia abruptamente hacia abajo generando el vaho… - decía Emily.
- La luz ya no es la misma, sin duda las sombras toman lugar en este pasillo… - decía Diana.
- Y…no se si estoy preparada… - dijo Elizabeth en voz más baja.
- Es aquí… - dijo el doctor. – salas 662, 665 y 666.
- ¡Ah!...el tonto número 666…no me extraña…-decía Nathalie en voz baja también.
- Muy bien…creo que no querría presenciar esto, doctor Charles…sería mejor que evacuara esta habitación…y…cuando todo este listo, iré a su sala a entregarle el pergamino – le dijo Caliel.
- Por supuesto…solo les pido…que no los lastimen más de lo que ya están.
Y luego de una mirada extensa hacia las jóvenes, salió de la habitación y la cerró con llave a pedido de Caliel, por cualquier cosa.
- ¿Por qué decidiste quedarte aquí? – le dijo Elizabeth.
- Ha…no las iba a dejar solas sin saber quehacer. Ustedes lo harán, se los advierto. Yo solo las guiaré para que no cometan ningún error que después podríamos lamentar.
Inmediatamente luego de decir esto, un grito imperdible de las habitaciones nombradas retumbó en los oídos de los cinco. Era una voz diabólica.
- Dios…no se si estoy lista para esto… - dijo Emily algo asustada por la bulla.
- ¿Tú? ¿titubeando? - le dijo Elizabeth.
- Dime quien no…todas estamos asustadas – le respondió Emily.
- Ya…basta. Es momento de entrar – les dijo Caliel seriamente.
El instante se acercaba para ellas. Los cinco días de duro entrenamiento se definirían aquí. Pero al entrar a la habitación 665, no se vio a nadie. Parecía ser que la sala estaba vacía.
- No hay nadie… - dijo Nathalie.
Sin embargo, Elizabeth no tardó en darse cuenta de que la mujer poseída estaba en el techo boca abajo, como afirmándose de algo, pero la verdad era que no se sujetaba de nada. Era como si estuviera pegada al techo.
Al verlas entrar, abrió la boca tan grande como pudo, de donde salió un rugido entre vos de hombre y mujer, seguido de una escupida de sangre que chocó contra el suelo y desviándosele los ojos.
- ¡¡Dios mío!! – gritaba Diana.
- ¡Vamos! – gritó Emily dirigiéndose y colocándose justo bajo ella.
Era algo de esperarse, pues al estar ahí, cayó fuertemente encima de Emily, logrando que todas fueran a ayudarla. Y al hacerlo se dieron cuenta de que la mujer estaba tan caliente como la lava, cubierta de rasguños, moretones, cortes y sangre obviamente. Caliel solo observó y analizó el tipo de demonio al que se enfrentaban, mas no las ayudó en ese instante.
-¡Emily! – gritó Elizabeth.
Todas trataban de quitar a la mujer encima, más quemaba tanto, que solo Elizabeth la pudo tocar y la llevó contra la pared.
- Dios mío, esta hirviendo…no se puede tocar – dijo Nathalie.
- Trata de tomarla, que no se mueva - le decía Diana a Elizabeth.
Y aunque pareciera mentira, Elizabeth no podía hacerlo sola. Era tanta la fuerza que ejercía la mujer, que una persona era poco para poder controlarla. Sin darse cuenta, en un minuto la golpeó y las rasguño innumerables veces. Nathalie fue a su lado:
- ¡Beth! -.
- Estoy bien… - le decía Elizabeth.
Entonces, la mujer corría por todas partes hasta que se detuvo dando un grito eterno y fuerte, como de dolor. Entonces, Emily se lanzó contra ella para detenerla y hacerla callar, más con la fuerza de la otra, la ahorcó y le azotó la cabeza contra el piso.
- ¡¡Diana!! – gritó Emily.
Diana no hacía nada, solo miraba lo que pasaba. Estaba sorprendida y no hallaba que hacer para poder ayudarlas. Se bloqueó completamente.
- ¡Usen sus poderes! – les gritó Caliel, para incentivarlas.
Fue entonces cuando Diana se percató de todo y reaccionó con su mano derecha hacia la mujer poseída y le lanzó tanto aire como fuerza. Fue tanta la potencia de la ráfaga, que quedó pegada a la pared contra el viento y trataba de avanzar con dificultad. Todas miraban.
En un momento, cuando la mujer solo había logrado dar unos tres o cuatro pasos, detrás de ella salió una especia de polvo rojizo que se esfumaba, con el aspecto de una cara diabólica. Era como si el viento que arrojaba Diana hubiera tenido el poder para arrancar el demonio dentro de la mujer, con tan solo la fuerza de éste. Caliel apareció en ese momento, corrió hacia donde estaba la presencia y abrió la Biblia que había cargado en su bolso todo el tiempo.
- ¡In nomine et Jesuscristo, ordino quam subjicior ante hic sacer Biblia…!
Caliel abrió el libro mientras decía aquellas palabras sagradas, hasta que un sonido espeluznante de parte del demonio demostraba que aquel estaba siendo succionado por la Biblia. De esa forma, Caliel había capturado a otros demonios, era la solución más eficiente que había en Celeron cuando no estaban los Ángeles. Y cuando quedaba solo la menor parte y el final, Caliel cayó al suelo por un pequeño impulso. Luego hubo un silencio extenso. Diana había dejado ya de lanzar viento desde su mano, y miró atónita a la mujer que estaba tirada en el piso sin moverse.
- ¡Em! – dijo Elizabeth dirigiéndose hacia Emily que estaba con los ojos cerrados y con un poco de sangre en la cabeza, pero sin embargo, no habían heridas. Y le costó despertar, estaba como atontada, pero de un de repente, se sentó como asustada y las miró a todas.
- ¿Estás bien? – le preguntó Elizabeth.
- Si…si…eh… ¿está muerta? – preguntó al mirar a la mujer.
Rápidamente, Caliel le tomó el pulso. Estaba muy nervioso, pero tranquilizó un poco al saber que estaba viva, claro que apenas.
- Esta viva…pero necesita atención. Debo quedarme con ella para luego llevarla afuera y que la atiendan – dijo Caliel.
- ¿Qué? Pero debes quedarte con nosotras…es decir, deber ayudarnos.
- Elizabeth, ya les mostré lo que tenían que hacer. Además no era mi misión haber derrotado a ese demonio, esa era su tarea. Nathalie, te quedaste parada sin hacer nada, ni siquiera te enfrentaste a ella. Emily, estuviste bien, pero no me sirve solo la valentía, debes pensar antes de actuar. Elizabeth, estabas bien al principio, pero luego te echaste a perder solo por un rasguño. Y Diana, actuaste muy bien, en serio, claro que al comienzo no te inmutaste, pero luego hiciste lo que tenías que hacer. – explicó Caliel.
Al decir esto último, Emily hizo una mueca, demostrando que no le parecía bien que felicitara solo a Diana si todas habían echo algo, aunque hubiera sido inútil. Nathalie solo callaba.
- Lo siento, no….no volverá a pasar, Caliel – dijo Nathalie.
- Espero, ya que si no hubiera sido por Diana, estarían todavía –
- ¡Ya basta, Caliel! Esta bien, sabemos que Diana actuó de forma correcta, pero no es necesario que lo restriegues en la cara de cada una. Era nuestra primera vez y no sabíamos muy bien que hacer ¿esta bien?...Dios…la próxima vez lo haremos bien…- dijo Emily muy molesta, sobretodo porque todos los créditos se los llevó Diana.
- Em…ya para – le decía Elizabeth. Caliel solo permanecía callado.
Todas la quedaron mirando. Emily no se quedó callada, pero le molestaba que no viera el esfuerzo de cada una. Caliel guardó silencio. Estaba sorprendido y no sabía que decir. Al igual que Diana.
- Eh…yo…bueno, yo solo quería que todas al menos usaran sus poderes para poder controlar la situación, en ningún momento quise hacerlas sentir mal ni nada. Lo…lo que les puedo decir es que en la sala siguiente estarán solas y quiero que hagan lo mejor. Por lo menos que trabajen en equipo. – dijo Caliel.
- Si…si, bueno, no te preocupes. Todas actuaremos como Diana. – dijo Emily muy irónicamente, luego salió de la sala y espero afuera.
- Eh…bueno, nosotras, deberíamos apresurarnos. Vamos. – dijo Elizabeth de pronto.
Nathalie la miró y se paró del suelo, luego salió tras Elizabeth. Diana se quedó mirando a Caliel sin saber que hacer. Parecía estar sola…

Emily esperaba afuera con cara de enojada. Elizabeth salió y le dijo:
- Em, ¿Por qué trataste así a Caliel? - .
- ¡Es que odio cuando no ve el esfuerzo de los demás!
- ¿Pero que esfuerzo? Es verdad, todas nos quedamos paradas sin hacer nada, y la única que atinó fue Diana.
- ¡Ay! Ya se, ya se…
- Entonces no es mi culpa que le tengas envidia…
- ¿¡Que!?
Parecía que cada vez que a Emily le nombraban a Diana, se enojaba más y más.
Entonces, cuando todas salieron, se dirigieron hacia la otra sala, numero 662. Por la ventanilla de la puerta de aquella, se asomaba el hombre que llevaba un demonio un poco más peligroso que el anterior. Tenía algo de sangre en su boca y por lo cual, se asustaron un poco.
Nathalie tenía la llave en su mano, pero no quería abrir.
- ¿Abrirás o no? – le preguntó Emily.
- Es que…
- Entonces abriré yo – le dijo Emily.
Le quitó la llave y la introdujo en la cerradura. Estaba tiritando, pero se hacía la valiente. No pasaron ni cinco segundos después de abrirla, cuando el hombre saltó sobre Emily golpeándola en la pared. Ésta gritó de miedo, y entonces Elizabeth agarró al hombre y se lo llevó a la sala en donde estaba. Nathalie la siguió y utilizó su poder al fin. Hizo aparecer un montón de enredaderas que ataron al hombre a una pared y lo inmovilizaron. La joven estaba sorprendida y feliz, por fin había echo algo útil. Mientras, Diana fue donde estaba Emily, sentada en el piso:
- ¿Cómo estas? – le preguntó.
- Estoy bien – le respondió Emily levantándose y dirigiéndose hacia sus amigas.
El hombre estaba ardiendo al igual que la mujer anterior y se notaba, pues al minuto después de que estaba atado con las enredaderas que brotaron del suelo, salía humo de su cuerpo y de las plantas. Parecía que éstas se quemaban.
- ¿Huelen eso? - preguntó Elizabeth.
Los ojos del hombre se tornaban blancos. Esto no era tan fácil como creían. Unas simples enredaderas serían nada contra el. Se preguntaban que harían. Y luego se cuestionaban. Haber entrenado tanto para lograr nada, era injusto. Había que pensar en algún truco.
Fue cuando Nathalie dijo que era el momento para extraerle el demonio de adentro. Extendió su mano en dirección a la frente del hombre que aún seguía atado, pero estaba consiente. Dio un gritó horroroso que con solo éste salió volando hacia atrás hasta chocar contra la pared. Estaba bien, pero con esto se distrajeron sin mirar al hombre que se salía de las plantas quemadas y caminaba sigiloso. No era él en si. Era el demonio quien se apoderaba en ese momento del cuerpo.
- ¡¿Quam volo tu, angelus?! –le gritaba el demonio a Emily. (Que quieres tu, ángel)
- Nos insum hic erga mitto tu a quo pertineo…¡In Orcus! – le respondió Emily, sin saber como hablaba latín, sin tener estudios. (Nosotras estamos aquí para enviarte a donde perteneces…al infierno)
- ¡Ha! ¡Cono tu! – le respondió el demonio. (Ha, inténtalo).
El hombre le intentó dar un fuerte golpe con el brazo, más Emily se agachó y usó su mano derecha para echarlo a volar un par de metros con el agua que salía de su palma. Pero ahí no se acababa todo. Emily corrió hacia el para quitarle por fin el demonio que llevaba dentro, pero éste nuevamente le dio un golpe con su brazo, empujándola lejos. Luego, saltó hacia Elizabeth y la trataba de morder, la ahorcaba, y la golpeaba. La joven trataba de defenderse con sus manos, pero era inútil, así que no encontró otra forma que utilizar el fuego de su palma derecha y apuntando hacia la cara del hombre, soltó una flama enorme. Sin embargo, el demonio no se movía. Parecía ser que no le afectaba en lo absoluto el fuego, y era así, éste estaba tan caliente y ardiendo que no sentía la más mínima sensación de calor y menos de quemadura. El símbolo general de todos los demonios, incluyendo al Diablo es el fuego, por lo que Elizabeth no lo lograría nada lanzándole llamas si no sabía utilizar bien el elemento. Era un gran esfuerzo para ella.
Luego de ver que no sucedía nada con la flama, Diana entró a la sala finalmente y empujó al hombre fuera de Elizabeth. Ésta dejó de lanzar fuego y se dirigió hacia el demonio. Intentó colocarle la mano en la frente para que ya todo esto acabara, pero era tan imposible que aunque lo intentaran mil veces, no lo lograrían al menos de que todas trabajaran en equipo y ocuparan bien sus poderes.
- ¡No funciona! – decía Diana.
- Debe de haber alguna forma… - dijo Elizabeth reflexionando.
- Hay que inmovilizarlo…mientras una de nosotras le extirpa el demonio de adentro. – dijo Nathalie levantándose del suelo.
Emily se paró también y fue a donde estaban las demás, mientras que el hombre daba saltos gigantes en todo lados, se jalaba el pelo y golpeaba las paredes con la cabeza.
- ¡Hay que hacer algo pronto, o se destruirá él mismo! – dijo Emily preocupada.
- ¡Ya lo dije! Hay que inmovilizarlo mientras una de nosotras le saca el demonio. Yo lo sujetaré mientras, después de todo, no me quema. ¿quien más? – dijo Elizabeth.
- Yo…yo también te ayudaré. – dijo Nathalie.
- Entonces que Emily lo haga, yo le sujetare las piernas – dijo Diana seriamente mirando a Emily.
Por supuesto, Emily estaba algo contenta, aunque nerviosa. No le importó la decisión de Diana, solo pensó en ella en aquel momento.
Y siguiendo el plan, fueron tras él. Les tomó algo de tiempo para poder controlarlo. Algunas incluso usaron sus poderes para dejarlo quieto, y cuando fue el instante preciso, le gritaron a Emily.
Emily corrió hacia él extendiendo su brazo y tocándolo en la frente. Estaba ardiendo como nunca, pero la chica no se concentró en eso, solo cerró sus ojos y dijo las mismas palabras que había dicho Caliel anteriormente. La marca de su palma se iluminó y parecía que se abría un poco. El hombre gritaba y gritaba y en uno de sus gritos, un polvo rojizo al igual que en la sala anterior, salió de boca y fue absorbido por la mano de Emily. Absolutamente todo el polvo. Cuando ya estaba casi listo, la última parte le dio un pequeño impulso hacia atrás a Emily quien cayó de trasero al suelo. Todas habían cerrado sus ojos por le resplandor fuertísimo que repelía la marca. Pero ahora, el hombre estaba bien, es decir, casi bien. Estaba desmayado, cubierto de heridas y de sangre. Le costaba respirar. Las otras jóvenes lo miraron y miraron a Emily. Ésta solo seguía observando su mano, pues no tenía idea de lo que había echo.
Llevaron el cuerpo a donde estaba Caliel, en la habitación anterior, pero se dieron cuenta de que él ya no seguía ahí. Seguramente había llevado a la mujer a que la atendieran. Entonces no supieron que hacer. Si lo dejaban allí podría morirse, pero debían terminar cuanto antes con la siguiente sala.
- Quizás una de nosotras deba quedarse con él cuidándolo – dijo Diana.
- Eso de nada servirá. No tenemos los medios para ayudarlo. Hay que llevarlo afuera y que lo vean los doctores. – dijo Elizabeth.
- Si, creo lo mismo. Yo lo llevaré. ¿alguien me ayuda? – dijo Nathalie.
- Yo voy contigo. Y aprovecharemos de buscar a Caliel. Esperenos aquí y volveremos en seguida. – dijo Diana.
Emily y Elizabeth esperaron fuera de la habitación 666, que olía mucho miedo y daba escalofríos. Empezaron a conversar.
- Deberíamos entrar y dejar d perder el tiempo – dijo Emily
- Mmm…creo lo mismo, pero puede ser riesgoso. Esa pieza expira mucho mas peligro que las anteriores.
- Bueno…tengo la llave.
Emily se apresuro a caminar a la puerta que daba a la sala. Elizabeth la siguió sin saber porque. Le decía que debían esperar a las demás, pero parecía que la joven no escuchaba. Quería hacerlo todo rápido. Sin embargó, introdujo la llave y abrió la puerta. Una brisa muy helada salió de aquella habitación y al poner un pie sobre ella, Emily sintió una escalofriante sensación en todo su cuerpo que hizo que su pie volviera al pasillo.
- ¿Qué? – le dijo Elizabeth.
Pero Emily no el dio respuesta concreta y solo entró cubierta de valentía en la sala, seguida de Elizabeth, quien también titubeó al principio.
- Dios mío…hace un frío enorme aquí…y hay… ¿neblina? – decía Elizabeth.
- ¡Ahí! – le dijo Emily con voz murmurante, señalando a la silueta de una niña, sentada en el piso al final de la sala.
- ¿Es…ella? – preguntó Elizabeth.
Al cabo de decir esto, la puerta se cerró fuertemente asustándolas a las dos.
- Cerró la puerta solo con su presencia… - dijo Elizabeth. - ¡Te lo dije!...no debimos venir aquí sin esperar a Diana y Nat.
- Espera… ¿Dónde se fue? – le dijo Emily al darse cuenta de que la niña ya no seguía allí.
- ¡Mierda!.
Elizabeth se movió hacia la puerta y a intentó abrir, sin poder hacerlo. Le pidió la llave a Emily, pero no se había percatado de que por dentro, las puertas no llevaban cerrojo, si no una manilla de metal.
La niña se apareció de pronto entre Emily y Elizabeth tirando a gran velocidad a la primera hacia la pared haciendo una pequeña bolladura en ella y causando la caída de algunos concretos del techo.
Elizabeth vio todo lo que sucedió y rápidamente creó una pared de fuego muy alta que la cubría de la cabeza a los pies, para no dejar que el demonio la lastimara. Pero fue inútil, ya que éste atravesó sin problema la barrera de fuego y tomo a Elizabeth del cuello sin que ella pudiera hacer algo.
Emily tenía una costilla afuera cubierta de sangre y de dolor. El que se curara rápido no significaba que no fuera doliente como a cualquier persona. Al recuperarse de eso, se arrodilló silenciosamente y con los escombros que había en el suelo, utilizó su telequinesis apuntando a la niña, en ningún momento pensó en que podía matarla, solo pensaba en salvar a su amiga. Esperando golpear al demonio, alzó su mano derecha y controló los escombros y los dirigió hacia el cuerpo, pero éste no era un demonio cualquiera. Giró su cabeza hacia Emily y con sus ojos rojos pudo detener lo que ella le había lanzado.
- ¡No puede ser! – se dijo Emily.
Todas las tablas y otras cosas caídas del techo cayeron nuevamente al piso frente a Emily quien se quedó parada sin hacer nada pero muy furiosa, y el demonio aún no soltaba a Elizabeth, la cual estaba casi morada.
- ¡Quam volo tu, daemonium! – le gritó Emily pensando en que si hablaba en latín, éste podría entender. Ni siquiera sabía si podría hablar en latín, solo confió en que lo lograría. Y lo logró. (Que quieres, demonio).
- ¿Quam credo tu, angelus? – le respondió el demonio con voz entre niña y distorsionada. (Que crees, ángel).
Los ojos se le tornaban más rojos y le caía sangre de la boca al hablar. Miró a Emily monstruosamente y fijo, levantó la mano e hizo que ésta se paralizara quedando exenta de mover su mano para atacar. Sintió mucho miedo, como cuando entró recién a la habitación. Luego parecía un muñeco, guiado por la niña poseída que después de darle unos movimientos bruscos, su mano que estaba abierta comenzó a cerrarse con dificultad como si estuviera apretando algo muy duro, y a la vez, Emily sentía como la estuvieran amarrando tan fuerte que le quebraban todos los huesos. Gritaba desconsoladamente cada vez sentía que la apretaban más y mas. Era algo horroroso y doloroso a la vez. Además, la niña aun no soltaba a Elizabeth quien todavía le quedaba su último respiro, el cual lo usó levantando su mano derecha y poniéndola en la cabeza de la niña y en vez de quitarle el demonio, le lanzó llamas en toda su frente sus ojos, pero este era un fuego diferente al anterior. No tenía el mismo potencial y era más poderoso.
El demonio no tuvo más que soltar a ambas y se arrojó al suelo empezando a gritar cosas sin sentido y golpeando su cabeza en el suelo. Se había vuelto loco.
Elizabeth tosía y Emily estaba votada en el piso recuperando el aire y arreglando su cuerpo. Se levantó y miró a Elizabeth.
- ¿Estas bien? – le preguntó.
- Si… ¿y tu? – le respondió.
- Si…también. Escucha, necesito que intentes abrir la puerta como sea, pero hazlo mientras yo entretengo a este demonio infeliz… ¿Puedes hacerlo?-.
- Si…pero…
- Tranquila…solo hazlo. ¡Ahora!.
Emily saltó sobre el demonio y le puso la mano en la frente y comenzó rápidamente a decir la oración. Sin embargo, la niña no la dejo y la rasguño por todas partes, pero su furia aumentó al darse cuenta recién que la herida de Emily sanaba al instante. Las observó quietamente al tanto que su rostro se tornaba más deforme y con ira. Corrió hacia ella con las manos al acecho y gritando. Emily la esquió y corrió por toda la habitación.
Elizabeth se había levantado y miró la puerta. Primero se puso a pensar un rato como la podría abrir, pero se dio cuenta de que no había tiempo y que era ahora o nunca. Utilizó su fuego ya que al tratar de sacar la puerta con su levitación no funcionó. Pero parecía que tampoco el fuego. La puerta comenzó a transpirar y fue cuando Diana y Nathalie entraron. Caminaron por el pasillo y no vieron en las habitaciones anteriores a las otras dos.
- ¿Dónde estas? – le preguntó Diana a Nathalie.
Sintieron gritos y más ruido en la sala 666 y corrieron a ella.
- ¿¡Emily!? – gritó Nathalie antes de que al tocar la puerta se quemara la mano en la puerta.
- ¿¡Nat!? ¿Eres tú? – le preguntó Elizabeth.
- ¿¡Elizabeth!? ¿Qué esta pasando? – le preguntó Nathalie.
- ¡Trata de abrir la puerta! Abre la puerta, no puedo abrirla…
- Pero…es que… - Nathalie titubeaba por lo caliente que estaba la puerta.
- A ver…- Diana tomo la manilla de la puerta y la intentó girar para poder abrirla, empezó a salir vapor. El piso estaba con agua. Diana intentaba pero no podía. Sacó su mano que estaba rostizada y un poco pegada a la manilla. Rápidamente comenzó el proceso de regeneración.
- ¡Dios, no se puede! – le dijo Diana a Nathalie.
Intentaron de todo físicamente, desde patadas hasta empujones, pero no podían. Pensaron solo segundos cuando a Nathalie se le ocurrió un idea espontánea la cual era haciendo una puerta. La pared era mucho mas blanda que la puerta de metal y por lo tanto, era más fácil que crearan un hoyo o algo para poder entrar.
- Usaré…raíces. Raíces que atraviesen la pared.
- ¿Crees que serán lo suficientemente fuerte como para poder atravesarla? – le preguntó Diana.
- No…pero…levantarán el piso.
Los ojos de Nathalie se tornaron verdes y alzando su mano hizo aparecer raíces muy gruesas que efectivamente levantaron el suelo, y haciendo otro movimiento más, atravesaron la pared muchas veces, haciendo hoyos los cuales des pues formaron un gran pasadizo hacia la habitación. Diana corrió por allí. Vio a Emily cubierta de sangre lanzando chorros potentes de agua a la niña, Elizabeth estaba en la puerta mirando lo que ocurría. Estaba como traumada.
-¡Dios mío! – grito Diana, mientras corría por Elizabeth. - ¿Estas bien? Contesta.
- Hay que ayudar a Emily…no puede sola…- le dijo.
El demonio vio entrar a Diana y la miro quietamente. Los ataques de Emily ya no servían de nada, eran en vano y le gastaban energía. Nathalie estaba entrando por la pequeña abertura de la pared, cuando el ser maligno la ve pasar y da un salto gigantesco hacia ella no queriéndole hace nada, más bien tratando de escapar por ahí. Nathalie sale volando hacia atrás con la fuerza que llevaba y no la pudo detener. Corrió por el largo pasillo hasta llegar a la puerta que conectaba con las otras salas del manicomio. Por supuesto, Caliel lo sintió venir. Y rápidamente abrió la Biblia que llevaba siempre consigo y miró al demonio a los ojos. Éste dio unos cuantos gritos e insultó a Caliel en lenguaje latín luego que le rasguñara y lanzara la Biblia lejos. Caliel sintió tanto miedo que no pudo hacer nada más que quedarse como idiota en el piso. La niña vio una ventana cerrada y saltó como quien atraviesa una abierta. La quebró en mil pedazos y toda la gente de ahí se asustó y se agachó. Era un ambiente demasiado tenso y terrorífico.
Diana vio lo ocurrido y salió por donde entró. Observó a Nathalie en el piso, estaba bien. Luego volteó su mirada al pasillo, fijando sus ojos en rastros de sangre por el suelo hasta la puerta de salida. Nathalie entró a ver a Emily con Elizabeth. Todas estaban súper bien y sin ningún rasguño. Entonces, Diana caminó rápidamente hasta salir de aquel sitio y ver con sus propios ojos lo que había sucedido con la niña. Nada más vio a Caliel apoyado en la pared apenas mirándola con ojos no de enojado, si no de culpa. Diana también lo miró con culpa y además con pena. Sentía gran responsabilidad en lo sucedido. Comprendió todo cuando vio la ventana rota y la gente comentando lo que pasó.
- No… - dijo murmurando Diana.
Mientras que en la habitación estaban las otras tres, Emily recobraba el sentido luego de haber peleado un gran rato con el demonio. Elizabeth y Nathalie estaban con ella, cuando de repente se dio cuenta del gran hoyo en la pared y de que la niña no estaba.
- ¿Dónde esta? – preguntó.
- Se escapó…por ahí. Diana y yo abrimos la pared para poder ayudarlas…pero creo que empeoramos la situación. Nunca pensamos en que podría escapar – le dijo Nathalie.
- Pero…como…- dijo Emily tratando de entender.
Se paró del suelo y corrió a la “salida”. Entre los escombros de la pared se encontró con Diana que retornaba para encontrase con ellas.
- ¿¡Donde esta!? – le dijo Emily exaltada.
- Escapo Emily… - le respondió la otra.
Emily puso cara de miedo y de molestia. Hizo a un lado a Diana y corrió por el pasillo hasta verse con Caliel. Sus ojos lo decían todo. Caliel la miró de la cabeza a los pies, ya que estaba ensangrentada.
- ¿Estas bien? – le preguntó.
- Si…no es nada. ¿Y tú? – le dijo Emily.
- Solo rasguños…-.
- Y…se fue… ¿verdad? -.
- Mira…yo—
- ¿¡Caliel!? ¿Qué significa todo esto? Hable con tu maestro el padre Ariel…me dijo que—dijo el doctor Charles.
- Si…si. Hablemos de eso, pero en privado, por favor.
Caliel se encerró en la oficina del doctor para conversar. Habían descubierto el plan de Caliel, y no había nada que el pudiera hacer para evadir la verdad. Emily lo solo lo vio hasta que cerraron la puerta.
Esperaron las cuatro fuera de la oficina, manchadas de sangre pero con su capucha puesta encima. Había mucha gente que las miraba preguntándose si eran amigas o enemigas. La opción no era clara si no habían podido derrotar a un demonio dentro de una niña de diez años, era confuso. Pero luego de unos minutos, Caliel salió de la oficina un poco pálido. No quiso contar nada por el momento, solo salieron del recinto en forma rápida en dirección a la iglesia. El camino hacia allá fue silencioso y sin ni un comentario.
Cuando llegaron se dirigieron a la iglesia directamente.
-Oye… ¿nos dirás exactamente lo que te dijo o no?- le dijo golpeadamente Emily.
- Hablaremos de esto después niñas. Necesito conversar con el padre ahora. Pueden…tomar una ducha, los baños están allá. Pueden ocupar esas habitaciones de hospedados y…iré en un rato ¿si? – les dijo Caliel.
No era una charla agradable. Sabían que castigarían al joven solo por creer en ellas, por lo tanto se sentían responsables del fracaso de su primer día como “Ángeles”.

sábado, 26 de enero de 2008

anhell deltha al habla...

nada

realmente nada

no tengo mucho que decir
solamente que las extraño demasiado mis anhells


alpha,betha y ghamma




n_n

ojala la esten pasando bien en sus vagaciones *-*

lunes, 14 de enero de 2008

CAPITULO VIII

Después de estar un largo e intenso rato mirando el alba hasta despegarse el sol del horizonte, Emily miraba el agua y meditaba a fondo. Respiraba aire totalmente puro y cada vez estaba más relajada. Sentía la sangre correr por sus venas.
De un momento a otro alzó sus brazos y se dejó caer al agua. El agua parecía potable de lo transparente que estaba, pero lo raro era que nada había en ella. No había plantas ni peces. Era un mar completamente vacío que solo tenía agua. Emily se percató de aquello. Desde niña que le dio miedo el mar, pues no le gustaban los animales que vivían en el, ni las plantas que contenía, ya sea algas, cochayuyo u otros. Además, el agua se había llevado a varias personas de su familia, como su primo, una de sus tías y un compadre de su padre. Era coincidencia, pensaba, pero esta coincidencia era muy evidente. Sin embrago no lo asoció a su elemento si hasta mucho después.
Mientras tanto, gozaba su estadía en el mar vacío, poniendo a prueba su resistencia, y obteniendo como resultado poder respirar bajo el agua. Era asombroso. Ella lo describía como poder respirar aire, pero este aire era más denso y húmedo. Era una experiencia que jamás olvidará.
Emily nadó y nadó bajo el agua todo el día sin llegar a ninguna parte. Emma parecía infinito, pues no topaba ni con rocas o arrecifes o islas. Pero así como Emily se entretenía nadando, Elizabeth lo hacía en el volcán de Lizz. No transpiraba ni nada, solo veía la lava burbujear de tanta temperatura. La joven podía tocar aquel líquido medio espeso, y era como tocar agua caliente, nada le pasaba, de hecho lo disfrutaba, y sentía que cada vez que lo tocaba se hacía más fuerte.
El volcán de Lizz era muy especial. A ratos salía desde su núcleo, un llama de fuego hacía la superficie y Elizabeth podía observar aquello. Era espectacular. Sin embargo, no podía faltar un momento nostálgico, como el acordarse de su familia, su madre su hermana. En ese trance se sintió débil, sin ganas de hacer ni ver ni sentir nada. Pero en el fondo, muy fondo de su corazón y cabeza, conocía la verdad, y esa era que no debía echarse para atrás, ella eligió esto y ella lo afrontará. Y así esa mañana, tomó entre sus manos algo e lava ardiente entre sus manos y se la pasó por todo el cuerpo, manos piernas y tronco. Hasta en el cabello largo que cargaba. Solo sintió que debía hacerlo, era como su manera de fortalecerse y al parecer acertó. Luego de ese día, estaba con más poder y energía que nunca.
Algo así le pasó a Nathalie. Su experiencia no fue menos importante. Supuestamente ella es la madre naturaleza en forma angelical, por lo cual, su deber es cuidar y hacer permanecer el medio ambiente. Luego de la maravillosa alba que presentó, Nathalie caminó alrededor de la selva un momento, memorizando todas las clases de plantas y árboles que tenía la Tha. Incluso había un arroyo que pasaba por toda la selva, y era agua que iba precisamente a desembocar al mar. Nathalie encontró un lugar muy especial para comenzar, y fue entre algunos árboles sauces, con troncos que parecían asientos, allí. Entre plantas y plantas, con agua y hojas caídas, se encontraba la joven, quien al momento de sentarse allí, se comenzó a concentrar de manera rápida y provechosa. Cerró sus ojos y comenzó a tocar todo el tronco, todas las hierbas que la rodeaban, todas las hojas, todas las flores, tallos, pétalos, pasto. Estuvo gran rato haciendo lo mismo. Luego de un par de horas, se paró de donde estaba sentada, aún con los ojos cerrados, y comenzó a caminar nuevamente alrededor. No veía ni observaba, pero tocaba y sentía cada ser verde en aquella selva. Y al hacerlo se sentía bien, como con ganas de hacer algo grande.
Diana, por otro lado, aun estaba con un poco de susto por la gran altura a la que se encontraba. No podía mirar hacia abajo. Era difícil acostumbrarse a estar allí, sintiendo repentinos vientos a tu lado y no poder hacer nada. Sin embargo, con el pasar del tiempo iba agarrando confianza y empezaba a moverse con mayor libertad. Se sentía más segura y quizás no era tan terrible el estar en altura extrema. Fue cuando entonces, comenzó a creer que Caliel tenía razón acerca de la valentía. Diana empezó a pensar más maduramente. Al parecer era la mas inmadura de las cuatro, pero los pensamiento que tuvo aquella mañana la hicieron meterse en la realidad un poco más y no quedarse atrás.
Todas habían tenido uno de los mejores días de su vida, que jamás habían tenido y tendrán en largo tiempo. Eso era seguro. Pasaron todo el día, tarde y noche en sus ambientes, y las cuatro los disfrutaron al máximo. Fue mucho más de lo que esperaban. Fue más que hacer lo que a uno le gusta hacer y lo hace sentirse bien. Fue más que estar ahí y sentarse a reflexionar. Para ellas fue vivir la vida entera en un mundo totalmente distinto, pero ideal y como a uno le gustaría que fuera. Les sirvió para crecer tanto como persona como de corazón. Eso lo valorarán toda su vida, eso es seguro.
Eran casi las diez de la noche y Emily no salía del agua desde que entró por primera vez. Había estado todo el día sumergida y cuando ya se dio cuenta de que la luz del sol se había ido, salió a la superficie, en donde la oscuridad de la noche se hacía presente en el mar de Emma. Emily se asustó pues el tiempo había sido totalmente efímero y no sabía como regresar a la iglesia. Miró a sus alrededores y alcanzó a observar el volcán de Lizz. Por supuesto, Elizabeth se encontraba allí aun, creando llamas enormes en el cráter del volcán que, por ser de noche, se veía todo el cielo iluminado. Era un espectáculo precioso. Emily por lo menos lo gozaba.
Estaba allí mirando en el agua, cuando de pronto sintió una presencia que paso tras de ella. La joven miro rápidamente y se percato de que no había nada. Luego volvió su mirada al volcán y nuevamente sintió que algo rondaba por ahí. Finalmente alcanzo a alzar la vista, cuando su sonrisa de oreja a oreja dio a conocer de que se trataban de hadas iluminadas que reposaban sobre el mar.
- ¿Hadas? – se dijo Emily.
Eran criaturas muy hermosas e iluminadas q salían de noche como luciérnagas. Emily las identifico de inmediato. Las había visto en la televisión o en libros, y siempre quiso saber si realmente existían. Ahora se daba cuenta que si, aunque no en su mundo real. Además, su asombro no terminó, pues un segundo más tarde sintió algo rozar sus piernas bajo el agua. Eran sirenas. Nadando a gran rapidez y saltando como delfines hacia fuera. Las acompañaba otra especie de sirenas que tenían alas como las hadas. Emily no supo que eran, pero aun así quedaba sorprendida con las luces que irradiaban las hadas tanto de sus ojos como de sus alas. Más con el otro espectáculo que hacía Elizabeth desde el volcán era la combinación perfecta para que Emily se sintiera como en fuegos artificiales. Pero ya era hora de irse y la joven no lo quería reconocer, la verdad era que no quería marcharse.

Diana, antes de marcharse, se paró en la pequeña superficie del cerro Dianum como queriendo por fin enfrentar el miedo a la altura y mirar hacia abajo y luego hacia arriba, el cielo. Sentía brisas rozar su cara, que iban y venían como cuando pasaban los autos por delante de ella cuando estaba esperando el transporte hacia el liceo. Tenía muchos recuerdos para cada ocasión y ese era uno de ellos. Eran vientos de de repente. Incluso en un momento como que atrapó uno con sus manos y se sostenía en sus palmas. Lo tuvo por unos segundos y luego se perdió en el aire. Diana sonrió. No sabía que era, pero fue increíble la sensación que se sintió. Decidió bajar al fin. Y mientras tanto, Nathalie también salía de la selva, con algunas ramas y hojas verdes en las manos. No sabía como, pero recordaba el camino a la iglesia. Todas lo recordaban y eso que solo habían ido una vez. Eran las once de la noche. Era hora de volver.

Caliel las esperaba en la sala blanca, y la primera en llegar fue Diana.
- ¿Soy la primera? – dijo en tono chistoso.
- Eso parece. ¿Cómo te fue? – le respondió Caliel.
- Muy bien. Y a propósito…quería disculparme contigo. Es decir, todo lo que dijiste era verdad y yo no lo quería creer. De verdad me ayudó mucho ye so te lo agradezco.
- Era cosa de que te dieras cuenta. Las ganas que tienes de aprender con muchas.
- Si lo se…por eso, gracias.
- Cuando quieras te orientare, Diana. Ese es mi trabajo.
Diana le sonrió y miró el suelo.
- ¿Y te encontraste con tus sirvientes? – le preguntó Caliel.
- ¿Mis sirvientes? - le respondió Diana confundida.
- Si…
- ¿Cuáles?
- Los silfos.
- ¿Silfos?
- Si.
- ¿Quiénes son?
- Tus…sirvientes – le dijo riéndose despacito.
- Que gracioso. Dime quienes son.
- Bueno…los silfos son los elementales del aire, por lo tanto, es su deber servirte a ti, el Ángel del Aire. También llamados sílfides, los silfos habitan y se mueven en los insondables éteres del espacio, constituyendo la atmósfera donde vivimos y merced de la cual respiramos. Su color es transparente y se confunden con el azul del cielo por lo cual es muy difícil de darles una forma determinada, pero creo que para ti no será desafío encontrarlos.
- ¿Tú crees? – dijo Diana con tono apagado.
- Por supuesto. Eres el Ángel al cual deben seguir. Pero siguiendo con la explicación, los silfos son responsables de algunos fenómenos eléctricos de la Naturaleza, tales como los relámpagos, los rayos y truenos, así como todos aquellos que están relacionados con el aire, es decir, el viento, desde la ligera brisa a los grandes huracanes. Eso de los truenos y relámpagos quiere decir también que obedecen al Ángel de la Electricidad.
- ¿Existe un ángel de la Electricidad? – preguntó Diana.
- Si. Pero está en Asia. No puedo precisarte su ubicación. También los silfos son aliados de las ondinas, elementales del agua. Con ellas condensan el aire de la atmósfera y la transforman en lluvia. También aliados de los elementales de la tierra, los gnomos, colorean y dotan de perfume a las flores, entre otras cosas.
A los silfos se les puede observar y distinguir como ráfagas de luz desplazándose por los espacios a velocidades increíbles. En lenguaje esotérico, se les denomina como los “grandes comunicadores”, ya que la analogía dice que son responsable de la comunicación en relación a la radio, televisión, teléfono, etc. Además, algunos estos Devas forman “Ángeles Guardianes de la Humanidad”. No tengo mucho conocimiento sobre ese tema, pero…con todo lo que te dije ¿tuviste algún encuentro con algún silfo? - .
- Si…creo que si…de hecho tuve a uno en mis manos…- dijo Diana mirando el techo, como recordando.
Caliel le iba a decir algo, cuando entró Nathalie y Elizabeth conversando del gran día. Elizabeth iba con todo el vestido arriba de las rodillas, quemado por las grandes flamas del volcán.
- ¿Qué le pasó a tu vestido? – le preguntó Diana.
- Mmm…tuve un encuentro con el fuego – le contestó Elizabeth.
- Bueno…era lo que me esperaba. Ahora solo falta Emily, que espero venga en camino – dijo Caliel.
Emily iba llegando, empapada y arrastrando su cabello que le pesaba como cinco quilos cuando estaba mojado. Pero al entrar, y estar cerca de Elizabeth, se secó rápidamente. Fue algo mágico pero del que todas se percataron. Caliel dio la finalización del día.
- Bueno niñas, es decir… jóvenes. Creo que con todo lo que pasó hoy no vale decirles niñas. Espero que hayan disfrutado este día, porque creo que no tendrán otro así por un largo periodo. Creo y ojalá que hayan tenido los resultados necesarios para que ya mañana solo practiquen sus poderes y les demos sus duo sigillum para que todo salga bien.
- ¿Duo que? – preguntó Emily.
- Duo Sigillum - respondió Caliel.
- Pero… ¿Qué es eso?- pregunto Diana.
- Esta en latín… ¿verdad? – dijo Nathalie.
- Así es… - respondió Caliel. – Duo sigillum significa “dos sellos”, y son los que todo ángel tiene en esta tierra para poder enfrentarse a un demonio. Sin estos, no se podría decir ni que son mitad ángel. Son muy importantes.
- Pero…¿Cómo …? ¿Cómo son? ¿Cómo se utilizan? – pregunto Elizabeth.
- Mañana les mostrare como y les enseñare a usarlos. Por ahora deberían descansar para mañana, último día, poder practicar.
- ¿¡Mañana!?, ¿no que era una semana? – pregunto Emily.
- Es que ya no hay tiempo niñas. Me gustaría decirles que tienen mas rato para descansar o para prepararse mentalmente y todo…pero no tenemos más tiempo que perder. Por favor entiendan.
Entonces, las jóvenes se miraron unas a otras y comprendieron de que en verdad este mundo las necesitaba más que nunca. Que todo había sido exageradamente rápido, pero debía ser así. Tenían, además, curiosidad por saber el “duo sigillum”, y utilizarlo. Por ahora solo quedaba pasar la noche.

Lunes. Empezaron su mañana practicando a full sus poderes, controlar sus elementos, leer la mente, entrenar sus mentes, entre otros. Cada minuto y hora que pasaba se sentían mas cansadas, sus cuerpos les pesaban mas que nunca, y debían sacarle provecho a ese día, el ultimo. Al estar así de exhaustas, no rendían bien en sus entrenamientos. A veces sus poderes se descontrolaban o sus mentes se distraían, y lo peor de todo era que Caliel no entendía aquello. Solo querían que cumplieran con el objetivo y no se daba cuenta de que estaban mas que agotadas.
Cuando ya eran casi las siete de la tarde y el sol comenzaba a esconderse, se reunieron en la sala que les había servido de casa esos días, y Caliel apareció con una especie de libro en la mano, uno muy gordo.
- ¿Qué es eso? – pregunto Elizabeth.
- Es una Biblia, pero no es cualquier Biblia…- le dijo Caliel.
- Es una Biblia en latín…- respondió Emily.
- Exacto. ¿Cómo lo sabes? – le dijo Caliel.
- En la tapa salen palabras en latín.
- Claro, el latín fue una de las lenguas más universales en los tiempos religiosos, como ahora lo es el ingles. Hay muchos que dicen que mas de alguna vez, Jesús habló en latín para dirigirse a sus discípulos o a la gente.
- Espera… ¿no que Jesús hablaba el arameo? – preguntó Diana.
- Por supuesto, pero cuando se comenzaron a crear los diferentes idiomas, el latín tomó más rango en la gente y se fe expandiendo hacia otros países. Los brujos o hechiceros del siglo catorce ocupaban este lenguaje para hacer sus conjuros e incluso invocar al Diablo.
Pero bueno, creo que eso lo sabrán con el tiempo. Ahora, una de las marcas se hace con esta Biblia. Va en la palma de la mano derecha y es permanente, es decir, la tendrán por siempre y para siempre. Esta es la marca a la cual llamamos vis, que significa fuerza, es la fuerza que necesitan para que el espíritu maligno pueda rendirse, si ustedes no tienen esta marca, no le harán ni un rasguño. Esta es la que potencia sus ataques, sus poderes y sin ella, no tendrían el derecho de llamarse Ángeles.

Luego, Caliel sacó a Emily, la cual estaba entusiasmada con aquella “marca” y entonces fue la primera en experimentar pasar ya a mas rango. La Biblia tenía un sello muy especial en la parte de atrás que tenía forma de cruz. De hecho era solo una cruz con detalles en las cuatro puntas. Emily reposó su mano sobre aquel sello y una luz ilumino toda su palma. Caliel empezó por decir algunas palabras en latín:

Dominus, rem gratam alicui facio supplico quam largior ad hic sum coelestis
Potentia que sapientia quo divisa in adveso pono sine timor
Que sine sui inimicus exeo victor

In nomine Patris, et Filii et Spiritus Sancti
Amen.


(Señor, por favor te pido que des a este ser celestial
Fuerza y sabiduría para que venza sin temor
Y sin que el enemigo salga victorioso

En el nombre del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo
Amen. )

Mientras se decía esto, Emily sentía su mano quemarse en aquel sello. Le decía a Caliel, pero este como que no escuchaba y se concentraba en lo que decía. Cuando ya termino decirlo todo, Emily levantó su mano y se la miró. Tenía el mismo símbolo en su palma como una quemadura, pero a la vez, como si estuviera dibujada con pluma negra y no se saliera jamás. Caliel le sonrió y no necesito decir nada más, excepto decirles a las otras que era su turno.


- Hablaste de dos marcas… ¿Cuál es la segunda marca? – preguntó Nathalie.
- Oh…esa no se pone con esta Biblia. Es una marca especial que aparece generalmente en el lado opuesto al corazón, es decir, el lado derecho en el pecho y se hace presente luego de vencer a su primer o segundo demonio. Es cuestión de tiempo. – respondió Caliel.
Cuando Caliel termino de poner todas las marcas, se llevó la Biblia, les dijo buenas noches y se marcho, dejando a las niñas preocupadas, emocionadas, y sobretodo nerviosas. Caliel se dirigió a las iglesia a hablar con el padre Ariel acerca de lo se mañana. Las niñas estaban preparadas y necesitaba tener todos los papeles listos que había que presentar en el lugar donde se iba a hacer la especie de exorcismo.
- Padre, debe entender que ellas están listas. Además ya tienen la marca sagrada. Se que no ha pasado ni siquiera una semana completa, pero tiene muchas capacidades, más de las que he visto en mis otros aprendices – le decía Caliel a Ariel.
- Caliel, sabes que el consejo de Prada no está de acuerdo con mandar a unas jovencitas que no han completado el entrenamiento que se necesita para lograr buenos resultados y no más muertes.
- ¡Al diablo con el consejo!...Toda mi vida he acatado lo que dice el consejo, pero ya estoy arto. Lo único que hacen es tomar malas decisiones. Por eso vamos de mal en peor, por eso la cantidad de gente poseída aumenta en Celeron.
- ¡Caliel! No seas irrespetuoso, sabes que el consejo tiene mucha, mucha mas autoridad que tu en este momento. No eres más que otro aprendiz avanzado de los Urelianos, llevado por tus ideas locas. ¿sabes lo que pienso? Estoy de acuerdo con el consejo de Prada. Las chicas no deben ejecutarse aún.
- ¡Padre, por favor! No se imagina la capacidad y entusiasmo que tienen…s tan solo las viera…
- ¡Pero no las he visto ni tampoco quiero hacerlo! Es una barbaridad, Caliel. ¿En verdad crees que están preparadas si solo han pasado casi cinco días? Es ridículo y descabellado.
- Padre Ariel, se que el consejo tiene más autoridad que yo. Se que en verdad tienen autoridad sobre muchas cosas, hasta de usted, pero, eso no quiere decir que las decisiones que toman son las correctas. He visto muchas cosas que han sido disueltas a causa del consejo. Sabe mejor que nadie que uno de nuestros enemigos salió de allí hace años, y no me extrañaría que hubiera otro tratando de arruinarnos.
- ¡Basta! No necesito escuchar esto, Caliel. Tus niñas no irán y punto.
Ariel se marchó sin mirar a Caliel. Éste se sintió frustrado y decepcionado. Había trabajado durante largas y extensas horas con las cuatro jóvenes para nada. Pero sus ideales, tal como dijo el padre, lo llevaron a hacer un plan realmente estúpido pero efectivo. Lo llevaría a acabo mañana, tal como se lo había dicho a las chicas. ..


Emily despertó repentinamente minutos antes del alba del día martes. Miró por la ventana que corría viento. Parecía que el cielo se cubriría con nubes el resto del día. Emily sentía su cuerpo pesado y no podía moverse con rapidez. Era el entrenamiento duro del día anterior. Seguramente todas habían amanecido con tal dolor y molestia. La joven se levantó, abrió la puerta de la sala y dijo:
- ¡Dios mío!
Miró detenidamente a una de sus amigas.
- ¿Tu aquí, sentada en el pasto, a esta hora mirando el cielo? – le preguntó Emily.
- Si…lo se. Es rarísimo, pero aquí estoy. De hecho no tenía ganas de seguir durmiendo. Por eso me levante – le respondió Elizabeth.
- Y…¿Qué hay del pasto? Están sentada…¿no te da alergia?
- Mmm…hoy me di cuenta de que no. Muchas cosas han cambiado en mí…y no me había dado cuenta.
- Si…yo igual. Y dime ¿Por qué no podías dormir? ¡Ah! Por eso el cielo está así hoy…
- ¡No!...no tonta…es que no podía dormir porque…la verdad es que estoy un poco nerviosa…es decir…¿Quién no? Hoy es el día…
- Yo no lo estoy.
- Bueno…tú eres un caso especial.
- Es que…más que nerviosa, estoy entusiasmada, impaciente por saber que nos espera…
- Si…igual tengo ese sentimiento. Pero no puedo dejar de sentir nerviosismo.
- Pero…debes sentir que…no se. Que…nada puede pasarte, y solo disfrutar este momento…
Elizabeth la miro extrañada.
- ¿Vivir la vida? - le dijo.
- ¡Si! Eso…vivir la vida… - y Emily rió.
- Mmm…ojalá hubieras pensado así hace un año…
Emily la quedó mirando sin decir nada por un instante. Luego sonrió.
- Bueno…eso ya pasó. Ahora solo hay que vivir el presente. El pasado es pasado y el presente es el presente. ¿Si?
- Si…puede ser.
Luego de eso hubo un largo silencio que Elizabeth rompió:
- ¿Recuerdas esos días en los que nos echaban de la sala por que estábamos conversando de la otra gente?
- ¡Ja! Si…lo recuerdo. O cuando nos burlábamos de la gente que tenía algo raro de sus caras o su ropa.
- También. o Esa vez que fuimos todas al cerro y me caí varias veces…
- Eso era porque habías tomado demasiado.
- ¡No! Tú habías tomado demasiado. Estabas muy feliz, y hablabas raro.
- No lo creo…recuerdo todo perfectamente. ¡Ah! ¿Y cuando buscábamos esa heladería y recorrimos toda la ciudad para encontrarla y luego nos dimos cuenta de que había estado al lado de nosotras todo el tiempo?
- ¡Si!
Se rieron al mismo tiempo por un rato y luego volvieron a retornar su mirada al cielo.
- Que nos deparará todo esto… - dijo Elizabeth, mirando como el sol salía lentamente entre las montañas e inmediatamente era tapado por las nubes.
Luego de unos minutos, Caliel llegó con unas ropas en la mano y un pequeño bolso en su costado, y las hizo entrar a la sala. Se reunieron y luego, el joven dijo:
- Buenos días niñas… ¿durmieron bien? ¿están preparadas?
- Eh…eso creo – dijo Diana.
- Bueno, necesito que me sigan, y primero, pónganse esto – les dijo Caliel.
Les pasó una especie de abrigo con capucha que usaban los frailes antiguamente y se marcharon por el bosque hacia el lugar donde tenían que ejecutar. Caliel no les dijo nada ni les explico porque usaban esa vestimenta. Pero Nathalie no tardó en darse cuenta de que algo era extraño. Caminaban apresuradamente y en eso le preguntó:
- ¿Por qué vamos tan rápido y tan…ocultas? - .
- No, no es nada…vamos bien – le respondió Caliel.
Nathalie las detuvo a todas y luego miró seriamente al joven y le dijo:
- No estamos autorizadas ¿verdad?
Todas la miraron y Caliel solo se detuvo sin voltearse a Nathalie.
- ¿De que hablas, Nat? – preguntó Emily.
- Niñas, no quiero que se sientan frustradas ni menos que piensen que todo el esfuerzo y entrenamiento fue para nada – le dijo Caliel mientras se daba vuelta hacia ellas.
- ¡Pero eso es lo que es!, todo el esfuerzo fue inútil porque te puedo asegurar de que no tenemos el permiso que se necesita para ir allá y hacer lo nuestro. – le dijo Nathalie.
Caliel la miró y solo después de unos segundos le dijo con una sonrisa:
- ¿Leíste mi mente o solo lo adivinaste?
- Eh…las dos cosas. Eso no importa. Quiero saber que haremos si es así.
- El padre Ariel me comunico que no podían ir por falta de entrenamiento o por experiencia. Fue el consejo de Prada el que toma estas decisiones, y ellos decidieron que lo mejor era que dejáramos más tiempo para prepararlas como corresponde. No me pregunten porque ni como ni nada, porque la verdad es que me llevo muy mal con el consejo. De hecho ni siquiera se conocen las personas que trabajan en él.
- Pero… - dijo Elizabeth.
- Escuchen. Nadie me dirá lo que tengo o no tengo que hacer. Nadie mejor que yo sabe cuan preparadas están ustedes. Así que…iremos a salvar a esas personas que nos necesitan, les guste o no al consejo.
- Pero que pasa si…no se. A lo mejor no estarán muy contentos al saber que no los obedeciste. – le dijo Elizabeth.
- No importa…la gran mayoría de las veces he desobedecido las órdenes. Solo les pido que confíen en mí. Les aseguro que ustedes estarán bien, y yo me las arreglare luego con el padre Ariel.
Las palabras que salieron de la boca de Caliel las dejaron pensativas, pero no tuvieron más posibilidades que seguir al joven y creer en él. Después de todo eran unas principiantes y no tenían experiencia. De todos modos, Caliel sintió algo de frustración por parte de ellas, pero tenía el presentimiento de que ese día lograrían un buen trabajo.