sábado, 3 de mayo de 2008

CAPITULO XV

Caminaron entre los casi ocho grados bajo cero en aquella noche. No había mucha gente por las bajas temperaturas, así que por ese lado les fue fácil burlar la situación. No recorrieron mucho de la ciudad antes de llegar al laboratorio. Esta era una vieja construcción que supuestamente había quedado abandonado hace varios años atrás, y decían que construirían un colegio sobre las ruinas. Pero al parecer, era solo un rumor. Las chicas ya tenían dieciséis años y siempre al pasar por esa calle, no veían más que un montón de concreto, vidrios rotos, basura y mucho polvo y mugre.

Ahora, al pasar por ahí era diferente. No solo se observaba los físico del lugar, si no también lo psicológico. Tenía algo que hacia que las cuatro jóvenes temblaran de vez en cuando, pero no era motivo para abandonar la misión. Al parecer, eran demonios débiles, pero eran en gran cantidad.

- Nos separamos entonces, dos para allá, y dos por acá – dijo Elizabeth.

- Si, y es mejor que Diana y Em vayan con una de nosotras dos, pues parece que son de mejor ayuda ahora que son mas poderosas – dijo Nathalie.

- Bueno, entonces iré con Beth y tu ve con Diana – dijo Emily tomando del brazo a su compañera y marchándose hacia el interior del laboratorio.

No era sorpresa que tomara aquellas actitudes. Pero en fin, lo importante ahora era limpiar allí y no se detendría.

Emily y Elizabeth subieron por las escaleras al segundo piso. El recinto constaba de cinco pisos, y aun así no se veía muy alto. Pero en el piso en donde estaban ellas, era donde había mas presencia maligna, así que se detuvieron allí. Una fue hacia la izquierda y la otra hacia la derecha. Se sentían ruidos y un intenso olor a quemado. Elizabeth, con sus ojos anaranjados, caminó por el pasillo, pasando por salas con mesas y sillas rotas, vidrios rotos y esparcidos por todo el suelo. Había agua y productos químicos en descomposición. Artefactos tecnológicos que también estaban descompuestos. Elizabeth desató la venda de su mano derecha y se preparó para todo.

Mientras tanto, Emily también recorría el pasillo del otro lado. Pero parecía que al acercarse a alguna presencia, ésta se alejaba, huía o se escondía. Era extraño, nunca le había pasado eso, pero no bajo la guardia en absoluto, estaba esperando la acción. De pronto, sucedió a sus espaldas. En la habitación que recién había pasado, comenzaron a quebrarse toda clase que cosas que tuvieran cristales y vidrios, más bien a reventarse, como si algo ejerciera presión sobre ellas. Entonces, con sus ojos azules como el mar, Emily logró captar la energía y sus movimientos, y así pudo capturar al demonio de forma más fácil. Volvió hacia la escalera y dio un vistazo hacia donde Elizabeth había ido. Ésta no estaba en aquel pasillo. Emily caminó entonces, al tercer piso.

Diana estaba en el quinto. Se separó de Nathalie solo por un instante, porque sentía un olor a quemado impresionante desde aquel piso. Llegó ahí y parecía un nido de luces rojas escondidas en una habitación. Algunas escaparon, otras no, la mayoría. Diana sabia lo que hacia así que se le hizo menos complicado. Luego de aquello, iba a perseguir a las otras que se habían arrancado afuera. Sin embargo, antes miró por la ventana rota, hacia un patio extenso tras el laboratorio. Quiso ir, por supuesto, con Nathalie, así que fue por ella. Demonio que encontraba, demonio que absorbía de manera fácil. Llegó al tercer piso y vio a Elizabeth.

- ¿Qué haces? – le preguntó Diana.

- Hay algo aquí que no encaja…lo siento desde que llegamos… - le respondió Elizabeth.

- ¿Qué es? -.

- Es que, es extraño. Es decir, hay un montón de demonios incompetentes aquí adentro que hacen que la energía que emiten se combine y sea mas poderosa, pero, ¿Por qué están todas aquí? ¿Por qué…? No entiendo, hay algo que me molesta.

- Mmm… ¿gato encerrado o algo así?

- Si…hay gato encerrado.

Nathalie rondaba por el cuarto piso sola. Tenía miedo. Era una de las pocas que sentían miedo en aquel momento. Siempre estaba como insegura de si misma, lo que le impedía hacer cosas y pensarlas. Y mientras miraba por todos lados con sentimientos temerosos, la ventana de su lado derecho se hizo mil pedazos en su rostro. Nathalie cayó al suelo sacándose todos los trozos de cristal que tenía enterrados en su cara. Obviamente, había un demonio mas poderoso que los otros allí, así que se puso de pie y tomó aire, transformo el color de sus ojos al verde y atravesó la puerta. Estiró su brazo derecho y abrió su mano, pero de nada le servía hacer aquello si ni siquiera sabia donde se encontraba en exactitud el demonio. Miraba de reojo por todos lados sin tener la mas remota idea de saber siquiera si seguía allí su enemigo. Las mesas y sillas comenzaron a vibrar, produciendo la caída de objetos de vidrio y su exterminación. Entonces, las joven recordó una clase que habían tenido unas semanas atrás en Celeron, con Caliel. Una de esas clases que eran más bien culturales del tema, que debía aprender un ángel.

- Existen diferentes clases de demonios en este mundo. Cada tipo mas fuerte que el anterior partiendo por los daemonium fluvus, que en español quiere decir “demonios rojos”, y son los mas débiles que puedan existir. Como característica de cualquier ser maligno, pueden aparecer donde y cuando quieran, y su presencia es fácil de percibir. Se manifiestan como luces rojizas y no tienen el poder suficiente para meterse en el cuerpo de un humano.

Luego vienen los mal llamados “Ángeles caídos”, que deberían llamarse daemonium Níger o demonios negros, ya que todas estas clases son Ángeles caídos o mejor dicho, seguidores de Lucifer. Físicamente no se ven, pero tienen una presencia mas fuerte que los anteriores, dominan las sombras y son capaces de tocar o herir a los Ángeles celestiales, es decir, ustedes. Sin embargo, no tienen la capacidad tampoco de poseer al ser humano, excepto por algunos que han evolucionado que es lo mínimo, y como todos, aparecen de improvisto en cualquier lugar y a la hora que sea, en especial en la noche.

Los siguientes son aquellos que seguramente han leído o visto en películas. Vampiros, licántropos y otros derivados. Estas “especies” de demonios han sido considerados como tal hace no mucho tiempo, y es que con sus acentuados dientes arrancan la carne mas dura de cualquier tipo. De echo, aun no es seguro de ellos pertenezcan a la raza de demonios, pero se los nombro por que no faltará el que se aparezca con estos rasgos.

Los que siguen son los daemonium dominatus, “demonios dominantes”. Son los primeros de la triada que pueden introducirse en el cuerpo del ser humano, ya que poseen un alto poder de dominación. Su presencia es algo difícil de sentir y dominan la soledad. Son expertos en la tentación hacia el mortal. Pueden hacer caer a la persona en una tentación u obsesión irreversible, y con eso hay que tener mucho cuidado. Bueno, físicamente no tiene una apariencia definida, al menos de que sean mitad demonio, mitad humano o estén dentro del cuerpo de algún ser. Por supuesto, tienen poderes sobrenaturales mas fuertes y pueden tocarlas y herirlas.

Los penúltimos en la lista son los daemonium habilis, demonios hábiles. Como dice, son mucho más hábiles que los anteriores y mas poderoso. Tienen un poder de posesión impresionante y viajan de un lugar a otro en micro milésimas de segundos. Son los que poseen mas poder mental y pueden llegar a poseer a algún ser celestial según el grado de fuerza que tenga. Siendo tan poderosos, inteligentes y hábiles, casi siempre los utilizan como mensajeros de los Ángeles caídos, ya que en el viaje de entregar un mensaje a otro, se encuentran con enemigos u otros seres del cielo. Creo que con estos deberían tener mucho cuidado, pues no se les escapa ninguna.

Y finalmente están los daemonium fortis, o demonios fuertes. Estos se podría decir que son la mano derecha de Lucifer y tienen poder de dominio y posesión más alto que los de debajo de la triada. Pueden poseerlas a ustedes. Pueden apoderarse de su cuerpo y mente fácilmente y buscar y buscar y no descansar hasta encontrar la forma de exterminarlas. Pueden atentar no solo contra ustedes, si no a algo que realmente les duela. Expiran un terror en cualquiera que lo mire a los ojos y físicamente parecen personas normales, vestidos de negro siempre, con ojos rojos como el fuego del infierno. Tienen además una pequeña capacidad de sabiduría, donada por Lucifer. Y… fuera de ellos el mas poderoso ya lo conocen… -.

Nathalie aun seguía parada sin hacer nada. Mientras todo se destruía a su paso y habían infinidades de trozos de vidrios en el suelo. Parpadeó dando a conocer que estaba totalmente en otro mundo y salio de aquella habitación para luego correr. Bajó la escalera y se encontró con Diana y Elizabeth.

- ¿Qué pasa Nat? – le dijo Diana.

- Nada…es que no puedo lograr sentir bien la presencia de un demonio allí arriba, parece que es mas poderoso que los otros… - les dijo. Las otras dos la vieron con sangre en el rostro y le preguntaron.

- ¿Estas bien? – preguntó Elizabeth.

- Si – respondió.

- Y… ¿Dónde esta Em? -.

Emily apareció saliendo de una sala en el pasillo del tercer piso. Todas se reunieron en aquel piso, para luego bajar al patio que había visto Diana unos minutos atrás.

La energía se hacia cada vez mas fuerte a cada paso que daban acercándose cada una. Se sentían varias presencias y entre ellas una infinitamente poderosa que hizo temblar las piernas de cada una.

- ¿Sienten eso? – les preguntó Emily.

- Si…es algo…mas poderoso que esta aquí… en este patio…- dijo Elizabeth.

Entre tanta multitud demoníaca y tanta curiosidad despertada por los Ángeles, Eliott no quiso hacerlas esperar mas y se dio a conocer al centro del pedazo de cemento que allí había. Entre sombras y demonios, las chicas no se dieron ni cuenta cuando de pronto vieron una silueta oscura de pie en el centro del patio.

- ¡Es el! – dijo Diana, señalando la gran cantidad de poder que emanaba Eliott.

- Por Dios, es el… - dijo Emily.

- ¿Quién…? ¿Quién es? – preguntó Elizabeth.

- Es un demonio…uno muy poderoso que conocimos el día que los portales fueron destruidos, estaba con Emily entonces – dijo Nathalie.

Todas seguía caminando, y el corazón les saltaban como nunca. Cada paso que daban era un martirio el acercarse a ese joven que no tenían idea de cuanto daño podía causarles.

- No hay por que temer, Ángeles… - dijo Eliott.

- ¿Quién eres y que deseas? – dijo Diana.

- Dos de ustedes ya me conocen, pero para las que no, mi nombre es Eliott. Se podría decir que mi amo es Lucifer y sigo sus órdenes personalmente. Sin embargo, esta vez vine por mi cuenta porque este lugar es mi favorito desde hace mucho…

- ¿De que hablas? – le preguntó Nathalie.

- ¿Has estado aquí antes? – le preguntó Elizabeth.

- Toda mi vida he venido hasta aquí. Claro que no hay como Celeron ¿verdad? -.

- ¿¡A que has venido!? – le dijo Emily.

- Solo vine comunicarles que su guía el señor Caliel está bajo mi disposición, por supuesto que con suerte puede respirar… - dijo Eliott creando una imagen de él a su lado, con cadenas en manos y pies y una venda en los ojos. Esta silueta parecía estar colgada de alguna parte, pero no era nada mas que una ilusión.

- ¡¡Dios mío!! ¡Caliel! – dijo Emily corriendo hacia él. Las otras la detuvieron.

- ¿¡Que le has hecho!? – le grito Nathalie.

- Nada. La verdad es que las he estado esperando para que vayan y los rescaten, pero al parecer él mismo se esta dando cuenta de que sus instrucciones y preparaciones no sirvieron para nada, por que siguen igual de inútiles como hace un mes atrás.

- ¡Cállate! – le dijo Diana.

Eliott permanecía todo el rato con una sonrisa en la cara. Luego de eso, la imagen de Caliel despareció. Eliott miró a las chicas con ojos rojos y llenos de odio, a lo cual todas retrocedieron. Se alzaba un viento helado que llevaba cuervos y papeles del suelo. Además, el frío se hacía insoportable. Ya eran más de ocho grados bajo cero.

Ninguna de ellas sabía que hacer, ni siquiera las que ya tenían el sello. Eliott alzaba sus manos y su abrigo negro también lo hacía. Entre tantos pájaros negros que lo cubrieron al poco rato había desaparecido, sin que las Ángeles pudieran impedirlo, sin embargo, el joven demonio les dejó gran trabajo liberando desde su cuerpo una gran cantidad de demonios tipo “daemonium Níger” .

No se veían por supuesto, pero su presencia era notoria para ellas, como si volaran aves sobres sus cabezas.

- ¡¡Maldición!! ¡Se escapo! ¡No puede ser! – dijo Emily gritando de rabia, ya que lo único que quería saber era donde poder encontrar y salvar a Caliel. Al igual que todas.

- Libero a una gran cantidad de demonios, esos que se esconden en la sombra, así que debemos tener cuidado – dijo Nathalie.

- Espera, no están solo aquí. Algunos salieron de este laboratorio. A la ciudad… ¡mierda!, tenemos que salir a buscarlo antes de puedan lastimar alguien o… - dijo Diana enojada.

- ¡Estas loca! Ya no alcanzamos, viajan muy rápido en la noche. Se echó todo a perder, era una trampa… ¡debí saberlo!... debí presentirlo… - dijo Emily.

- Ay ya paren. De nada sirve lamentarse ahora. Estamos perdiendo el tiempo aquí discutiendo sin ir tras ellos. Somos mas rápidas que cualquier demonio, se que podemos. Pero debemos dejar de culparnos y actuar de una vez – dijo Elizabeth a lo que todas la miraron sorprendida. Generalmente era parte de su personalidad ser algo pesimista, pero esta vez fue la excepción y la prueba de que estaba madurando en su interior sin querer.

Nadie desperdicio el tiempo desde allí. Todas salieron volando de allí excepto Diana quien aun no podía volar, y Emily quien se quedaría allí en el laboratorio ocupándose de los demonios que allí se encontraban. Se sentía decepcionada. Era la segunda vez que se topaba con Eliott y no reaccionaba ante el como corresponde. Se quedaba quieta respondiendo con miedo y temor de hacer algo. Si era una de las que había progresado debía “ponerse las pilas”.

Elizabeth voló mientras en el aire aun había presencias fuertes, las cuales iba absorbiendo a medida que avanzaba. Aterrizó en una calle oscura en donde nadie pasaba por ahí nunca. Ahí escondió sus alas y se puso el abrigo ancho nuevamente. El frío se sentía hasta en el pelo. Caminó un rato tratando de presentir los espíritus malignos rondeando por ahí. Como era de noche, las sombras habitaban en todas partes, es decir, también los demonios dominantes.

Empezó a caminar por el centro de la calle, y al final de ésta, divisó unos cuantos perros negros que la observaban quietos. Elizabeth siguió caminando hacia esa dirección sin que aquellos animales se movieran. Cuando se comenzó a acercar, vio que cada perro tenía las pupilas rojas y le mostraban los dientes como queriendo atacarla. Entonces, la joven se detuvo a unos cuantos metros de ellos y los quedo mirando sorprendida. Fue cuando los canes empezaron a ladrar y a perseguirla a lo cual, Elizabeth corrió sin pensarlo. Fue algo innato. Sin embargo, uno de los perros le mordió el tobillo y ésta cayó el suelo mientras una manada de caninos se tiraban encima de ella, mordiéndola, y rasgándole la ropa. Claro es, que aquello no duro mucho puesto que la joven no dudo en usar su fuego para espantar a los animales. Algunos escaparon indecisos, otros seguían colgado de la ropa. Elizabeth lanzaba fuego de su mano derecha hasta quemarlos y hacerlos reaccionar. Parecían estar poseídos por algo.

Finalmente corrieron todos por donde habían venido, lanzando desde su boca ladridos con vaho. Las heridas de Elizabeth sanaron antes de que se diera cuenta. Respiraba agitada por que se había asustado un poco, pero siguió el camino que pisaron los animales hasta encontrarse con una sorpresa al final de la calle.

Diana entró en una calle en la que había edificio a ambos costados. Por supuesto, sin gente por ahí. Mirando hacia todas las ventanas que reflejaban el faro al final de la calle y al principio. Iba muy atenta como siempre y lista para cualquier cosa. Entonces, caminaba por la acera cuando oyó un sonido muy extraño, como quejidos de alguna persona cerca de allí. Se volteó a divisar a un joven con movimientos muy extraños y hablando algo incoherente. En eso, éste se cayó de golpe al suelo a lo que Diana corrió para auxiliarlo. Se agachó y lo giró para verle el rostro, que por lo visto estaba desfigurado completamente y votaba sangre desde su boca. La chica se alejó rápidamente y antes de que levantara su mano para absorber el demonio que poseía al joven, este le gritó algo:

- Prehendo tu – dijo. (Te atrapé)-.

Y luego a la velocidad casi de la luz, la tomó del cuello y le elevó hasta chocarla contra la pared del edificio, a unos cuatro pisos. Era como si estuviera parado arriba de algo pero solo flotaba. Diana con suerte podía respirar, pero aquello era lo que menos le faltaba.

El demonio empezó a abrir su boca entre risas y carcajadas, haciendo mención de querer comérsela o algo así. Pero esta vez, la joven fue más rápida, ya que antes de que la atacara, tomó un aliento pequeño, pero que al salir, fue como un huracán para el cuerpo en el que estaba metido el demonio. Se alejó unos metros de ella, y luego el espíritu maligno fue expulsado por la espalda del joven. Diana cayó al suelo junto con el cuerpo poseído. Ágilmente, el ángel se puso de pie y absorbió aquel demonio que casi se le escapaba.

Respiró hondo, y fue a ver como estaba el muchacho que yacía en el medio de la calle. Tenía heridas pero nada grave. Había perdido el conocimiento y cuando Diana se acercó a él y lo tocó, éste reaccionó como si lo hubieran despertado de golpe, y dio un gritó. Miró hacia todas partes, incluyendo a la joven, entonces retrocedió y corrió por donde vino. Se metió a una casa más o menos a una cuadra de allí. Fue cuando Diana supo que estaría a salvo. Su sexto sentido se lo decía.

Pasaron unos cinco minutos antes de que por segunda vez, dos luces resplandecientes iluminaran el rostro de ella en medio de la noche. Era un camión con cargas que venía desde la frontera de aquel país. Tocó la bocina muy fuerte, pero Diana no se movió, solo se tapó los ojos evitando la luz. El camión paró y la chica se dio vuelta diciendo algún garabato.

- ¡Mierda! – dijo ella.

- ¿Cuál es tu problema? ¿No ves que estás en medio de la calle? – le dijo una voz desde el interior del transporte.

Diana reconoció esa voz. Era joven y aunque la hubiera escuchado una vez en su vida, no la olvidó, así que se volteó nuevamente y dijo:

- ¿Alan? -.

- ¿Nos conocemos? – dijo él.

Diana se acercó al camión y el jovencito se bajó de éste.

- Alan, soy yo…eh…Diana… ¿te acuerdas de mi? -.

- ¿Diana?...Mmm… ¡Diana! ¡Ah, si!...

- Me llevaste hace unas noches a Garamond.

- Si, si…lo siento, no te reconocí…estás…diferente…-.

- ¿Diferente? -.

- Digo…tu pelo está muy, muy, muy largo… ¿es falso?

- ¡Ah! Eh…no. Es mío, natural.

Estaban conversando de lo mejor, cuando en eso, Diana siente la presencia de espíritus, merodeando por ahí. Miraba de reojo sus costados, viendo como las sombras de cada cosa se movía. Debía tener cuidado con estos tipos de demonios, pues pueden atacar en cualquier momento e introducirse, en este caso, en Alan. Intentó salvarlo.

- ¿Y que haces a estas horas de la noche aquí, tan sola? -.

- Eh… ¿sabes que?... es mejor que te vayas a tu casa…es ya muy tarde y deberías… no deberías estar aquí. Además hace frío…

- Bueno…podría llevarte si quieres, tengo que pasar por Garamond.

- No… no estoy bien aquí. Mira, no tengo tiempo para explicarte que pasa ahora pero lo haré mañana ¿si? Ahora solo metete en el camión y conduce lejos de aquí…

- ¿Por qué actúas así? Como si me ocultaras algo o—

- ¡No es eso! Es que de verdad que debes irte. Mañana en el día podemos vernos y te contaré todo, por ahora, vete a casa.

- No podría dejarte aquí sola, Diana…es muy peligroso.

- Te juro por Dios que estaré bien, ahora… ahora lo importante es que tu estés bien… así que siéntate, y conduce.

El ángel logró convencer a Alan de que se fuera de allí lo antes posible, mientras miraba en todas partes sombras que se pasaban de unas a otras.

- Bien, mañana nos vemos entonces…

- Si, mañana…iré a tu casa allá en Garamond…

- ¿Conoces mi casa?

- Eso creo…bien, vete…

- Bueno, cuídate y abrígate, hace frío.

- Si, tu igual. Adiós.

- Adiós.

Echó a andar el motor nuevamente para alejarse de allí. Diana lo veía alejarse y sentía el alivio de que nada le pasaría, por lo menos por ahora. Sin embargo, las sombras no se iban, por lo que la chica, al mirar al final de la calle, sentía brisas venir. Luego, colocó sus manos a los lados con las palmas hacia abajo primero, diciendo las “palabras mágicas”:

- Ventus quam obedio mi vox, adjuvo mi ad malum non lucror proelium… - dijo cerrando los ojos muy concentradamente. (Vientos que obedecen mi voz, ayúdenme a que el mal no triunfe…).

Una ráfaga cubrió sus pies y luego la alzó unos treinta centímetros del suelo para entonces levantar el brazo derecho en dirección cielo y colocar su otra mano sobre el nuevo sello sobre su pecho. Abrió los ojos y miró arriba, sabía que Dios en ese momento estaba con ella, pues si no hubiera sido así, las sombras no se habrían extinguido en menos de dos minutos. Era como si un montón de trapos negros se absorbieran por la palma de Diana. Y cuando ya había terminado, reposo suavemente sobre el suelo y miro a todos lados tratando de encontrar aun algún demonio, pero al parecer, había hecho un buen trabajo. Era una joven que tenía mucho potencial como ángel, que sin duda lo demostró la primera vez que se enfrentaron a un demonio, por lo tanto, estos acontecimientos la hacían crecer mucho.

Finalmente, siguió su camino hasta el final de la calle.

Por otra parte, Nathalie recorría otra calle algo mas abierta o mas poblada, pero a aquellas horas de la noche por supuesto no había nadie a quien mirar. Corría mucho viento helado que levantaba las hojas y basura del piso.

Por una que otra razón, Nathalie era la única que iba quedando con algo de pánico en su interior. Por esas misiones que la atormentaba no sabia que era la que tenía mayor poder sobre las cosas, su elemental era el mas fuerte de los cuatro. Caminaba despacio y mirando de reojo siempre a sus costados. Daba pasos inseguros hasta que llegó el momento en que no se pudo mover más. Había quedado paralizada ante la figura enana de un ser que se acercaba hacia ella, y a medida que lo hacía por la calle de enfrene, los cristales de las luces de la vereda se reventaban haciendo apagones y dejando la oscuridad tras si. Empezó a oler a quemado y supo ya que estaba ante algún demonio no cualquiera. Entonces, movió sus pupilas con dificultad para asombrarse frente a la persona que reflejaban sus ojos.

- Creo que ya te he visto a ti… ¡ah! Si…ya me acuerdo. Ya nos habíamos visto antes… Ángel de la Tierra – dijo.

- Pero… ¿Qué…? ¿Quien eres? – le dijo Nathalie.

- Haz memoria, ángel. O mejor dicho…mírame -.

La silueta pequeña de aquel ser se divisó tras salir de las sombras de un poste que la cubrían, son un vestido blanco, pero quemado al final, cabello mas o menos largo y pajoso y ojos que brillaban como antorchas encendidas.

- Parece que me perdieron cuando recién eran unas aprendices de alguno que otro ureliano. ¿No recuerdas? En Celeron…el manicomio…- dijo una vocecita de niña.

- ¡No puede ser! – dijo Nathalie alterada.

- Ah si…bueno…debo admitir que fue una gran hazaña el haber abierto los vértices hacia esta dimensión…su dimensión. Aquí hay mucha gente vulnerable a la posesión…ya sabes. Aunque no se que tan fuertes estén ustedes ahora, solo ha pasado mas de un mes…. Y, ¿Dónde están tus compañeras?-.

- ¿Qué quieres? -.

- Entretenerme un rato…es decir, quería. Ya veo que no han progresado en lo mas mínimo, y que el entrenamiento de Caliel fue solo una perdida de tiempo para formar Ángeles torpes, débiles y miedosos, como tu.

- ¡Cállate! -.

- No me hagas callar – le dijo la niña con voces simultáneas a las de ella, y le comenzó a quitar el abrigo a Nathalie, dejándola en camisa y falda con pantys y botas.

- Si hubieras crecido como “ángel”, podrías haber salido de esto hace rato -.

Nathalie movió con mucha fuerza su mano derecha, como queriendo inventar algún ataque simple.

- ¡Ay no por favor!... no ese tonto ataque con tus estupidas raíces que salen bajo de mi. Sabes claramente que esto no funcionara – le dijo irónicamente. Luego se alejó un poco y comenzó a hacer movimientos extraños y diabólicos, como si ese mismo demonio estuviera siendo poseído por el diablo o algo así.

- Dios mío… - se decía Nathalie. Entonces, la niña comenzó a acocarse.

- Que pasa si me acerco ahora, ángel de la Tierra -. Dicho esto, Nathalie comenzó a gritar y a quejarse, pues a medida que el calor del cuerpo del demonio entraba en el círculo de la joven, parecía que el mismo fuego la tocase. El demonio solo se reía constantemente a cada paso que daba.

- ¡¡Detente por favor!! – decía Nathalie, pero era inútil.

- Y que pasa si hago esto… - dijo la niña alzando su mano y finalmente tocando el cuerpo del ángel, a lo que ésta dio un grito inimaginablemente doloroso y lleno de sufrimiento.

Comenzó con poner la mano en el muslo derecho de Nathalie y luego subía por la entrepierna, bajo la falda, dejando como rastro, quemaduras en la piel de Nathalie y haciéndole quedar la ropa como ceniza. Luego colocó su mano en el estomago y la comenzó a mover hacia arriba entre los senos. Nathalie no paraba de gritar del dolor. Sin embargo, el demonio no sabía que mientras cambiaba de posición su mano, las quemaduras se perdían entre la piel quedando ésta como nueva, y solo la ropa achurrascada como prueba.

- ¿Qué mierda? – dijo la niña.

Al parecer no estaba al tanto de tal habilidad angelical. Entonces retrocedió un paso, para lo que Nathalie aprovecho de mandar su miedo a volar y miró al cielo. Sus ojos se tornaron verdes como las plantas que la rodeaban y luego miró al demonio a los ojos. Éste dio otros pasos mas en reversa y el ángel cayó al suelo con movilidad en todo su cuerpo. Luego se levantó y miró a la niña.

- Puede que lo de miedosa tengas razón, pero no soy débil, no esta vez.

Y la pelea comenzó. La corta pelea, pues no duro mas que dos minutos. Nathalie se lanzó sobre ella sin poder agarrarla, dándose cuenta de que aparecía en otro lugar.

- Estoy aquí… - le decía con gracia el demonio.

Luego Nathalie iba hacia allá y le hacía lo mismo, hasta que finalmente, la niña de escondió tras las sombras de los árboles nuevamente.

- Estoy aquí, ¿no me ves? -.

- Mala idea esconderse entre los árboles – y enseguida levantó ambas manos, logrando encerrar a la niña dentro de los troncos, a lo que ésta no pudo hacer nada. Se produjo un silencio largo. Estaba lista con la palma apuntando a los árboles, y en tanto los movió, no había nada. No era algo tan fácil deshacerse de de un habilis, sobretodo para Nathalie. Sin embargo, apareció unos metros mas allá de la joven:

- Ya me canse de jugar contigo, tengo ir a averiguar cosas… - le dijo a Nathalie.

- ¿De que hablas? ¿te estas escapando? – le dijo con mucho valor.

- No me hagas reír… Eliott nunca nos dijo que ustedes podían regenerarse… - dijo la niña pensativamente.

- ¿Eliott? – dijo Nathalie recordándolo.

- Pero, para que no te aburras, te dejaré algunos amigos míos que de seguro te agradarán. Y… nos volveremos a ver, Ángel de la Tierra… - y luego, se fue.