La gran fuerza y energía que desprendía el aura de Elizabeth fue a parar a la mente y oído de Emily, Nathalie y Scarlette, como si fuera poco. Todas abrieron unos grandes ojos de impresión tratando de entender de donde venía ese gran poder que cada segundo se intensificaba más.
- ¿Sentiste eso? – dijo Nathalie.
- Elizabeth – le dijo Emily sin mirarla, y con cara de temor.
Scarlette, luego de haber estado varios minutos con la cabeza baja, nuevamente la levantaba despacio atenta a lo que escuchaba de sus enemigas. También sentía la presencia de Elizabeth muy fuerte y a ratos dudaba de las capacidades de su hermano. Pero, al pasar el tiempo, se sentía más débil, más agotada, más moribunda. No sabía por que. Creía que era porque se encontraba frente a Ángeles no comunes y corrientes, quizás también porque no estaba cerca de Aarón, o quizás solo porque le había llegado su hora, que era lo menos probable entre sus pensamientos.
Elizabeth daba pasos cortos y lentos, pero muy seguros y fuertes. Sin embargo, Aarón no se alejaba ni el más mínimo milímetro. Su percepción acerca de el ángel del fuego cambiaba al ver que se hacia mas extremadamente poderosa.
- Por fin esto se pondrá interesante… - grito Aarón.
Luego de estas palabras, escondió sus alas y miró hacia arriba con su cabeza. Un rayo gigantesco parecía que lo había tocado antes de que la lluvia se retuviera de aquel acontecimiento. La palma de sus manos miraban al cielo seguidos de unos brazo alzados como apuntando las nubes. Elizabeth se detuvo repentinamente al ver y sentir un presentimiento algo malvado. Desde el centro de la tierra hasta la superficie de esta venía un calor que a cada segundo aumentaba su temperatura. El agua de las posas de la lluvia caída anteriormente se comenzaba a evaporar, y luego de un instante, las zonas verdes empezaban a encenderse de a poco. Iban creciendo las llamas en los pastos y árboles sobretodo, aunque en el asfalto había fuego también. Éste fue era mas bien rojizo, muy parecido al de Elizabeth, pero el color era diferente. Era un intenso olor a azufre que flotaba por el ambiente de aquella calle. Diana veía todo lo sucedió y empezó a correr rodeándolos a ambos. Todo a su alrededor, incluso en el campo comenzaba a incendiarse verdaderamente, y al pasar por ahí se sentía el ardor que provocaba una llama como aquellas. Eran más terribles que las del fuego normal o de la vida cotidiana. El dolor era triplicado al sentirlo en la piel.
Elizabeth miraba atentamente su entorno encendido, muy seria y sin decir ni una palabra. Aarón bajó sus brazos y sus ojos eran amarillentos esta vez. Los del ángel eran naranjos y ambos se miraban con rivalidad, más uno con deseo de matar y el otro con deseos de acabar.
Fue imposible ver el momento en el que se movieron a encontrarse en el centro de su distancia fuego contra fuego. Comenzaba un pelea que no creían que podía acabar, pero Elizabeth se sentía segura y confiaba en su nuevo poder. Mas Aarón aun seguía pensando en la débil e inútil niña que enfrentó en Celeron días atrás, aun así, no estaba confiado. El par lanzaba fuego desde sus manos que al juntarse uno con el otro producía una pequeña explosión, que sonaba fuerte.
Diana se quedaba parada y sin saber que hacer. Utilizaba su viento para apagar el fuego pero era imposible. No era fuego normal como ya hemos dicho. No se podía apagar con agua o aire así nada más. De hecho, el viento lo aumentaba y Diana se quemaba al no poder volar. Todo a su alrededor se incendiaba y no hallaba a donde escapar. Entraba en desesperación y al ingresar en este estado, automáticamente se transmitió una señal, un presagio que viajó a la velocidad de la luz encontrando la mente ideal para su auxilio.
Emily abrió los ojos repentinamente luego de mantenerlos cerrados por unos minutos. Murmuró el nombre de Diana y miró a Nathalie que la miraba con extrañeza.
- Es Diana…- le dijo.
Scarlette también abrió sus ojos con impresión al sentir una fuerza impresionante dentro de sí y en su mente. Su hermano estaba ocupando gran cantidad de poder y no sabía descifrar si aquello era una gran idea o un completo desastre. Escuchó luego, la voz de Emily:
- Tengo que ir… - dijo poniéndose de pie en frente y Nathalie y luego dio la vuelta para marcharse.
- ¡Em! – gritó Nathalie queriendo decirle con la miraba que no la dejara sola con aquel demonio infame que sabia que en cualquier momento podía atacar.
- Tranquila, iré solo a echar un vistazo y volveré…no me demorare mas de cinco minutos, te lo prometo – le dijo Emily mirándola a los ojos, muy preocupada.
También le perturbaba el tener que dejar sola a Nathalie con Scarlette, mas encima si no tiene el sello que le garantiza seguridad por lo menos hasta que no sepa que hacer. Pero confió en las palabras brotadas de la boca de Emily “no me demorare más de cinco minutos, te lo prometo”.
Emily salió en marcha buscando la dirección exacta de sus compañeras para ayudarlas. Eran casi la una de la madrugada y no había ni un alma en las calles de Olidata, por lo que fue oportunidad para volar aunque hayan sido bajo unos grados bajo cero.
A medida que se acercaba agitando las alas, sentía una sensación terrorífica en su corazón que lo hacia acelerar su movimiento. No pasaron mas de cinco minutos cuando aterrizó en una calle donde se sentía mucha carga maligna en aquella zona, pero a la vez, carga celestial que la acompañaba. Parecía ser una calle de las tantas que habían, sin luz y solitaria, que rodeaba un parque con áreas verdes, árboles, pasto, etc. Caminó lentamente por ahí sin poder ver nada, sin poder divisar nada más que sentir que algo había allí atrapado y no sabía como ver. Un olor extraño comenzó a hacerse presente en aquel sitio y cada vez era más irrespirable. Un aroma a quemado, como el de un volcán, azufre y fuego. Al caminar daba vueltas pues estaba atenta a todo lo que ocurría a su alrededor, aunque no ocurriera nada. No podía entender lo que estaba pasando. Parecía un ambiente extremadamente normal que no había sido alterado en ningún lugar, pero no se explicaba el olor a azufre que percibía su nariz, la cual no le engañaba. Notó que la lluvia ya no caía como cuando estaba dentro de su refugio. No caían ni gotas de saturación ni nada. Tampoco había rastros de que hubiera ocurrido un temporal. No había charcos, ni agua en las plantas, ni humedad en las calles. Todo estaba casi completamente seco. Emily se agachó y tocó el suelo de la calle, que estaba completamente tibio en algunas partes, en otras quemaba y casi se sentía bajo las botas. Fue algo que le llamo mucho la atención y no hallaba como explicárselo a su cabeza. Analizaba cada pista que descubría y no entendía la razón de porque todo estaba tan normal.
A Aarón desde que se hizo un demonio, le enseñaron grandes trucos y movimientos básicos así como también a las Ángeles le enseñaron técnicas y a controlas sus poderes y las mentes ajenas. Fue por esta ventaja que de un segundo a otro, estaba en un lugar y luego estaba en otro cuando Elizabeth iba a atacarlo. En ese punto, la chica no estaba a su altura y jamás podría ganar si no sabía donde estaba. Tenía el fuego en su palma derecha pero no lo ocupaba, pues no veía al muchacho moverse ni quedarse en un lugar quieto. En cambio, Aarón aparecía detrás de ella y la golpeaba aparte de quemarla con su fuego que salía con furia desde su mano izquierda. La defensa no duró ni cinco minutos y calló al suelo, estaba cansada, y comenzaba a pensar que no podría vencer al demonio si no sabía hacia donde atacar. Luego veía a Diana escapando del fuego, corriendo y saltando para no quemarse las piernas, ya toda su ropa inferior estaba achurrascada. Empezaba a liberar humo los objetos que consumía e fuego maligno de Aarón, por lo que ambas tosían sin parar. Elizabeth miraba a su enemigo desde el suelo con su mano en posición para atacar y comenzaba a retroceder arrastrándose por el fuego intenso bajo sus manos y pies. A ella no le quemaba tanto, pero le hacía daño de todas formas y ardía más que nunca. Cuando al fin el joven iba a dar su golpe prefinal, bajo sus pies comenzó una evaporación de sus fuegos en acción y cambio entonces la expresión de su rostro, de entusiasmo, a interrogante. Cuando se distrajo, y miró tras suyo, Elizabeth atacó sin piedad lanzándolo lejos y así permitiendo destruir el campo maligno que los encerraba. Elizabeth corrió hacia donde Diana sacando sus alas y elevándose un par de metros. Aarón se levantó con dificultad y de pronto todo su poder, todo su ambiente comenzó a desaparecer y a apagarse. Corría viento y gracias a Diana, corrió aún mas, que de un soplo gigantesco voló el entorno diabólico de Aarón como quien apaga una vela, en un dos por tres. Ahí estaba Emily en frente de él, con su mano derecha en el asfalto caliente, que se iba enfriando hasta quedar como hielo nuevamente.
Aarón yacía de guata en el suelo. Alzó su mirada solo para contemplar con decepción la figura de un ángel que también lo miraba decepcionadamente, pero mas con ojos de castigo. Ésta se puso de pie sin perderle la vista y dijo:
- Tu juego termino… -.
El joven llegaba a transpirar de tanta rabia que tenía por que sus planes hayan fracasado. Emily le hizo una señal a las otras dos que estaban a una distancia no menor, para que se marcharan todas juntas, mientras sacaba sus alas lista para echarse a volar. Sin embargo, la batalla no había terminado, por lo menos no para Aarón. En un segundo estaba en el suelo y en el otro estaba detrás de Emily hablándole a oído y tomándole las dos manos para que no las pudiera mover.
- El juego recién comienza, ángel del agua… - le susurro al oído, mientras que la chica, sin resistirse a nada, bajaba la mirada hacia el suelo, observando las sombras moverse hacia ella, y reuniéndose bajo ella, como si formaran parte de ella.
- ¡Emily! – gritó Elizabeth alejándose de Diana por un segundo, queriendo ir en rescate de su amiga.
Finalmente, el ángel del fuego corrió hacia ella, pero Emily parecía decirle por dentro que no se acercara más, sin tener éxito. Pero Elizabeth lanzó una gran llama desde su mano hacia Aarón, lo que hizo que supuestamente éste se distrajera un instante, instante en que Emily se movió rápidamente con el propósito de que colocar su manos derecha en la frente del joven, pero luego de que éste creara una barrera que impidió que el fuego de Elizabeth le hiciera daño, de la forma mas veloz atrapó la mano de Emily, tal que su otro brazo lo puso en la espalda de la chica le dio un pequeño empujón hacia delante.
Este movimiento no era con el fin de que se alejara o se cayera al suelo, sino de que mientras se desplomaba, le arrancó una pluma de una de sus alas, y luego, Emily cayó en seco boca abajo al piso, como si le hubieran disparado repentinamente.
Elizabeth se acercó hacia ella tratando de ir a auxiliara. Aarón no se movió. Diana se comenzó a acercar hacia los otros lentamente.
- ¡¡Em!! – le gritaba Elizabeth cuando iba en su rescate.
Con fuerza, la volteó lo mas apresurado posible. Su sorpresa al ver el rostro de Emily entre el cabello no fue poca. Tenía los ojos abiertos levemente y cubiertos como con una capa blanca que hacía que se vieran diabólicos en un rostro tan angelical. No tenía ya sus ojos azules ni mucho una pupila negra. Todo el interior del ojo era blanco.
- ¿¡Que le hiciste!? – le dijo Elizabeth a Aarón.
Pero este no respondía, solo reía despacio. Diana se encaminaba a la escena. Y en ese trance, la voz masculina les dijo a los Ángeles:
- ¿No habrán dejado a su otro ángel solo con mi hermana…verdad? - .
Lo único que se escuchó fueron las hojas de los árboles chocar entre ellas. Elizabeth y Diana se miraron rápido y de la sensible boca de la primera brotaron palabras vibratorias:
- Nat… - dijo con la vista perdida.
Diana la miró y reaccionó ante la situación.
- ¡Voy para allá! – dijo moviéndose muy rápido y corriendo, pero no muy lejos. Una barrera d fuego la detuvo de parte de Aarón. Casi se quema con las llamas que emergían del suelo.
- Tu no vas a ninguna parte, dime donde esta Scarlette primero, si no, el ángel del agua morirá… - dijo Aarón.
Diana abría unos ojos gigantes, no podía creer lo que veía y escuchaba. Giró su mirada a Elizabeth quien le decía a Aarón:
- Ella no puede morir… - .
- ¿Eso es lo que te dijeron? – le dijo él con una sonrisa perversa, que despertó en el interior de ella, una nueva interrogante. ¿Eran o no inmortales?
- Ahora dime, donde esta… -le dijo Aarón a Diana.
- Nunca te diría… - le dijo ella.
A la respuesta de la chica, el joven hizo un movimiento con las manos inexplicable, o que termino con un fuerte grito de Emily seguido con un escupo de sangre, estremeciéndose de dolor, de no se donde.
- La próxima es fatal… ¿me dirás? – le dijo.
Estaba entre la espada y la pared. Si le decía probablemente Nathalie podría salir lastimada, si es que ya no lo estaba, pero si no lo decía, Emily moría, y hablaba muy en serio. ¿Cómo es eso de que puede morir de todas formas? No halló una respuesta concreta en los ojos de Elizabeth que la miraban con tristeza diciéndole “no digas nada”. Pero el cuerpo de Emily estaba blanco, al igual que sus ojos, parecía una enferma, agonizando. Sin pensarlo mucho dio su respuesta luego de algunos minutos. Comenzaba a sudar, hasta que contesto:
- En la calle Frist, en los edificios abandonados… - dijo con voz temblorosa y tartamuda. Pero luego de haber revelado la dirección, se sentía tan culpable como si no hubiera dicho nada.
Aarón sacó sus alas en un abrir y cerrar de ojos, y caminó rápido como para tomar vuelo, pero Diana no se quedó estancada solo por algo de fuego. Se dio la vuelta para perseguirlo aunque no tuviera alas. Pero al casi atraparlo de las piernas, una montonera de sombras salieron del suelo escarchado que dejaron a Diana paralizada y estacionada en aquel punto de la calle, luchando con los demonios y gritando a la vez. Elizabeth corrió hacia ella.
- ¡¡Persíguelo!! ¡¡No dejes que llegue primero!! – le dijo Diana.
- ¡¡Cuida de Em!! – le dijo Elizabeth mientras se echaba a volar ya.
Era una ironía que alcanzara a Aarón. Seguramente él ya había llegado a su destino y Elizabeth recién dejaba la tierra, pero no se dio vencida. Estaba a unos cinco minutos de allí. Aarón ya había llegado.
Mientras pasaba todo aquello, pasaban acontecimientos también con Nathalie y Scarlette. Ésta miraba al ángel con decepción y vencimiento, pues no la veía como una rival, si no mas bien, como una piedra en el camino que se podía patear fácilmente, una piedra débil, cobarde, insegura, y temerosa.
- Ya casi lloras por que tu amiga no ha vuelto… ¿verdad? – le pregunto a Nathalie.
- Guarda silencio – le dijo Nathalie sin mirarla, solo observaba la ventana mientras jugaba con las manos impaciente. Scarlette ya se había acostumbrado a las ramas atadoras que sostenían sus brazos con espinas, en donde se deslizaba algo de sangre.
- ¿Me tienes miedo? – dijo Scarlette.
- Por supuesto que no… - le dijo Nathalie.
- Entonces ¿Por qué no me miras a los ojos? – le dijo Scarlette.
- No confío en ti, y ya cállate… - le dijo Nathalie.
- ¿Por qué no me miras a los ojos cuando te hablo? -.
- ¡Por que no quiero! – le dijo algo molesta.
- ¿Tienes miedo de que te haga algo? – le decía Scarlette con risa, esperando la respuesta de la otra que cayese en su mirada.
Cuando estas palabras entraron en el oído de Nathalie, no pudo soportar el deseo de romperle la cara con otro puñetazo, pero esta vez de su propio puño. Así que la miro con sus ojos verde esmeralda y ésta con sus ojos amarillentos. En tal instante se produjo un choque entre ambas auras que no se puede explicar en palabras.
- ¿Contenta? – le dijo Nathalie.
Pero esta otra chica rubia tenía en mente otro plan: usar sus poderes los cuales no los hemos mencionado.
Nathalie la miró nuevamente, entonces, Scarlette aprovechó aquella vista para hacer entrar al ángel en un trance de sueños e ilusiones que sucedían solo en su cabeza y no en la realidad. Se puso de pie tambaleándose mirando todo a su alrededor sin ver nada…
Scarlette tenía la capacidad de hacer ver o sentir a la gente, cualquier tipo de gente, lo que mas temen en el mundo, lo que les quita el sueño, lo que los hace no comer o no pensar, lo que los hace mirar en todas direcciones en la noche. Toda persona en el mundo tiene un temor, incluso los demonios, y este temor era el que hacia aflorar en las mentes Scarlette.
A pesar de lo efectivo que era este poder, es uno de los más terribles ataques hacia algún ser humano. Por mucho o poco que sea el sentimiento, la persona podía caer en la locura, paranoia, o hasta en el suicidio. Sin embargo, siendo un ángel el atacado, no tenía muchas posibilidades de tener gran éxito en su objetivo, pero tenía el poyo de que Nathalie era una principiante que no sabia nada de nada.
Nathalie veía el cielo descubierto gris, lluvioso, el piso con posas de agua. Estaba como en una carretera sin fin, caminando hacia algún sitio desconocido. Pero a la vez, se preguntaba que estaba haciendo allí, por que estaba allí y por que el paisaje había cambiado. No dudo en descubrir de inmediato que era obra de su enemiga presente:
- ¡¡Detente!! ¡Se que esto no es real! – gritaba a todo pulmón.
Scarlette la veía caminar en cualquier dirección en el cuarto y se reía, aunque no pensó que el ángel adivinara tan pronto lo que sucedía, según las expectativas que poseía de ella.
Nathalie daba vueltas y vueltas en el mismo lugar como volviéndose loca. Cerraba los ojos y volvía a abrirlos y se daba cuenta de que seguía en el mismo lugar. Se tapó los oídos con las manos y se agachó mirando hacia abajo. Volvió a cerrar los ojos, y luego de unos segundos, la temperatura cambió. Esto hizo que la chica levantara sus parpados y fijara su mirada en un cuerpo que yacía tirado como un trapo en medio de la carretera. No había salido de la ilusión pero avanzaba en ella, y Scarlette esperaba el final.
Como Nathalie no podía llorar, gritaba cada vez más fuerte, y solo se detuvo cuando contempló lo que veía en frente. Se puso de pie entonces y caminó a pasos cortos y despacios. Tenía un muy mal presentimiento, pero no se detuvo por nada en el mundo. A la vez giraba su mirada y cerraba los ojos un rato diciéndose a si misma “esto no es real”.
Cuando ya se encontraba a unos cinco pasos del cuerpo, el agua que corría por el asfalto comenzó a mezclarse con sangre que provenía del cuerpo. Nathalie entonces, tenía la idea más o menos de quien era, pero le daba miedo. Iba en contra de sus movimientos, sus pies avanzaban y su cabeza se quedaba atrás a punto de explotar en llanto. Se colocó la mano en la boca cuando ya estaba aun paso pequeño del ser. Se agachó para verlo bien, y éste estaba boca abajo cubierto de cabellos con algún que otro harapo y con muchas heridas. Parecía ser una mujer.
La tocó para voltearla, pero su piel era fría como hielo y mas encima le producía un escalofrío en todo el cuerpo de Nathalie.
Estuvo a punto de darlo vuelta cuando de un soplo todo el sueño maldito se redujo a no mas que la realidad que vivía hace unos minutos. Abrió los ojos grandes y verdes y lo primero en buscar su mirada fue a Scarlette. Aun estaba en la misma posición, pero sus labios no dejaban de pronunciar una palabra:
- Aarón…Aarón….Aarón… - decía despacio.
Luego de unos cortos segundos, toda la pared que estaba detrás de Scarlette, incluyendo la ventana, los cristales, todo salió volando y cayó finalmente. Un viento del diablo recorrió cada rincón del lugar hasta volar las pelusas y levantar el polvo escondido entre la madera podrida. Era el por supuesto, que había venido por su hermana. Aun así, Nathalie no podía creer todo lo que veía. Dio unos pasos en reversa y observó lo que ocurría.
Aarón escondió sus alas y pasó por debajo de las raíces que el ángel había levantado para amordazar a Scarlette. El joven se agachó frente a su hermana y la miró a los ojos. Su mirada la recorrió entera quedando furioso por lo que veían sus ojos.
- ¿Estas bien? – le dijo él.
- Estoy bien, tranquilo - .
Aarón vio sus ataduras y antebrazos manchados de sangre y mojado hasta el piso, su herida en la nariz y su rostro sucio, su cabello rubio chascón y sus rodillas con heridas también. El rostro de Aarón casi se transformaba del odio que sentía hacia aquellas que le habían hecho eso a Scarlette.
- ¿Quién te hizo esto? – le dijo a su hermana con voz ronca.
- No es nada, estoy bien, en serio… - le respondió ella. Aparte de estar algo débil, no quería que alguna tragedia ocurriera ni aunque se tratara de eliminar a algún ángel.
- ¡Dime quien te dejo así! ¡Dímelo! – le gritaba.
Scarlette lo miró a los ojos abriendo la boca queriendo salir de ella algunas palabras que al final no pudieron escapar. Aarón iba a tratar de quitar las ramas que atravesaban la piel de su hermana:
- ¡¡¡No!!! ¡¡No las toques!! – le dijo ella.
- ¿Por qué? - .
- ¡Son tierra santa, puede herirte! – le dijo ella.
- Ella tiene razón, es mejor que no las toques – emergió una voz en medio de la oscuridad, una voz pavorosa pero con agallas, era la voz de Nathalie.
Aarón en tanto la vio la observo con ira y la culpaba de la terrible desgracia que le habían hecho a su hermana. Le puso su mano en frente del rostro y le dijo:
- ¡Quitale esas cosas si no quieres que te mate! ¡A ti y a todas tus amigas! - .
- Si me haces algo, ella lo pagará – le dijo Nathalie.
Aarón no entendía a lo que se refería, así que la tomó del cuello y la comenzó a estrangular. Sus ojos se tornaron aún más diabólicos:
- ¡¡Quitale tus sucias raíces de sus brazos ahora!! – le dijo él.
- ¡Suéltame o ella lo pagará! – le dijo Nathalie.
La mano del joven comenzó a calentarse y a hervir sucesivamente. Nathalie sabia que algo malo se acercaba y no dudo en mover sus “plantas” al cuello de Scarlette y apretarla. Ésta lanzó pequeño chillido.
- Si me haces algo, ella se muere asfixiada – le dijo Nathalie un tanto mas segura que hace un rato.
Scarlette cerró los ojos del dolor. Su hermano la miraba con un semblante de tristeza y miraba a su rival con furia.
- No serás capaz, ni aunque seamos mitad demonios no puedes matar a ni un ser en la Tierra… - dijo Aarón asegurándose de que no asesinaría a su hermana.
- Eso queda a mi criterio…no me hagas demostrártelo – le dijo Nathalie haciéndole temer.
Llegó un momento en que el cuello del ángel comenzó a quemarse extremadamente y Nathalie comenzó a gritar. Pero Aarón no quitaba ni el fuego ni su mano de allí. La joven no tuvo otra opción que comenzar a mover sus lianas alrededor del cuello de Scarlette y ahorcarla. Ésta gritaba y gritaba y su hermano solo podía mirarla. No hallaba que hacer. Pero el sufrimiento de su único ser querido le clavaba en lo que quedaba de su frío corazón y corrió a ayudarla, tirando a Nathalie lejos aterrizando sobre una mesa vieja con el solo contacto del cuerpo de la joven se hizo trizas.
Aarón tocó las raíces sagradas y no duró ni siquiera un segundo, pues salió expulsado lejos por aquella reacción eléctrica que tomaron las plantitas.
Scarlette alzó su cabeza de a poco para presenciar lo ya antes descrito. Nathalie comenzó a levantarse de a poco mientras la cara lastimada se reconstruía rápidamente. Este hecho le llenó la mente de miedo a Scarlette olvidándose del dolor y de su camino hacia la muerte.
En aquel momento llegó Elizabeth, entrando por el mismo lugar por donde había entrado Aarón. Avizoro los escombros y encontró a Nathalie sentada algo complicada por pararse. Vio un montón de sangre bajo la silueta de Scarlette, pero no vio a nadie mas.
- ¡Nat! ¿Estas bien? -.
- Estoy bien… ¿Dónde está Em? - .
- Esta…esta con Diana. ¿Dónde está el demonio?
- Estaba aquí recién… ¡Dios! ¡Juro que estaba aquí hace un momento! – dijo Nathalie mirando a todos lados.
- Dios mío…suelta a Scarlette…antes de que se muera desangrada – le dijo Elizabeth mirando a la moribunda a punto de partir al verdadero infierno. Sentía pena por aquel ser.
- ¿Qué dices? ¡Es nuestra enemiga! – le dijo Nathalie.
- ¡No puedes dejar que se muera! Recuerda… no es nuestro objetivo. Hay que expulsarle el demonio que lleva dentro.
Ambas se miraron. Nathalie iba a ponerle la mano en la frente cuando escuchó el grito de Aarón proveniente desde atrás de ellas.
- ¡¡No la toques!! -.
Unos ojos horribles y amarillos atravesaron la mirada rojiza y verde de ambas. Salieron como por inercia por la pared que ya no había hacia abajo. No cayeron obviamente a causa de sus alas, pero se llevaron un gran susto.
Aarón más que un demonio dominatus, iba casi a la clase de los habilis. Su poder era tan grande que hasta su hermana le temía. Con solo una ráfaga de fuego poderoso arrancó todo lo que sostenía los brazos de su hermana, dejándola caer libre al piso. Ya no tenía fuerzas ni para caminar, ni siquiera para ver. Su sangre era lo más importante en su vida como tal, y no la podía desperdiciar. Aarón la tomó en brazos mientras su sangre chorreaba por la ropa. Salió por la entrada que había creado momentos antes y voló perdiéndose entre las nubes grises que comenzaban a juntarse nuevamente para formar un nuevo torrencial.
Lo raro fue que el par de demonios se fue sin dejar rastro de alguna amenaza o cosas así. Él enojado se iba, pero volvería y lo decía su mirada. Eso lo tenían más que claro.
Corrieron al lugar en donde estaban Diana y Emily.
Diana se veía complicada unos instantes atrás con las sombras. Eran muy tercas pues no les basto con el viento poderoso que lanzaba desde su mano derecha. En tanto terminó de deshacerse de aquellos, corrió a ver a Emily que seguía en mal estado. Parecía muy enferma y sus ojos no reflejaban más que el color blanco, al igual que su piel. Tiritaba como cuando alguien tiene fiebre y se estremecía con cada ruido fuerte que oía.
Llegaron en su rescate las otras dos.
Aparte del estado de de Emily, ahora no tenían donde pasar la fría noche que les esperaba. Eran más de las tres de la madrugada pero aun así necesitaba un lugar por lo menos con techo incluido. Ni siquiera podían aprovecharse de alguna iglesia y capilla porque no quedaban rastros de ninguna. No podían ir a algún conocido de antaño porque no podía exponerse a ser descubiertas. Debían irse de ese lugar lo más rápido posibles. Aarón y Scarlette ya conocían su sitio y volverían a Olidata solo para exterminarlas.