sábado, 7 de junio de 2008

CAPITULO XVII

La gran fuerza y energía que desprendía el aura de Elizabeth fue a parar a la mente y oído de Emily, Nathalie y Scarlette, como si fuera poco. Todas abrieron unos grandes ojos de impresión tratando de entender de donde venía ese gran poder que cada segundo se intensificaba más.

- ¿Sentiste eso? – dijo Nathalie.

- Elizabeth – le dijo Emily sin mirarla, y con cara de temor.

Scarlette, luego de haber estado varios minutos con la cabeza baja, nuevamente la levantaba despacio atenta a lo que escuchaba de sus enemigas. También sentía la presencia de Elizabeth muy fuerte y a ratos dudaba de las capacidades de su hermano. Pero, al pasar el tiempo, se sentía más débil, más agotada, más moribunda. No sabía por que. Creía que era porque se encontraba frente a Ángeles no comunes y corrientes, quizás también porque no estaba cerca de Aarón, o quizás solo porque le había llegado su hora, que era lo menos probable entre sus pensamientos.

Elizabeth daba pasos cortos y lentos, pero muy seguros y fuertes. Sin embargo, Aarón no se alejaba ni el más mínimo milímetro. Su percepción acerca de el ángel del fuego cambiaba al ver que se hacia mas extremadamente poderosa.

- Por fin esto se pondrá interesante… - grito Aarón.

Luego de estas palabras, escondió sus alas y miró hacia arriba con su cabeza. Un rayo gigantesco parecía que lo había tocado antes de que la lluvia se retuviera de aquel acontecimiento. La palma de sus manos miraban al cielo seguidos de unos brazo alzados como apuntando las nubes. Elizabeth se detuvo repentinamente al ver y sentir un presentimiento algo malvado. Desde el centro de la tierra hasta la superficie de esta venía un calor que a cada segundo aumentaba su temperatura. El agua de las posas de la lluvia caída anteriormente se comenzaba a evaporar, y luego de un instante, las zonas verdes empezaban a encenderse de a poco. Iban creciendo las llamas en los pastos y árboles sobretodo, aunque en el asfalto había fuego también. Éste fue era mas bien rojizo, muy parecido al de Elizabeth, pero el color era diferente. Era un intenso olor a azufre que flotaba por el ambiente de aquella calle. Diana veía todo lo sucedió y empezó a correr rodeándolos a ambos. Todo a su alrededor, incluso en el campo comenzaba a incendiarse verdaderamente, y al pasar por ahí se sentía el ardor que provocaba una llama como aquellas. Eran más terribles que las del fuego normal o de la vida cotidiana. El dolor era triplicado al sentirlo en la piel.

Elizabeth miraba atentamente su entorno encendido, muy seria y sin decir ni una palabra. Aarón bajó sus brazos y sus ojos eran amarillentos esta vez. Los del ángel eran naranjos y ambos se miraban con rivalidad, más uno con deseo de matar y el otro con deseos de acabar.

Fue imposible ver el momento en el que se movieron a encontrarse en el centro de su distancia fuego contra fuego. Comenzaba un pelea que no creían que podía acabar, pero Elizabeth se sentía segura y confiaba en su nuevo poder. Mas Aarón aun seguía pensando en la débil e inútil niña que enfrentó en Celeron días atrás, aun así, no estaba confiado. El par lanzaba fuego desde sus manos que al juntarse uno con el otro producía una pequeña explosión, que sonaba fuerte.

Diana se quedaba parada y sin saber que hacer. Utilizaba su viento para apagar el fuego pero era imposible. No era fuego normal como ya hemos dicho. No se podía apagar con agua o aire así nada más. De hecho, el viento lo aumentaba y Diana se quemaba al no poder volar. Todo a su alrededor se incendiaba y no hallaba a donde escapar. Entraba en desesperación y al ingresar en este estado, automáticamente se transmitió una señal, un presagio que viajó a la velocidad de la luz encontrando la mente ideal para su auxilio.

Emily abrió los ojos repentinamente luego de mantenerlos cerrados por unos minutos. Murmuró el nombre de Diana y miró a Nathalie que la miraba con extrañeza.

- Es Diana…- le dijo.

Scarlette también abrió sus ojos con impresión al sentir una fuerza impresionante dentro de sí y en su mente. Su hermano estaba ocupando gran cantidad de poder y no sabía descifrar si aquello era una gran idea o un completo desastre. Escuchó luego, la voz de Emily:

- Tengo que ir… - dijo poniéndose de pie en frente y Nathalie y luego dio la vuelta para marcharse.

- ¡Em! – gritó Nathalie queriendo decirle con la miraba que no la dejara sola con aquel demonio infame que sabia que en cualquier momento podía atacar.

- Tranquila, iré solo a echar un vistazo y volveré…no me demorare mas de cinco minutos, te lo prometo – le dijo Emily mirándola a los ojos, muy preocupada.

También le perturbaba el tener que dejar sola a Nathalie con Scarlette, mas encima si no tiene el sello que le garantiza seguridad por lo menos hasta que no sepa que hacer. Pero confió en las palabras brotadas de la boca de Emily “no me demorare más de cinco minutos, te lo prometo”.

Emily salió en marcha buscando la dirección exacta de sus compañeras para ayudarlas. Eran casi la una de la madrugada y no había ni un alma en las calles de Olidata, por lo que fue oportunidad para volar aunque hayan sido bajo unos grados bajo cero.

A medida que se acercaba agitando las alas, sentía una sensación terrorífica en su corazón que lo hacia acelerar su movimiento. No pasaron mas de cinco minutos cuando aterrizó en una calle donde se sentía mucha carga maligna en aquella zona, pero a la vez, carga celestial que la acompañaba. Parecía ser una calle de las tantas que habían, sin luz y solitaria, que rodeaba un parque con áreas verdes, árboles, pasto, etc. Caminó lentamente por ahí sin poder ver nada, sin poder divisar nada más que sentir que algo había allí atrapado y no sabía como ver. Un olor extraño comenzó a hacerse presente en aquel sitio y cada vez era más irrespirable. Un aroma a quemado, como el de un volcán, azufre y fuego. Al caminar daba vueltas pues estaba atenta a todo lo que ocurría a su alrededor, aunque no ocurriera nada. No podía entender lo que estaba pasando. Parecía un ambiente extremadamente normal que no había sido alterado en ningún lugar, pero no se explicaba el olor a azufre que percibía su nariz, la cual no le engañaba. Notó que la lluvia ya no caía como cuando estaba dentro de su refugio. No caían ni gotas de saturación ni nada. Tampoco había rastros de que hubiera ocurrido un temporal. No había charcos, ni agua en las plantas, ni humedad en las calles. Todo estaba casi completamente seco. Emily se agachó y tocó el suelo de la calle, que estaba completamente tibio en algunas partes, en otras quemaba y casi se sentía bajo las botas. Fue algo que le llamo mucho la atención y no hallaba como explicárselo a su cabeza. Analizaba cada pista que descubría y no entendía la razón de porque todo estaba tan normal.

A Aarón desde que se hizo un demonio, le enseñaron grandes trucos y movimientos básicos así como también a las Ángeles le enseñaron técnicas y a controlas sus poderes y las mentes ajenas. Fue por esta ventaja que de un segundo a otro, estaba en un lugar y luego estaba en otro cuando Elizabeth iba a atacarlo. En ese punto, la chica no estaba a su altura y jamás podría ganar si no sabía donde estaba. Tenía el fuego en su palma derecha pero no lo ocupaba, pues no veía al muchacho moverse ni quedarse en un lugar quieto. En cambio, Aarón aparecía detrás de ella y la golpeaba aparte de quemarla con su fuego que salía con furia desde su mano izquierda. La defensa no duró ni cinco minutos y calló al suelo, estaba cansada, y comenzaba a pensar que no podría vencer al demonio si no sabía hacia donde atacar. Luego veía a Diana escapando del fuego, corriendo y saltando para no quemarse las piernas, ya toda su ropa inferior estaba achurrascada. Empezaba a liberar humo los objetos que consumía e fuego maligno de Aarón, por lo que ambas tosían sin parar. Elizabeth miraba a su enemigo desde el suelo con su mano en posición para atacar y comenzaba a retroceder arrastrándose por el fuego intenso bajo sus manos y pies. A ella no le quemaba tanto, pero le hacía daño de todas formas y ardía más que nunca. Cuando al fin el joven iba a dar su golpe prefinal, bajo sus pies comenzó una evaporación de sus fuegos en acción y cambio entonces la expresión de su rostro, de entusiasmo, a interrogante. Cuando se distrajo, y miró tras suyo, Elizabeth atacó sin piedad lanzándolo lejos y así permitiendo destruir el campo maligno que los encerraba. Elizabeth corrió hacia donde Diana sacando sus alas y elevándose un par de metros. Aarón se levantó con dificultad y de pronto todo su poder, todo su ambiente comenzó a desaparecer y a apagarse. Corría viento y gracias a Diana, corrió aún mas, que de un soplo gigantesco voló el entorno diabólico de Aarón como quien apaga una vela, en un dos por tres. Ahí estaba Emily en frente de él, con su mano derecha en el asfalto caliente, que se iba enfriando hasta quedar como hielo nuevamente.

Aarón yacía de guata en el suelo. Alzó su mirada solo para contemplar con decepción la figura de un ángel que también lo miraba decepcionadamente, pero mas con ojos de castigo. Ésta se puso de pie sin perderle la vista y dijo:

- Tu juego termino… -.

El joven llegaba a transpirar de tanta rabia que tenía por que sus planes hayan fracasado. Emily le hizo una señal a las otras dos que estaban a una distancia no menor, para que se marcharan todas juntas, mientras sacaba sus alas lista para echarse a volar. Sin embargo, la batalla no había terminado, por lo menos no para Aarón. En un segundo estaba en el suelo y en el otro estaba detrás de Emily hablándole a oído y tomándole las dos manos para que no las pudiera mover.

- El juego recién comienza, ángel del agua… - le susurro al oído, mientras que la chica, sin resistirse a nada, bajaba la mirada hacia el suelo, observando las sombras moverse hacia ella, y reuniéndose bajo ella, como si formaran parte de ella.

- ¡Emily! – gritó Elizabeth alejándose de Diana por un segundo, queriendo ir en rescate de su amiga.

Finalmente, el ángel del fuego corrió hacia ella, pero Emily parecía decirle por dentro que no se acercara más, sin tener éxito. Pero Elizabeth lanzó una gran llama desde su mano hacia Aarón, lo que hizo que supuestamente éste se distrajera un instante, instante en que Emily se movió rápidamente con el propósito de que colocar su manos derecha en la frente del joven, pero luego de que éste creara una barrera que impidió que el fuego de Elizabeth le hiciera daño, de la forma mas veloz atrapó la mano de Emily, tal que su otro brazo lo puso en la espalda de la chica le dio un pequeño empujón hacia delante.

Este movimiento no era con el fin de que se alejara o se cayera al suelo, sino de que mientras se desplomaba, le arrancó una pluma de una de sus alas, y luego, Emily cayó en seco boca abajo al piso, como si le hubieran disparado repentinamente.

Elizabeth se acercó hacia ella tratando de ir a auxiliara. Aarón no se movió. Diana se comenzó a acercar hacia los otros lentamente.

- ¡¡Em!! – le gritaba Elizabeth cuando iba en su rescate.

Con fuerza, la volteó lo mas apresurado posible. Su sorpresa al ver el rostro de Emily entre el cabello no fue poca. Tenía los ojos abiertos levemente y cubiertos como con una capa blanca que hacía que se vieran diabólicos en un rostro tan angelical. No tenía ya sus ojos azules ni mucho una pupila negra. Todo el interior del ojo era blanco.

- ¿¡Que le hiciste!? – le dijo Elizabeth a Aarón.

Pero este no respondía, solo reía despacio. Diana se encaminaba a la escena. Y en ese trance, la voz masculina les dijo a los Ángeles:

- ¿No habrán dejado a su otro ángel solo con mi hermana…verdad? - .

Lo único que se escuchó fueron las hojas de los árboles chocar entre ellas. Elizabeth y Diana se miraron rápido y de la sensible boca de la primera brotaron palabras vibratorias:

- Nat… - dijo con la vista perdida.

Diana la miró y reaccionó ante la situación.

- ¡Voy para allá! – dijo moviéndose muy rápido y corriendo, pero no muy lejos. Una barrera d fuego la detuvo de parte de Aarón. Casi se quema con las llamas que emergían del suelo.

- Tu no vas a ninguna parte, dime donde esta Scarlette primero, si no, el ángel del agua morirá… - dijo Aarón.

Diana abría unos ojos gigantes, no podía creer lo que veía y escuchaba. Giró su mirada a Elizabeth quien le decía a Aarón:

- Ella no puede morir… - .

- ¿Eso es lo que te dijeron? – le dijo él con una sonrisa perversa, que despertó en el interior de ella, una nueva interrogante. ¿Eran o no inmortales?

- Ahora dime, donde esta… -le dijo Aarón a Diana.

- Nunca te diría… - le dijo ella.

A la respuesta de la chica, el joven hizo un movimiento con las manos inexplicable, o que termino con un fuerte grito de Emily seguido con un escupo de sangre, estremeciéndose de dolor, de no se donde.

- La próxima es fatal… ¿me dirás? – le dijo.

Estaba entre la espada y la pared. Si le decía probablemente Nathalie podría salir lastimada, si es que ya no lo estaba, pero si no lo decía, Emily moría, y hablaba muy en serio. ¿Cómo es eso de que puede morir de todas formas? No halló una respuesta concreta en los ojos de Elizabeth que la miraban con tristeza diciéndole “no digas nada”. Pero el cuerpo de Emily estaba blanco, al igual que sus ojos, parecía una enferma, agonizando. Sin pensarlo mucho dio su respuesta luego de algunos minutos. Comenzaba a sudar, hasta que contesto:

- En la calle Frist, en los edificios abandonados… - dijo con voz temblorosa y tartamuda. Pero luego de haber revelado la dirección, se sentía tan culpable como si no hubiera dicho nada.

Aarón sacó sus alas en un abrir y cerrar de ojos, y caminó rápido como para tomar vuelo, pero Diana no se quedó estancada solo por algo de fuego. Se dio la vuelta para perseguirlo aunque no tuviera alas. Pero al casi atraparlo de las piernas, una montonera de sombras salieron del suelo escarchado que dejaron a Diana paralizada y estacionada en aquel punto de la calle, luchando con los demonios y gritando a la vez. Elizabeth corrió hacia ella.

- ¡¡Persíguelo!! ¡¡No dejes que llegue primero!! – le dijo Diana.

- ¡¡Cuida de Em!! – le dijo Elizabeth mientras se echaba a volar ya.

Era una ironía que alcanzara a Aarón. Seguramente él ya había llegado a su destino y Elizabeth recién dejaba la tierra, pero no se dio vencida. Estaba a unos cinco minutos de allí. Aarón ya había llegado.

Mientras pasaba todo aquello, pasaban acontecimientos también con Nathalie y Scarlette. Ésta miraba al ángel con decepción y vencimiento, pues no la veía como una rival, si no mas bien, como una piedra en el camino que se podía patear fácilmente, una piedra débil, cobarde, insegura, y temerosa.

- Ya casi lloras por que tu amiga no ha vuelto… ¿verdad? – le pregunto a Nathalie.

- Guarda silencio – le dijo Nathalie sin mirarla, solo observaba la ventana mientras jugaba con las manos impaciente. Scarlette ya se había acostumbrado a las ramas atadoras que sostenían sus brazos con espinas, en donde se deslizaba algo de sangre.

- ¿Me tienes miedo? – dijo Scarlette.

- Por supuesto que no… - le dijo Nathalie.

- Entonces ¿Por qué no me miras a los ojos? – le dijo Scarlette.

- No confío en ti, y ya cállate… - le dijo Nathalie.

- ¿Por qué no me miras a los ojos cuando te hablo? -.

- ¡Por que no quiero! – le dijo algo molesta.

- ¿Tienes miedo de que te haga algo? – le decía Scarlette con risa, esperando la respuesta de la otra que cayese en su mirada.

Cuando estas palabras entraron en el oído de Nathalie, no pudo soportar el deseo de romperle la cara con otro puñetazo, pero esta vez de su propio puño. Así que la miro con sus ojos verde esmeralda y ésta con sus ojos amarillentos. En tal instante se produjo un choque entre ambas auras que no se puede explicar en palabras.

- ¿Contenta? – le dijo Nathalie.

Pero esta otra chica rubia tenía en mente otro plan: usar sus poderes los cuales no los hemos mencionado.

Nathalie la miró nuevamente, entonces, Scarlette aprovechó aquella vista para hacer entrar al ángel en un trance de sueños e ilusiones que sucedían solo en su cabeza y no en la realidad. Se puso de pie tambaleándose mirando todo a su alrededor sin ver nada…

Scarlette tenía la capacidad de hacer ver o sentir a la gente, cualquier tipo de gente, lo que mas temen en el mundo, lo que les quita el sueño, lo que los hace no comer o no pensar, lo que los hace mirar en todas direcciones en la noche. Toda persona en el mundo tiene un temor, incluso los demonios, y este temor era el que hacia aflorar en las mentes Scarlette.

A pesar de lo efectivo que era este poder, es uno de los más terribles ataques hacia algún ser humano. Por mucho o poco que sea el sentimiento, la persona podía caer en la locura, paranoia, o hasta en el suicidio. Sin embargo, siendo un ángel el atacado, no tenía muchas posibilidades de tener gran éxito en su objetivo, pero tenía el poyo de que Nathalie era una principiante que no sabia nada de nada.

Nathalie veía el cielo descubierto gris, lluvioso, el piso con posas de agua. Estaba como en una carretera sin fin, caminando hacia algún sitio desconocido. Pero a la vez, se preguntaba que estaba haciendo allí, por que estaba allí y por que el paisaje había cambiado. No dudo en descubrir de inmediato que era obra de su enemiga presente:

- ¡¡Detente!! ¡Se que esto no es real! – gritaba a todo pulmón.

Scarlette la veía caminar en cualquier dirección en el cuarto y se reía, aunque no pensó que el ángel adivinara tan pronto lo que sucedía, según las expectativas que poseía de ella.

Nathalie daba vueltas y vueltas en el mismo lugar como volviéndose loca. Cerraba los ojos y volvía a abrirlos y se daba cuenta de que seguía en el mismo lugar. Se tapó los oídos con las manos y se agachó mirando hacia abajo. Volvió a cerrar los ojos, y luego de unos segundos, la temperatura cambió. Esto hizo que la chica levantara sus parpados y fijara su mirada en un cuerpo que yacía tirado como un trapo en medio de la carretera. No había salido de la ilusión pero avanzaba en ella, y Scarlette esperaba el final.

Como Nathalie no podía llorar, gritaba cada vez más fuerte, y solo se detuvo cuando contempló lo que veía en frente. Se puso de pie entonces y caminó a pasos cortos y despacios. Tenía un muy mal presentimiento, pero no se detuvo por nada en el mundo. A la vez giraba su mirada y cerraba los ojos un rato diciéndose a si misma “esto no es real”.

Cuando ya se encontraba a unos cinco pasos del cuerpo, el agua que corría por el asfalto comenzó a mezclarse con sangre que provenía del cuerpo. Nathalie entonces, tenía la idea más o menos de quien era, pero le daba miedo. Iba en contra de sus movimientos, sus pies avanzaban y su cabeza se quedaba atrás a punto de explotar en llanto. Se colocó la mano en la boca cuando ya estaba aun paso pequeño del ser. Se agachó para verlo bien, y éste estaba boca abajo cubierto de cabellos con algún que otro harapo y con muchas heridas. Parecía ser una mujer.

La tocó para voltearla, pero su piel era fría como hielo y mas encima le producía un escalofrío en todo el cuerpo de Nathalie.

Estuvo a punto de darlo vuelta cuando de un soplo todo el sueño maldito se redujo a no mas que la realidad que vivía hace unos minutos. Abrió los ojos grandes y verdes y lo primero en buscar su mirada fue a Scarlette. Aun estaba en la misma posición, pero sus labios no dejaban de pronunciar una palabra:

- Aarón…Aarón….Aarón… - decía despacio.

Luego de unos cortos segundos, toda la pared que estaba detrás de Scarlette, incluyendo la ventana, los cristales, todo salió volando y cayó finalmente. Un viento del diablo recorrió cada rincón del lugar hasta volar las pelusas y levantar el polvo escondido entre la madera podrida. Era el por supuesto, que había venido por su hermana. Aun así, Nathalie no podía creer todo lo que veía. Dio unos pasos en reversa y observó lo que ocurría.

Aarón escondió sus alas y pasó por debajo de las raíces que el ángel había levantado para amordazar a Scarlette. El joven se agachó frente a su hermana y la miró a los ojos. Su mirada la recorrió entera quedando furioso por lo que veían sus ojos.

- ¿Estas bien? – le dijo él.

- Estoy bien, tranquilo - .

Aarón vio sus ataduras y antebrazos manchados de sangre y mojado hasta el piso, su herida en la nariz y su rostro sucio, su cabello rubio chascón y sus rodillas con heridas también. El rostro de Aarón casi se transformaba del odio que sentía hacia aquellas que le habían hecho eso a Scarlette.

- ¿Quién te hizo esto? – le dijo a su hermana con voz ronca.

- No es nada, estoy bien, en serio… - le respondió ella. Aparte de estar algo débil, no quería que alguna tragedia ocurriera ni aunque se tratara de eliminar a algún ángel.

- ¡Dime quien te dejo así! ¡Dímelo! – le gritaba.

Scarlette lo miró a los ojos abriendo la boca queriendo salir de ella algunas palabras que al final no pudieron escapar. Aarón iba a tratar de quitar las ramas que atravesaban la piel de su hermana:

- ¡¡¡No!!! ¡¡No las toques!! – le dijo ella.

- ¿Por qué? - .

- ¡Son tierra santa, puede herirte! – le dijo ella.

- Ella tiene razón, es mejor que no las toques – emergió una voz en medio de la oscuridad, una voz pavorosa pero con agallas, era la voz de Nathalie.

Aarón en tanto la vio la observo con ira y la culpaba de la terrible desgracia que le habían hecho a su hermana. Le puso su mano en frente del rostro y le dijo:

- ¡Quitale esas cosas si no quieres que te mate! ¡A ti y a todas tus amigas! - .

- Si me haces algo, ella lo pagará – le dijo Nathalie.

Aarón no entendía a lo que se refería, así que la tomó del cuello y la comenzó a estrangular. Sus ojos se tornaron aún más diabólicos:

- ¡¡Quitale tus sucias raíces de sus brazos ahora!! – le dijo él.

- ¡Suéltame o ella lo pagará! – le dijo Nathalie.

La mano del joven comenzó a calentarse y a hervir sucesivamente. Nathalie sabia que algo malo se acercaba y no dudo en mover sus “plantas” al cuello de Scarlette y apretarla. Ésta lanzó pequeño chillido.

- Si me haces algo, ella se muere asfixiada – le dijo Nathalie un tanto mas segura que hace un rato.

Scarlette cerró los ojos del dolor. Su hermano la miraba con un semblante de tristeza y miraba a su rival con furia.

- No serás capaz, ni aunque seamos mitad demonios no puedes matar a ni un ser en la Tierra… - dijo Aarón asegurándose de que no asesinaría a su hermana.

- Eso queda a mi criterio…no me hagas demostrártelo – le dijo Nathalie haciéndole temer.

Llegó un momento en que el cuello del ángel comenzó a quemarse extremadamente y Nathalie comenzó a gritar. Pero Aarón no quitaba ni el fuego ni su mano de allí. La joven no tuvo otra opción que comenzar a mover sus lianas alrededor del cuello de Scarlette y ahorcarla. Ésta gritaba y gritaba y su hermano solo podía mirarla. No hallaba que hacer. Pero el sufrimiento de su único ser querido le clavaba en lo que quedaba de su frío corazón y corrió a ayudarla, tirando a Nathalie lejos aterrizando sobre una mesa vieja con el solo contacto del cuerpo de la joven se hizo trizas.

Aarón tocó las raíces sagradas y no duró ni siquiera un segundo, pues salió expulsado lejos por aquella reacción eléctrica que tomaron las plantitas.

Scarlette alzó su cabeza de a poco para presenciar lo ya antes descrito. Nathalie comenzó a levantarse de a poco mientras la cara lastimada se reconstruía rápidamente. Este hecho le llenó la mente de miedo a Scarlette olvidándose del dolor y de su camino hacia la muerte.

En aquel momento llegó Elizabeth, entrando por el mismo lugar por donde había entrado Aarón. Avizoro los escombros y encontró a Nathalie sentada algo complicada por pararse. Vio un montón de sangre bajo la silueta de Scarlette, pero no vio a nadie mas.

- ¡Nat! ¿Estas bien? -.

- Estoy bien… ¿Dónde está Em? - .

- Esta…esta con Diana. ¿Dónde está el demonio?

- Estaba aquí recién… ¡Dios! ¡Juro que estaba aquí hace un momento! – dijo Nathalie mirando a todos lados.

- Dios mío…suelta a Scarlette…antes de que se muera desangrada – le dijo Elizabeth mirando a la moribunda a punto de partir al verdadero infierno. Sentía pena por aquel ser.

- ¿Qué dices? ¡Es nuestra enemiga! – le dijo Nathalie.

- ¡No puedes dejar que se muera! Recuerda… no es nuestro objetivo. Hay que expulsarle el demonio que lleva dentro.

Ambas se miraron. Nathalie iba a ponerle la mano en la frente cuando escuchó el grito de Aarón proveniente desde atrás de ellas.

- ¡¡No la toques!! -.

Unos ojos horribles y amarillos atravesaron la mirada rojiza y verde de ambas. Salieron como por inercia por la pared que ya no había hacia abajo. No cayeron obviamente a causa de sus alas, pero se llevaron un gran susto.

Aarón más que un demonio dominatus, iba casi a la clase de los habilis. Su poder era tan grande que hasta su hermana le temía. Con solo una ráfaga de fuego poderoso arrancó todo lo que sostenía los brazos de su hermana, dejándola caer libre al piso. Ya no tenía fuerzas ni para caminar, ni siquiera para ver. Su sangre era lo más importante en su vida como tal, y no la podía desperdiciar. Aarón la tomó en brazos mientras su sangre chorreaba por la ropa. Salió por la entrada que había creado momentos antes y voló perdiéndose entre las nubes grises que comenzaban a juntarse nuevamente para formar un nuevo torrencial.

Lo raro fue que el par de demonios se fue sin dejar rastro de alguna amenaza o cosas así. Él enojado se iba, pero volvería y lo decía su mirada. Eso lo tenían más que claro.

Corrieron al lugar en donde estaban Diana y Emily.

Diana se veía complicada unos instantes atrás con las sombras. Eran muy tercas pues no les basto con el viento poderoso que lanzaba desde su mano derecha. En tanto terminó de deshacerse de aquellos, corrió a ver a Emily que seguía en mal estado. Parecía muy enferma y sus ojos no reflejaban más que el color blanco, al igual que su piel. Tiritaba como cuando alguien tiene fiebre y se estremecía con cada ruido fuerte que oía.

Llegaron en su rescate las otras dos.

Aparte del estado de de Emily, ahora no tenían donde pasar la fría noche que les esperaba. Eran más de las tres de la madrugada pero aun así necesitaba un lugar por lo menos con techo incluido. Ni siquiera podían aprovecharse de alguna iglesia y capilla porque no quedaban rastros de ninguna. No podían ir a algún conocido de antaño porque no podía exponerse a ser descubiertas. Debían irse de ese lugar lo más rápido posibles. Aarón y Scarlette ya conocían su sitio y volverían a Olidata solo para exterminarlas.

miércoles, 4 de junio de 2008

CAPITULO XVI

Emily estaba aun en el laboratorio, algo pensativa y sin ganas de nada. Pensaba en Caliel, en su rescate, en cruzar hacia la otra dimensión, etc. Estando en el centro del recinto, se sentía mucha presencia maligna, con la cual quería acabar de una vez por todas con aquello. Desde que tenía el segundo sello, se sentía más capaz de hacer cosas, de crear mas poder para vencer a los caídos, y sin duda era así, pues aquel ingenio que usó a continuación, demostraba que ya no era mas humana que ángel. Primero que todo, miró hacia todos lados, como visualizando donde había mas carga demoníaca y donde había menos, luego regresó su vista al frente y se agachó de improvisto y rápido, con una rodilla tocando el suelo. Al mismo tiempo, colocó la palma de su mano derecha en el piso de cemento y cerró los ojos. Un instante después, al abrirlos, comenzó a correr un viento helado que por cierto, no sentía en lo absoluto lo frío que estaba. El destello de la luna chocaba contra su iris azul como el cielo en verano, y las brisas hacían danzar su cabello hasta alzarlo. Luego, quitó la mano. Todo en movimientos rápidos y cortos, y al retirarla, había un charco de agua sobre el suelo que no se consumían entre el cemento. Se quedaba ahí como si fuera impermeable, pero al empezar a mover sus pies veloces y luego a correr por entre los pasillos y cada rendija que tenía aquel laboratorio, el charco de agua seguía la mano de Emily, la cual la pasaba por las paredes. En cada una de éstas, había quedado un rastro de agua que chorreaba hacia abajo. Lo interesante y extraordinario de aquella técnica, era que luego de pasar por ellas, los instrumentos o mesas, sillas, muebles y todo lo que contenían las salas, comenzaron a vibrar y a moverse al pasar cada segundo más rápido. Parecía agua común y corriente, pero el líquido que venía de un ángel como Emily, era agua sagrada, purificada y santa.

La joven recorrió cada rincón de aquel recinto, dejando en cada pared o puerta, agua. Entonces, después de varios minutos, de una larga trayectoria por el laboratorio, Emily se paró nuevamente en el centro del patio del lugar, al igual que antes, e hizo la misma posición agachada y con una palma en el suelo apoyada. Cada rastro de agua que había dejado se arrastraba llevando consigo todos los demonios dominatus que allí residían. Su dirección era nada más y nada menos que la mano derecha de Emily, el sello. Allí llegaba cada una de estas sombras que hacían un ruido espantoso al ser arrastrados por el suelo en forma de agua turbia. Era, por supuesto, una gran cantidad de seres malignos que requerían poder o luz para ser absorbidos, aunque fuese un ángel mayor que Emily. Ésta respiraba agitado y se sentía cansada, pero no se detuvo hasta que el mas débil de entre las sombras se almacenara en el sello de la mano. Y así fue al parecer. No quedaba nada maligno en el laboratorio por ahora.

Emily se paró con dificultad y observó la construcción. Según ella no quedaba nada, así que se retiro de allí, no sin antes de estar segura de que estaba purificado. Su mente estaba algo agotado y también sus ojos, que seguían azules. Luego, se fue.

* * *

Scarlette guiaba a su hermano hacia el local de su padre, entre la ciudad de Garamond. La actividad nocturna de aquella ciudad era una de las más divertidas y largas y por supuesto, consumidas del país. Eran noches largas en el centro, y mucha gente andaba por ahí. Era fin de semana.

Con su mejor tenida, la joven demonio caminaba con su hermano muy alegre de tener su primera fiesta en años, mientras que Aarón no iba mas que con una cara de “que termine luego esto para regresar y…dormir”. Pero Scarlette no se daba cuenta de aquello y solo vivía el cielo gris y el frío del ambiente.

Llegaron a una pequeña puerta, la cual sobre ella decía con letras iluminadas y rojas “El rincón del Diablo”. La puerta siempre permanecía cerrada, pues solo conocían aquel lugar las personas que estuvieran relacionados con Lu o el mundo demoníaco.

Al entrar allí, había que primero bajar unos largos escalones hasta llegar al verdadero local fiestero. Era una puerta de vidrio con telas rojas y luces rojas que la iluminaban. Había dos “guardias” resguardando la gran puerta, y alrededor, en un pequeño pasillo, gente joven ida o volada por drogas o alcohol, vestida extrañamente y peinada extravagantemente, a lo cual los acompañaba la música que ya se escuchaba desde fuera, desde la calle. A cada persona que baja allí, lo miraban con ojos de diferentes colores, y con sonrisitas tontas. Al querer entrar los dos, uno de los guardias los detuvo:

- ¿Quiénes son? – les preguntó con voz ronca y una vista que no se veía tras unos lentes negros que combinaban con el traje y zapatos.

- Somos sobrinos de Damián, el dueño del local – le dijo Aarón.

- Pasen – les dijo el gran hombre después de mirar a su compañero con extrañeza y luego, atravesaron la puerta transparente.

El ambiente era movido, muy “entretenido” para esa gente. Habían muchos jóvenes como de la edad de aquellos dos, y gente algo mas mayor, bailando, conversando, tomando, fumando o besándose en algún rincón. Eran muy lujuriosos, pues el mal camino les llevaba por su naturaleza a actuar de ese modo, que por cierto era mu7y común.

Scarlette iba alucinada, fascinada al pasar entre la gente que bailaba fuera de si, que se divertía, que se reía y por supuesto, ella quería hacer lo mismo, después de unos largos ocho años. Sin embargo, su hermano no iba con la misma cara que ella. Estaba serio y no miraba mas que para el frente hasta que inesperadamente alguien le saludo:

- ¡Aarón! – le dijo un joven con cabello verde y ojos amarillos. Aarón se sorprendio y trato de reconocer quien era.

- ¿Dante? – le dijo con ojos parpadeando por la luz intermitente y coloreada que recorría el salón.

- ¡Si, soy Dante! Tanto tiempo, amigo. ¿Dónde has estado? ¿Cómo has estado?

- Bien, bien…- decía Aarón algo confundido.

Habían sido aprendices o algo así de algunos que otro demonio superior. Eran amigos de hace mas de diez años, pero se dejaron de ver cuando Aarón y su hermana comenzaron a trabajar con Eliott. Sin embargo, aun quedaban conversas, historias y risas que recordar, así que se pararon en una esquina a hablar del pasado mientras Scarlette iba a la barra u pedía algo. Le gustaba mirar a los jóvenes que hacían los tragos, pues tenían realmente un don de transformar en cosa de segundo un licor a un vino y cosas así. También combinados y otro tipo de líquidos. Arrojaban las botellas al aire y luego otra y luego otra, al final tenían como cinco haciendo malabares. Parecía ser que ese era el secreto para una buena combinación de tragos.

En fin, Scarlette pasó más tiempo observando al chico que hacía estos malabares que en tomarse su vodka al extremo. Su carácter acosador que poseía desde toda su vida florecía cuando veía maniobras como estas en chicos de su edad, bastante guapos y hábiles.

Aarón no se demoró tanto en el dialogo con Dante. De hecho, no estaba interesado en aquello si no en saber donde estaba su hermana, al cual había desparecido de repente. Camino con dificultad y lentamente entre los que ocupaban la pista de baile y no tardó ni minutos en encontrarla a punto de beber su trago.

- ¿¡Que haces!? – le dijo quitándole de las manos el pequeño vaso bruscamente.

- ¿Qué te pasa? Solo quiero beber algo antes de—

- ¡No!, ya basta Scarlette. Vamos a ver a Damián lo antes posible y larguémonos de aquí.

Aarón parecía enojado más que molesto. Tomó a su hermana de la mano y se la llevó por entre un pasillo ancho, y al final una puerta delgada que vigilaban dos guardias mas vestidos iguales que los otros. Parecían ser los mismos.

- Somos… - dijo Aarón, y ates de que completara la oración, uno de los hombres los hizo pasar dentro de la habitación.

Era una de esos salones que estaba forrados de un género parecido al plush por cada pared, de color rojizo. En el centro, una mesa larga y llena de cosas como papeles, lápices objetos de oficina. Tras ella, una silla acolchada hasta por las ruedas que la sostenía girada de espaldas, como mirando un cuadro que no tenía. De pronto, la silla se volteó hacia ellos y mostrando el cuerpo de un señor de no mas de cincuenta años, con cabellos blanco, traje gris de corbata, ojos negros y mirada penetrante. Les habló:

- ¡Niños!, sabia que los volvería a ver, pero nunca pensé cuan pronto sería aquello…- dijo con voz muy grave, levantándose de la silla y caminando a ellos con los brazos abiertos, a lo que ambos miraron perplejos.

- Hola tío Damián – dijo Scarlette, quien nunca perdía su “dulzura”.

- Hola, hola. ¿Cómo han estado? Supe que están ahora con Caliel. Eso es un buen partido, persiguiendo Ángeles…es un verdadero afán – dijo el viejo con entusiasmo.

- Mire, no vinimos a hacer vida social aquí. Solo aprovechamos que estábamos en Olidata para venir q ver “su” local – le dijo Aarón haciendo un movimiento con los ojos y con voz pesada de remordimiento.

- Pero…¿Qué pasa? ¿están molestos por lo del local? Se que todo debería ser suyo, pero… aun ni nacían y… si quieren, no tengo problema en iniciar el papeleo… - decía Damián.

- No nos importa esto, ni siquiera tenemos tiempo para preocuparnos de algo así. Como ya sabes, tenemos mucho trabajo. Solo vinimos a ver como andaba la situación por aquí y nos vamos – dijo Aarón.

Las últimas palabras del joven no le cayeron a Scarlette bien. Se suponía que se quedarían toda la noche para divertirse aunque sea la última fiesta de sus vidas. Entonces, reaccionó al instante:

- ¿¡Que!? ¿no nos quedaremos? – le dijo mirándolo enojadamente a los ojos.

- No, Scarlette. No tenemos nada mas que hacer aquí…

- Pero…¡tu me dijiste que si! ¡que nos quedaríamos! Tenemos que quedarnos…

- No, no tenemos. Tú quieres quedarte, pero lo mejor es que salgamos de aquí y no volvamos mas.

Scarlette se mostraba muy sorprendida y a la vez decepcionada de Aarón. Fuera la fiesta que fuese, quería disfrutar de su juventud y más aun si estaba en una verdadera fiesta con gente de su “clase”. Actuó como una niña y luego de dar una mirada bastante inconfortable a su hermano, salió por donde mismo había entrado. Aarón no la siguió de inmediato. Miro a su tío.

- ¿Qué le sucede? – le pregunto a Aarón.

- Nada…tenemos que irnos – le respondió.

- ¿No se quedaran un rato más? -.

- No, tenemos cosas que hacer, pero no será la última vez que nos veamos, lo prometo – le dijo Aarón.

- Nosotros nunca cumplimos nuestra palabra…

- Empezando por usted – le respondió Aarón golpeadamente y luego caminó a través de la puertecita y se alejó.

Scarlette, algo amurrada, buscó a alguien que tuviera lo que ella que quería, algún cigarro o una que otra droga fuerte, que la hiciera irse hacia otro lado, en su mente, en su espíritu. Cuando ya tenía lo que quería, lo cual no era nada de difícil conseguir, subió las escaleras por las que bajo anteriormente y se perdió entre una gran multitud de gente joven que iba a celebrar al restaurante de al lado. Luego, desapareció.

Elizabeth veía clara y nítidamente a Caliel al final de su recorrido, con sus cabellos chascones y castaños, ojos pardos, tez blanca, alto, delgado, y con una vestimenta de monje, como siempre lo veían. La chica se quedó estupefacta y antes de hacer algo, de su boca salió un “Dios mío”, luego se persignó, como lo hacían todas las veces que se encontraban con algo que les atrajera mala impresión. Algunas veces, decían el completo Padre Nuestro.

Se suponía que el estaba capturado por Eliott, lejos de aquí. Quizás en otra dimensión. Pero su corazón le jugo una mala intuición.

-¿Caliel? ¿Eres tú? – le dijo en voz alta.

Pero el ser en cuestión no respondía. Luego, parecía que a Elizabeth se le daba vuelta todo a su entorno. Comenzaba a marearse y a respirar agitadamente, transpiraba y parpadeaba fuertemente. Cuando miró nuevamente a Caliel, lo veía con un sentimiento extraño, frío, triste. Bajo sus largas mangas se desbordaba agua roja que lógicamente era sangre. Parecía salir de sus antebrazos y chorreaba cuesta abajo a lo largo de sus manos y dedos. Se acumulaba gran parte en la acera y Elizabeth lo observaba atemorizada por aquella situación. Parecía que le daban ganas de llorar, pero en su naturaleza celestial era algo que no debía hacer, y tampoco podía. Iba a tocarlo, cuando de repente se escuchó en compañía de un eco, la voz de Diana:

- ¡¡Elizabeth!! – dijo.

Elizabeth miró de inmediato, pues era interrumpido el silencio de sus oídos y su concentración en la situación. Se demoró una milésima de segundo en mirar a Diana varios metros lejos de ella, pero al regresar su mirada al hecho, aquel ser ya no estaba allí. No había nada, ni rastros de que se hubiera escapado, como si nunca hubiera estado allí. Diana corrió hacia Elizabeth y la tomó de los hombros mirándola a los ojos:

- ¿Estas bien? – le dijo.

- Si, es que…estaba… - le dijo Elizabeth.

- ¿Viste algo? - .

- Si…estaba…-.

- No…no los mires, no creas lo que ves. Son sombras, demonios que te hacen caer en la tentación o en la locura…recuerda lo que nos dijo Caliel. – le dijo Diana seriamente percibiendo lo que Elizabeth le contaría, pues tenía una cara pálida, como si hubiera visto un fantasma.

- Si…lo siento es que…era tan real… - decía Elizabeth mirando el suelo, lamentándose por no ser lo suficientemente lista para deducir que lo que tenían en frente de sus ojos era un demonio.

Diana la abrazó y la tranquilizó, pues no hay nada más tranquilizante y cálido que el abrazo de un ángel.

- ¿Dónde están las demás? – le preguntó Elizabeth.

- No lo se… pero estamos dentro del mismo sector creo, vamos a ver si encontramos a Nathalie o Emily por allá. No deben estar muy lejos.

Mientras pasaba todo aquello, también había acontecimientos en el lugar de Nathalie. Al irse y desparecer el terrible demonio que casi la aniquila, liberó un numero importante de caídos habilis, que parecían esconderse hasta en la propia sombra del ángel.

Nathalie estaba con un sentimiento de pánico que no le permitía utilizar sus poderes. Veía todo a su alrededor oscuro, lleno de sombras, lleno de presencias que la hacían sentir enferma. Aquella sensación no la soportó y huyó sacando sus alas de improvisto y elevarse sin importarle si alguien la observaba o no.

Cualquiera que la hubiera visto o escuchado hablar, hubiera asegurado de que estaba con un llanto apretado en el pecho sin poder liberarse. Avanzó gran cantidad sin saber a donde ir, solo escapaba, a gran velocidad.

Justamente, Emily iba saliendo del laboratorio ya purificado, y vio a Nathalie volar sobre su cabeza, atinó entonces, a hacer lo mismo y ver que pasaba. Entonces, se puso en el camino de Nathalie y la detuvo bruscamente:

- ¿¡Que pasa, Nat!? – le dijo casi gritando.

- ¡Em!...Es que…lo que pasa es que… - decía entre respiraciones hondas, agitadas y cortadas. Casi no se le entendía lo que decía.

- Ven, bajemos.

Aterrizaron bajo unos árboles en una zona verde al medio de una calle “principal”, pues parecía que ya no había nadie en pie. Sin embargo, no se percataron de aquello.

- ¡Dime que pasa! – le dijo Emily zamarreándola.

- Es que…soy una cobarde. Lo que pasa es que… tuve un encuentro con ese demonio que se arrancó allá en el manicomio, en Celeron. No pude contra ella y se escapó liberando una gran cantidad de demonios habilis, a lo que no…no pude enfrentarme, no se…me sentí incapaz… no se que me pasa… - le decía entre cortado.

- Pero, tranquila, no te preocupes. Te entiendo, es obvio que sientas miedo, pero eso se supera con… practicando… con experiencia…

- Es no se…ya no se…ya no se si quiera seguir en esto… - dijo Nathalie cerrando los ojos y bajando la cabeza.

Antes de que Emily respondiera a aquella expresión, hubo un extenso silencio que no interrumpió siquiera el aire que corría a esa hora de la noche.

- Que quieres decir… - le dijo Emily

- Que no sirvo para esto… no puedo enfrentar esto si tengo miedo…

- Tal vez estas confundida…hablaremos de esto mas tarde…

- ¡No, Emily! Yo lo se… esto no es para mi… no puedo seguir en...esto.

- No puedes retractarte, lo entiendes.

- Si pero…no lo se…

- Nathalie… no digas estupideces – Nathalie hace un gesto como de burla, dando a entender de que Emily no le comprendía. –Tendremos tiempo para hablar de esto, por ahora dime donde están todos esos demonios. Necesito saber antes de que se introduzcan en el cuerpo de alguna persona y… tú sabes.

La chica le indicó la dirección que estaba a cinco minutos de allí volando y a diez caminando. Por supuesto, no había tiempo y por lo tanto, Emily voló. Sin embargo, antes de hacerlo, Nathalie no quería quedarse sola y le preguntó a la otra si sabia donde estaban Elizabeth y Diana.

- Elizabeth no lo se…pero Diana la podría encontrar por el segundo sello – le dijo Emily muy segura de sí misma. Era la actitud que se requería para aquellas situaciones.

Emily, cerró los ojos e inclino su cabeza hacia abajo. Sentía interferencias de ruidos, voces de personas, gritos, risas, llantos, toda voz con algo de sentimiento. Luego veía personas que jamás en su vida había visto, que más adelante se darían a conocer, por que no era personas común y corrientes. Parecía como si ella misma recorriera calle por calle desde donde estaban hasta encontrar a Diana acompañada de Elizabeth al final de una calle solitaria. Diana, por su parte, sabía que había sido encontrada, pues era un instinto que los Ángeles percibían al momento de utilizar luz o poder. Emily abrió los ojos azulados y miró a Nathalie indicándole hacia donde tenía que ir, lo cual no era muy lejos. Se echó a volar y la otra empezó a caminar por la vía lumínica de la acera. Mientras lo hacía, llegaron hacia ella como una salvación Diana y Elizabeth. Caminaban seguras y satisfechas. Nathalie corrió hacia ellas y comenzó la conversación.

- ¡Nat! ¿estas bien? – le preguntó Elizabeth al verla algo alterada.

- Si, si…es que…es decir, si estoy bien. ¿Y ustedes? – preguntó.

- Nuestros sectores están limpios por el momento – le dijo Diana señalando el camino desde donde venían.

- Muy bien – dijo Nathalie.

- ¿Y Emily? – preguntó Elizabeth.

- Esta…fue a ayudarme con un asunto que no pude resolver. Volverá pronto, dijo- explicó Nathalie algo más tranquila.

- ¿Estará bien sola? – le preguntó Elizabeth.

- Yo creo que si. Además, está más fuerte, ustedes saben, acerca del último sello… - le dijo Diana tranquila y sin preocupaciones.

Al cabo de unos diez minutos aproximadamente, Emily regresó desde el cielo tocando suelo metros de distancia entre ella y las otras. Venía con una cara de molesta y preocupada a la vez, pues no había encontrado nada de nada en aquella dirección dada por Nathalie.

- ¡No puede ser! ¡Te di la dirección correcta! ¡Era ahí! ¡Yo estuve ahí! ¡Lo juro! – le decía Nathalie, empezando con su aflicción de nuevo.

- No había nada, ni sombras, ni presencias, ni demonios. Nada. Y lo que mas temo es que hayan empezado a moverse ya hacia el centro de la ciudad. Ustedes saben que hay mucho movimiento a estas horas de la mañana. Es muy fácil apoderarse de algún cuerpo descuidado.

Entonces se quedaron todas sin decir nada, paradas como esperando romper alguien el sonido silencioso.

- ¿Qué haremos entonces? – dijo Elizabeth.

- Vamos al centro de Olidata – dijo Diana.

- ¿No será muy peligroso?, es decir, hay gente. Gente que no tiene idea de lo que esta pasando aquí. Si nos ven usar nuestro poderes o quizás volar… - dijo Nathalie.

- Pero debemos parar esto…digo que vayamos de todas formas. Sabremos arreglárnoslas, se supone que debemos hacerlo – dijo Emily segura.

No estaban todas de acuerdo, pero no podían parar ahí ahora que sabían que había mas enemigos de eliminar, sobretodo sabiendo que hay gente inocente que puede sufrir la posesión de demonios. Para eso están ellas, para proteger al ser humano de las calamidades o del mal camino que a veces recorremos son saber por que.

Esta vez, no aterrizaron en el centro centro, si no que unas calles antes para que nadie las pudiera ver. Iban ya todas con ropas casi veraniegas, una con ropa quemada, otra o mejor dicho casi todas con hoyos en las espaldas a causa de sus alas, en fin. Al fin y al cabo parecían jóvenes comunes y corrientes paseando por la calle, después de todo, había gente normal que se vestía peor que ellas.

Caminaban de lo mejor cuando de pronto una mano sujetó el brazo de Emily que iba a la cabecera y la jaló hacia atrás. Era Elizabeth. Entonces, todas se detuvieron y se escondieron tras un camión de pasteles frente a una pastelería bien iluminada.

- ¿¡Que pasa!? – preguntó Emily exaltada.

- ¡Es ella!, la que esta ahí sentada en la vereda, la rubia de pelo largo y chascón. ¿la ves? – le dijo Elizabeth.

- ¿Quién es? – le dijo Nathalie.

- La chica con la que me enfrenté en Celeron el día que rompieron el cruce de los portales. La que vimos también en Garamond, acompañada de un chico…parecía ser su hermano… - le dijo Elizabeth.

- ¡Esta sola! – dijo Diana

- Eso es bueno, podemos… - dijo Emily.

- ¿Qué quieres hacer? – le dijo Nathalie.

- Podemos aprovechar esta situación, ahora que está sola su hermano no podrá ayudarla, podríamos capturarla… - dijo Emily.

- ¿¡Que!? Estas loca… ¿Qué pasa si es una trampa? – le dijo Nathalie.

- No lo creo… ¡mírala! Parece que esta drogada o algo así…- le dijo Emily.

En efecto, era Scarlette quien había huido de la fiesta y había encontrado un lugar en donde ingerir su vicio. Esto, al parecer, era uno de los defectos de los demonio, ser algunos perdidamente drogadictos y luego no saben ni quien son, ni o que son. Ahora Scarlette estaba así. Miraba hacia todas partes, perdida. Aarón la buscaba por todas partes pero no la podía encontrar pues parecía haberse ido muy, muy lejos del local. Tampoco quería ser encontrada, y cuando esto pasaba, fuera demonio o ángel, no se podía hacer nada mas que buscar a lo “humano”.

Emily ideaba un plan de captura. Scarlette era un demonio, pero no uno que no pudieran vencer cuatro Ángeles y menos dos ya con el segundo sello. Era su oportunidad del siglo que no dejarían pasar ni fallar.

- ¿Me das? – dijo una voz muy distorsionada y ronca a la vez.

La drogadicta no se rehusó, ni siquiera miró, pues con suerte veía sus manos, su cuerpo. Habían aprovechado el momento en el que no había nadie mas que un perro caminando por la el centro de la calle principal. Sin embargo, Emily, al estirar la mano para recibir de ella la sustancia, dejó ver su sello en la palma de la mano. El ángel sonreía malvadamente, a lo que Scarlette la miró con pánico a los ojos y luego gritó sin hacer nada, sin poder hacer nada. Fue cuando las demás entraron en acción y la tomaron de ambos brazos, para luego elevarse a los cielos con dirección al refugio de ellas. No tardaron.

Scarlette hacía todo lo posible por defenderse, pataleaba, rasguñaba, pegaba combos, entre otros, pero nada le sirvió en el trayecto para poder librarse del bien. Llegaron sin problemas al lugar y lo primero que hicieron fue atar a la joven demonio. De rodillas libres, y con ambos brazos extendidos hacia los lados en posición de crucifixión, llevaba enredaderas desde el codo hasta las manos y dedos. Las plantas obviamente las aportó Nathalie y eran las que estaban en la pared exterior de la construcción.

Lo que mas hacia Scarlette, era gritar y gritar y no parar. Movía su cabeza incansablemente y parecía una niña fuera de sí, teniendo una crisis de pánico, psicosis y locura.

- ¡¡Cállate!! Supongo que sabes quienes somos… - le dijo Emily.

- ¡¡¿No tuvieron otro mejor plan para secuestrarme que el que hicieron?!! ¡algo que esté a la altura de un ángel! – le dijo con voz extremadamente fuerte y frases sarcásticas como típico de un ángel.

- ¡¡Guarda silencio!! ¡Queremos saber donde tiene a Caliel! Tú lo sabes y nos lo dirás ahora… - dijo Emily.

- ¿¡Que!? Por favor…estaría muerta antes de decirles donde está ese maldito – dijo Scarlette son risa.

- ¡Si quiero ahora mismo podría sacarte ese maldito demonio que llevas dentro de ti hace años! – le dijo Emily poniéndole la mano derecha en la frente de Scarlette.

Comenzó a gritar desesperadamente, sintiendo algo que le quemaba.

- ¡Dime donde está Caliel! – le dijo Emily sin sacar la mano de la frente.

- ¡¡¡Nunca!!! ¡¡Ni a ti ni a tu puta tropa de pájaros blancos!! – gritó Scarlette.

No se podía esperar menos de Emily que golpearla desconsoladamente. Empezaba a perder el control. Las otras la detuvieron, mientras el demonio sangraba de la nariz.

- Emily, ya basta… - le dijo Elizabeth.

- Es que… ¡como sabremos donde esta Caliel! ¡ella nunca nos dirá donde está y prefiere morir quitándole su maldito demonio que lleva dentro! – le dijo desesperadamente. No había persona que se sintiera más culpable por la desaparición de Caliel que Emily. Habían tenido discusiones como nunca, pero al fin y al cabo, el joven siempre estuvo para Emily en su desarrollo como ángel, y eso era lo que Emily entes no veía. Ahora si.

Scarlette tenía en su costado derecho, más o menos a la altura de su cintura un sello también. Parecía un tatuaje que todos los demonios lo tenían como los Ángeles lo tenían en la mano. Era con el que se podía comunicar y hacer todo generalmente. Nathalie lo descubrió al correrse tras Scarlette.

- Miren esto – dijo.

Todas se acercaron a apreciar la figura que citaba a una cruz al revés, como las que tenían en la mano, pero cambiada de posición. Entonces, se miraron con caras de sorpresa y volvieron al lugar donde estaban inicialmente.

- ¿Qué es eso que tienes en la espalda? – dijo Elizabeth.

La voz no salía de la boca de Scarlette, solo de sus ojos una mirada de molestia y de cansancio. Elizabeth repitió la pregunta varias veces, pero nadie contestaba.

- No responderá, perdemos el tiempo… - dijo Nathalie.

- ¡Debemos matarla! – decía Emily

- ¡No! Si la matamos, su hermano se enterara, harán una rebelión de demonios contra nosotras a la cual no nos podremos defender – dijo Diana en voz baja.

- No podemos perder la oportunidad de nuestras vidas cuando tenemos a una dirigente en frente de nosotras…debemos matarla. Por ultimo arrancarle el demonio de su cuerpo.

- Eso podría ser, pero… ¿Cómo sabremos que no morirá? – dijo Nathalie.

- ¿Por qué ha de morir? – le pregunto Emily.

- No lo se… es que… es un instinto. No estoy segura… - le dijo Nathalie.

- No hagamos nada de lo que no tengamos certeza – dijo Diana.

No había nada que hacer por el momento. Scarlette no se animaba a contestar nada, ni siquiera su nombre. Miraba cabizbaja todo el tiempo, mientras las otras la miraban entre el polvo de aquel lugar y una fogata al lado izquierdo.

- Iré a buscar a su hermano. Seguramente con él podemos negociar o algo así. Su hermana, por Caliel – dijo Diana.

- Pero… ¿no será peligroso? No vayas sola, iré contigo – le dijo Elizabeth.

- Es que… bueno. Vamos las dos. Será mejor – dijo Diana.

Las otras dos se quedaron vigilando a Scarlette y antes de que Diana y Elizabeth se fueran, Emily le dijo a la primera:

- Cualquier cosa… avísame - .

Diana la quedó mirando con comprensión. Se entendían de acuerdo al sello y sabían que algo que pasara podían comunicarse gracias a él. Luego, se marcharon. Emily miró con odio a Scarlette. Ésta no la miraba. En realidad no miraba nada más que el suelo. Nathalie la miraba también con cara aún de angustia.

- ¿No quieres hablar ahora, Nat? – le dijo Emily.

- No…es que…no me arrepiento de lo que te dije Em, pero… es cierto que no puedo volver atrás.

Emily la analizó por un momento, y luego bajó la cabeza. No l gustaba nada la idea que Nathalie tenía en su cabeza, de renunciar y eso. Era posible y se podía hacer, pero ninguna tenía idea de esto y menos de cómo. Caliel nunca les habló de eso, para asegurarse de que todas cumplieran con su deber.

Como sea, hubo un gran y largo silencio entre ese trío. Había caras deprimidas o simplemente no había caras.

Luego de haber usado las blancas y grandes alas de Elizabeth, ambas caminaron a través de la calle. Cada minuto que pasaba de hacía las afueras mas vacías. Eran cerca de las doce y la actividad fiestera terminaba cerca de esa hora los días de semana. Los locales estaban cerrando, los bailables y karaokes, los pubs, etcétera. Lo único que podía delatarlas eran los automóviles que pasaban cada cinco minutos. Entonces, Diana caminaba junto a Elizabeth cuando escuchó algo.

- ¿Oyes eso? – le dijo a Elizabeth.

- ¿Qué cosa? – le respondió.

- Eso… -

- Ah…si. La música… - le dijo Elizabeth sonriendo, haciendo referencia de una melodía de alguna discoteca cerca.

- No… son…como…voces… - le decía Diana.

- ¿Voces?-

- Si… -.

- No oigo voces… - le dijo Elizabeth.

- Son… como presencias – le dijo Diana.

- ¿Presencias? ¿de que hablas?

- Ven, ¡sígueme!

Diana salió corriendo y Elizabeth la siguió retardadamente. A medida que avanzaba, se hacían mas y mas fuertes los sonidos en sus oídos. Llegaron a una calle en la que aun no cerraban todos los locales. Era extensa, así que se separaron, pues ahí se dividían las presencias.

* * *

Aarón salió tras de su hermana sin poder alcanzarla al momento en que ella dejó “El rincón del Diablo”.Mas encima y para colmo, Dante apareció ante sus ojos nuevamente, presentándole a viejos amigos y amigas.

- No puedo quedarme, tengo que irme… - le decía Aarón, pero los otros parecían no entender, estaban tan drogados que se reían de todo, y al parecer, lo habían contagiado con sus estados. Aarón se había quedado ahí, riéndose, ingiriendo drogas y tomando alcohol todo el tiempo en el que raptaron a su hermana, la amordazaron y le pegaron. Sin embargo, el sexto sentido de su mente, lo despertó luego de casi una hora, y se separó del grupo buscando a Scarlette dentro de la fiesta. Cuando se dio cuenta de que no estaba allí, su mirada y sus ojos cambiaron. Se puso serio. La intentó ubicar a través de su marca en la espalda, pero parecía como si se la hubiera tragado la tierra, pues no la encontraba por ninguna parte. Corría como loco por todo el lugar hasta que atravesó por las puertas de vidrio y subió a toda velocidad abriendo la puerta tan fuerte y repentinamente que no se dio cuenta de que alguien justo pasaba corriendo por ahí y la golpeó arrojándola al suelo. El que fuese mitad demonio, no significaba que se hubiese olvidado por completo de su parte humana.

- ¡Perdón! – dijo él, extendiendo su mano a una joven que no se le veía el rostro a causa de sus largos cabellos, solo hasta que le respondió:

- No hay problema… - dijo ella.

Las dos miradas se chocaron como si dos automóviles de carrera corrieran a morir, a toda velocidad, sin destino mas que el frontis del otro. Unos ojos llenos de odio la miraron a la ella, y unos ojos anaranjados llenos de luz lo miraron a él. Ella lo conocía y a raíz de aquello, no pudo evitar su cara de horror ante la cara de aquel demonio. Intentó pararse, pero antes de poner en marcha su cuerpo, la mano de Aarón apretó el cuello del ángel y la elevó azotándola contra la pared, a lo cual se escuchó un grito de miedo.

- ¡¡¡Donde está mi hermana!!! – gritó en diferentes voces Aarón.

- ¿¡De que hablas!? – le decía Elizabeth sin poder hacer mucho, solo esperaba que Diana volviera por ella, y así fue.

- ¡¡Suéltala o te juro que tu hermana no saldrá viva de ésta!! – dijo Diana muy valientemente, sin miedo a nada.

Aarón la miró con cara ya transformada, con sangre en la boca y ojos rojos con amarillo teniendo la seguridad de que podía aumentar el temor de Diana en su interior, pero fue inútil.

- No me harás nada con esa mirada, suéltala… - le dijo el ángel.

- Donde tienen a mi hermana… - habló con su voz normal, parecía aguantar la ira que lo consumía a cada segundo que pasaba.

- Hagamos un trato… Dinos donde está Caliel, y te devolveremos a tu hermana… - dijo Diana, mirando a Elizabeth, como haciendo una señal.

Lo único que le importaba a Aarón era Scarlette. Era su vida, su niñez, su razón, su todo. Quizás era lo único de amor que aun le quedaba en el corazón. Solo con haber visto a Elizabeth supo que los Ángeles tenían a su hermana, ese instinto de sangre era muy poderoso entre aquellos.

Lo que no pensaba ni se daba cuenta, era de que Elizabeth puso a andar en marcha una de sus habilidades: el leer el pensamiento. Aunque fuera un demonio, podía hacerlo, solo en ciertos casos. Aarón era fuerte, pero su mente era frágil como todo habilis. Entonces, el ángel de fuego escuchó mientras el otro se descuidaba:

- Desierto…desierto de Mondhy…Celeron…Eliott… - .

Al oír todo aquello con dificultad y algo cortado, Elizabeth abrió los ojos como si hubiera descubierto la llave del cofre del tesoro. Miró a Diana con excitación.

- Lo tengo… - le dijo con algo de falta de aire.

- ¡¡¡Vámonos!!! – le dijo Diana rápidamente mientras atacaba a su contrincante con viento cortante y poderoso. Elizabeth cayó al suelo de nuevo a reunirse con su compañera, mientras que con la fuerza del viento, Aarón se hacía cada vez mas lejos, pero sin hacerse daño. El impacto entre su campo de fuerza y el viento de Diana fue tan tremendo que los cristales del local maligno estallaron.

Diana tomó la mano de Elizabeth y ésta sacó sus alas para así llevarse a su eficiente compañera, tratando de escapar rápidamente. Pero ese no había sido la despedida con el demonio, no habían conocido aún su poder escondido, pero lo que si conocieron fueron sus alas, todas rotas y caídas, negras como las de un murciélago, con plumas que caían constantemente, parecían contaminadas. A ese momento ya estaba enojado al máximo y eso era lo peor que pudo haber pasado. En general, lo peor que pueda pasar, es que se enfrenten a un demonio con ira que se le nota hasta en los ojos. Salió hecho una bala tras ellas por los aires.

- ¡¡No vayamos hacia donde están las demás!! ¡¡puede encontrar a su hermana!! – le dijo Elizabeth.

- ¿¡Entonces que hacemos!? – decía Diana.

- ¡¡Separémonos!! – le dijo Elizabeth.

- ¡¡Estas loca!! ¡¡no te dejare sola!!

Hablaban y hablaban y no se percataban que Aarón estaba atrás de ellas, sigiloso, rápido y seguro de sus movimientos. Aarón no era tonto y sabia a quien atacar.

Se echó sobre Elizabeth como si una lanza le hubiera atravesado en el estómago, de tal manera que se dejó caer libremente en dirección al suelo de cemento, duro y áspero.

Diana, por supuesto, cayó en pique con un angulo que pudo haber destrozado su cabeza si no hubiera sido por los árboles en los que aterrizó, pero obviamente no pudo evitar que Elizabeth cayera como un pájaro muerto sobre el piso de una calle totalmente oscura que el ruido del impacto con la acera produjo un eco largísimo de la voz del ángel. Votó sangre por la boca cuando estaba debajo de Aarón, y éste sin dejar su cuello libre, y con el rostro manchado de sangre por el ángel, le decía:

-¡¡¡Donde esta Scarlette!!! – le gritaba sin obtener respuesta.

Elizabeth apenas podía respirar y sus ojos anaranjados se cerraban a todo momento, sin tener otra idea más que ponerle su mano derecha en la frente de Aarón. Lanzó fuego por minutos, pero no le hacían ni la mas menor quemadura al demonio.

Diana se levantaba y se reponía a la vez, le sonaban algunos huesos de su columna, sus rasguños cicatrizaban y solo quedaba la huella de sangre. Cuando estuvo ya bien, intentó a acercarse para poder ayudar al otro ángel que apenas respiraba, pero un campo de fuerza magnética maligno invisible no la dejó cruzar y lo único que hizo fue lanzarla lejos otra vez. Se sentó despacio y vio como cada luz de la calle del frente se apagaba en su dirección. Las otras luces parpadeaban hasta apagar completamente.

Una pequeña luz empezó a asomarse entre la ropa de Elizabeth. Una luz que comenzaba a tornar algunos cabellos de ella castaños, en rojizos, como el fuego. Sus ojos eran mas intensos y el fuego que salía de su mano era flamante a cada minuto, a cada segundo, que Aarón no tuvo mas remedio que alejarse de ella, con algo de temor. Entre escombros, y cemento roto, Elizabeth se levantó lentamente sin esconder sus alas, observando a Aarón como quien va a cazar a una presa sin escape. Aquella batalla no había acabado y Aarón no iba a huir ni aunque tuviera que morir por encontrar a Scarlette. No era como los demás, pero Elizabeth tampoco era cobarde, y cada paso que avanzaba hacia al demonio, se sentía mas capaz de enfrentarlo, con una calidez que le iluminaba el espíritu y que le permitía mantenerse de pie y avanzar, con ojos que lo podían destruir todo y también reconstruirlo todo, con ese afán inmortal de acabar con la maldad del inframundo sin miedo, temores, titubeos ni temblores, pues era el momento en que el ángel de fuego revelara su gran luz de poder ante Dios.