Elizabeth Prett
Pensé que se iba a quemar hasta quedar puro carbón, pero el vapor que salía del cuerpo de Emily era intenso y daba para algo más que una cremación. Nathalie y Diana con suerte podían sujetarla de los brazos, ya que la piel se rostisaba con rapidez. A mi, parecía que no hacía efecto su calor.
Caliel, quien había llegado en inmediato al lugar, miró con pavor a Emily, como si no la reconociera. Y mientras ésta se movía de un lado para otro, le tomó la cara con ambas y manos y le recitó unas palabras en latín: “te ordeno que dejes su cuerpo, ahora demonio”.
Emily parecía ya no ser Emily. Sus ojos cambiaron bruscamente a rojo y aquello fue una mala señal. Parecía que iba a atacar en cualquier segundo. Un rugido ronco que surgió desde su pecho subió su garganta para descargarse en un grito que hizo que nos alejáramos ligeramente de su entorno.
- ¡Cuidado! –grité a todos cuando vi que el sonido venía acompañado de una especie de bomba atómica que estalló en el centro de Emily y esparció fuego a unos metros.
Siendo del elemental fuego, aquella descarga no me hizo nada y por lo tanto, pude ver a través de las llamas, una figura espantosa que se reflejaba al mismo tiempo que Emily se movía, como una sombra obscura que imitaba sus movimientos. Luego, me cubrí los ojos por la luz que salió de aquel ataque.
Diana cubría a Caliel con su cuerpo del fuego y Nathalie había sido arrastrada unos metros también con la ropa un poco quemada.
- ¿Estas bien? – le preguntó Diana a Caliel.
- Lo estoy… - dijo él observando la espalda del ángel que se comenzaba a cicatriz velozmente.
Lo que quedaba de ataque se hizo humo elevándose sobre el cuerpo de Emily y reduciéndose a su piel. Cuando ya pudimos verla nítidamente, el demonio habló:
- “Soy el que habita en ella…” - dijo en latín, ya que pude entender sus palabras. Ahora sus ojos se tornaron negros completamente.
- “¿Quién eres y que quieres con este ángel?” – dijo Caliel en el mismo idioma.
- “Tiene un alma tan pura y dominable, que creo quedarme aquí por mas tiempo…” – dijo mirando a Caliel a los ojos fijamente. Éste trataba de evitarlo.
- “No te atrevas… te ordeno que dejes su cuerpo ahora, en nombre de Dios” – dijo Caliel acercándose cada vez un poco mas a ella.
- “¿En nombre de…?” – dijo el demonio un poco mas alterado de antes.
- “¡Sal ahora!” – dijo Caliel poniéndole la mano en la frente a lo cual el otro dio un grito de desesperación y se alejó unos pasos atrás.
Al darse cuenta de que el poder sagrado que Caliel había aprendido en años de entrenamiento no funcionó con Emily, quedó boquiabierto, como si ya no hubiera solución para esto. Abrió sus ojos y no hallaba la palabra para publicar en aquella situación.
- Crees que puedes vencerme, mensajero… pero no podrás… así que ni siquiera lo intentes… - dijo el demonio en nuestro lenguaje. Dicho esto, Emily cayó al suelo como desmayada, y toda la vibra negativa que se expandía desde su cuerpo, se redujo hasta finalmente desaparecer. Todas la observamos acercándonos hacia su cuerpo, que parecía dormido. Caliel, aun permanecía en su lugar sin reaccionar, hasta que le hablé.
- ¿Qué pasa, Caliel? – dije tomándole del hombro derecho.
- Nada… nada. Eh… hay que llevarla a la capilla lo antes posible, antes de que la gente comience de aquí la vea así… - dijo sin mover sus ojos. Parecía en otro mundo, pero sus sentidos estaban paralizados, y solo cuando comenzamos a mover a Emily, quien estaba rígida como un palo, éste se inmutó y caminó junto a nosotras.
No la llevamos volando, pues nos quisimos ahorrar problemas ya que estábamos en la calle. Espero que nadie haya visto es espectáculo que teníamos en la vereda con Emily, tantos gritos en otro idioma, como la bomba que explotó de ella.
* * *
Era un callejón demasiad oscuro como para ver por donde se caminaba. Llegaba por una que otra rendija, la luz e algunos faroles de las calles principales. Había basura por todos lados, charcos de agua y goteras que venían de entre los agujeros del techo de metal gastado. Ese era el lugar que habían escogido en la primera dimensión, como refugio para planear sus emboscadas. Por supuesto, no se comparaba como el desierto de Mondhy allá en Celeron. Sin embargo, era un lugar frío y lúgubre y con eso bastaba.
Sobre un balde plástico gris que estaba al lado de un bote de basura, reposaba Aarón esperando para hablar con Eliott. Estaba acompañado de algunos otros demonios y demonios-humanos, generalote mensajeros, entre ellos, su mejor amigo Dante, quien se había unido a ellos hasta hace poco. Como era mitad humano, no estaba interesado en pelear contra los Ángeles, ni mucho menos morir por ello, pero luego de lo que le habían echo a Scarlette, creía que sería bueno que comenzara a practicar algunos de sus trucos que aprendió cuando era niño, junto con Aarón.
El reloj marcaba las ocho en punto de la noche, y la sombra de uno de los demonios mas poderosos comenzó a dejarse ver entre la neblina que cubría solo aquel lugar. Aarón se puso de pie y espero a que Eliott se acercara.
- Eliott…yo…- dijo Aarón nervioso y mirando el suelo.
- Habla de una vez – dijo Eliott, mientras los otros demonios se esparcían por el lugar, quedando es par solos hablando.
- No… nunca imaginé que utilizaría sus poderes por sobre su bienestar, es decir… no pensé que sería capaz de herirse para salir de mi ataque… - dijo explicándole con voz vibrante.
- No es necesario las explicaciones. Deberás saber que esas son capaces de muchas cosas debido a su regeneración espontánea. Te lo dije a ti y a tu hermana. Pensé que habías prestado atención… no como Arkanus.
- Lo se… disculpa, yo… no volverá a suceder.
- Por supuesto que no volverá a suceder, porque para la próxima, no te salvaré la vida, ni a ti ni a tu hermana… - dijo finalmente Eliott, pasando por el lado y reuniéndose con los otros.
- ¡Eliott! – dijo Aarón, a lo que el otro se detuvo y como señal de “te escucho”. -¿Puedo ver a Scarlette? -.
- Si -.
Entonces, el joven mitad demonio, mitad humano, se escapó por entre la oscuridad, mimetizándose en ella para luego desaparecer.
- ¿Qué hay con los Ángeles del Sonido? – dijo Eliott a los otros.
- Se supone que deberían llegar dentro de unas semanas, Eliott – dijo Siria, una linda chica cuya misión era ser mensajera, entre este mundo y el inframundo.
- ¿La fecha exacta? - dijo Eliott.
- No lo sabemos – respondió otro mensajero, Rhys.
- Bien… en cuanto sepan, deben decírmelo.
- Por supuesto – respondió Rhys.
- ¿Y que hay de los Ángeles Guardianes? –dijo Eliott mirando a Siria.
- Resguardando aún el portal del Paraíso. Pero no creo que por mucho tiempo… Eebaiv y sus demonios se han estado encargando de eso.
- Algo así me comentó…entonces, debo suponer que pronto ya no habrán Guardianes en la puerta hacia el Paraíso…
- Le aconsejo que no se confíe, Eliott – dijo otro mensajero más viejo que Eliott, de unos cincuenta años, vestido igual que todos, con abrigos largos y negros, y zapatos brillantes. – Cada vez los Ángeles de todas categorías se vuelven mas fuertes… hay que reforzarnos.
- Por eso, el plan debe seguir en pie, solo que mas… activo. Ahora mismo tendré una reunión con la Triada. Ahí veremos… pueden irse.
Como una ráfaga de viento, se esfumaron dejando solo polvo negro en forma de espiral en sus puestos. Eliott se encontraba solo y luego de un instante, llamó a la Tríada.
- Lorian, Eebaiv, Luffer, Arkanus, Valkyria –dijo al viento, a lo cual, fueron apareciendo de a poco de diferentes maneras. Unos como se habían ido los otros, en polvo negro y espiral; otros subían desde el suelo como fantasma, y las chicas, generalmente aparecían en llamas de fuego rojo en las esquinas del callejón.
- ¿Qué sucede, Eliott? – dijo Valkyria al aparecer, mientras peinaba su champa de pelo crespo negro y alborotado sobre su cabeza, era largo y a veces en la caída tenía amarras de cintas negras de seda. Valkyria y Luffer estaban vestidas de forma diferente a los otros. Siendo las únicas mujeres de la Tríada, ocupaban el look que se les antojara, que generalmente era el corsé con cordones al centro y correas con hebillas plateadas a los costados, una blusa de satín negra con mangas que les cubrían la mitad de los dedos, en algunas zonas rotas y gastadas. Hacia abajo, Valkyria llevaba una falda hasta los pies, como las que usaban las brujas antiguamente, mostrando solo el tope de sus botas con taco ancho y más o menos alto. La acompañaba un abrigo de encaje que se iba quemando hacia el término, con adornos diabólicos negros. Y para el cuello, una gargantilla con adornos metálicos de púas finas, que quizás era lo único que le hacía verse de su edad de veinte años.
- Reunión. Quiero que discutamos lo del-- - y de pronto paró de hablar. - ¿Dónde está Arkanus? - .
Se miraron entre ellos, pero parecía que no encontraban a su sexto compañero. La cara de Eliott comenzó a llenarse de disgusto, aun sabiendo que su Arkanus era un irresponsable desde siempre.
Bastaron unos segundos para que apareciera en frente de ellos y saludara como si nada, pidiendo disculpas:
- Lo siento… andaba buscando otro cuerpo… pero no encontré… - dijo entre carcajadas.
- ¿Podrías parar ya con eso? No es un juego andar cambiando de cuerpos siempre – le dijo Luffer, ya disgustada, observando el delicado cuerpo de una niña vestida como con un tipo de sábana blanca, sucia y con cara de desquiciada. Era, por supuesto, el demonio escapado del manicomio de Celeron semanas atrás.
- ¿Algún problema? – dijo Arkanus a Luffer, quien se acercaba a pasos rápidos hacia él.
- ¡Basta! – dijo Eliott, parando la disputa. – Si quieren ponerse a jugar, no es el momento ahora. Debemos discutir el plan que se había acordado meses atrás. Supongo que… lo han seguido.
- Si, Eliott… pero en la tercera dimensión, comparada con ésta, son muy pocas las personas que andamos buscando. Creo que sería mejor que cambiáramos el lugar de búsqueda, y comenzáramos a hacerlo aquí… - dijo Lorian, el mas reflexivo de los seis. Era delgado y sus ojos siempre eran dorados, al menos que estuviera furioso. Sus ropas eran idénticas a las de Eliott, y para identificarlo, su cabello era chascón y negro ébano.
- Estoy de acuerdo. Si más lo recuerdo, he capturado solo a una persona y no es de mucha ayuda… - dijo Luffer, paseándose por el lugar, mostrando sus largas y delgadas piernas que se lucían gracias a la corta falda de encajes largos y cortos, con botas largas hasta la rodilla, llenas de hebillas, y correas por todas partes.
- Es por eso que los he reunido aquí esta noche. Los Ángeles de diferentes áreas de este planeta se reunirán aquí dentro de unas semanas. Debemos… agilizar este plan, por lo cual cambiaremos el lugar de búsqueda a ésta dimensión.
- ¿Por qué no mejor en vez de llevar a cabo este plan, acabamos con esas estúpidas Ángeles buenas para nada antes de que se conviertan en algo más poderoso y fuerte y difícil de derrotar? – preguntó Arkanus. Éste ya había tenido un pequeño encuentro con los Ángeles cuando recién se estaban formando. Luego luchó contra Nathalie días atrás, la noche en que Emily quedó poseída.
- Debemos hacer bien las cosas, Arkanus. Además, si llegan a convertirse en Ángeles más fuertes, sería algo grandioso… es decir, me entusiasma la idea de que peleemos contra nuestros mejores enemigos y tengamos el mismo nivel de poder… - dijo Eebaiv muy excitado con la idea. Sin duda, era el más ligado a todo lo que era guerra, luchas y peleas. Era un experto en aquellos combates.
- Bien dicho, Eebaiv. Por lo demás, sigan el plan. Nos reuniremos todas las noches aquí, más tarde eso si. – dijo Eliott.
- Eliott, tengo una pregunta… ¿Qué pasara con los Ángeles de los elementos? Me refiero a que, bueno… una de ellas está poseída… y ¿Qué hay con las otras? No las enfrentaremos aun… ¿o qué? – dijo Valkyria.
- Son un terrible dolor de cabeza… además, ¡pueden regenerarse! Eso no lo dijiste Eliott – dijo Arkanus con su voz entre niña y demonio.
- Si… si lo dije. Las únicas que pueden regenerarse son ellas, los otros Ángeles no, que yo sepa. Respecto a tu pregunta Valkyria… dejaremos pasar un par de días. Estoy seguro que Emily se librará de esto lo mas pronto posible…
- ¿Del demonio? ¿El demonio que le insertó Aarón? - dijo Lorian.
- Si… y sinceramente espero que sea pronto… no hayo el momento para volver a enfrentarme a ellas… - dijo Eliott tornándose de rojo a negro sus ojos.
La reunión había terminado. Todos se fueron excepto Eebaiv, ya que Eliott necesitaba charlar el asunto de los Ángeles Guardianes. Lo llamó a su lado y le habló en un tono más bajo:
- Eebaiv… ¿Qué hay con Ángeles Guardianes? - .
- Mis secuaces están encargándose de eso mientras realizo mi búsqueda.
- Muy bien, pero… ¿son suficientemente fuertes como para enfrentarse a ellos?
- Mis habilis son los mejores, Eliott. Tu lo sabes… se que los Guardianes son un poco mas poderosos que el resto, ya que cuidan una puerta muy importante… pero tenlo por seguro que en poco tiempo, tendremos las llaves del Paraíso en nuestras manos. Confía en mí…
- Lo hago, Eebaiv, es solo que… Lu está un poco cansado de esperar a que hagamos bien las cosas. Nos han salido algunas bien, y varias mal… así que es de esperarse que hagas un buen trabajo y aparte en tu búsqueda también, igual que toda laTríada.
- Como ya te he dicho, confía en mí…
Dicho esto, el gran demonio provocó su salida con un fuerte temblor que se sintió en todo el pueblo. Algunos palos y maderas de aquel lugar se cayeron, al igual que el piso quedó un tanto trizado. Era su despedida.
Luego de haber quedado completamente solo, Caliel llamó a su mensajera de confianza.
- Siria – dijo casi como si estuviera a su lado.
- ¿Me llamaste? – dijo apareciendo en un remolino de polvo, tal cual desapareció la ultima vez.
- Avísale al amo Lu que todo está marchando bien. Pronto tendremos buenas noticias, y… si se le apetece… que ayude a la Triada con algo de poder, por favor… - dijo Eliott sin mirarla a los ojos y en voz muy susurrante.
- Por supuesto… - dijo Siria, preparando su salida.
- ¿Scarlette? – dijo Aarón al verla de espaldas, ya curada completamente e una habitación oscura y vieja, que olía a humedad. Era un cuarto desolado en medio del desierto, donde Eliott se residía, en Celeron.
- ¡Hermano! – dijo ella llena de alegría y corriendo a abrazarlo de golpe.
- ¿Estas bien? – le dijo él.
- Estoy perfectamente bien… bueno, gracias a Eliott…
- ¿Eliott?
- Si… su poder de sanar rápidamente… no se como, pero lo usó conmigo.
- Estupendo. No me lo había dicho.
- Así que… ahora estoy lista para salir de caza contigo.
- No se si sea el momento, Scarlette…
- ¿Por qué? ¿Qué sucede?
- Bueno… la Triada tiene un plan bastante bueno, y sería mejor no interrumpirlos. Ya sabes como es Eliott…
- Pero… ¿y que supone que hagamos?
- Por ahora, nada… - Aarón se sentó a los pies de la cama antigua que reposaba detrás de Scarlette.
- ¿Me he perdido de algo? – dijo la joven, luego de un momento.
- Bueno… un ángel está poseído… yo le di la maldición.
- ¿Tú? ¡Pero que buenas noticias!... eso es algo que sabes hacer muy bien… supongo que Eliott está contento…
- Lo estaba… se supone que hice un gran trabajo…les ha dado mas tiempo para buscar a estas personas que… van dentro del plan… pero, creo que el ángel del agua se salvará dentro de poco, o al menos Eliott piensa eso.
- No importa. La cuestión es que hiciste una gran labor… y supongo que por eso…Eliott te habrá recompensado con algo… o…
- Me dio un nuevo poder… pero no se si lo lleve por el resto de mis días. Es uno de los pocos que poseen en el Inframundo, por lo que debo usarlo correctamente.
- ¿Y funciona? – dijo Scarlette iluminándosele los ojos.
- Si… por lo menos con el ángel de la tierra, funcionó…
- Ese ángel… es la responsable de mi ausencia en los últimos hechos… de no acompañarte…
- Tranquila… todo va marchando bien.
- Pero… quiero combatirlas. Quiero demostrarle quienes somos, Aarón.
- No Scarlette, no por ahora… la verdad es que no lo se…
- Entonces, hablemos con Eliott…
- Mira… lo mejor que podemos hacer por mientras que el ángel poseído regresa a la normalidad, es vigilarlas. A todas ellas… mas ahora que están con Caliel de nuevo.
- ¿¡Caliel!? ¡Lo encontraron! – dijo sentándose a su lado rápidamente.
- Si… espero que no se vuelva un punto en contra de nosotros.
- Pero por supuesto que lo será… les dirá como expulsar al demonio del cuerpo del ángel del agua…
- Eso no importa… Eliott está esperando eso…
- ¿Por qué?
- Cree que… se harán mas fuertes… y así se iniciaría una guerra mas… “entretenida”.
- Ya veo…
La conversación, que no había tenido pausas largas hasta hora, se interrumpió con la llegada del tan nombrado en ella: Eliott.
- Hola niños… - dijo Eliott sonriéndoles a ambos. – He traído un compañero nuevo…
- ¿Theo? ¿Qué haces aquí? – dijo Aarón luego de ver entrar al joven que los había acompañado la última vez que el portal estuvo cerrado.
- Bueno… escuché tu comentario, Aarón… y creo que sería bueno que vigilaran a los Ángeles, obviamente sin que éstas se den cuenta. Por lo que necesitaran ayuda de un buen demonio habilis, solo para asegurarme de que unos dominus como ustedes no salgan muertos de miedo.
- Disculpe… disculpa Eliott, pero creo que hemos progresado lo suficiente como para que ya no nos llames dominus. Tenemos capacidades de un habilis cualquiera… - dijo Aarón poniéndose de pie.
- Eso lo veremos… quizás podría decir eso de ti… pero de tu hermana…
- ¿Qué hay con Scarlette?
- Ha estado un rato fuera de esto… necesito ver como sigue en su ataque… sus poderes, su fuerza… todo.
- Lo verá, señor. No tiene que decírmelo… tal vez, si nos diera la oportunidad de luchar contra ellas—
- No aun, Scarlette. Lamento decirlo, pero en unas hora, me temo que esos Ángeles se fortalecerán hasta quedar al nivel de un fortis. Así que… veamos. O toman mi sugerencia de espiarlas… o se quedan haciendo nada y esperando que Lu los expulse del Inframundo para siempre…
Las palabras de Eliott rebotaban en la habitación. Theo solo los miraba sin querer decir nada que perturbase o disgustase a uno de los hermanos. La respuesta fue obvia y tuvieron que conformarse por no tener que pelear todavía.
El trío se trasladó esa misma noche a Saint, para ver que sucedía en la capilla del pueblo. Estaban mas o menos a una cuadra del lugar y decidieron acercarse más. Antes, Scarlette habló con Theo:
- Quiero sugerirte algo…
- No, gracias, Carly…
- Mi nombre es Scarlette… y la verdad es que esto es importante.
- Bueno, bueno… habla.
- Te recomiendo que te mantengas lo mas alejado posible de ellas.
- ¿Qué? ¿Y como quieres que las vigile? Ese es el mandato de Eliott.
- Mira… los que no son mitad humano como nosotros, se huelen…
- ¿Se huelen?
- Si… a varia distancia… y la idea es que no sepan que estás aquí…
- Soy fuerte con eso de la presencia… y el que sea cien por ciento demonio no es una desventaja.
- Pero en este plan si… y se supone que no debemos fallar. Así que o te mantienes un tanto mas atrás que nosotros… o vete al infierno – dijo Scarlette literalmente.
- ¡Ja! Siempre estoy allá…
Nathalie Denat
Estábamos tan nerviosas en el asunto de Emily, que no nos preocupamos por ningún otro demonio suelto allá afuera. Le atamos las manos y los tobillos, como nos dijo Caliel. El padre Erick le rociaba agua bendita por el cuerpo, a lo que Em respondía con gritos despiadantes y roncos que hacía temblar los muebles en la habitación. Sin embargo, había trances en los que se calmaba y volvía a ser ángel de nuevo.
- ¡Dios mío, aire! – decía ella, refiriéndose a que podía respirar luego de varios intentos.
- Em… por favor… resiste… eres fuerte… - le decía Elizabeth acariciándole la frente. Ese tipo de afectos afloraban en ella solo en ocasiones extremas como la que estábamos viviendo.
- No puedo… no puedo quitármelo ¡no puedo quitármelo! – gritaba Emily.
- Si puedes, Emily. Si nos ayudas a ayudarte, terminaremos esto de una vez – le dijo Diana quien estaba parada al lado de la ventana.
- Dios… cuando terminara esto… cuando se acabará… - decía Emily a punto de llorar, como si pudiera hacerlo.
Tratábamos de consolarla, pero no había caso. Yo no hallaba que decirle. Me sentía mal por todo esto. Caliel aun no salía de la Biblioteca, en la cual había estado varios minutos, y comenzaba a ponerme nerviosa al igual que todas. Me alejé del grupo y me dirigí a la habitación en donde se suponía que Caliel encontraría un libro de suma importancia para realizar el exorcismo. Me acerqué a la perta y golpeé.
- ¿Puedo pasar? – pregunté, pero nadie me respondió. Lo único que escuchaba eran las páginas dar vuelta el libro, una y otra vez. Llamé otra vez, y lo mismo. Iba a entrar sin el permiso, cuando antes de hacerlo y sin querer, escuché lo pensamientos de Caliel. Para haberlos oído sin intención, debió haber estado muy nervioso o urgido por la situación. Si mi audición no me fallaba, había escuchado varias veces: “No puedo… no puedo… no puedo…”. No sabía porque, pero algo me decía que tenia que ver con el momento que todos vivíamos. Así que, para aclarar mis dudas, giré la manilla dorada y jalé la puerta de madera, dando un par de pasos dentro de la pieza.
Caliel se levantó de la silla rápidamente, como si lo hubiera asustado. Tenía cara de concentrado, pero a la vez también de tristeza y frustración.
- No te dije que podías pasar… - me dijo casi gritándome.
- ¿Qué es? ¿Qué es lo que no puedes?- dije avanzando hacia su escritorio con pasos lentos.
- ¿De que hablas? – me dijo volviéndose a sus libros y cambiando de paginas sin leer.
- Te escuché… solo quiero que me digas la verdad. ¿Qué es lo que está pasando?
Paró de hacer lo que estaba haciendo, y miró la mesa apoyando ambas palmas en ella. Parecía ser que su rostro lo decía todo, al igual que sus pensamientos.
- Dios mío, no… - dije poniéndome una mano en la boca de asombro. Él se volteó a mirarme, comprendiendo que había compartido su mente conmigo.
- No… no pudo ayudar a Emily… - dijo dándose vuelta hacia a mí, con ojos vidriosos. – Es… un tipo de posesión muy avanzado, más si se trata de un ángel… y creo que no soy el indicado para resolverlo.
- ¿De que hablas? ¡Se supone que tu debes ayudarla--!
- Pero no puedo. No tengo el poder suficiente como para hacerlo… - en aquel momento se dio vuelta hacia la mesa nuevamente, para ocultar un par de lágrimas que se le escurrían en los ojos. Sabía que se sentía culpable de alguna u otra manera, pero no sabía que le podía afectar tanto la situación de no poder ayudar en algo.
- Que… ¿que se supone que hagamos entonces?
La respuesta a mi pregunta se demoró en salir de su boca, porque parecía que recién la empezaba a tramar. Cerró todos los libros sobre la mesa y los guardó juntos en un estante al lado de la puerta de entrada. Tomó un colgante o algo que sonaba como llaves, y se lo guardó al bolsillo antes de pararse en frente mío y decirme:
- Iremos en busca de alguien… y tú me acompañarás.
Luego salió por la puerta tras de mí, quedando yo ahí sin reaccionar a lo que me había dicho. Luego, lo seguí hasta la habitación en donde se encontraba Emily. No le pregunté a quien iríamos a ver ni a donde, pero aquellas peguntas las dejaría para después.
Volvimos a donde Emily, quien estaba u poco más calmada diciendo constantemente algo in entendible
- Padre, ¿puedo hablar con usted? – le dijo Caliel a Erick. Ambos se alejaron de allí para conversar a solas, mientras Beth y Diana me hacía mas preguntas.
- ¿Qué esta sucediendo, Nat? – me dijo Elizabeth, mirándome con esa cara de “ya no soporto esto”.
- ¿Por qué? – dije nerviosa.
- ¿Cómo que por que? ¿Qué le pasa a Caliel? ¿Por qué no viene a ayudar a Emily? – me pregunto Diana, acercándose a mí, y alejándose de la ventana en donde había permanecido largo rato.
- Es que…la verdad es que… no lo se… - les dije dándome vuelta, quedando de espaldas ante ellas.
Pero Elizabeth no era tonta. Sin que yo lo notara cuando empezó a hurgar en mi cabeza, trataba de encontrar la respuesta, hasta que me di cuenta de que buscaba y buscaba dentro de mí. Hice un movimiento ligero con el cuello y moví la cabeza como si me estuviera quitando un bicho de encima. Luego la quedé mirando.
- ¿Qué es lo que haces? – le pregunté casi molesta.
- Busco una respuesta, Nat… se que tú sabes lo que está pasando… - me dijo Beth.
- No soy… la más indicada para—
Justo, Caliel había llegado a mi lado, con una expresión de preocupación, pero también irradiaba algo de esperanza, aunque fuera poca.
- ¿Qué es lo que está pasando Caliel? – dijo Elizabeth.
- Niñas, yo… no puedo ayudar a Emily… no por mi mismo.
- ¿Qué es lo que quieres decir? – dijo Diana acercándose mas, haciendo a un lado su cabello en la cara. Beth quedó en la misma posición, procesando.
- Que no la puedo ayudar con lo que sé… - dijo Caliel mirándome.
- ¿Y que vas a hacer? Porque supongo que… algo habrás de hacer…- dijo Elizabeth alterándose de a poco.
- Ahora… voy con Nathalie a ver a una persona que quizás puedan ayudarnos…
- ¿Quizás? – dijo Elizabeth dando unos pasos hacia Caliel.
- Tranquilízate… Beth – le dije poniéndole una mano en el hombro.
- Haré todo lo que esté a mi alcance para salvarla, Elizabeth. Por eso, necesito que ahora la cuiden mientras consigo la información necesaria para realizar un exorcismo.
- No puede esperar tanto, Caliel, recuerda… está… muriendo por dentro… - dijo Elizabeth retrocediendo hacia la cama de Emily.
Salimos a la calle más o menos como a las diez de la noche. Estaba totalmente vacía y era extraño, ya que las vacaciones se acababan y se suponía que debería haber gente en las esquinas, en fiestas, en locales, como siempre. Anduvimos unos pasos, cuando le pregunté:
- ¿Dónde es? – le pregunté sin que él me mirara de vuelta.
- En el siguiente pueblo al este…
- ¿Gosville? - le pregunté sabiendo la respuesta.
- Si… ahí es.
- Pero… ese pueblo… ese pueblo es muy extraño. Es como… no se
- ¿Fantasma?
- Algo así… ¿estas seguro de que esta persona vive allí?
- Por supuesto.
- A todo esto… ¿Quién es esta persona? – pregunté. Obvio. Era la pregunta crucial.
- Ven aquí – me dijo Caliel, tomándome del brazo y llevándome hacia la pared de cemento.
- ¿Qué es lo que pasa?
- Necesito que me prometas algo…
- Lo que sea…
- Necesito que… prométeme que no leerás mi mente mientras estemos allá.
- ¿Qué?
- Eso… quiero que no lo hagas, porque… bueno porque sería una mala jugada…
- No lo entiendo…
- Solo… promételo. Por favor…
- ¿Es algo que… ayudará a Emily en todo esto?
- Tenlo por seguro…
Había algo que a mí no me encajaba. ¿Por qué tanto misterio? En todos los casos, confiaba en que Caliel no mentía, así que alejé mi poder mental de sus pensamientos, y nos alistamos para volar. Sin embargo, al apoyarme en un árbol para sacar mis alas, sentí una pequeña, pero no menor vibración desde el interior del tronco. Aquello me pareció extrañó, ya que si bien siempre había vibraciones y movimientos diminutos dentro de las plantas, aquella no era cualquiera, ni tampoco era del propio árbol. Mire a Caliel seriamente y mis ojos se tornaron verdes al instante. Eran tan intensos, que se lograban ver aun en las mas densa oscuridad.
- ¿Qué pasa? – me dijo Caliel.
- Hay algo… hay un demonio por aquí cerca… - le dije mirando alrededor.
- ¿Demonio? - .
- Si… estoy casi segura…
Quise avanzar sola, pero si era una trampa no podía dejarlo solo ni ahora ni en un futuro. Le pedí que me acompañara y atravesamos la calle hasta la esquina contraria, donde había otro par de árboles. Echamos un vistazo detrás de la pared, y no había mas que un perro de color marrón oscuro, caminando por la vereda hacia el asfalto.
- No eras tú… - dije observando al can, y luego mirando de reojo los otros lugares. Recorrí los árboles y el pasto que había cerca de la vereda de una casa.
- ¿Estas segura de que hay un demonio por aquí? – me preguntó Caliel, no muy convencido.
- Lo sentí…créeme…
- Pero… no hay nada Nathalie.
- Lo se…quizás ya escapó… o… está dentro de ese perro – quise decir eso como un chiste, pero las circunstancias lo hicieron de forma literal.
- Bueno… si hay o hubo un demonio, demonios prisa. Y alerta a las demás por si acaso. Debemos apurarnos… Emily no puede esperar más…
- Seguramente Diana y Elizabeth ya lo oyeron. Será mejor que nos movamos rápido.
Sin duda alguna, los hermanos mitad demonio y mitad humanos, estaban a la vuelta de la esquina en donde Nathalie y Caliel habían permanecido. Theo se había quedado espiando en la esquina contraria y cuando se escondió tras un árbol, colocó sus palmas en él. Aquel contacto dio paso a una sensación fuera de lo común en aquella planta, por lo cual hizo comunicación con Nathalie justo cuando ella apoyó su mano en el otro árbol. Sin embargo, Theo no era para nada lento, y se percató de que Nathalie venía hacia él, por lo que escapó sin dejar rastro. Scarlette y Aarón temieron en aquel momento, pero no podían hacer nada más que observar el momento. La idea era que los Ángeles no supieran que estaban siendo espiados por ellos.
- ¡Le dije que se mantuviera más alejado que nosotros! – dijo Scarlette mientras observaba a Nathalie que se movía hacia el lugar donde se encontraba el demonio.
- Tranquila… Theo sabe cuidarse solo… - dijo Aarón tratando de mantener la calma, aunque no podía ocultar del toso que estaba nervioso, aunque fuera un poco.
Luego de vivir aquella situación, se reunieron los tres un poco más lejos de la capilla y discutieron lo que acababan de ver.
- ¿Dónde iban esos dos? – preguntó Scarlette.
- No pude alcanzar a leerles la mente. Pero se fueron volando… ¿los vieron? – dijo Theo señalando el cielo.
- Si… pero… y ahora ¿nos quedamos aquí? ¿o los seguimos? – dijo Aarón.
- Separémonos… ustedes quédense aquí… yo sigo a esos dos – dijo Theo preparándose para elevarse.
- Pero… ¿y si te descubren? Será mejor que uno de nosotros los siga… para que no sientan presencia alguna de algún demonio…- dijo Aarón.
- Muy bien… yo voy entonces tras ellos – dijo Scarlette.
- No… iré yo… - dijo Aarón mirando a su hermana de forma preocupada.
- Déjame ir, Aarón… no me pasará nada... ya no soy tan débil como antes… créeme…
- Prefiero que no. Te quedas aquí con Theo… y tú, cuídala bien – dijo señalando a su compañero.
- Por supuesto…- dijo Theo con una sonrisa y a la vez mirando a la hermosa joven sentada a su derecha.
Aarón partió y los otros dos se quedaron en la esquina vigilando la capilla. Aunque no podían ver nada, Theo si podía sentir el ambiente que se relataba en aquella habitación, y le iba contando a Scarlette lo que sucedía.
No se habían dado cuenta cuando ya volaban sobre el pueblo “fantasma”. Como aquel no tenía luces ni faros, por lo menos no en todas partes, había pasado desapercibido. Bajaron cerca de un edificio de no más de cinco pisos, colándose entre la neblina espesa que se propagaba en cada rincón del pueblo. Hasta el momento, no habían visto a nadie caminando por la calle. Lo más que vieron, fue a un vehículo que pasó lentamente por el sitio, perdiéndose unas cuadras más allá.
- Este pueblo me da escalofríos… recuerdo que una vez vine con mi mamá a visitar a una tía… y… bueno, no ha cambiado mucho desde entonces… - dijo Nathalie.
- ¿Viniste solo una vez? – dijo Caliel.
- Si… mi mamá siguió viniendo más adelante… pero yo no la quise acompañar… me daba miedo la neblina que había en invierno… era mucho más espesa que ésta, y no podías ver ni para donde caminabas.
La historia de Nathalie parecía sorprenderle a Caliel mientras la contaba, hasta que decidió apresurarse, comenzando a dar los primeros pasos hacia la calle de enfrente. Nathalie lo siguió detrás.
- Supongo que… sabes a donde queda ¿verdad? – preguntó la joven mirando para todos lados.
- Honestamente… no lo se… - dijo Caliel siguiendo su camino.
- ¿Qué? ¿Cómo que no sabes? ¿Cómo encontraremos a esta persona entonces? – dijo Nathalie.
- Ten fe… la encontraremos en menos de-- ¡Ah! Ya encontré el lugar… - dijo Caliel sonriendo y a la vez mirando la casa de tres pisos, de madera vieja y con apenas una lucecita blanca en el umbral de la puerta de entrada. Se veía todo tan enclenque, que si una persona más entraba se derrumbaría en menos de un segundo.
- ¿Seguro de que es aquí? – dijo Nathalie.
- Si… ahora, debes… esperarme aquí ¿si?
- ¿Qué dices? ¡No! No puedo dejarte ir solo… que tal, es peligroso o…
- Por favor Nathalie. Dijiste que confiarías en mí…
- Sí, lo sé… pero se supone que debemos cuidarte, debo cuidarte…
- Conozco a esta persona… no me hará nada, te lo prometo… es solo que, no puedes saber quién es, Nathalie.
Nathalie no supo que decir en ese entonces, ya que no sabía por qué tanto misterio. Se preguntaba quién era esa persona, por qué no podía saber su identidad. La curiosidad, a pesar de todo, no la mataba. Era la razón por la cual, Caliel había confiado en que ella lo trajera hasta Gosville.
Sin más protestas, la joven dejó que pasara solo al recinto, mientras ella se quedaba en la calle, mirando cualquier cosa, tratando de pensar cualquier cosa. Quizás, tratando de comunicarse con las demás para saber de Emily.
Caliel abrió la puerta e hizo sonar una pequeña campanilla que estaba en el umbral por dentro de la recepción. Sobre un mesón de cubierta de melamina, lleno de papeles y carpetas de distintos colores, había una señora vieja, llena de arrugas en la cara y con cara de disgusto. Usaba unos lentes muy gruesos ocultando casi por completo sus ojeras. Llevaba una blusa banca con un chaleco de lana sin manga, de color negro, y el poco y nada de canas que se veían en su cabeza se sostenían en un tomate desordenado. Al ver entrar a Caliel, la señora paró de ver la televisión y se volteó hacia él.
- ¿Qué necesita? – preguntó con vos ronca y gastada.
- Vengo a ver a una persona…sé que está en la habitación 210, pero… no le diga que estoy aquí… es una…sorpresa – dijo Caliel tratando de convencer a la vieja.
Parecía que todos allí estaban locos. La señora se rió una par de segundos mientras buscaba entre una caja, la llave para abrir la puerta del fondo.
- Dejaré que pases… solo porque eres guapo – dijo mirándolo de reojo mientras abría la puerta hacia los pasillos con más puertas llenas de números. Ante el comentario, el joven solo sonrió en forma dudosa. Luego se introdujo por entre uno de los pasillos buscando el número correcto.
Las paredes estaban llenas de rayones, de marcas, de manchas, etc. Parecía un lugar no muy bien cuidado. Nada de allí se notaba limpio. Era un verdadero desastre vivir ahí. Recorrió varias puertas aceleradamente, tratando de encontrar lo más pronto posible la correcta.
Pasó por una que estaba abierta y no se detuvo. Cuando se percató de aquella señal, ya iba en la 286. En nerviosismo lo hacía actuar de forma diferente y muy estúpidamente. Retrocedió hasta la puerta abierta. Era notoriamente la 210, una puerta color rojo oscuro, aunque con suerte se podía descifrar el color, ya que era una de las más gastadas. Caliel entró despacio y lentamente. Era una pieza entera, sin separaciones más que la de un baño a un rincón de ella. Había una mesa de madera húmeda con una silla de asiento de paja. Una cama, que no tenía nada más que un colchón con un par de sabanas sucias, y un mueble lleno de telarañas y polvo sin cuidar.
Al lado de lo que podía llamar “cocina”, de espaldas estaba de pie, una mujer, que al igual que la de la recepción, tenía ya el cabello nevado. Tenía en la espalda un chal de color burdeo que le tapaba hasta los tobillos. Sus pies estaban cubiertos por unas botas negras y bastante viejas.
- ¿Sabrías que vendría? – le preguntó Caliel a la mujer, haciendo referencia a la puerta abierta.
- ¿Por qué haces preguntas obvias? Dejémonos de idioteces y dime que es lo que pasa – le dijo in mirarlo aún.
- Necesito tu ayuda… pero debe ser ahora mismo.
- ¡Ja! Creo que ya me desuní de la iglesia hace un tiempo… no creo ser la más indicada para ayudar a un mensajero ureliano – dijo mientras se movía hacia la ventana rápidamente.
- Pero creo que eres la más indicada para ayudar a un ángel… - dijo Caliel sin moverse aún, siguiendo a la mujer con la mirada. Ésta se detuvo en la mitad de la habitación, notándose su impresión luego de aquellas palabras.
- ¿De que hablas?
- Una de las Ángeles está… poseída…
- ¿Ángeles de los elementos?
- Sabes muy bien de que Ángeles estoy hablando…
La mujer iba a darse vuelta a mirarlo, pero se arrepintió y se acercó a la ventana. No encontraba las palabras correctas para decírselas.
- ¿Qué puedo hacer yo? – dijo finalmente.
- Tú sabes acerca de esto…sabes cómo sacarlo de su cuerpo… o has hecho antes… te he visto hacerlo.
- Pero ya no lo hago más. Han sido otras situaciones, Benjamín, no puedo ayudarte… sabes que ya no pertenezco al mismo “mundo” en el cual tú estás.
- Pero aunque no lo seas, se que aún estás de nuestra parte… sé que puedes ayudarla…
- Ya no puedo… perdí mis dotes, ya no me queda más que mi clarividencia…
- Sabes… no me importa lo que diga el Consejo de ti. Aun confío en ti… y sé que aunque estés bajo la custodia de los demonios… confías en los Ángeles.
- Escúchame bien, Benjamín. Tú y solo tú tienes la respuesta para la sanación de ella… tú eres su guía… Dios te eligió para que las guiaras por el camino que yo no pude… por lo tanto, en tu interior tienes la respuesta…
- Al menos dime si se sanará, Amphora…
- Sabes que si lo hago… mañana no estaré aquí, Benjamín…
Sabía a lo que se refería, pero era la única solución que tenía para resolver esto de una vez por todas.
- Si estarás… no morirás… no o permitiré…
- No puedes hacer nada, jovencito…
- No puedes morir, no—
- Claro que sí… lo sabes… pero, aún así no puedo dejarte ir sin antes decirte lo que pasará con ella, después de todo… su vida vale cien veces más que la mía…
- ¿Se sanará?
- Lo veo, Benjamín… lo veo… tú la ayudarás…
- ¡Cómo puedo ayudarla si ni siquiera pude mirarla a los ojos! ¡Por eso es que he venido por ti!
- Quizás tú no tengas la cura… pero las otras Ángeles si…tú la sanarás, pero ellas te darán la solución para hacerlo…
La mujer seguía sin mirarlo, pero se oía en su voz que estaba realmente preocupada por lo que sucedía. En ese instante, la habitación comenzó a sacudirse lentamente y cada vez con más potencia. Los pocos muebles que guardaba el cuarto, empezaron a vibrar de a poco. La mujer miraba todo atentamente sin impresión alguna. Caliel estaba un poco asustado y atónito.
- Debes irte… - le dijo la mujer mostrándose por fin. El rostro demacrado de la mujer no le llamó la atención a Caliel.
- ¿Qué es lo que…?
- Ya vienen… debes marcharte ahora…
- Vendré a verte mañana, te lo prometo…
- No es necesario, Benjamín… al menos que éstos estén de buen humor…
- Solo Dios sabe lo que te mereces… no morirás… no ahora, Amphora…
- Debes irte ¡Debes irte, Benjamín! - dijo un poco más alterada empujándolo hacia la puerta.
- Por favor… mantente con vida… sólo así podré agradecerte, Aniel…
- No me llames así, Benjamín, nunca más…
- Y tú no me llames Benjamín… aun no me despiden – dijo sonriéndole, a lo cual ella le devolvió una sonrisa amable y triste. Fue un verdadero chiste entre una situación crucial. Caliel abandonó la habitación y tras ella cerrar la puerta, el joven tomó el pasillo corriendo, y al dar la vuelta para dirigirse a la puerta de la recepción, estaba Nathalie, caminando hacia él.
- ¿Qué haces aquí adentro? – le preguntó él.
- Vine por ti… ¿No te das cuenta de que ya saben que estamos aquí?
- Supongo que no habrás… escuchado—
- No… no… lo prometí, Caliel… ahora solo quiero que nos larguemos antes de que vuelvan a secuestrarte…
Ambos salieron corriendo del lugar sin que la vieja loca se diera cuenta. Ahora había más neblina que nunca. Nathalie no dudó un segundo en abrir sus enormes alas blancas, y echarse a volar lo más rápido posible. Viajaron como una flecha hacia Saint, sin que nadie las siguiera. Aquello fue un alivio.
Mientras tanto, en la habitación de Aniel, en donde había casi un terremoto, se presentaron de a poco unos cinco demonios, dejando al final la llegada de uno de los más importantes: Luffer. Aparecieron en forma de fuego y llamas rojas, con caras de enojo e ira.
- A ver, a ver, a ver Amphora… ¿Qué has hecho ahora? – le preguntó Luffer poniéndose una mano en la cintura.
- Si crees que ya estoy de su lado están muy equivocados…- le dijo la mujer sin miedo alguno, por ahora.
- Sabes que no queremos que estés de nuestro lado… tan solo queremos tu poder…ya sabes… no todos andan por ahí prediciendo el futuro y pasan desapercibidos.
- Prefiero morir antes que ayudarlos…
- Ay, Amphora… ¿Qué es lo que te dijimos? No debes ayudar a nadie más que a nosotros… ¿te lo dije, cierto?
- ¿Creíste que te haría caso?
- La verdad que no… pero no ha sido un gran, gran error el que has cometido, así que solo por ahora, creo q te perdonaré la vida.
- Eliott lo hará… si fuera por ti ya me habrías matado…
- ¿Matado? No… que aburrido… yo te habría llevado al Inframundo… te habría puesto en aquel juego, “Zephyr”. Lo amo… es uno de mis favoritos…pero bueno… es lo que hay ¿no? De todas formas…no te irás de este mundo sin haber pasado por allí… te aseguro que te entretendrás más de la cuenta – dijo acompañado de carcajadas. Mostrando sus enorme dientes filudos. Aniel seguía callada. – Bueno… creo que ya no tenemos nada que hacer aquí… estaremos rondándote, Aniel … y cuidadito con volver a cometer algún otro error, porque en ese caso, Eliott no estará a cargo de tu desafortunado destino…
Desaparecieron de la misma manera en que habían hecho su llegada, dejando a la vieja mujer mirando el suelo, rogando que Caliel pudiera ayudar a Emily sin la intervención de ningún demonio.
Diana Crown
Caliel se paraba a los pies de la cama de Emily y la observaba por largo rato tratando de encontrar la respuesta en su rostro. Emily también lo miraba a los ojos, y cuando se provocaba este contacto visual, el joven desviaba la mirada. Se llevaba así largo rato.
- ¿Qué pasa ahora, Caliel? ¿Esa persona te ayudó o no? – preguntaba Elizabeth al verlo desconcertado.
- Creo que si… - decía sin dejar de ver a Emily.
- ¿Cómo que crees? – le volvió a preguntar Elizabeth.
- Deja concentrarme… - le dijo Caliel comenzando a perder la paciencia.
Lo noté nervioso. Como si de verdad no supiera que hacer. Emily pronunciaba su nombre cada vez que volvía a ser ella, y todos quedábamos sin habla, como si ella estuviera soñando algo realmente espantoso que implicaba la presencia de Caliel.
Éste notaba que cada vez que Diana, Elizabeth o Nathalie tocaban la piel de Emily, esta se calmaba o por lo menos dejaba de quejarse. Luego recordó la lluvia que caía afuera. Ya lo tenía.
- Padre Erick… necesito que salga de esta habitación y vaya a la capilla a rezar o hacer, cualquier cosa… me da lo mismo. Ni se le ocurra entrar aquí hasta que yo se lo diga – le dijo Caliel, a lo que el sacerdote accedió de inmediato.
Las demás no perdían de vista los movimientos que el joven hacía por la habitación. Fue por unos libros, y luego regresó a los pies de la cama de Emily otra vez.
- ¿Qué necesitas que hagamos, Caliel? – le pregunté al verlo con cara de confusión.
- Necesito que la tomen de las manos. Solo que por lo menos toquen algo de su piel… y luego debemos… - parecía que la idea se le había acabado. Le echó un vistazo a la ventana y de paso a la lluvia caer.
- ¿Quieres… agua? – le preguntó Elizabeth, suponiendo de que el baño, la tina mejor dicho, no era un lugar adecuado ni tampoco amplio para hacer el ritual.
- Creo que lo mejor es que la saquemos al patio… y realicemos esto ahí a fuera – dijo asomándose por la ventana.
- Pero… ¿Qué pasará si ese demonio escapa? Hay gente por estos alrededores – le dijo Nathalie.
- Lo sé… pero ya no se me ocurre nada más que hacer. No sé si esto resulte, pero prefiero intentarlo a que Emily siga sufriendo así…
La desesperación se le salía hasta por los oídos. No tuvimos otra opción más que llevarla afuera, cerca de los árboles y el pasto, y dejarla mojarse un poco. Todos lo hicimos.
- Nathalie… necesito que mantengas esto controlado… me refiero a que estamos en tierra, y es más fácil para ti—
- No te preocupes, Caliel… se que hacer… - le dijo Nathalie estrujándose el mechón de pelo crespo que tenía en la cara.
Cuando sentimos un sonido extraño y ronco desde el pecho de Emily, reaccionamos. Comenzaba a aflorar el demonio que estaba en su cuerpo. Caliel comenzó el “exorcismo”. Parecía que, al principio, no ocurría nada que nos diera esperanza. Emily se reía con esa risa macabra y comenzaba a mover sus ojos rojos hacia todos lados. Caliel hablaba en latín, luego en otro idioma al cual no le puse mucha atención, y luego en español. Lo único que veía ocurrir, era un grito estruendoso de la boca de Emily, que permanecía arrodillada, con los brazos alzados donde le manteníamos las manos tomadas.
- ¡No me iré de aquí nunca! – dijo el demonio.
- ¡Sal de ahí, demonio! ¡Te lo ordeno! – decía Caliel.
Durante ese juego de palabras, me sentí totalmente inútil. Quería poder hacer algo con todo esto. Si bien, Emily no era mi amiga, aún, nadie se merecía lo que le estaba pasando. Hice pasar una fuerte ráfaga que nos despeinó a todos. Emily dio un grito.
- ¡Basta! – decía el demonio, que comenzaba a perder la paciencia.
- ¡Caliel, dame tu mano! – le dije. Se me había ocurrido una idea, per al parecer, no era la única. Caliel me dio su mano.
Estábamos todas formando casi una ronda, incluyendo las manos de Emily. Caliel sintió de repente como el poder, la energía que le entregábamos subía por su cuerpo. Todas hicimos lo mismo, y él lo entendió. Pero antes de soltarnos, nos dimos cuenta de que ya no llovía, por lo menos bajo nosotros. La lluvia estaba retenida encima sólo en el lugar donde estábamos paradas.
- ¿Qué es lo que pasa? – decía Nathalie sin entender nada, al igual que yo.
- ¡Es él! – dijo Caliel, señalando al demonio, quien por Emily, se reía a carcajadas sin parar.
- ¡Terminemos con esto de una vez! – dijo Elizabeth.
Nos soltamos de la mano, sin soltar a Emily, y Caliel, con su colgante que llevaba consigo todo el tiempo, el cual era una especie de rosario, se acercó a al demonio.
- Te digo altiro, que no será tan fácil echarme de aquí… - le dijo éste mirándolo con ojos desorbitados y rojos.
- Creo que lo será… con ellas aquí será más fácil llamarte idiota, idiota… - dijo Caliel sin dejar de mirarlo a los ojos también. Ya no tenía miedo. Aquello fue lo que falló en los planes del demonio. El que ninguno de nosotros temiera más, fue su punto débil.
La lluvia caía más fuerte a nuestro alrededor, sin mojarnos. Al momento en que Caliel tocó la frente de Emily con su mano y el rosario, Elizabeth, Nathalie y yo lo hicimos también. Fue como colmar la resistencia del estúpido y hacer que se rindiera sin prejuicios.
Ya me había acostumbrado a los gritos que lanzaba de vez en cuando, pero el último no fue menor, más si venía acompañado por toda el agua acumulada sobre nosotros que cayó en seco, mojándonos por todas partes. Aquel acontecimiento hizo que nos alejáramos todos de donde Emily se encontraba arrodillada, terminando empapados sobre el pasto y el barrial que se había formado. Había sido como una gran ola de mar, de esas que solo un gran surfista puede esquivar.
Quedé impresionada con la cantidad de metros que había sido arrastrada a la izquierda de Emily. Eran casi unos seis, solo con el poder del agua caída.
Lo primero que hice fue limpiarme la cara, tratar de secármela, y luego miré a mis espaldas bajo la noche. Todos estaban bastante más alejados de donde Emily se encontraba, pero sin más ponerle preguntas y dudas a la situación, me dirigí arrastrándome hacia ella. Estaba tirada en el suelo, toda mojada, embarrada y sucia, pero lo bueno, fue que ya tenía la expresión de antes, estaba de su color otra vez, su cabello volvía a ser más azul y más largo. Sus ojos no los logré ver, ya que al parecer estaba desmayada o algo así. No me di ni cuenta cuando Caliel llegó a mi lado y la tomó entre sus brazos.
- ¿Está bien? – le pregunté.
- ¿Emily? Emily… - le decía él. Las otras dos llegaban a acompañarnos.
- ¿Cómo está? – le decía Elizabeth tratando de ver el rostro de la dormida.
No tardó en que sus preciosos ojos celestes, y a veces azules intensos, iluminaran la cara de cada uno de los que estábamos allí. Lo que sentíamos en ese instante, era lo que verdaderamente un ángel debía hacer sentir, tranquilidad, felicidad, amor por sobre todo, alegría, una calidez interna, una paz interna.
Lo que ocurrió aquella noche fue algo sumamente peligroso. El demonio salió exitosamente del cuerpo de Emily, pero escapó del lugar sin saber nadie hacia donde se dirigía. Emily despertó como si fuera alguien nuevo, haciendo que esa sensación se transmitiera a las demás. No fue fácil aceptar lo que le había ocurrido. Aún recordaba esas horribles visiones que le hacían perder el control, o esas heridas que se ocasionada ella misma, y que nadie nunca supo, ya que no quedaba marca de ninguna en su piel.
Todo esto les sirvió a los Ángeles a hacerse personas más fuertes, más perseverantes, más valientes y más fuertes. Ahora sí caían en la idea de que el enemigo era mucho más fuerte de lo que se imaginaban, y que no podrían derrotarlo si no trabajaban juntas. Les esperaba un larguísimo camino que recorrer, lleno de dificultades y tristes momentos, pero sólo esos tristes momentos eran los que las hacían crecer para Ángeles, y no retrocederlas a simples humanas.
FIN DE LA PRIMERA PARTE ;D
martes, 6 de enero de 2009
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