Se reunieron todas en la capilla casi al mismo tiempo. Comenzaban a acostumbrarse a que tal hora estuvieran listas para salir a cazar a los demonios. Hoy, sin embargo, tenían lugares asignados que tenían que vigilar, de acuerdo a una lista que Caliel había escrito. Saint, por ejemplo, estaba limpio casi del todo, por lo que quedaba ahora los alrededores de Olidata, Garamond, Lathalia, y otras ciudades. Por supuesto, no sabían del callejón oscuro en el cual se refugiaba Eliott y los otros demonios. Valkyria se había encargado de eso.
- Ya… Nathalie, tú vas a la ciudad de Olidata. El centro más que nada. Elizabeth y Diana van al cementerio…
- ¿Al cementerio? – preguntó Elizabeth.
- Si… creo que es donde hay más energía en las noches, y como el de Garamond es grande, es conveniente que vayan dos de ustedes.
- Yo lo encuentro genial… - dijo Diana con una sonrisa.
- Bueno, y Emily… es bosque de Lathalia.
- ¿Qué? No… creo que es más justo que Nat vaya ahí… ella sabe todo eso de la tierra… es decir, obvio… es tierra… - dije mirando a Caliel.
- Es mejor que te manejes en todos lugares, Emily… así que te encargarás del bosque sí o sí.
Emily asintió con la cabeza rendida. Antes que salieran, Nathalie se acordó de una idea que había compartido con Diana en la tarde de ese día.
- Caliel… quería saber si podíamos… bueno, ya que todas las noches salimos a hacer nuestro trabajo, y ahora que tenemos ropa nueva y linda…
- ¿Quieren un traje especial para parecer superhéroe y pelear contra los “malos”? – dijo Caliel,
- Jajaja… si – dijo Nathalie.
- Ah… eso se me olvidaba contarles. ¿Ustedes oyeron la historia de los Ángeles que existieron hace un tiempo, verdad?
- Si, el Consejo nos la contó – dijo Elizabeth.
- Me lo imaginaba, en fin… se decía que esos Ángeles, cuando se ponían a combatir contra los demonios, usaban una ropa blanca como telas transparentes que caían desde sus brazos, con una manga al descubierto de su hombro derecho, para dejar ver el sello. Según lo que decían los libros, era como un vestido corto por delante y largo por detrás, con caídas disparejas y sin espaldas para dejar salir sus alas, y zapatos blancos parecidos a los de una bailarina. La gente que las veía, decían que parecían novias, y que cuando el viento elevaba aquellas telas, se veían como danzantes en el aire al igual que cuando volaban, pareciendo unas verdaderas palomas blancas. Al sol, se tornaban de muchos colores trasparentes, sin nunca perder el blanco, parecidos a los de un prisma. Eran realmente hermosos…
- Que… encantador – dijo Diana, refiriéndose a los zapatos.
- ¿Y qué tiene que ver eso con nosotras? – dijo Emily.
- Que cuando estén en un proceso más desarrollado de ser Ángeles, sus ropas aparecerán solas al momento en que quieran pelear. O al menos eso he escuchado de otros guías como yo, que entrenan Ángeles ya desarrollados casi completamente.
- ¡Tendremos trajes de superhéroe! – dijo Emily un poco entusiasta y sarcástica.
No conversaron más y en cinco minutos estaban afuera listas para dirigirse al lugar que les había tocado. Antes de salir, Caliel llamó a Diana a su lado para conversar un tema serio.
- Diana, he estado preocupado por… - dijo Caliel sin termina su idea.
- ¿Qué pasa? – preguntó Diana.
- Necesito que hagas aparecer tus alas lo antes posible. Ya no podemos esperar más. Mañana llegan los otros Ángeles y… debes estar casi completa, y a casi completa le llamó con vuelo, ¿me entiendes?
- Caliel, yo… de verdad que lo he intentado, pero no puedo… no sé qué es lo que me pasa… no es que me da miedo, pero… no se… - Diana se corría la mano por la cara, lamentándose por algo que ya debería estar resuelto.
- Por favor, Diana… si no las tienes para mañana, lo entiendo… pero debe ser dentro de esta semana, por favor…
- Sabes que lo entiendo… es sólo que no se… - Diana dio un suspiro para calmarse. El tema la hacía débil de vez en cuando, ya que para ella era como tener zapatos sin saber caminar. Sabía todo lo que tenía que hacer, pero al momento de arrojarse al vacío, algo la detenía, y no se daba cuenta, de que era ella misma. - ¿Qué es lo que tengo que hacer?... Dime…
- Sé un ángel – le dijo Caliel mirando sus ojos, y luego dándose la vuelta a la entrada a la capilla como despedida. Diana quedo parada mirando el suelo, algo presionada, pero sabía lo que tenía que hacer. No servía de nada ser mitad ángel, si iba a serlo incompletamente. Se reunió con las demás luego de unos segundos.
Mientras, cuando Emily vio entrar a Caliel por la puertecita de la capilla, se acercó a Natalie y le dijo:
- Nat, por favor… ve tú al bosque y yo me encargo de la ciudad…
- ¿Por qué tienes tanto miedo del bosque?
- No es que tenga miedo… pero quiero saber cómo está la Olidata… verla de nuevo, no se… cuando a mí me toque ir a la ciudad, te cederé el lugar ¿si?
- Bueno, bueno…
Nathalie parecía no muy contenta con el intercambio de lugares, pero no se hacía problemas por esas cosas. Sacaron sus alas y se perdieron entre las nubes.
- ¿Dónde fueron? Noté que no todas iban al mismo lugar… - se dijo Scarlette a sí misma. Theo volvía de la otra manzana en donde se mantenía lejos de la capilla.
- Ahí viene Aarón – dijo Theo acercándose a la calle.
- ¡Hermano! ¿Dónde van?
- Se separarán… esto es bueno… iré a avisarle a Eliott. Mientras estén separadas es mejor.
Nathalie Denat
Empezó como una noche aburrida. Llevaba más de dos horas ahí y no pasaba nada. Había dado la vuelta al recinto unas cuatro veces y no había encontrado nada extraño, hasta la quinta vuelta. Era como un camino que había sido marcado por alguien que seguramente había pasado por allí, con flores y plantas secas y algunas como si se hubieran quemado, el pasto estaba amarillo y negro en otras partes, los árboles grandes no tenían hojas y estaban negros también, como si se hubieran incendiado. La naturaleza estaba totalmente muerta en aquel camino.
Caminé por ahí hasta que se acabó lo feo y muerto del bosque, y luego seguían las plantas verdes y flores de colores. Me costó casi treinta minutos en arreglarlo todo, n que todo volviera a ser vivo otra vez, pero ese tiempo hubiera sido más largo si los gnomos no me hubieran ayudado. Los gnomos – mis sirvientes – eran elementales de la tierra que manipulan las energías etéricas del planeta. Al igual que Diana, cuando me dijo que había tenido uno que otro contacto con lo silfos, yo tuve contacto con los gnomos cuando comencé a usar mis poderes para revivir a la naturaleza de ese bosque. Se dice que son muy difíciles encontrarlo, pero para mí no tuvo nada de dificultad, ya que ellos se presentaron solos alrededor del camino. Su forma, sin embargo, era totalmente diferente a la que yo creía, ya que yo los igualaba con los duendes. Lo gnomos no tenían forma. Eran como un aire de color verdusco que se paseaba por mis alrededores y que me ayudaban a arreglar el camino quemado y seco. A veces, me parecía verlos de forma humana, muy hermosa, pero a la vez borrosa y sin nunca perder su color. Se refugiaban dentro de algunos árboles y bajo la tierra, y algunas veces se encontraban dentro de las piedras. Leí en un libro una vez cuando era más pequeña, que eran fabricantes de piedras y rocas, minerales radioactivos y hasta piedras preciosas. No me quepo duda de eso, ya que cuando se escondían dentro de los arboles, estos estaban llenos de piedras de distintos colores, de distintas formas, de distinto aroma. Era una de las cosas más hermosas que habían vistos mis ojos.
No sabía de su existencia hasta esa noche. Diana me dijo que Caliel le había dicho que todas teníamos elementales que nos ayudaban cuando se los pedíamos. Sin embargo, aquella noche no pedí ayuda y llegaron solos a darme una mano. Saqué una conclusión acerca de ello, como una presentación de quienes en verdad eran los gnomos. No les hablé ni tampoco lo escuché decir algo, sólo los observaba trabajar, dándoles alguna sonrisa de vez en cuando.
Quedé totalmente impresionada con su presencia, que aun cuando se fueron, pensaba en ellos, en qué serán en realidad, en qué pensarán al ayudarme, cuanto vivían, como sobrevivían, etc.
Me quedé un rato parada en un árbol gigantesco, porque había escuchado un ruido extraño a unos metros de mí. No eran los gnomos, de eso estaba segura. De hecho, hubo un trance en que no me sentí bien. Me sentí ahogada y sin fuerzas. Apoyé mis rodillas en la hierba mojada de la superficie y comencé a mirar por entre los troncos más allá. Mis ojos ya eran verdes otra vez. Coloqué mi mano derecha en el tronco del árbol anteriormente señalado y comencé a escuchar.
Claramente no estaba sola. Traté de captar el lugar exacto en donde estaba el individuo escuchando a través del roble, hasta ubicarlo. Corrí una gran distancia hasta toparme con algo que me dejó con la boca abierta. Era otra vía con toda la naturaleza muerta otra vez. No recordaba ese lugar. Yo había dejado todo limpio, todo con vida de nuevo. No entendía o que pasaba. Me di un par de vueltas por ahí, hasta que en un instante me topé con el que supuestamente hacía todo esto. Lo quedé mirando y de inmediato se me vino a la mente una persona cuando comencé a describirlo. Cabello rubio intenso, vestimenta de jeans con chaleco negro y botas con correa y hebillas. Algo era diferente. Sus ojos ya no eran café ni algo parecidos, eran completamente rojos como los de un demonio, aunque no se parecían en nada a los de su especie. La respiración no me bastó para seguir mirándolo por mucho tiempo.
- ¿Quién eres? – le pregunté respirando agitadamente sin saber el por qué.
- ¿Eres un ángel? – me dijo frunciendo el ceño y alejándose un de a poco.
- Como… ¿cómo lo sabes? – le pregunté. Estaba completamente impactada con aquel encuentro. No sabía por qué él sabía lo que yo era, pero pude deducirlo por su apariencia que me decía que no era un simple humano. Quizás, mitad demonio.
- Ángel… del elemento Tierra… - dijo alejándose cada vez más.
- Espera – le dije acercándome a él. Me vino un dolor de cabeza terrible.
- ¡No te acerques! – me dijo colocando una mano.
- ¿Cómo sabes quién soy? ¿Eres un demonio? – era la pregunta más estúpida que había hecho en mi vida. Si era uno no lo preguntaba, solo estiraba mi mano derecha y le decía adiós. No le hice caso y me acerqué a él preparando mi palma.
- No te acerques más, o lo lamentarás… - me dijo deteniéndose un par de metros lejos de mí.
No entendí porqué si él era un demonio, no sentía ese sentimiento que me venía cuando estoy a punto de absorberlo. Parecía que estuviera hablando con una persona común y corriente. Sin embargo no sentí su presencia hasta que apareció detrás de mí y eso solo me pasaba con los que eran mitad demonio, mitad humano. Si era un demonio, ¿Por qué no supe el lugar exacto donde estaba sin la ayuda de mi súper comunicación con los árboles?
- ¿Qué me harás? – le dije caminando hacia él soltando una risotada satírica.
- Ya te lo he advertido… - dijo quedándose quieto.
- ¿Quién eres? – le volví a preguntar cuando ya estaba en frente de él, lo bastante cerca para quitarle su demonio si era mitad humano, o absorberlo como fuese si era cien por ciento demonio.
Pero no podía siquiera estirar mi brazo, mi respiración se agitaba cada vez más y mis fuerzas desaparecían. Caía de rodillas y apoyé las palmas. Cuando hice este movimiento, no estaba tendida en pasto verde. Levanté la cabeza para observar que por donde había caminado persiguiéndolo, todo estaba hecho polvo, todo seco, todo quemado, como la otra área en la que había trabajado. Alrededor de él, había un aura demasiado extraña, demasiado oscura, que raramente no irradiaba maldad ni nada por el estilo. A sus pies, seguía carcomiéndose la tierra, y a los míos, intentaba florecer nuevamente, pero apenas. Mis ojos se volvieron borrosos y no podía ver bien.
- Te lo dije… - me dijo alejándose y perdiéndose entre los arbustos cuando yo estaba apenas con aire en mis pulmones. Reposé la cabeza en el pasto seco y me quede ahí un rato, tratando de calmarme y descansando mi corazón, que latía a mil por minuto.
Necesitaba una pizarra y un plumón para que me explicaran lo que había sucedido. Saqué mis propias conclusiones cuando estaba bien, por lo menos para pensar. Él era un demonio, quizás mitad humano, ero tenía la maldad en su cuerpo, aunque sin embargo, no la comunicaba, tampoco comunicaba miedo ni pánico, nada. Eso era lo único que me hacía dudar. Lo otro era, la extraña reacción que el entorno tenía a su pasar, claramente contraria a la mía. Éramos como dos polos opuestos.
Diana Crown
Había estado con Elizabeth hasta unas horas antes del amanecer en el cementerio. Era muy notoria la energía que emitía cada tumba, algunas no emitían nada, y otras eran bastante positivas. Sin embargo, hubo un par de luchas no insignificantes que pudimos solucionar ambas. Creo que también nos sirvió para conocernos aún más. Y me alegré por ello, ya que había encontrado en Elizabeth una amistad hermosa y sana. Tenía mucho sentido del humor y era sincera en sus sentimientos y pensares, y esas características fueron claves para que me uniera más a ella, quizás, más que con Nathalie. Aun así, llevamos más de dos meses juntas, de día y de noche, a toda hora, y era un tiempo importante para darme cuenta de por quienes valía la pena seguir con esto, aunque nunca me arrepentí de haberme hecho ángel. Había encontrado verdaderas amigas, aparte de Alan, quien también fue importante para mí desde que me ayudó a salir de la nada. Cada día que podía, y por supuesto él también, iba a verlo a su casa. Ahora nos habíamos distanciado un poco, ya que había entrado a la universidad nuevamente a estudiar medicina. No podía creer que alguien tan simpático y noble estudiara medicina, una de las carreras más cerebradas de la vida. ¡Odio la ciencia!
Hubo un instante en que no percibí más las energías demoniacas que nos rondaban hasta cierta hora. Supuse que todo había terminado, ya que el sol estaba por salir, así que en tanto me vi sola, me escabullí por el portón de reja de diseños negros, y me dirigí hacia la ciudad central de Garamond. Me sentí un poco atestada ahí, con tantos muertos, aunque me gustaba el cementerio. Además, nunca encontré a Elizabeth de cuando fue a revisar los baños. No volvió, pero tampoco se me ocurrió preocuparme. Solo me dije “adiós”.
Estaba un tanto alejada de la ciudad, pero no me perdí. Era viernes y los locales no cerraban temprano, la verdad, solo algunos. En todo caso, no tenía la más mínima intención de ir a ellos, si no de subirme a un edificio cualquiera para poder al fin sacar las malditas alas. Era un asunto que ya me sacaba de quicio, sobretodo porque me sentía inferior a las demás, mas aun si llegaban otros Ángeles, supuestamente más evolucionados que nosotras, a ayudarnos. Probablemente, lucharían a nuestro lado, y si en algún instante había que escapar – aunque no lo veía muy, muy remoto – no me tiraría de más de cien metros o en donde estemos, para chocar contra el piso, y hacerme puré de Diana.
Subí por las escaleras. Al parecer, era una torre de trabajos tecnológicos de software, fue la primera que encontré. Aunque eran casi cincuenta pisos, mis piernas no se cansaron fácilmente, me sentía más ágil y con más resistencia.
Al llegar a la terraza del último piso, corría un viento helado y furioso. Seguramente donde era un lugar alto y las noches allí eran frías. Dejé la puerta junta, sin cerrarla del todo, y me acerqué a una esquina con pasos lentos y cortos. No podía mirar hacia abajo. Me daba vértigo, pero estaba segura de que eso no era lo que me detenía. Tenía que empezar a acostumbrarme, así que me sentí con las piernas colgando, y miré por largo rato mis calcetas largas y negras, acompañadas de unos zapatos “chinitas”. Por supuesto, llevaba la falda nueva y una polera nueva también. Al cabo de unos segundos, el frío se me había quitado, así que solo me faltaba acostumbrarme para luego parecer una niña suicida en lo más alto de un edificio de software. A propósito de suicida, saqué de uno de mis bolsillos, una navaja de mango rojo y deteriorado que había encontrado en el suelo del cementerio, cerca del lugar donde se guardaban las cosas para limpiar las lápidas y las tumbas. Comencé a analizarla y luego vería que hacer con ella.
Emily Thompson
Fue una de las noches más aburridas de mi vida. No hubo acción ni nada por el estilo, ni siquiera por que fuese el centro de Olidata, el cual era bastante activo a esas horas de la noche. Fueron solo un par de demonios rojos en algunas callejuelas oscuras y nada más. Comenzaba a aburrirme y lo único que se me ocurría hacer era caminar por las veredas, mientras me trenzaba el pelo a un lado de mi hombro izquierdo. No ocurrió nada, por lo cual no tengo mucho que decir.
Diana Crown
Cara herida que me ocasionaba en la palma de la mano izquierda, no duraba mas de unos segundos sangrando, para luego hacerse piel otra vez. Además, cuando la hoja pasaba por entre la carne, no sentía gran dolor como antes, y sentía miedo de quedarme sin sentimientos como había dicho Caliel una vez. Sentía que ya empezaba mi desarrollo hacia ser ángel, y partía con este insufrimiento a las heridas. Por un lado lo encontré genial, es decir, herirme sin lamentarme, sin cicatrices, sin nada, era algo fuera de lo normal. Me había quedado pegada en aquella hazaña, recordando cosas, respondiendo preguntas, llamando a la melancolía. No me percaté de que había subido al edificio para otra cosa.
Ya me había acostumbrado a la altura, ahora solo me faltaba pararme y tirarme como la primera vez. Aunque claro, no era tan fácil, ya que como dije anteriormente, había algo impidiéndolo, y no me daba cuenta de lo que era. Reaccioné recién cuando una voz femenina me llamó no por mi nombre, pero si por mi elemento. No la sentí llegar para nada.
- Hola, ángel del viento… - me dijo.
Me di vuelta sin haberme puesto de pie, fue un impulso el mirarla sin estar preparada como siempre. La voz me era familiar, pero aun así, necesite de unos segundos para reconocer a Scarlette.
- Scarlette… - dijo mientras me apoyaba en la superficie para pararme.
- Te veo… sorprendida.
- Es que… ¿sobreviviste? No puedo creerlo…
- Así es.
- Supongo que con ayuda de alguien, pues un demonio tan mediocre como tú y tu hermano no tiene la capacidad que algunas poseemos… - me rei un segundo al decir esto. No tenía miedo.
- Tus palabras me rebotan, ángel…
- ¿Has venido a matarme?
- ¿Matarte? Ojala se pudiera cumplir eso… pero eres… prácticamente inmortal.
- Gracias por el cumplido… lo que tú digas.
- Sin embargo, sabes que mi aparición se debe a otra cosa – dijo sin que yo entendiera de lo que hablaba. Parece que se dio cuenta y siguió su idea. – Generalmente, me llaman… los sentimientos negativos de las personas, el sufrimiento, la pena, la ira, la frustración, la melancolía… y creo que estas emociones con claramente algunas de tu personalidad… - sabía que Scarlette no se equivocaba se acuerdo a lo que yo sentía hace unos minutos, pero no caería tan bajo dejándome intimidar por ella.
- ¿Qué es lo que quieres? – le dije cambiando mi expresión totalmente.
- ¿Ves que tengo razón? – dijo dando una risotada que me hizo subir los humos a la cabeza.
Estaba preparada para lo que se viniera. Seguramente tenía algún poder nuevo al igual que su hermano, como nos contó Nathalie, y era más probable si Eliott la había salvado.
- Quiero jugar… - me dijo sonriente.
- ¿Un juego? – pregunté, un poco idiota.
- Si… mejor dicho una pelea… un combate.
- ¿Combate? – dije casi riéndome en su cara. Me dio algo de risa su idea. – ¿Y quién ganará? Porque… tu misma lo has dicho, soy casi inmortal… ¿de qué te sirve pelear con alguien que sabe que no puede morir?
- Nadie ha dicho que la pelea es hasta morir…- al decir esto, se me fue la sonrisa notoriamente y la mire extrañada. – La pelea es hasta que tú puedas escapar de aquí…
- ¿Escapar? No entiendo…
- Vamos… ambas sabemos que no puedes escapar de aquí al menos que sea volando, lo cual es imposible ya que todavía no has sacado tus alitas ¿o me equivoco?
- ¿Quién dijo que era la única salida el salir volando? – dije mirando la puerta de la terraza que había dejado medio abierta. Ella ni siquiera la miró, solo hizo un gesto con una de sus manos, ocasionando el cierre escandaloso y terminal de la puerta, hasta con el pestillo.
- Ahora sí lo es…
- ¿Y quién te dijo que yo quería escapar? Podría divertirme contigo, mientras las heridas que tú me hagas se regeneran en menos de tres segundos.
- No creas que el que tengas esa ventaja te hace más fuerte, ángel…
Hizo unos movimientos raros con sus muñecas y luego puso su mano derecha en su costado, donde tenía una marca extraña tatuada en su piel. Yo di algunos pasos hacia atrás quedando a solo centímetros de la caída, y cuando volví mi mirada, en un par de segundos, sentía ese dolor de quemadura en mis muñecas y tobillos. Lo primero que hice obviamente, fue mirarme las manos, y efectivamente, tenía atadas a las muñecas cadenas rojizas de tanto arder, tan calientes que casi se fundían y se hacían lava. También había en mis tobillos. El dolor comenzaba a aflorar y era distinto, porque ahora no podría regenerarse de inmediato mi piel, ya que aquellas cadenas estarían ahí un largo rato, o al menos eso pensé.
- Ahora no podrás escapar…
- ¡Nadie te ha dicho que quiero escapar! – dije entre quejidos por las quemaduras. Ardían demasiado, en todo momento.
- Ay, perdón… ¿te duelen? – dijo irónicamente, y creo que eso ya no lo pude soportar.
- ¡Jódete!
- Esto va a hacer interesante… y muy divertido…
- ¿Divertido para quién? – dije mirándola justo cuando mis ojos se tornaron lilas intensos, que casi llegaban a violetas eléctricos.
- No me das miedo…
- Eso lo veremos – dije sin haber soltado aún la navaja de mi mano derecha, pero la cambié de palma para defenderme de aquella loca.
Invoqué un remolino que la envolvió y que casi la levante del suelo para llevársela lejos, sin embargo, mientras de defendía con sus manos, tiró de las cadenas con tal fuerza, que me arrastró hacia ella, quedando tirada a unos tres pasos de sus piernas. En tanto me vio, sonrió maquiavélicamente y sus ojos se pusieron color rojo brillante.
- ¡Ahí estas! – y en tanto decía esto, colocaba su mano derecha arriba de su cabeza en forma de copa, para finalmente hacer aparecer un arma parecida a la de una espada, pero más pequeña. Quizás era un tipo de sable, que seguramente iba a clavar en mis sesos.
Por supuesto antes de que lo hiciese, me escapé rápidamente, que con la fuerza con la que llevaba el arma, pudo haber partido el edificio en dos, sin embargo, hizo una rotura más o menos grande, que bastaba con decir que la mitad del sable quedó metido entre el piso de nosotras y el techo del nivel cuarenta y ocho. Milagrosamente, las luces de éste estaban apagadas, por lo que no había trabajadores allí. Comenzó la lluvia que hace varios días no caía.
Me aparté unos metros de ella y mi remolino dejó de existir. Cuando me volteé a mirarla, me había lanzado su arma junto con un grito de enojo que más tarde su eco se escuchaba en mi maldito oído. Corrí la cara, a la cual venía directo el sable, y solo me hizo un rasguño en la mejilla derecha, que sangró un rato y luego ya no había nada más que la sangre emergida. Su arma había quedado clavada en la superficie a unos metros de mí, e intenté tomarla. Me apresuré y cuando puse mmi mano sobre ella, unas llamas rojas del mango y la punta del filo surgieron como un incendio arrojándome otros metros hacia la izquierda.
- Jajaja… estás loca si piensas que puedes tomar el arma de un demonio – me dijo mirándome mientras caía. Las muñecas y los tobillos aun me ardían lo suficiente. Iba perdiendo fuerza.
Alzó su brazo con sus dedos extendidos para sacar el sable de donde estaba y hacerlo flotar ligeramente hasta su mano. Me dio un tirón debido a las cadenas y mientras era arrastrada hasta ella, colocó la punta de su arma blanca apuntándome al rostro. Fue en cuestión de microsegundos en donde tenía que pensar en cómo hacer que no introdujera aquel filo entre mis cejas, primero porque tardaría en regenerarse, y segundo, porque dolería un montón.
No fue mucho lo que pude hacer, pero sirvió de algo. Levanté mi mano derecha hacia el cielo, e inmediato bajó una ráfaga de viento tan poderosa como la de un huracán que se interpuso entre Scarlette y yo. Fue como una barrera solida que me protegió sin duda de esa loca, y que al final, nos impulsó a ambas hacia atrás. La lata fue que como estaba atada a las cadenas que ella tenía en su poder, me llevó con ella cuando salió disparada de espalda. Parecía un maldito juguete, y ya me empezaba a cansar del juego. Se puso de pie en cuestión de segundo y ya estaba al otro lado observándome.
- Esto se pone bueno ¿verdad? – me dijo mientras yo apoyaba mis pies con un gran dolor. Lo único que hacía era quejarme de las quemaduras que tenían mis articulaciones.
- Basta de juegos… acabaré contigo – dije haciéndome la valiente.
Por lo menos me pude parar y ponerme en guardia.
- Veo que no eres tan fuerte como dices… - dijo Scarlette.
Traté de no escucharla, y me volví a agachar para poner mi palma con el sello en el piso. En tanto me vio se preparó para agitar las cadenas, pero ya era tarde, pues mi ataque había sido exitoso. De un diámetro a su alrededor, salió una especie de viento lo bastante poderoso como para arrastrar a mas de una persona, más no la movió ni un centímetro. Solo se veía su cabellera rubia y ondulada agitarse por el aire, mientras yo me acercaba hacia el suceso. Ella solo daba gritos, pero al parecer se mantenía quieta y sin hacer siquiera un movimiento de su arma. Al menos mientras me acercaba no hacía nada.
Cuando estuve a pocos pasos de ella, el sable salió en mi dirección de forma inoportuna sin que yo me alejara lo suficiente como para que no me tocara. Hirió mi cintura por la izquierda y caí al suelo con más dolor del que imaginé que sentiría. Mi supuesto “huracán” a su alrededor dejó de funcionar.
Elizabeth Prett
Miré hacia ambos lados de la callecita del gran cementerio de Garamond. No la veía por ninguna parte. Me decía a mí misma “ella ya está grande y sabe lo suficiente como para mantenerse con vida, ¿Quién no sobrevive con los poderes que tiene? Aparte de regenerarse… ¿Qué le podría pasar?”. Pero la advertencia que me llegó como una descarga eléctrica la mente no había sido porque sí. Algo estaba pasando con Diana y no sabía que mierda.
Me reuní con las demás. A las afueras del recinto.
- ¿Escucharon? – les dije en tanto las vi.
- ¿Dónde está? – me preguntó Emily.
- No la he intentado buscar – dije.
- Yo si… por aquí mismo en Garamond, por el centro… ¡vamos! Parece ser algo no menos serio – dijo Nathalie. La vi algo más pálida de lo normal, pero supuse que era el color que le daba la noche.
Íbamos casi entrando a la ciudad por la arboleda que había que atravesar, cuando aparece una sombra detrás de nosotras que nos habla con varias voces a la vez. Me di vuelta antes de parar de correr.
- Hola, hola… - dijo él. Aun no podía distinguir quién era, pero nunca lo sentí llegar ni tampoco sentía su presencia en ese instante.
- Tú… - dijo Emily a mi lado.
- Buenas noches… - dijo cuando por fin pude declarar sin equivocación de que era Aarón. – Tiempo sin vernos…-.
- ¿Qué es lo que quieres? – le pregunté casi gritándole.
- ¿Por qué tanta prisa, Ángeles? – dijo, y al rato después, a su lado emergieron llamas rojas con chispas hacia todos lados, de las cuales salió otro demonio, el cual no era mitad humano, ya que podía sentirlo claramente. Tenía, por el contrario, la misma apariencia que Aarón, en cuanto a la edad, la vestimenta, el estilo.
- ¡Te conozco! – dijo Nathalie abriendo sus ojos de impresión.
- De hecho, no… tuve una cita con tu cabeza hace algún tiempo-- dijo Theo.
- ¡Tú! ¡Tú controlaste mi mente aquel día! – dijo Nathalie.
- ¿De qué hablas, Nat? – le preguntó Emily.
- Dejemos las explicaciones para otro día, ¿sí? Por ahora…
Aarón hizo una pausa y nos comenzó a mirar más de cerca. Entonces, fue nuestra oportunidad. Le hablé a Nathalie mentalmente para que fuera en ayuda de Diana, mientras Emily y yo nos encargábamos de esos dos. Emily la miró de reojo junto conmigo, Y Natalie entendió del todo. Sin embargo, antes de que saliera volando, Theo habló.
- No me parece eso justo, Ángeles… - dijo con una sonrisa en la cara. Quedé helada y sin habla ante sus palabras. – Dos Ángeles contra solo un demonio… eso es para cobardes…-.
¿Había leído nuestra mente? ¿Cómo? Se suponía que ellos no podían hacer eso, ni siquiera Eliott, por lo que yo sabía.
- Se me olvidaba decirles que mi amigo aquí presente, es muy bueno con el tema de la telepatía… - dijo Aarón.
- Imposible…- dijo Emily.
- Así que pretendían ir en ayuda de su amiga… Jajaja, no se preocupen, Scarlette debe estar entreteniéndola… - dijo Aarón.
Nathalie se dio vuelta como aprovechando el “blabla” de Aarón para escapar hacia el edificio, pero al mirar a sus espaldas, Theo ya estaba ahí.
- De aquí no se irán Ángeles, eso se los aseguro – dijo el demonio telepático.
Diana Crown
Otra vez el sable estaba a poca distancia de mi cuerpo. Intenté tontamente tomarlo de nuevo, pero fue inútil. Era como si con solo tocar mi piel, activara la tremenda llamarada que tenía dentro de sí y explotara como una bomba. Me alejé un poco con el impacto. Mi herida de la cintura había sanado, pero no así la de mis muñecas y tobillos. El dolor ya se volví insoportable y no sabía si podría resistir por mucho tiempo. Scarlette se acercó a su arma, y la cogió con su mano derecha. Luego, comenzó a caminar en mi dirección. Por alguna razón, supuse que ya no valía la pena luchar contra ella si me tenía bajo mi poder. La única solución al problema era sacarme las cadenas que me ataban y hacían que me usara como títere.
- ¿Qué te pasa? ¿Ya te cansaste? Porque yo no… - me dijo mientras más se acercaba hacia mí.
La navaja que apretaba con mi mano aún permanecía intacta y no la había usado ni por si acaso. Estaba tan confiada en mis poderes que no me acordé que mi contrincante no tenía la misma habilidad que poseía yo, regeneración espontanea. Así que, mi plan fue sencillamente crear una pared de viento entre ella y yo como lo había hecho anteriormente, y lanzarle la navaja por entre ésta.
Primero pensé en que el plan era demasiado sencillo y que no funcionaría, sin embargo estaba equivocada. Scarlette no era tan inteligente como temí que fuese. La hoja de mi arma blanca la hirió justo en una de sus piernas, lo que la imposibilitó en caminar, correr o moverse rápido. Lo sabía porque escuché el grito segundos después que lancé la navaja. La pared de viento se fue. La vi tirada en el piso sacándose la hoja de la pierna ensangrentada y quejándose no menos.
- ¡Maldita perra! – dijo cuando me vio reírme en su cara.
Parece que eso la enfadó más. Cogió su arma otra vez y se lanzó contra mí de manera inesperada. Pero ya sabía que haría eso, por lo cual interpuse las cadenas ardientes entre su sable y mi piel, saltando cada pieza candente al aire, junto conmigo. Me alejé un poco para divisar su rostro. Estaba totalmente furiosa, tan así, que sus ojos eran negros completamente, y dieron paso a la salida del verdadero demonio que vivía dentro de ella.
Su cabello comenzó elevarse sobre su cabeza y a permanecer allí, su rosto empezó a deformarse de a poco y de su pecho afloró un grito de mil voces roncas, entre las cuales, estaba la de ella.
- Mierda – me dije a mi misma. Estaba entrando en su juego, el juego de sentir miedo. Entonces, recordé sus palabras “El juego es hasta que tú puedas escapar”. No me iba a hacer como la que no escuchó, saldría de allí escapando, sin importarme si quedaba como gallina o no. “Vive hoy para luchar mañana”, lo repetí varias veces antes de acercarme al la orilla del edificio.
No quedaba mucho tiempo, antes de que se lanzara contra mí y me comiera viva.
Ya. Era mi oportunidad única de sacar mis alas. Miré para atrás, y no vi nada más que aire, alguno que otro edificio más bajo, el centro en sí, casas, autitos… No podía tirarme. De nuevo algo me lo impedía. Era tan automático, que ya me acostumbraba a pararme frente al vacío, y alejarme de nuevo. Pero luego de lanzarle una mirada a Scarlette, y ver que ya no era más que una flama roja y maligna, no me quedó otra opción. Iba cayendo de espaldas, mientras lo único que iba perdiendo con la mirada, era el demonio que corría hacia mí.
El cielo oscuro que se presentaba con un poco de luz por el amanecer, se hacía cada vez más estrecho, más lejano. Lo perturbaban mis cabellos por ambos lados de mi cabeza que se movían velozmente mientras lo único que sentía mi espalda y luego mi cabeza era el viento chocar contra mí.
No fue mucho el tiempo que tuve que esperar para que desde el fondo de mi cuerpo, sugiera algo nuevo, emocionante y a la vez doloroso.
Lo último que vi desde que caí del edificio de software, fueron plumas quedarse flotando en el aire, tomándose el tiempo de caer y de seguirme. Escapé. Eso fue lo importante. Sin embargo, después de todo, me sentí cobarde por no haber seguido la pelea con Scarlette, aunque toda esa cobardía haya resultado de buena manera. Podía llamarme ahora sí un ángel casi completo.
martes, 20 de enero de 2009
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