jueves, 10 de diciembre de 2009

CAPITULO XXXIII

Sacó una rama bastante agresiva y dura del árbol seco en donde Ziro reposaba, y con mucha fuerza, la hizo penetrar desde la muñeca, hasta su codo izquierdo. La herida se veía exagerada, sobre todo ante las miradas impresionadas de los gemelos, pero concluía que mientras más grande, más tiempo se demoraría en regenerarse.
- ¡Estás… loca! – le dijo Ziro, tratando de evadir la sangre de Nathalie.
- Cállate y acércate…
- No estás segura de que funcionará, Nathalie… - dijo Evan.
- Claro que sí…
- Claro que no. Ziro es un demonio, algo completamente distinto a ti…
- Si nunca probamos, nunca sabremos – dijo Nathalie, siendo
Procuró ser lo más rápida que pude, aunque obviamente no podía controlar su propia curación. Escurrió la sangre por entre unas cuantas heridas de Ziro, y la velocidad con que éstas sanaron, fue realmente notable. No habían pasado ni dos segundos cuando ya estaba la mitad lista.
Ziro se estremeció, como si un escalofrío recorriera su cuerpo entero, y cuando se sintió mejor, ya estaba curado. De hecho, todos sus sentidos mejoraron un cien por ciento, se sentía con más fuerza y energía, por lo que el efecto perecedor de su presencia, no tardó en actuar sobre Nathalie, la cual se alejó rápidamente a un lado de Evan.
- ¿Funcionó? – preguntó éste a su hermano, acercándose a él.
- Creo que… si – dijo Ziro, mirándose las manos. Sus ojos brillaron, por un instante rojizos, y se volvieron a tornar un dorado iluminado.
Evan sintió deseo de abrazarlo, pero se aguantó solo por un orgullo que llevaba dentro hace bastante tiempo, y que había sido imposible sacarlo. A veces afloraba.
Ziro se puso de pie, al instante en que el árbol tras de él se iba marchitando con el pasar de los segundo, ahora cada vez más rápido. Miró a Nathalie, quien se sacudió la arena de la ropa, y se hizo la loca.
- No tenías por que hacerlo… - le dijo mirándola fijamente, a lo que ella le respondió de igual forma.
- Te dije que me sentía en deuda contigo – le respondió.
Ziro se quedó callado, y Evan se dirigió a Nathalie.
- Creo que deberíamos volver…
- Ve tú… necesito hablar con él primero.
- ¿Qué? – dijo Evan.
- Ve tú… necesito hablar con Ziro.
- Yo no quiero hablar contigo, Nat – le dijo Ziro tratando de no ser tan inexorable.
- Pero yo sí… así que—
- ¿Qué quieres que le diga a tu guía? – le preguntó Evan.
- No me importa si no le mientes… dile la verdad.
- Pero…
- Yo lo arreglare cuando regrese, Evan. Por favor…
Evan la quedó mirando un par de segundos, y luego se volvió a Ziro. Éste no había dicho nada, pues no haría cambiar de opinión a Nathalie, así que asintió para que su hermano gemelo se fuera, y los dejara hablar un rato.
Desapareció entre algunas nubes a lo lejos en el cielo, y los otros dos intercambiaron miradas sin decir nada. Ambos estaban serios, y a unos metros de distancia. Nathalie se agarró la polera larga que le llegaba a las caderas, como si estuviera nerviosa, pero en realidad, ni se acercaba a ese sentimiento todavía. Para Ziro era incomoda aquella situación, así que trató de hacerla lo más corta posible, por lo que habló primero.
- ¿Qué quieres hablar conmigo?
- Ya lo sabes… necesito preguntarte algo.
- ¿Qué?
- ¿Por qué te haces el que no lo sabe? Dime… ¿Por qué me salvaste esa noche?
La pregunta fue tan repentina y sin anestesia, que Ziro quedó plantado sin moverse por un rato en el mismo sitio en el que había permanecido desde que se puso de pie. La voz no le salió al primer intento.
- ¿Por qué me preguntas eso? – le dijo como comodín para no darle una respuesta verdadera.
- Necesito saber… dime la razón exacta y sin mentiras. Sabré si estás mintiendo.
- No tendría por qué mentirte, Nat. Fue… un impulso del momento… no lo pensé… - Ziro ya no miraba a la joven. Parecía que estaba más nervioso que nunca, pero no podía ocultar sus emociones con Nathalie.
- ¿Es decir… apareciste de pronto entre mi y Eliott sin darte cuenta? Inventa algo mejor. Por favor, dime la verdadera razón por la cual me salvaste, Ziro…
- ¿Por qué tanta curiosidad? ¿No puedes conformarte con que estas bien y un “muchas gracias”?
- Dime…
Nathalie no se daría por vencida ni se dejaría persuadir por las respuestas sin sentido de Ziro. Sabía que había algo más detrás de aquellas palabras. Ziro la miró a los ojos y se quedó ahí por un momento. Se acercó unos pasos cortos, tratando de mantener su mente en blanco, y luego trató de ser sincero.
- Sólo sentí que debía hacerlo, Nathalie… no sabría cómo explicarte, pero… fue algo que me movió hasta donde tú estabas y… no se…
- Pero… es que tú... tú siempre estás ahí…
Ziro retrocedió sin dejar de mirarla. Nathalie se intentó acercar un poco, para luego terminar de decir:
- Cuando estoy peleando, cuando estoy en problemas, cuando estoy… mal… débil… siempre estás ahí, vigilándome en alguna parte. A veces, si no te veo, te siento… como si estuvieras pendiente de mi todo el tiempo.
- Es una coincidencia de que esté yo cerca cuando estás en problemas o algo así… no creas que estoy pendiente de ti todo el tiempo, Nat.
- Es que así es… y no trates de mentirme, Ziro. ¿Qué te pasa conmigo?
Nathalie trató de ser lo más directa posible con él, sin tampoco dejar a la luz su principal objetivo. Presentía que había un sentimiento más fuerte de parte de Ziro hacia ella, aunque no quería divagar en su cabeza y encontrarse con una sorpresa. Espero a que él se lo dijera con sus propias palabras.
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Qué te pasa conmigo? - Nathalie se acercó lo suficiente para quedar junto a Ziro y tocarle las manos, ardientes como el fuego.
- Mira, yo… - le costó empezar, pues al parecer, el gesto de Nathalie hacia él, le provoco más nerviosismo del que se imaginó. – Eres una persona especial para mí, Nat. Eres... no se, la única que puede entender… lo que soy, como soy… y… que de verdad está interesada en ayudarme, si es que aún hay esperanza. Si algo te hubiera pasado, lo más probable es que me hubiera vuelto lo que no quiero ser… un completo y asqueroso miembro de la Tríada… quien sabe que más…
Aquellas palabras fueron sinceras. Nathalie no sabía si el aliento no le salía por la impresión y el comienzo de sus nervios, o porque el “efecto Ziro” estaba empezando a atacar sus pulmones. El demonio la empujó hacia atrás al ver que se ponía pálida y no le salía la voz.
- Estoy bien… - le dijo la chica. – Yo…
- Será mejor que te vayas. Tu guía debe estar buscándote, al igual que tus amigas.
- Ziro yo…
- Por favor. No pierdas el tiempo.
Nathalie había quedado sin excusas para quedarse. Lo que le había dicho Ziro la había dejado anonadada y sin saber que decir ni pensar. Quizás podría dejar su respuesta para otro día. Caliel podría enfadarse con ella.
Lo miró a los ojos, queriendo decirle algo, pero lo único que hizo fue darse media vuelta y caminar sin rumbo. Al quinto paso, Ziro la detuvo con una despedida.
- Esta será la última vez que nos veremos, Nat.
La actitud de la joven cambio bruscamente y se dio la media vuelta que le faltaba para perderse en los ojos rojizos de Ziro. Aquellas palabras la dejaron totalmente perdida.
- ¿Qué? – le dijo ella.
- Es lo mejor… para ti… para todos.
- ¡No! ¿Estas…? ¿Tienes miedo?
- ¿Miedo de que?
- No se… porque de algo estas escapándote, ¿o no?
- No, Nathalie.
- ¿Por qué no quieres verme más?
- Porque… la Tríada… me perseguirá, tratará de eliminarme… y no quiero—
- Lo que es mejor para mí lo decido yo, Ziro.
Sin escuchar una nueva respuesta del demonio, Nathalie dio unos pasos hacia atrás, para luego darse la vuelta y correr algunos metros, desapareciendo finalmente como lo hizo antes Evan. Ziro quedó con las palabras en la boca, sin arrojarlas al aire. Sabía lo testaruda que era ella, por lo que trataría de buscarlo tan solo para verlo. Claro, que él no estaba muy de acuerdo con su propia suposición. Nunca estuvo totalmente seguro de no querer ver a Nathalie nunca más, pero si quería que ella estuviera bien y protegida, era capa de eso y quizás mucho más.

Emily permaneció en el jardín hasta que sintió alguien acercarse. Había estado pensando en muchas cosas, tantas a la vez que ya ni se acordaba de todas sus memorias. Se asomó por la reja negra y miró a la esquina. Evan había tocado la tierra hacía unos pocos segundos, y entró por el jardín.
- ¡Emily! – dijo al verla luego de unos días como bella durmiente.
- Hola, Evan.
- ¿Ya estas bien?
- Si… eso creo – dijo Emily con una pequeña sonrisa en el rostro.
- ¿Y Diana con Beth?
- Aun duermen… espero que despierten pronto…
- Claro.
- Eh… ¿Cómo está Ziro? – le preguntó ella difícilmente.
- Él… está bien. Mucho mejor ahora que Nathalie lo ayudó a recuperarse…
- Si… lo sabía. Es decir, me lo imaginé…
- Escucha, traté de traerla conmigo, pero no me quiso hacer caso. Dijo que quería conversar—
- No te preocupes, Evan. Nathalie está grande… y se supone que sabe lo que hace.
- Pero… de todas maneras.
Evan se notaba preocupado por Nathalie. Emily se percató de aquello y se acercó un poco. Antes de decirle cualquier cosa, Astrid apareció por la puerta de la capilla, con una enorme sonrisa y dando pasos bailarines hacia Evan. Emily la miró y le sorprendió notar tanta alegría y brillo en sus ojos.
- ¡Evan! ¿Cómo te fue? ¿Cómo está… tu hermano? – le dijo casi innatamente.
- Bien… bien.
- Que bueno…
Era un ambiente incomodo y Emily sentía que debía irse. Esperó unos minutos.
- ¿Qué tal si vamos a dar una vuelta a la ciudad? – le dijo Astrid.
- No lo se, Astrid… estoy cansado…
- Si, lo se… pero puedes distraerte… si vamos por ahí y caminamos… no se… - la joven trataba de disimular su nerviosismo, pero al parecer Evan no lo paso por alto y se sintió un poco obligado a salir con ella.
Miró a Emily como pidiendo su opinión. Ésta solo rió desviando la mirada, a lo que Evan accedió. Salieron juntos por donde mismo había entrado él anteriormente, y se dirigieron hacia Garamond.
Emily entró. Por el resto del día, no hizo nada mas que acompañar a sus amigas dormilonas junto a Aidan, quien aun estaba al lado de Diana. Caliel y Mehiel discutían algunos asuntos dentro de la biblioteca, y Nathalie no llegó nunca a la capilla. Se adentró en algunas zonas verdes de Lathalia, y permaneció allí hasta el ocaso.


* * *


La sexta dimensión, gobernada por demonios y sus derivados, lugar en donde el rey máximo era el mismo Lu, estaba repleta de fiestas, parrandas y diversiones sexuales abiertas a todos los demonios habitantes. Era un lugar de alta temperatura en donde la naturaleza no existía, tampoco las casas, ni el agua. Ni siquiera el día. Parecía que siempre era un atardecer, de esos en que las nubes se ven rosadas, pero en cambio, ahí las nubes eran de un color rojizo y anaranjado intenso, cubriendo un cielo de color negro sin estrellas. Había fuego en todas partes, rocas y tierra seca. Era el lugar en donde oficialmente habitaban los demonios, la Triada, y hasta los mitad demonio, mitad humanos.
Ese mismo día, Eliott disfrutaba de un increíble Redberries en uno de los “locales” más costosos de por ahí. Acompañado, por supuesto, de sus compañero, quienes tomaban el mismo trago, ese trago de color sangre con un toque de negro, haciéndolo más espeso, y mas sabroso. Eliott decía que aquel exquisito bebestible le hacía pensar cosas nuevas, nuevas ideas, nuevas proposiciones, y nuevos ataques. Luego de haber tomado el tercer sorbo, miró a Valkyria, quien estaba sentada al frente de éste, con dos tipos a cada lado, y con los labios rojos como escarlata.
- Hay que eliminar a los otros Ángeles… - le dijo mirándola fijamente.
- ¿Los del Sonido? – respondió ella, antes de dar otro sorbo al Redberries.
- Son estorbo…
- Pero son fuertes…
- No me interesan. Son piedras que patear.
- ¿Quieres que nosotros nos hagamos cargo? ¿O se lo dejaras a Theo y los otros dos?
- No… ellos que se encarguen de vigilar a los Ángeles de los Elementos. Podrías invitar a Luffer o Arkanus para que… eliminen a esos tres músicos…
- ¿Quieres…? ¿Quieres matarlos o…?
- ¿Cundo has visto morir a un ángel literalmente? No… podría hacerlos parte del equipo… o podríamos tomar su Lumen, Luz o como quiera que se llame… y usarlos con otros fines. Ahí se me ocurrirá algo… por mientras los quiero no interfiriendo en nuestros planes.
- Pero, Eliott… ¿Por qué tan interesado en los otros Ángeles si ni siquiera tienen el poder de sanar aún? ¿Ni siquiera pueden luchar contra nosotros? – le decía Valkyria, al tiempo que uno de los tipo empezaba a besarle el cuello, y el otro acariciaba su pelo.
- Son más fuertes de lo que parecen, Valkyria. Llegara el momento en que serán rivales dignas de vencer.
- Pareciera que en vez de hacerlas mas débiles para acabar de una vez por todas con ellas, las haces mas fuertes en cada decisión que tomas.
- Me gustan los desafíos. No pelearé contra alguien que no sepa lo que tiene… en todo caso no te preocupes. Mi generosidad no durara por mucho tiempo…
- Claro… cuando ya hayan viajado y visto a los Arcángeles, a las Tríadas Celestiales y sean más fuertes que todos nosotros juntos—
- ¿Por qué tienes tanto miedo, Valkyria? – le preguntó Eliott, dejando la copa reposando sobre una mesa redonda y pequeña a su costado derecho.
- No tengo miedo. Es solo que…
- Tranquila. Saldrá todo a la perfección. Encarguémonos de ese nuevo asuntito, mientras mis mensajeros siguen con el plan de búsqueda, al igual que Lorian y Eebaiv.
La música, de un estilo “gothic metal”, baterías locas, guitarras pesadas y graves, y voces distorsionadas, los dejó llevar por el resto del día. Miles de copas vacías a los pies de Eliott y los demás, unas cuantas chicas con pocas ropas por ahí y por allá…


Luego de tres días, se reunieron a un costado de la carretera en donde Beth y Gary siempre se encontraban, repleto de zonas verdes, arboledas y un aire tranquilo y perfecto para perfeccionar sus habilidades.
- ¿Qué hacemos aquí? – preguntó Diana a Elizabeth y Nathalie. Emily y Caliel aun no llegaban.
- Caliel nos dijo que tenía que hablar con nosotras… - le respondió Elizabeth.
- ¿Y por qué aquí? – le dijo Diana.
- No lo sé, Diana. Esperemos a que llegue…
- ¿Y dónde está Em? – preguntó Nathalie mirando la punta de los arboles, estos mudando las pocas hojas que le quedaban.
Un par de minutos después apareció Caliel y Emily bajando por el camino pavimentado hacia ellas. Eran cerca de las dos de la tarde y no había sol que alumbrara, ni luces que rebotaran en la tierra entre hojas secas y ramas de pinos. Había una temperatura fría, pero soportable, aunque las chicas estaban sin nada que les abrigara el cuello, ni menos los brazos.
- ¿Dónde estaban? Son más de las dos y media… - dijo Elizabeth.
- ¿Lo dice la mas puntual? – dijo Emily con carcajadas alegres.
- ¿Dónde estaban entonces? – preguntó Diana, con unos gestos intrigantes.
- Estábamos… estaba enseñándole la ciudad a Caliel… - dijo Emily.
Todas mostraron una pequeña sonrisa que intentaron ocultar, pero aquellas reacciones no le parecían muy agradables al guía. Avanzó un poco más hacia ellas, y las miró fijamente a todas por un momento.
- Haré como que no vi y escuché nada… - dijo levantando una ceja, mirando al suelo, y con bastante seriedad. –Las cité aquí porque creo que es un lugar muy tranquilo… y perfecto para nuestro objetivo desde hoy en adelante.
- ¿Cuál es nuestro objetivo? – preguntó Elizabeth.
- Perfeccionar, y entrenar sus habilidades por sobre todas las cosas. Este último tiempo ha sido difícil… y creo que es porque no hemos practicado lo suficiente. Yo se que… quizás no me he dado el tiempo últimamente para ayudarlas. He estado ocupado con Mehiel viendo unos asuntos, y… lo que les quiero decir es que desde hoy día, todos los días y todo el día… estaremos en entrenamiento intensivo. Así que espero que colaboren y… bueno, solo eso.
Todas quedaron sin palabras. La verdad era que no había nada que decir. Quedaron un poco impresionadas, pero no se atrevían a decir nada que dejara a Caliel descontento. Obviamente, Elizabeth no calló por siempre.
- ¿Es una broma?
- ¿Perdón? – dijo él.
- Es decir… nosotras también tenemos cosas que hacer durante el día – le explicó Elizabeth con muecas en la cara.
- Pero… ahora deben darle más importancia a esto… todo lo demás debe ser secundario. Es decir, si quieren mejorar, deben estar aquí todos los días a las dos y media en punto. Luego, al atardecer vuelven a la capilla, y se alistan para hacer lo que deben hacer.
- No se si sea lo mejor… explotarnos así… - dijo Emily.
- No es explotarlas, chicas. Pero… por ahora los demonios solo aparecen de noche. Luego lo harán en todo momento, a cualquier hora y en cualquier lugar. Deben estar preparadas para todo y la única manera es ésta.
Nuevamente se produjo un silencio que solo era interrumpido por los autos que recorrían la carretera a unos metros de ellos. Se miraron unas a otras y luego esperaron las órdenes de Caliel para empezar. Aunque tenían mucho que decir o reclamar, se guardaron sus demandas y empezaron la “clase”.
Las primeras horas practicarían algo de control mental, para dejar al final el entrenamiento de poderes y habilidades físicas. Aquel día no fue para nada relajado. Si bien había sido el primero luego de varias semanas, las chicas quedaron cansadas tanto física como mentalmente. Caliel les dijo que habían avanzado bastante, mediante las continuas luchas que habían tenido con algunos demonios en las noches, pero que aún quedaban un largo trecho hacia la perfección, y que solo la cruzarían asistiendo cada día a entrenar con él.
Esa tarde, casi al caer la noche, Caliel las hizo parar para volver a prepararse a la capilla. Todas estaban agotadísimas y con suerte podían sacar sus alas para marcharse. Al dejar el lugar, salieron a las luces altas de los vehículos, Aarón y Scarlette, quienes habían visto y escuchado todo desde que habían llegado las jóvenes. Obviamente, ninguna de ellas los sintió merodeando, por lo que ambos estaban muy relajados a unos cuantos metros de la carretera, espiando todos los movimientos de cada una. Con una excitante sonrisa en la cara, regresaron a la sexta dimensión, en donde Eliott los esperaba con nuevas noticias.
Cuando Aarón y su hermana viajaban hacia allá, era solo para cosas importantes, o en remotos casos, parrandas cuando las necesitaban y las de Olidata y Garamond los aburría.
Eliott los vio llegar y no pudo evitar mostrar sus dientes en una sonrisa satisfactoria, llena de placeres. Estaba solo, sentado en su encantadora silla de forro de terciopelo rojo oscuro, con adornos de oro y plata, dibujos bordados, y cojines bastante cómodos.
- Están entrenando… - le dijo Aarón, parándose al frente, mirándolo muy serio.
- ¿Ese es el estúpido plan de Caliel? – dijo decepcionado.
- Entrenaran todos los días, todo el día… si, ese es el plan de Caliel.
Eliott hizo otro gesto de decepción. Se acomodo y luego coloco sus brazos en las rodillas. Pensó un rato.
- ¿Dónde está Theo?
- Vigilándolas, como siempre… - le respondió Scarlette.
- Que se mantenga a una distancia prudente… no quiero que lo descubran.
- Como siempre, Eliott… - dijo Aarón algo extraño. No quería tratarlos de “señor”, puesto que se estaban acostumbrarlo a llamarlo tan solo por su nombre.
- Bien… entonces, sigan vigilándolas. No tengo nada más que decir. Está de más recordarles que cualquier otra noticia nueva, debe llegar a mis oídos primero.
- Por supuesto… pero… - Aarón no lograba sacar las palabras. Sintió un escalofrío al querer expresarle su pensamiento a Eliott.
- ¿Hasta cuándo tendremos que hacer esto, Eliott? Digo… terminaremos por olvidarnos de nuestro poderes si seguimos solo espiando a esas niñas, sin hacer nada… luego cuando nos descubran… - Scarlette no se contuvo, y tan solo dijo lo que pensaba.
- Ustedes solo siguen mis órdenes y punto. Ahora si les importa, necesito reunirme con la Triada… pueden retirarse y hagan su trabajo sin quejarse.
Eliott cambió de posición y se vio amenazante. Ambos decidieron no seguir discutiendo y se marcharon en cuanto pudieron. El demonio llamó a una de sus mensajeros, Siria, la cual no tardó ni medio segundo luego del llamado.
- Necesito reunirme con la Triada… ¿Dónde están?
- Eh… bueno, Lorian y Eebaiv ven el asunto de los Ángeles Guardianes en el Paraíso. Luffer y Valkyria siguen el plan… - Siria paró de hablar.
- ¿Y Arkanus?- preguntó al ver que la joven demonio le faltaba un integrante.
- Creo que busca… un nuevo cuerpo – dijo sin mirarlo. Sabía que Eliott odiaba las tonterías de Arkanus, y que seguramente se enojaría con cualquiera que estuviera ahí cerca, en ese caso, Siria.
Eliott hizo un gesto de decepción y puso una mano en la frente. No fue tan grande su reacción.
- Que Lorian y Eebaiv sigan haciendo su trabajo. Llama a las chicas y a ese estúpido… los quiero aquí cuanto antes.
- Ok.
Y como las ordenes de Eliott no podían esperar, los tres aparecieron en tan solo medio minuto. Quizás, era el tiempo suficiente. Con su poder, Valkyria hizo emerger una roca desde los ardientes suelos del lugar, para poder sentarse y escuchar lo que había que escuchar. Arkanus seguía con el mismo cuerpo, era un milagro.
- Ya se lo había dicho a Valkyria… pero no al resto.
Empezó hablando lentamente, y yendo directo al grano.
- Esos Ángeles del Sonido… me molestan. Me estorban.
- Lo mismo digo – dijo Luffer antes de que Eliott terminara su idea.
- Bueno. Por lo mismo, no quiero molestar a los otros chicos para algo tan simple como deshacerse de un trío de Ángeles buenos para nada.
- ¿Puedo encargarme de la chica? – dijo Arkanus con un sonrisa malévola.
- Pero, por lo que yo he visto… no son rivales difíciles de vencer… además, si algo les pasa, las otras Ángeles se irían en nuestra contra… y bueno. Habría guerra… - dijo Luffer caminando hacia un costado de Eliott.
- Lo sé… pero, ¿no tendrás miedo de eso? – dijo éste.
- Claro que no… es solo que quiero ahorrarme malos ratos. Ese sería un mal rato.
- ¿Puedo encargarme de la chica? – volvió a decir Arkanus.
- Lo que yo no sé es que pasará con Ziro, si le hacemos algo a su hermano, Evan… - dijo Valkyria.
- ¿Qué pasara? Nada… - dijo Eliott.
- Pero… no se. No es que tema de su poderes ni nada de eso… pero aquella noche…
- Aquella noche ganamos por gran diferencia contra ese estúpido. El que sea fuerte no lo hace poderoso, como lo somos nosotros seis. Así que, deja a Ziro fuera de esto. Quizás, sería mejor que a Evan lo dejáramos para al final. Por mientras, los hermanitos “A”… - dijo Eliott.
- ¿Puedo encargarme de la chica? – dijo Arkanus nuevamente.
- ¡Bien! – dijo gritando Luffer. –Encárgate de ella… nosotras de su hermano.
- ¿Y para cuando quieres este trabajo, Eliott? –preguntó Valkyria.
- Cuando quieran…



Unos días después, Diana tuvo una actitud extraña al entrar a la capilla, luego de haber faltado al entrenamiento y de estar casi todo el día desaparecida. Llegó echa una bala hacia la habitación que compartía con las otras Ángeles. Éstas se alistaban para salir en busca de demonios, pues el sol ya se había puesto y había que ir a trabajar.
Todas miraron la expresión sospechosa de Diana en el rostro. Cerró la puerta tras de sí y se volteó a ver a las demás. Antes de que empezara a hablar, Emily le dijo:
- ¿Alan?
Diana le puso una cara pesada a Emily, pues ella misma quería contar el grandioso día que había tenido hoy.
- ¿Lo besaste? – le preguntó Elizabeth, riéndose.
- ¡No! – le dijo Diana avanzando hacia su cama y sentándose en ésta.
- Entonces cuenta rápido – le dijo Nathalie.
Todas se acercaron a los pies de la cama de Diana, y esperaron a que ésta les contara.
- Me invitó a una cita… romántica.
- ¿Y… eso es todo? – dijo Elizabeth decepcionada. – Esperaba algo más… no se… - dijo luego de haberse dado media vuelta y terminado de ponerse su chaleco de hilo.
- ¿Y que esperabas? – le dijo Diana.
- Pero si salen todos los días… ¿Qué hay de diferente? – le dijo Emily.
- Ya te dije. Esta vez es romántica. En un restaurant, a la luz de las velas… comida de primera clase… quizás para pedirme algo… - dijo Diana mientras sus ojos le brillaban como nunca. Llegaba a reírse sola.
- O mejor dicho, para pedir tu mano – le dijo Emily soltando varias carcajadas.
- No seas tonta… - le dijo Diana.
- No se… no te ilusiones. ¿Y si Caliel no te deja salir? supongo que será una noche, y las noches no estás disponible… - le dijo Nathalie, mientras ésta también volvía a sus quehaceres.
- Eso suena feo… pero no te preocupes, para eso tengo a mis queridísimas angelitos de la guarda que me ayudarán a pasar desapercibida ante Caliel, y antes los demás.
- ¿Y qué quieres? ¿Qué te saquemos escondida en uno de nuestros cabellos? Caliel no es tonto. Además debe estar muy enfadado… faltaste al entrenamiento y nunca contestaste a nuestros llamados – le dijo Elizabeth, mientras se colocaba su cintillo color blanco.
- Es que… fue solo por hoy… los otros días iré… pero no podía dejar a Alan plantado.
- ¿Cuándo saldrás? – le preguntó Nathalie.
- Mañana… me esperara a las nueve en punto en la plaza central de Garamond. Quería venir a buscarme… pero obviamente desistí de aquella decisión.
- Em podría distraer a Caliel – dijo Elizabeth mirando por el espejo, el rostro de su amiga, quien quedaba impresionada ante la loza idea.
- ¿Qué? ¿Por qué yo? – dijo Emily haciéndose la desentendida.
- No te hagas… no sé, puedes nuevamente “enseñarle la ciudad” – dijo Elizabeth, al segundo que todas estallaban de la risa.
- Bueno… y eso ¿en qué me beneficia? – dijo mirando a Diana.
- Hablemos de los pagos después. Por el momento solo necesito que te lo lleves o lo distraigas o no se…
- ¿Y que pasara si los hermanos “A” o Evan con Mehiel te ven? Porque… supongo que irás vestida atinente a la ocasión… y atinente a la ocasión me refiero… “sexy” – dijo Elizabeth.
- ¿Qué? – dijo Diana.
- Ya sabes… busca un vestido lindo, elegante… - le dijo Nathalie mientras se peinaba sus rulos verdosos.
- No lo había pensado…
- Mira, lleva tu tenida en algo y te cambias en un lugar cualquiera. Las chicas te ayudaran, mientras yo me encargo de distraerlos a todos cuando salgan, sería raro que te vieran maquillada o peinada extravagantemente… porque supongo que así iras ¿o no?
- Claro…
El complot se había armado y lo único que Diana esperaba era la noche siguiente. No sabía porque, pero tenía el presentimiento de que no sería una noche cualquiera. No quiso adelantarse viendo el futuro, por lo que las demás aguantaron su curiosidad y la ayudaron, a la mañana siguiente, a escoger un vestido y zapatos finos, para poder ir presentable. Al entrenamiento llegaron un poco tarde, pero Caliel prefirió no preguntar. Aunque comenzó a sospechar más cuando a Diana, debido a los nervios, no le salían los ataques o no podía concentrarse bien. Todas se reían mirando hacia otro lugar.
- No me parece gracioso… si no estás aquí, no progresarás… y—
- Si, lo sé Caliel. Perdón…
La tarde se pasó rapidísima para más remate. Al irse del lugar, los goterones empezaron de pronto y se apresuraron en llegar a la capilla. No había mucha luz, pero las nubes grises no pasaban desapercibidas en el cielo, menos a esa hora. Los Ángeles del Sonido recién habían salido con Mehiel a hacer un trabajo, y quizás no regresarían luego de un buen rato. Aun era temprano.
Elizabeth llegó directo a la cama, como si hubiera podido dormir un rato. Estaba agotada, pero no pudo pegar un ojo, menos cuando tenía a lo más una hora para hacerlo. Hacía frío, pero ella nunca más sintió esa sensación en su cuerpo, por lo que cerró los ojos sobre las sabanas, sin preocuparse de si se podía enfermar o no con los mínimos grados que había de temperatura.
Aunque no durmió, el estado placentero en el que se encontraba le permitió relajarse y concentrarse en ella misma por un momento. Tenía los ojos cerrados, pero su mente estaba en las nubes, su cuerpo estaba inmóvil, y su corazón palpitaba normalmente. Comenzó a agitarse, cuando en su cabeza empezaron a pasar eventos de manera muy rápida, relacionados con ella, y otros Ángeles, en donde se podían ver peleas, sangre, muertes, un cielo infernal y la tierra quemándose. Entre aquellos Ángeles, se encontraban los del Sonido, que sin duda, eran los que más veía en todas partes. Especies de meteoritos aterrizaban sobre las personas, y cuando vio uno próximo a ella, despertó de golpe quedando sentada en su cama, con el pelo alborotado, y una lluvia incesante que casi quebraba los vidrios de las ventanas. No había sido un sueño, pues nunca se quedó dormida, pero la sensación que aquella “visión” le provocó era como la de un presagio o una sospecha.
Se encontraba sola en la habitación, así que decidió ponerse de pie y buscar a Mehiel y los demás. Aquella era su máxima preocupación. Le preguntó a Caliel, pero éste le dijo que no habían vuelto desde hace rato, y que no tenía noticias, ni buenas ni malas. Regresó a la habitación, y en el camino, se encontró a Diana, quien caminaba con la mirada baja, ocultando tal vez algo de su rostro.
Se reunieron ya dentro del cuarto.
- ¿Qué te pasa? – le dijo Elizabeth a Diana.
- Eh… no se.
- Si sabes… estás nerviosa.
- No lo estoy… no puedo estarlo, lo veo casi todos los días… salimos casi todos los días…
- Pero no regresas comprometida todos los días…
- ¡Tonta! ¿Cómo se te puede ocurrir esa estupidez? Alan no me pediría algo así… - dijo Diana sonrojándose y riendo a la vez.
- ¿Y qué pasa si lo hace?
- No lo hará… bueno, y si lo hace… por supuesto que le diría que no puedo. No se… soy muy joven… o debo regresar a mi país natal… o que se yo…
- ¿le mentirías?
- ¿Qué quieres? ¿Qué le diga que soy un ángel y que no podemos estar juntos porque algún día me volveré algo que… estará destinado de por vida a hacer el bien… y—
- ¡Ya! Entendí el punto. Aun así… hablas como si… - Elizabeth hizo una pausa y se acercó a ella. - ¿Te gusta?
- No me gusta.
- No puedes mentir.
- No lo estoy haciendo…
- ¿Segura?
- Segurísima.
- ¿Y él? ¿Le gustas?
- No lo sé…
- ¿Nunca le has preguntado o leído sus pensamientos?
- ¿Para qué? No quiero invadir su privacidad…
- Ay Diana… no se trata de eso. Pero, imagínate que de verdad le gustas… o es mas, está enamorado de ti… sería totalmente… difícil.
- Lo sé, pero… no. Confió en Alan. No le gusto. Solo somos amigos.
Aunque Diana se escuchaba segura, no se veía como tal. Parecía algo confundida, y por sobretodo, nerviosa. Unos minutos después, entraron a la habitación Nathalie y Emily, pues ya la hora era la oportuna para salir a hacer su trabajo. Diana, por otro lado, tenía una mochila de tamaño reducido, en la cual, llevaba todo lo que necesitaba para cambiarse en alguna parte, sin que Caliel sospechara algo. De hecho, todas salieron de pronto, y se despidieron de su guía cuando ya iban en los cielos. Caliel no alcanzó ni a mirarlas, pues la noche también las cubría. Hasta el momento, iba todo bien.